EL RESTAURADOR, BAJO UNA MIRADA IMPARCIAL por EKELEDUDU

Portada de JUAN MANUEL DE ROSAS: EL CAUDILLO Y SU TIEMPO

Fue Eduardo Mignona el autor de aquella frase según la cual "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera". El problema es que cuando a los vencedores originales, los autores de la primera versión de la historia, les llega el desalojo de las altas esferas del poder, aparece una segunda versión, que seguramente tampoco será la definitiva, porque también a estos sucesores les llegará el turno de irse a otros pagos, relevados por otros hombres que quizás vean el pasado con otros ojos. Así es que cuando un alguien abandona la vida política y es privado del poder, lo que se diga de él dependerá de las simpatías que despierte en los sucesivos gobiernos. De ahí que los historiadores más prudentes, los que consiguen cierta objetividad, tengan en cuenta que hasta el héroe más destacado tiene falencias y egoísmos, y hasta el peor de los villanos posee alguna humanidad en el mejor y más noble sentido del término; que incluso lo más bello es susceptible de ceder a la corrupción, que malos resultados no necesariamente equivale a malas intenciones y, en fin, que hay que ir más allá de las apariencias y manejar con pinzas lo que supuestamente es la realidad histórica.

Lo dicho viene a cuento porque este libro se ocupa del más polémico de los próceres argentinos: Don Juan Manuel de Rosas, un hombre muy combatido en su tiempo y luego rehabilitado en cierto modo en la opinión de algunos de quienes en otro tiempo le habían hecho frente; alguien cuyo status en la Historia fluctuó constantemente conforme a la ideología imperante en el momento. Don José de San Martín nunca dudó de sus excelentes intenciones aun desaprobando sus métodos. Para otros, sin embargo, Rosas fue El Tirano, el represor por excelencia, el símbolo de las libertades oprimidas. Popularmente muchos lo asociarán a la ejecución de Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez. A otros les vendrá a la mente el accionar siniestro de la Mazorca, brazo armado de la Sociedad Popular Restauradora que lo apoyaba en el gobierno. Por último, habrá quienes tengan en cuenta que historiadores revisionistas como Pacho O'Donnel lo defiendan por su espíritu federalista, al menos el exhibido en los primeros años de su desempeño en la escena política argentina.

JUAN MANUEL DE ROSAS: EL CAUDILLO Y SU TIEMPO, de Felisberto López Sarabia, mantiene una sabia distancia de extremos ideológicos, y nos presenta, ante todo, al hombre tras el prócer, el mismo que desde el exilio siguió todo el tiempo persuadido de haber procedido bien todo el tiempo y de ser víctima de la ingratitud, cosa que sin duda no fue. Sus intenciones eran excelentes, pero en algún momento, como a tantos antes y después que él, perdió el rumbo, algo que uno lamenta doblemente en su caso, en vista de su innegable carisma, su sencillez como hombre de campo y sus admirables cualidades. En el manejo de sus haciendas imponía una férrea y adecuada disciplina, la misma que luego intentó imponer en el país, merced a estrictas reglas que a menudo violaba adrede para hacerse castigar por el capataz y dejar en claro que ni la más elevada autoridad estaba por encima de las reglas. El contraste entre este Rosas autoritario pero humilde y aquel que en 1843 ordenó que los jesuitas fueran expulsados de Buenos Aires por no exhibir su retrato durante la misa ni hacer propaganda política a favor de la Federación (aclaremos que tampoco la hacían en contra) es inevitablemente chocante.

A quienes tengan interés en una Historia imparcial, alejada de ideologías y fanatismos (y por lo mismo, con toda probabilidad más próxima a esa verdadera historia a la que aludía Mignona) está, entonces, dirigido este libro que muestra hechos sin exaltar ni exaltarse hacia un lado ni hacia el otro. Muy meritorio, por cierto.

Escrita hace 9 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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