BUENOS DÍAS, TRISTEZA por Shorby

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Primera novela de esta autora, que alcanzó la fama gracias a la misma con tan sólo diecinueve primaveras.
Sagan no es más que un pseudónimo sacado de uno de los personajes de Proust, su apellido real era Quoirez; se vendieron más de un millón de ejemplares en apenas unas semanas y tan sólo en Francia. Después se traduciría a más de veinte idiomas.

Es una novela muy cortita, cuyo encanto reside en el tono intimista que baña toda la historia. Se sitúa en los años 50, en la costa francesa y es llevada por cinco personajes: Cécile, la protagonista y narradora, una adolescente de diecisiete años; Raymond, su padre viudo; Anne, la prometida de su padre; Elsa, la asistenta, que es como parte de la familia y Cyril, el amor de verano de Cécile, que hace breves apariciones.
Se narra el típico conflicto entre la segunda esposa y los hijos que no la tragan, tan trillado ya; en este caso Cécile no cree que su padre pueda ser feliz con Anne, pero sin embargo sí con Elsa, que es una mujer mucho más sencilla.
La joven no se siente cómoda, siente que no encaja –los típicos dramas existenciales con esos puntos de rebeldía de la adolescencia, vaya- y desea enfrentarse a todo el mundo. De ahí el título, pues ella no hace más que reflejarnos sus sentimientos. En cambio Anne es totalmente diferente, pertenece a una clase social más alta y le da más importancia al saber estar que a otra cosa, por lo que ambas nos dejan algún que otro momento de tensión bastante interesante.

Y no pasa mucho más… como digo, su encanto reside en la forma en que Cécile nos cuenta cómo pasa todo y qué es lo que piensa ella, lo que no significa que la entendamos o nos sintamos realmente identificados con sus opiniones, empero sí la conocemos al dedillo.
Sagan escribe este drama –pero no de esos de clínex en mano- de una forma exquisita, elegante y sutil, de manera que nos engancha ya en sus primeras páginas, haciendo el libro muy fácil de leer.

La novela, en cuyo guión metió mano la autora, fue llevada al cine en 1988 por el bueno de Otto Preminger y con Deborah Kerr, Jean Seberg y David Niven como protagonistas.
También y por último, decir que fue mi primer acercamiento a Sagan y aseguro que no será el último.

Escrita hace 9 años · 3 puntos con 3 votos · @Shorby le ha puesto un 6 ·

Comentarios

@lucero hace 9 años

Quizás yo también tenía 19 primaveras cuando la leí, y conservo esa sensación de novela ágil, sin gran contenido. Sé que no me impresionó ni perduró en mi recuerdo como una novela trascendente.
Tal vez, si la encuentro en la biblioteca de mis padres le dé una ojeada. Gracias por la reseña.

@Faulkneriano hace 9 años

Las novelas de Sagan (Buenos días tristeza y Aimez-vous Brahms?) era auténticos best-sellers en la época del tardofranquismo. Tal era el entusiasmo de la generación anterior a la mía por estas obras de título levemente cursi que los adolescentes y jóvenes de entonces procurábamos evitarlas como la peste. No sé si hicimos mal (por eso de la reacción a la contra) pero quizá sea demasiado tarde ya para empezar.

@lucero hace 9 años

Estaba en la gigantesca biblioteca de casa, junto con el Quijote y Steimbeck, Machado y Bioy, M.Waltari, F.Sagan y T.S.Elliot. De mis padres heredé la falta de prejuicios al acercarme a una obra, y la carencia de tabúes : siempre leí lo que quise, pero Buen día tristeza pasó inocuamente por mi adolescencia, en la que leía compulsivamente y todo me impresionaba y me dejaba motivo de reflexión y charla con otros lectores...bah, con mis padres, mis amigos no sabían ni de qué hablaba. Tardé en hallar afinidades en ese terreno. Quizás por eso no me explayo excesivamente sobre las lecturas. Siempre he sentido que aburro con temas y lecturas que a nadie interesan.

@FAUSTO hace 9 años

También fue una lectura de juventud, una novelita “intranscendente” de la que guardo un grato recuerdo. Luego seguí con la que decían era la continuación de “Buenos días, tristeza”, su segundo libro “Cierta sonrisa” (tengo que crear la ficha). Este libro fue una decepción, no se puede considerar como una continuación de la primera novela, o por lo menos no lo vi así. Simplemente eran las vicisitudes de otra joven rebelde e independiente, que dudaba entre los amores de un veinteañero y un hombre maduro. Pero bueno, tenía sus detalles interesantes, un relato de amor difícil y en ocasiones tortuoso con un estilo poético.

Sobre si una lectura es tardía o no, eso depende, lógicamente, de los intereses de cada uno y la curiosidad que se tenga sobre dicha lectura. De los libros que teóricamente se me había “pasado el arroz”, ya sea por su tema o por su actualidad, he tenido buenas sorpresas (Julio Verne) y otras no tanto, que he considerado que difícilmente pueda apreciarlas ahora o más tarde, como me pasó con los libros de Tolkien. Aunque puede que no sea una cuestión de edad, sino de preferencias.

@lucero hace 9 años

Creo que de preferencias, y también del momento lector que uno atraviese. Hay lectores muy "lineales" que en general gustan de mantenerse en una ruta de lecturas muy coherente y de allí no se apartan. La experiencia me ha deparado gratas sorpresas al tomar libros que en otro momento deseché. Así como ahora no retomaría Tolkien, por ejemplo y no pude con C.S.Lewis.
Una lectura se inscribe en un lector, en su tiempo y en su estado. Si vuelves a ella tanto tiempo despues, no se la apreciará del mismo modo. A veces ese modo es superador y a veces no.
En fin, por norma personal, con aquel libro que disfruté mucho...no vuelvo!!! le doy una ojeada a aquel que quedó en una zona gris. Y luego han quedado miles de los que no recuerdo ni el título ni el autor.