TENER DUDAS NO ES SATÁNICO por Minaith

Portada de LOS VERSOS SATÁNICOS

Curioso cóctel el que genera esta novela: nacimiento en una ciudad emblema de la India, en el seno de una familia musulmana occidentalizada, educado en un rancio internado inglés y de hecho nombrado Sir. Así es el creador de esta obra, y es importante tenerlo en mente.

¿Cómo se imagina uno la India sin haberla visitado? Superpoblada, agobiante de calor y sudores propios y ajenos, hiperespeciada; un mundo lleno de color y olor donde impera una alegre desidia impuesta por el clima y por la sensación de que nada es tan serio, ningún drama es tan triste, en cualquier momento sonarán las campanas y todo se llenará de risueñas, jóvenes, hermosas y semidesnudas bailarinas que arrastran a todos al jolgorio, mientras en segundo plano un cadáver a medio pudrir baja por el río, un asceta famélico habla del Shakta y el Shakti y sus divinas encarnaciones, los chakras y cosas muy interesantes, lleno del conocimiento superior, ignorando que su sobrino segundo está en este mismo momento haciendo abortar a patadas a su mujer porque el oráculo de la ecografía ha dicho que viene una hembra, y un pirado mesiánico y regicida suelta a los perros contra un escritor.

Pues así es esta novela. Uno acaba de leerla y se pregunta qué diantre había en esas casi setecientas páginas. “Los versos satánicos” es una historia vital, un clásico, o incluso un tópico: qué es el bien y el mal y dónde habitan y cómo evolucionan, qué pasa con la fe y las religiones, el comunismo y el capitalismo, el amor, el sexo, los antepasados y los que vendrán (muy acertado, aunque parco, este punto, con una sensibilidad que los autores masculinos rara vez recuerdan alcanzar), quién soy y cuál es mi lugar en el mundo, en fin, una historia del hombre y sus cuitas. Pero todo en dosis contadas, no nos confundamos, esta novela es una novela de acción y aventuras parecida, dicen algunos, al realismo mágico sudamericano. El argumento es sencillo: la suprema entidad divina, identificada abiertamente con el autor, salva la vida a dos personajes que iban a morir. El toque sobrenatural tiene un precio y estos dos tipos se ven sometidos a extrañas vicisitudes que llevan su periplo vital un grado más allá, en justicia: son iguales las dudas de un analfabeto que las de un filósofo que las de un deportista que tenido una experiencia mística, pero las formas en que se expresan son diferentes.

Sobran páginas. Sobran personajes y sus trasfondos. Sobran anécdotas e ideologías. No sobran un puñado de frases con alma de aforismo muy agradables al oído. (“Ahora ya sé lo que es un fantasma. Un asunto no concluido, eso es”). El libro es abigarrado cual templo de Benarés en día de fiesta. Hay un gran abuso de localismos; hechos, gente y lugares muy específicos que uno no tiene por qué conocer y cansan un poco cual exceso de cúrcuma al paladar hispano. Larguísimas historias dentro de historias que casi dan ganas de hablar de varias novelas paralelas a las que le falta el canto de una pashmina para estar fuera de lugar. Con todo, este cóctel abominable resulta misteriosamente válido, atractivo e incluso bello. Perfecta imagen de la India. Aunque este país apenas tiene peso en la novela y todo se desarrolla en Londres y el Islam, aunque Salman escapara con catorce años del maternal abrazo de Parvati/Kali y volara a la Pérfida…, a pesar de todo es una novela india de pura cepa. Me pregunto hasta qué punto Salman se ha descrito a sí mismo en su personaje.

Escrita hace 10 años · 4.6 puntos con 5 votos · @Minaith le ha puesto un 7 ·

Comentarios

@Kementari hace 10 años

Un comentario sencillamente excepcional.

@Tharl hace 7 años

Primero pensé que Rushdie era un escritor del montón famoso más por las ampollas que levantó al islam con este libro que por sus méritos literarios; ahora leí su nombre como uno de los grandes del realismo mágico no hispano americano (junto con Kundera) y me encuentro desorientado, sin saber si leer o no al autor.

Leyéndote -muy buena crítica, por cierto-, me da la impresión que continuaré con la duda hasta que de una oportunidad a Rushdie...

Solo una cosa, pues apenas conozco al autor, ¿hasta qué punto su imagen de la India y del islam está bien informada? ¿O es mera provocación mediática?