UNA MITOLOGÍA OPTIMISTA por EKELEDUDU

Portada de MITOS CHIRIGUANOS

Pueblo de origen guaraní, los chiriguano trabaron contacto y acabaron fusionados con otra etnia, ésta de origen arawak: los chané. El libro que nos ocupa ahora se inicia precisamente con un prólogo donde el autor, entre otras cosas, nos comenta un poco las raíces y trayectorias de ambos pueblos y las posibles etimologías de sus nombres. También habla de cierto trabajo de investigación del Instituto Nacional de Musicología, encargado a un equipo del que formaba parte el propio Pérez Bugallo y cuyo fin era "salir al rescate de expresiones musicales de tradición oral, criollas o indígenas, vigentes o supervivientes" y que, vergüenza argentina (pretendan luego que uno esté orgulloso de su país) quedó trunco, pero que motivó al autor a seguir trabajando solo. Este libro es fruto de ese esfuerzo. Para justipreciarlo, tengamos en cuenta, no sólo que permitir que la diversidad cultural de nuestro planeta siga apagándose es un verdadero crimen, sino el coraje del que, a lo largo de su historia, hicieron gala los chiriguano y los guaraníes en general. No fue fácil reducirlos por la fuerza de las armas; sólo los jesuitas lograron apaciguarlos, y sólo hasta cierto punto, como se vio cuando junto a ellos tuvieron que resistir a las fuerzas combinadas de españoles y portugueses venidas a desalojar a los guaraníes de las Misiones. Por otra parte, recordemos -o sepamos- que los chiriguano participaron activamente de la Guerra de la Independencia bajo el mando de Manuel Belgrano, Manuel Ascensio Padilla y Juana Azurduy. Permitir que sus tradiciones mueran sería, creo, un imperdonable ultraje.

Tras el prólogo, Pérez Bugallo nos habla de las diversas formas de sistematización de los mitos chiriguanos, asignando a cada rango un código numérico identificatorio. Más adelante, luego de cada mito (del que se asignará el nombre del informante y el lugar de procedencia) una serie de números adjunta permite al lector, si tal es su deseo, en cuáles de esas categorías encaja el mito en cuestión conforme a esa codificación. Claro que eso no es lo más importante; no, al menos, en una primer lectura y/o si uno no tiene intenciones de analizar la mitología chiriguana.

Lo más interesante, claro, son los relatos en sí mismos, obtenidos de primera mano hablando con hombres y mujeres chiriguano y volcados al papel en el habla sencilla con que fueron narrados, aunque sin caer, como afirma el autor, en "ningún método de transcripción fonética pretendidamente 'textual'"; es decir, por ejemplo, sin comerse las eses aun cuando sí lo hiciera el informante en su relato. Pérez Bugallo opina que hacerlo sería discriminatorio; que no se haría lo mismo, por ejemplo, tratándose del discurso de un presidente. No sé si estoy muy de acuerdo; la verdad, me da la impresión de que el buen hombre nunca vivió en Argentina, o se habría enterado, por ejemplo, del escarnio padecido por el ex presidente Menem por pronunciar nesario en vez de necesario; no obstante, son más queribles los chiriguano que los políticos, y aunque en ellos creo que una pronunciación no del todo perfecta me movería más a la simpatía que a la burla, no vale la pena arriesgarse a ofenderlos o a que otros sí los tomen a mofa. Además, una transcripción corregida agiliza la lectura.

Una lectura que realmente vale la pena. A menudo Pérez Bugallo añade, luego de cada relato, un análisis del mismo; y en lo personal, algo que me sorprendió es el notable optimismo de la mitología chiriguana en estado puro. Por ejemplo, es poco frecuente que alguien regrese del mundo de los muertos para dañar a los vivos o para vengarse. Más frecuente es que vuelva para participar de algún jolgorio y en este momento recuerdo también otro relato donde el difunto vuelve para auxiliar a un amigo en apuros. También se nos habla del tiempo en que los chiriguano tenían la capacidad de transformarse, supuestamente, en tigres (es decir, jaguares). Esta transformación dista mucho de la transformación diabólica del licántropo; es sencillamente una reminiscencia viva y latente de la fiereza de los keremba (guerreros) chiriguano,e inspira respeto antes que temor. Encontraremos asimismo espíritus protectores, de gente a veces, pero sobre todo de la fauna. Con el permiso de estos últimos se debe contar cuando se va de cacería.

Naturalmente, si en algunos relatos predomina la idiosincrasia del pueblo chiriguano, otros han sufrido algún grado de cristianización, y entonces entra en danza el Diablo. Pero son poquísimos los relatos donde éste hace realmente honor a su esencia demoníaca; por nombrar uno, citemos el del Familiar, del que también nos habló Ricardo Santillán Güemes en Imaginario del diablo. En la mayoría parece sólo un simpático asistente más al Carnaval.

Pérez Bugallo cree advertir también influencia cristiana en otros elementos de los mitos incluidos en este volumen. Puede ser discutible. El Diluvio, por ejemplo, es una creencia universal y no una exclusividad del cristianismo. Y el rol maligno de la serpiente puede justificarse por un temor natural, aunque admito que llama la atención teniendo en cuenta el ya mencionado optimismo de las creencias chiriguanas. Como sea, la alegría y el coraje de este pueblo, pese a la prepotencia de conquistadores y evangelizadores, permanecen vigentes en ellas y, afortunadamente, hay motivos para creer que así será todavía por largo rato.

Escrita hace 9 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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