TODO SIGUE MÁS O MENOS IGUAL... por EKELEDUDU

Portada de MARTÍN FIERRO
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

En la historia de casi todo el mundo hubo alguna vez un Paraíso Perdido. Para Martín Fierro, como para todos los gauchos, ese Paraíso era la pampa antes de que los milicos, so excusa de vagancia y abulia política (por decirlo suavemente) empezaran a arrearlos como a ganado hacia los fortines que, por aquel tiempo, servían como principal defensa contra los indios. Tras revivir aquellos lejanos días felices, Martín Fierro cuenta cómo él mismo cayó con otros en una redada y enviado a prestar servicio a uno de dichos fortines. Se le hacen muchas promesas que no se cumplirán, lo que no es obstáculo para que se le prodiguen castigos de diversa índole, como si no fuera ya suficiente castigo el mero hecho de estar allí, mísero, andrajoso y obligado a combatir a los salvajes con un armamento ridículo. Harto, Fierro termina escapando en la primera ocasión que se le presenta. Pero no tarda en venírsele el mundo abajo: al llegar a su rancho se encuentra con que éste está hecho una ruina y que el paradero de su esposa e hijos es un misterio, aunque de la primera intuye que no tuvo más remedio que irse con otro hombre que pudiera mantenerla. Sus hijos probablemente se hayan dispersado en todas direcciones, cada uno en busca de un hogar o algo que medianamente se le parezca. A partir de allí, la rabia carcomerá al protagonista, que se volverá gaucho matrero, un fuera de la ley. Luego de un par de asesinatos, será buscado y hallado finalmente por una partida que intentará capturarlo. Fierro, no obstante, se defiende con tal valentía que uno de quienes vienen a capturarlo, Cruz, se pasa a su lado, y entre ambos diezmarán a los captores. Cruz, que también las pasó negras a su manera, propone a Fierro que ambos vayan a vivir con los indios, pues éstos acogen a quienes están dispuestos a vivir conforme a sus leyes. La partida rumbo a las tolderías de los aborígenes cierra la primera parte de MARTÍN FIERRO.

El inicio de LA VUELTA DEL MARTÍN FIERRO, secuela del poema original, demuestra que no fue tan buena, después de todo, aquella idea de ir a vivir con los indígenas. En efecto, Fierro y Cruz llegan a las tolderías cuando se está planeando un malón, y en tales ocasiones, los aborígenes son desconfiados. Aunque los toleran junto a ellos, separan a Cruz de Fierro por tomarlos por espías, y así permanecerán durante varios años. Tras la muerte de Cruz, víctima de una epidemia que estraga a la población india, Fierro retorna a la civilización, donde ya sus fechorías han quedado olvidadas, y emprende la búsqueda de sus hijos. Si lo logrará o no y qué sucederá a continuación, queda por cuenta del lector averiguarlo.

Tal el argumento de lo que para el común de los argentinos es simplemente EL MARTÍN FIERRO, nuestro libro nacional y sin duda el máximo exponente de la literatura gauchesca. Aunque espléndido en su descripción de los llanos pampeanos y la vida en los mismos en la segunda mitad del siglo XIX, leemos en él situaciones que trascienden toda época, especialmente a la hora de hablar de los abusos de la autoridad y unas cuantas injusticias con las que los argentinos estamos muy familiarizados. Si en el fortín Fierro está mal armado y andrajoso, otro tanto les ocurrió a los chicos enviados a luchar a Malvinas contra Gran Bretaña en 1982; la corrupción, de la que se habla con bastante detalle en su momento, es, fue y será el gran cáncer de las autoridades argentinas de cualquier época. Esto explica que la obra no pierda vigencia, aun cuando los gauchos pertenecan más al pasado que al presente argentino. Tal vez, en este sentido, uno desearía que este libro tuviera menos vigencia; que la corrupción y el abuso fueran también cosas del pasado..

No podemos menos que hacer una mención de uno de los personajes más emblemáticos de la obra, el viejo Vizcacha, un zorro mañoso que demuestra ser muy experto en la sabiduría del sobreviviente, y cuya moral es ciertamente elástica. Muy trabajador, pero también muy amigo de lo ajeno. De un modo u otro, el argentino actual se parece cada vez más a Vizcacha y cada vez menos a Martín Fierro. Tampoco esto deja de ser una lástima. En fin...

Por último, debemos destacar que toda edición digna del Martín Fierro incluye al final un glosario de términos gauchescos utilizados a lo largo del poema.

Escrita hace 10 años · 4.8 puntos con 5 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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