CON PROS Y CONTRAS por EKELEDUDU

Portada de EL LADO OSCURO DE LA HISTORIA CRISTIANA

Que el mensaje de Cristo, para algunos de nosotros la Palabra misma de Dios, resulta esperanzadora, y un bello y noble legado a la Humanidad, es algo que pocos en su sano juicio se atreverían a discutir, pero lo que los cristianos hayamos hecho y hagamos con dicho mensaje es otro cantar; y así es como la prédica de Jesús, errónea o convenientemente mal interpretada y distorsionada, generó hechos polémicos o directamente atrocidades sin nombre ni justificación posible que ya son, o deberían ser, de público conocimiento, y que ahora las distintas iglesias y sus respectivos fieles se obstinan en ignorar como basura que se esconde bajo la alfombra, cuando no los pregonan estúpidamente, cual gloriosas, magníficas y encomiables hazañas; de lo que ciertos ensayos religiosos de dudosa calaña, como VEINTE SIGLOS DE HEREJÍAS o EL DEBER CRISTIANO DE LA LUCHA se erigen, por desgracia, en deplorables exponentes.

En el extremo opuesto se ubican otros, no menos fanáticos y cegatos éstos que los anteriores, que sólo parecen capaces de distinguir el aspecto más nefasto de la religión, a la que conciben como una suma de engaños deliberados, y pasan por alto el poder benéfico que puede ejercer en el espíritu humano y, fundamentalmente, la asombrosa energía que inyecta en algunas personas -caso de la Madre Teresa de Calcuta, a quien Dios guarde- cuya devoción se traduce en actos caritativos rayanos en la santidad. OPUS DEI, LA SANTA COACCIÓN y en menor medida EL CÓDIGO DE LA BIBLIA podrían englobarse dentro de esta tendencia.

Y a medio camino entre unos y otros se sitúan los más razonables, los que no atacan a la religión en sí misma y hasta distinguen en ella aspectos positivos, pero fustigan sin piedad y con toda justicia todo acto abominable cometido en nombre de la fe. Pero que tal postura sea la más sensata y más noble no implica que necesariamente toda obra que contemple el problema desde este punto de vista sea de calidad elevada, y el caso de EL LADO OSCURO DE LA HISTORIA CRISTIANA es muy singular en este sentido, porque no es tan fácil catalogarlo como libro bueno, regular o malo. Apenas si podemos ofrecer una exposición de pros y contras, y que cada lector decida por sí mismo. En mi modesta opinión, se anota varios aciertos, hasta que luego un tanto muy a favor se enmaraña de forma tan inextricable con otro en contra, que en el balance queda por delante, por ejemplo, de TRAIDORES A CRISTO, de René Chandelle, pero sin alcanzar la excelencia.

En cuanto a la postura de la autora, el comienzo es bueno: adopta una declarada y convincente neutralidad que hace más atendibles sus severas críticas. Cita además las fuentes de las que procede la información que maneja, cosa que no puede decirse de la citada obra de Chandelle. Por último, debemos señalar como otro punto a favor su estilo sencillo y ameno, que hace que no deba relegarse su lectura a los círculos más cultos. Todo esto es lo que EL LADO OSCURO DE LA HISTORIA CRISTIANA conserva en su haber, pero ostenta además otro malogrado acierto, el de añadir nuevos o al menos poco conocidos y muy polémicos detalles, eludiendo los lugares comunes y haciendo el libro más interesante..

¿Por qué un malogrado acierto? Porque, por desgracia, no abreva en fuentes originales. Así, cuando cita a Celso, no indica de qué obra de éste proceden las palabras citadas; ella las copió de un libro de un tal Lloyd M. Graham, quien puede que sea famoso, pero al que honestamente confieso en mi vida haber oído nombrar. En todo caso, si Graham especificaba de qué obra de Celso procedía la cita, Ellerbe tendría que haberlo hecho también, ya que Celso sigue siendo más importante en este asunto que Graham. Desafortunadamente, la autora procede así con toda su información, y no creemos que ella esté inventándose las citas, pero tampoco que los escritores consultados hayan todos cometido el mismo error de no indicar la procedencia exacta de los datos que aportan o de las palabras que trascriben literalmente de otros textos. ¿Y qué importancia tiene?, se preguntará alguien. El hecho es que puede tenerla si uno está enfrentado en encendido debate contra un cristiano a ultranza al que intenta persuadir de un error antes que condenarlo con ardor fanático por no compartir la propia opinión. En otras palabras, y por seguir con el ejemplo expuesto, si en apoyo de mi punto de vista repito palabras de Celso repetidas sucesivamente por Graham, por Ellerbe y por mí, pero no soy capaz de indicar exactamente de qué obra de Celso fueron tomadas, mi antagonista siempre podrá sospechar sinceramente o insinuar maliciosamente que Graham o Ellerbe ponen en boca de Celso palabras que él jamás dijo. Argumentación contundente a la hora de hacerlo dudar a uno, porque confío en la honorabilidad de Ellerbe, pero, por serme desconocido, no sabría qué pensar de Graham.. Y me temo que la autora, en la bibliografía consultada, no hizo distinción entre trigo y cizaña, o no habría incluido en ella el archifamoso EL ENIGMA SAGRADO, de Henry Lincoln, Michael Baigent y Richard Leigh, ya muy ampliamente denunciado como pseudocientífico; por lo que, si se adquiere este libro, quizás sea mejor no tomar todo su contenido como verdades evangélicas

Escrita hace 10 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 8 ·

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