EN MEMORIA DE NUESTROS MUCHACHOS por EKELEDUDU

Portada de LOS CHICOS DE LA GUERRA

En la madrugada del 2 de abril de 1982, la República Argentina invadió las Islas Malvinas, que geográficamente forman parte de su territorio, pero estaban en manos de Gran Bretaña desde 1833. Por ese entonces gobernaba en Argentina, desde 1976, una dictadura, a lo largo de la cual el poder había sido detentado por sucesivas Juntas militares, y que por entonces se hallaba ya muy desgastada. Su régimen, otrora opresivo y siniestro, ya no asustaba al pueblo, que se atrevía a desafiarlo. Para seguir manteniéndose en el poder, los militares necesitaban otro recurso que no fuera la violencia contra el pueblo, y aquella invasión, que exaltó patriotismos dudosos, vino muy bien para ello, al menos al principio: en la tarde de aquel 2 de abril, una muchedumbre se congregó en Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, para vivar al presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri y sus adláteres, Basilio Lami Dozo y Jorge Isaac Anaya. Fue un momento de tremenda irreflexión por parte de toda aquella gente, que no razonó que muchachos de 19 y 20 años -los que más recientemente habían cumplido el servicio militar por entonces obligatorio- irían a enfrentarse con soldados profesionales muy bien entrenados, en una guerra despareja como pocas.

A lo largo del conflicto, los argentinos -gobierno, militares profesionales y el propio pueblo- demostramos ser mucho más enemigos de nuestros propios soldados que los mismos británicos. Nuestros muchachos morían, no sólo víctimas del fuego inglés, sino también de hambre y frío. Aquella guerra pronto demostró ser una grotesca improvisación de la Junta militar, que mantuvo engañado al pueblo, haciéndole creer en inexistentes promesas de apoyo armado por parte de otros países, uno de los cuales, Estados Unidos, intervino efectivamente, pero secundando a Gran Bretaña. Pero ese engaño no excusa al pueblo de sus propias infamias: mientras aquellos jóvenes luchaban y morían entre las nieves de las Malvinas, famélicos pese a que algunos depósitos rebosaban de comida, helados por no contar con la adecuada indumentaria y a veces maltratados por sus mismos superiores, los civiles argentinos estaban pendientes de su eterno opio, el fútbol, representado en este caso por el Mundial en España. Por último, en junio, las Malvinas volvieron a manos británicas; los chicos enviados a las islas retornaron de ellas vencidos, humillados y con el inmenso dolor adicional de que tantos compañeros habían caído en vano. El pueblo argentino despertó por fin de su letargo de imbecilidad e indiferencia y se aceleró el alejamiento de los militares del poder en medio de un clima de odio y resistencia superior al precedente.

LOS CHICOS DE LA GUERRA es un informe periodístico que reúne entrevistas a algunos de aquellos muchachos cuando éstos recién volvían del frente de batalla y tenían, por lo tanto, más frescos sus recuerdos y emociones. En sus testimonios palpitan el horror y la miseria, el coraje y el heroísmo, la mezquindad y la solidaridad, la lucha y el fracaso. Como el mismo autor admite, no son representativos de una determinada mentalidad del ex-combatiente de Malvinas, ya que cada uno vivió el conflicto de distinta manera, y los hubo también que sobrevivieron muy poco al fin de la guerra, ya que acabaron suicidándose. Este libro sencillamente nos acerca un poco al infierno de hielo y fuego que ellos vivieron combatiendo en nombre de la Patria. Cada uno sabrá qué valor darle a ello y si realmente valió la pena, o la habría valido con una mejor preparación, enviarlos a Malvinas. Pero se opine al respecto lo que se opine, cada argentino tiene el deber de leer libros como éste para no faltar nuevamente el respeto a aquellos jóvenes que de golpe tuvieron que dejar atrás su adolescencia y hacerse hombres de la peor manera posible, y para meditar sobre los descomunales, monstruosos errores cometidos a fin de que nunca más se repitan. Es lo menos que podemos hacer por aquellos "chicos de la guerra".

Escrita hace 10 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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