BELLA, TRISTE Y ESPELUZNANTE por EKELEDUDU

Portada de EL JINETE DEL CABALLO BLANCO
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

La acción de EL JINETE DEL CABALLO BLANCO (novela que también se consigue bajo el título, menos fiel al original Der Schimmelreiter, pero quizás también más ganchero, de EL FANTASMA DEL DIQUE) transcurre en una región de costas bajas y fácilmente inundables y de gente en constante lucha con el Mar del Norte, siempre desecando tierras y levantando diques para contener mareas. Estamos en el siglo XIX. Tres noches lleva una violenta tempestad fustigando la región, cuando junto a un viajero pasa un jinete que cabalga un caballo blanco, sin decir palabra y sin que el corcel que monta haga ruido de cascos... A menos que simplemente el fragor de la tormenta impida oírlo. Pero cuando el viajero en cuestión llega a una posada y narra aquel encuentro, su relato inquieta los presentes. Es obvio que para la mayoría de ellos no hay duda respecto a la naturaleza espectral del misterioso jinete. Sólo un escéptico maestro de escuelaserá escéptico, y contará al viajero la historia tras lo que él considera superstición.

Y el relato del maestro -del que, por supuesto nosotros no reproduciremos aquí más que una parte- remite al siglo precedente, el XVIII, y al joven Hauke Haien, quien pese a su origen rústico se interesa desde muy temprana edad por las matemáticas y su aplicación regional más práctica, la construcción de diques. Hauke no es un personaje que en principio caiga muy bien, especialmente después de que mata cruelmente a un pobre gato que era la única compañía de una solitaria anciana; pero es preciso admitir que de inmediato se arrepiente y que ese hecho parece marcarlo mucho, al punto de que más tarde, aun en su propio perjuicio, saldrá sucesivamente en defensa de otros dos animales necesitados de protección. Y todavía faltando mucho para que esto último ocurra, pero después de lo del gato, los talentos de Hauke le valen un puesto como ayudante del superintendente de diques, Tede Volkerts, hombre cuyo cargo confiere un gran honor pero también grandes responsabilidades. Volkerts es bastante indolente y no del todo impermeable a pequeños sobornos, pero con Hauke como asistente no siempre podrá hacer la vista gorda. Pese a todo, se encariña con él, pero los otrora beneficiarios de esa vista gorda, obligados ahora a marchar rectamente, más los envidiosos que nunca faltan, le tomarán al muchacho una antipatía que paulatinamente, mezclada con temor, irá degenerando en aversión y hasta en odio, especialmente cuando, fallecido Volkerts, Hauke se case con la hija de éste, Elke, y lo suceda en el cargo. Aunque el joven es el adecuado para el puesto, difamadores y maledicentes insistirán en que lo ha alcanzado por un conveniente matrimonio.

Se ha hablado de temor, sentimiento que tendrá su origen en rumores difundidos por Carsten, supersticioso joven que trabaja para Hauke. Será él quien cierta noche, en compañía de otro mozo llamado Iwen, observe algo extraño y un tanto siniestro en la cercana isla de Jewers Sand: parece haber llegado allí un caballo blanco, del que sin embargo, cuando Carsten se aproxima en bote, constata que no hay sino un esqueleto que yace en la arena; lo que no impide que Iwen insista en haber visto de lejos a Carsten acercándose a un caballo en apariencia bien vivo, lo que, hasta aquí, sólo los inquieta. Pero el terror de Carsten no tendrá límites cuando pocos días más tarde Hauke, su patrón, regrese de una feria con lo que parece un blanco jamelgo malentrazado y que en realidad es un espléndido caballo joven medio muerto de hambre. Carsten está seguro de que se trata del mismo animal de Jewers Sand, hecho que parecerá confirmar cuando descubra más tarde que el esqueleto ha desaparecido de la isla: Puede ser una simple fantasía de campesinos, pero no dejará demasiado tranquilo al lector enterarse de un detalle que Carsten, por suerte, no conoce: el gitano que vendió el caballo a Hauke, viendo a éste alejarse con el animal, reía sin motivo aparente, hecho que hasta Elke interpreta como de mal augurio.

Como sea, para Carsten las cosas estarán claras, especialmente cuando luego de muchos cuidados el caballo se vuelva fuerte, sano y brioso como ninguno: el diablo ha resucitado la osamenta que yacía en Jewers Sand, convirtiéndola en aquel animal donde ahora anida. El patrón debe de tener sus motivos para darle de comer él mismo, afirmará a un incrédulo Iwen... Pero la inmensa mayoría que detesta a Hawke -cuyos problemas de Hauke recién empiezan, siendo el menor que su única hija padezca retraso mental: él la ama de todos modos- será mucho menos escéptica.

EL JINETE DEL CABALLO BLANCO revive el mito del espectro que anuncia desgracia en una obra admirable desde todo punto de vista. En lo descriptivo tiene momentos de subyugante aunque fantasmagórica belleza; argumentalmente su tono es de sombrío romanticismo. Hauke, que tan mal cae al principio, termina ganando todas las simpatías del lector a causa de su desgracia sin límites. Y lo mejor: rozando apenas lo sobrenatural, Storm crea un convincente clima opresivo y tétrico que con justicia envidiarían muchas efectistas producciones de Hollywood. El fantasma podría no ser tal, el caballo podría ser un animal como cualquier otro... ¡Pero qué difícil que es creerlo!...


Reclamo final: ¡reedición urgente para esta joya de la literatura! Cuando por fin conseguí un ejemplar, era una edición tan, tan lamentable, que preferí recurrir a otra para subir la ficha del libro a este sitio.

Escrita hace 10 años · 4 puntos con 2 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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