WAST, ENTRE EL COSTUMBRISMO, LA AVENTURA Y EL SUSPENSO por EKELEDUDU

Portada de EL CAMINO DE LAS LLAMAS
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La acción de EL CAMINO DE LAS LLAMAS transcurre en el lado argentino de la Cordillera de los Andes, cerca de la frontera con Chile. Algunos datos, toponímicos sobre todo, permiten precisar que el escenario corresponde a la provincia de Mendoza. Menos segura es la ubicación temporal de la trama. Por un lado están ausentes, aun en una etapa primitiva, todos los modernos adelantos tecnológicos, como aviones, automóviles, etc.; por otro, no se hace la menor alusión a los conflictos políticos que convulsionaron la Argentina en la primera mitad del siglo XIX, como las luchas entre federales y unitarios y la así llamada (lo haya sido o no) tiranía rosista. Por consiguiente, el argumento tiene que desarrollarse durante la segunda mitad del citado siglo. Ya al comienzo de la novela se hace mención a la tirantez existente entonces en las relaciones entre Argentina y Chile, pero la hubo en varias oportunidades a lo largo de la Historia y no se dice qué la provocó; bien podría ser, también, que se tratase de una licencia histórica del autor. Por consiguiente, el dato es inútil para fijar con más precisión en qué año transcurre la obra. Conformémonos con lo que ya sabemos.

En cualquier caso, el relato principia en el almacén de don Carlos María, muerto hace un tiempo en circunstancias misteriosas. El boliche es atendido ahora por Margarita y matilda, viuda e hija del finado respectivamente. Como está situado en un punto estratégido lo mismo para contrabandistas, agentes de la policía, gauchos en desgracia y hasta simples viajeros, no sorprenderá que, de entrada nomás, converjan allí personajes sumamente disímiles. En primer lugar, Cardona y Pizarra, dos gauchos malentrazados; en segundo, un teniente del Ejército Argentino, Moscoso, y un fiel soldado sin rango que lo acompaña. En torno a ellos se mueve el personal contratado por las dueñas del almacén: Quilpara, joven india que colabora en la atención del mismo; Yango, su padre; Tancredo, un peón cuyo cerebro no está del todo en orden; y don Aguilar, el capataz de la hacienda.

Varios de los mentados se unen en caravana, guiado cada uno por sus propias motivaciones, para atravesar las montañas rumbo a Chile, adonde cada tanto Matilde suele ir a vender ganado. Por el camino descubrirá el lector qué relaciones unen o separan a todos estos personajes y también algo más, que desconoce la mayoría de ellos. En efecto, las cosas no siempre son lo que parecen, y menos aún cuando flota en el aire, como ahora, olor a guerra en ciernes. Y así, resulta ser que en la caravana hay algunos que no son exactamente quienes dicen ser, sino espías chilenos que buscan, por la ventaja militar que ello reportaría a su país si se iniciara el temido conflicto armado con Argentina, conseguir la ubicación de un paso secreto, el Camino de las Llamas del título, cuyo emplazamiento exacto sólo conoce ahora la joven Matilde, a quien se lo reveló en su momento su por aquel entonces no tan difunto padre. Pero las cosas no siempre son fáciles; de hecho, se complican siempre que pueden, sobre todo cuando el corazón interfiere en los dictámenes del deber y obliga a elegir entre el leal servicio a la Patria o el amor.

El patriotismo es un sentimiento con el que generalmente no suelo comulgar, pero debo reconocer que Hugo Wast tiene el indiscutible mérito de volverlo digerible. A veces cae en el inevitable discurso, o lo roza; pero no lo hacen sus personajes, en quienes el sentimiento de amor a la tierra natal se palpa genuino, acendrado y exento de fanatismos. Es más, en sus descripciones del paisaje cordillerano creo que nos hace nacer sentimientos similares incluso a los más reacios, algo que no lograrían hacerlo banderas, escarapelas ni himnos patrióticos. Creo que en este momento, es el tipo de literatura que estamos necesitando, porque ¿qué gracia tiene ambientar una trama en determinado lugar, si pensándolo bien, por falta de identidad es como un zapato que se ajusta a cualquier pie? A eso lleva la globalización a las distintas culturas: a hacerlas insípidas, inidentificables, exactamente iguales unas de otras. Por suerte todavía hay libros como éste, que nos recuerdan nuestros orígenes.

Muy bien lograda la atmósfera de turbio enigma que se cierne por momentos sobre algunos personajes, muy particularmente al comienzo, cuando Cardona y Pizarra se inquietan vagamente al ver entrar en el almacén a Moscoso y el soldado que lo sigue, atrayéndose con ello las sospechas de los lectores. Pero el clima de la novela es predominantemente irreal, artúrico casi en su exaltación de virtudes que hoy van quedando en el menosprecio o directamente en el olvido, como la lealtad, el evitar la violencia innecesaria (en ningún momento planea por la mente de los espías chilenos ejercerla contra Matilde para obligarla a revelarles la ubicación del Camino de las Llamas) y el respeto por el enemigo valiente. En estos tiempos en que los valores morales están tan degradados, una obra que justiprecie tan nobles ideales merece ser doblemente bienvenida..

Escrita hace 10 años · 4 puntos con 2 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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