UN LIBRO QUE INSPIRA EMOCIONES MUY DIVERSAS por EKELEDUDU

Portada de SAFARIS INOLVIDABLES
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

El comienzo de este libro es inevitablemente triste y nostálgico, con el autor, un exitoso documentalista, escribiendo reflexiones muy amargas que podrían ser emblemáticas para gran parte de la Humanidad: "Cuando era joven, iba adonde podía...suponiendo con candidez que las maravillas de los animales que veían durarían eternamente. El tiempo me enseñó que no sería así... los animales que yo filmaba eran ya los habitantes precarios de un mundo que los cercaba rápidamente. Ahora, me niego a volver a muchos lugares adonde fui en la preguerra, sabiendo que las tribus y los animales que viera allí antaño habían desaparecido... Nacerán generaciones que nos maldecirán por el vandalismo con que, en un breve siglo, hemos derrochado la fauna cuyo perfeccionamiento exigió cincuenta millones de años..." Duro, ¿eh? Esta edición es de 1965 y desde entonces, lejos de maldecir a los perpetradores de aquel vandalismo del que hablaba Denis, hemos hecho lo propio, algo de lo que el autor, afortunadamente, no se enteró, pues murió en 1971. Y aun más grave: ahora seguimos destruyendo, pero ya conociendo la magnitud del daño que originamos.

Hago hincapié en esta diferencia porque este libro habla de cosas que podrían resultar chocantes para el lector. No todo el libro es así, por supuesto. A decir verdad, el primer episodio concreto de su vida que cita Denis es digno de MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES, cuando él tenía catorce años y su colección de lagartos y serpientes se diseminó alegremente por un hotel donde se alojaba con su padre, generando pánicos diversos. Más adelante, ya habiendo entrado de lleno en su carrera de documentalista, asistiremos a un desaguisado provocado por una cacatúa que oficialmente es una paloma y que desmentirá su condición de tal sacando inoportunamente la cabeza de su jaula cubierta de modo muy conveniente, para preguntar a su dueña, la esposa del autor, cómo amaneció esa mañana... Ante las autoridades aduaneras que prohíben el ingreso de loros al país, incluso transitoriamente como era el caso. También habrá lugar para el misterio en relación a un legendario elefante de cuatro colmillos que nos sumerge en una verdadera aventura criptozoológica que revelará un fondo de realidad.

Pero junto a tales narraciones encontraremos otras que pueden resultar ya más duras y hasta desagradables para nuestra mentalidad. Tal vez no lo sea tanto la descripción de la arriesgada cacería de un elefante por parte de un osado pigmeo ya que, como bien explica Denis, así se alimentan -o se alimentaban al menos- los nativos en la selva, donde no existen supermercados ni nada que se les parezca. Otro tanto podría decirse de las cacerías de gorilas, pero desde Dian Fossey y Gorilas en la niebla esos grandes simios nos sensibilizan demasiado, y quizás muchos de los lectores las contemplen casi como festines antropófagos. Pero hay otras supremas crueldades que ya no tienen la excusa de la propia supervivencia y es el caso de episodios relacionados con películas de ficción (en las que se había iniciado Denis con un filme llamado GOONA GOONA) que durante su filmación contaron con el autor en algún rubro técnico, y en el que asistió impotente al sacrificio cruel e innecesario de animales, caso por ejemplo de WILD CARGO ("Cargamento salvaje", 1934) donde por negligencia un pobre tigre viejo y pacífico murió ahogado (la pedante estrella del filme, Frank Buck, tuvo el descaro de hacerse filmar en una escena de combate con el cadáver del animal; al menos evitó que un segundo tigre corriera una suerte tan desventurada como la del primero). O el de LAS MINAS DEL REY SALOMÓN, con Deborah Kerr, en la que fue asesor técnico, cuyo guión exigió matar a tiros a un elefante macho adulto. Escribe Denis que luego "dos elefantes más jóvenes salieron de la manada y trataron de llevárselo (al macho muerto). Todo esto debió de resultar muy emocionante y de avergonzar mucho a esos cazadores de película... Pero ignoro hasta hoy si la registraron en el celuloide".

Que este libro en el que coexisten momentos tan terribles con otros de humor o de ternura, depende evidentemente de la mentalidad del lector. Denis, quede claro, en ningún momento aprobó hechos como éstos; si bien en el mismo residió cierto inintencionado antiecologismo en su manía de comprar mascotas exóticas arrancadas de su hábitat para ser vendidas. Pienso que eran otros tiempos. Amaba a los animales y no se daba cuenta del egoísmo y la posesividad implícitos en ese amor, como no lo entiende el niño que atrapa pequeños animales y los encierra vivos en cajas de zapatos o de fósforos, si no se lo explican sus padres. El problema es que en aquella época seguramente pocos adultos explicaban cosas semejantes a sus hijos. Es ahora, en la era de la Internet y las comunicaciones en general, que actitudes semejantes no tienen perdón. Es recién ahora que sabemos plenamente el delicado equilibrio del ecosistema, y que los animales son más semejantes a los humanos de lo que sospechamos. Si el lector lo entiende así, seguramente disfrutará mucho este libro, aun con su carga de nostalgia y crueldad; pero si no, sin duda le convendrá pasar de largo.

Escrita hace 10 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 9 ·

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