UNA MUERTA DOMINANDO LA ESCENA por EKELEDUDU

Portada de REBECCA
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

REBECA podría sintetizarse como un extraño y desparejo duelo entre dos mujeres muy disímiles en todo sentido, posibilidades de vencer incluidas, y para colmo con un árbitro comprado a favor de aquélla, que tiene todas las apuestas a su favor.

Por un lado está la protagonista, una joven de condición social humilde, apocada, algo nerviosa y, como es habitual en las personas que se sienten inferiores, propensa a la torpeza y el bochorno. Como perfecto símbolo de su insignificancia, es como si ni nombre tuviera, pues en ningún momento sabremos cómo se llama. Es, por lo tanto, la persona ideal para hacer de pelele para la aristocracia, y de hecho esta joven es dama de compañía de una vieja ricachona como tantas otras que andan dando vueltas por ahí, y con la que está de viaje en el momento en que ambas se topan con el viudo Maximilian de Winter, cuya difunta esposa es (nótese el tiempo verbal) la Rebeca del título: una mujer que en vida ostentaba un gran carisma, una personalidad avasallante y que, en fin, gozaba de gran fama en la alta sociedad.

La ricachona de marras está absolutamente obnubilada por el señor de Winter, pero éste demostrará, nada tonto es el caballero, más interés por su dama de compañía, con la que empezará a verse a espaldas de la vieja. Hasta que ésta decide que ya es tiempo de irse a otra parte, amenazando la perdurabilidad de la flamante pareja. Pero no por mucho tiempo: apenas se entera, Maximilian (Max, de ahora en adelante) propone matrimonio a la apocada dama de compañía. Lo hace de modo muy poco romántico, mientras se desayuna; pero sea como sea, ella acepta, motivo por el cual la ricachona, desairada por la fuga de esta esclava y por no haber sido ella quien acaparó las mejores atenciones del viudo, presagiará a la joven un matrimonio poco feliz, alegando entre otros motivos la diferencia de edad (Max es bastantes años mayor que aquélla a quien eligió como segunda esposa) y por supuesto la competencia de la finada y perfecta primera esposa, Rebeca...

Ni falta hacía que se saliera con tan poco venturoso augurio. Apenas llegados a Manderley, la mansión de Max de Winter, queda perfectamente claro que quien sigue dominando allí es la finada. ¿Cómo puede rivalizar una mujer simple como la ex dama de compañía, por viva que esté, con el fantasma de una mujer sin tacha, a quien todos siguen poniendo en un pedestal, y que, no importa lo que ella haga, siempre estará allí como una presencia amenazante, haciéndole sombra?... Y para colmo, aquí es donde interviene el árbitro comprado del que hablábamos al principio: Mrs. Danvers, sombría, parca y seca ama de llaves que cela devotamente el recuerdo de su primera señora y hará saber de muchas maneras a la nueva que Rebeca sigue mandando allí y que ella es una figura prescindible y absurda en la mansión. Lo hará tácitamente al principio, pero más tarde, sin tanto rodeo, hasta incitará al suicidio a esta joven usurpadora.

Es precisamente en ese momento en que la protagonista, no soportando más su situación, medita la posibilidad de quitarse la vida, con Mrs. Danvers sobre ella como un ave de desgracia, que unas detonaciones anuncian que, luego de un naufragio, se está intentando recobrar los cadáveres de los ahogados. Pero el que sale a flote es uno inesperado: el de Rebeca, muerta ahogada supuestamente durante una tempestad, versión oficial ahora puesta en duda por las autoridades. Y se iniciará una investigación, pero la única que, en principio, se enterará de cómo ocurrieron las cosas, será la segunda esposa de Max, por boca de éste, a través de una declaración inesperada y estremecedora: "A Rebeca la maté yo de un tiro"...

REBECA es sin duda una de las novelas más famosas de Daphne du Maurier, sino la más famosa. Tiene un ritmo lento, lo que no es necesariamente descalificatorio; pero en fin, hay lectores que gustan de la acción sin pausa y la aclaración anterior está dirigida más que nada a ellos. Quizás el tramo menos interesante sea el previo a la llegada de la pareja a Manderley; de allí en más, con la omnipresente Rebeca dominando terriblemente la escena, se va creando de a poco un clima de suspenso y sobre todo de comprensible opresión. La joven segunda esposa de Max de Winter se siente como sapo de otro pozo en aquel ambiente de gente adinerada, y para colmo tienen lugar unos cuantos incidentes penosos que nos abstenemos de reproducir aquí, hasta llegar al tramo final de la novela, que arranca con el descubrimiento del cadáver y termina con... Bueno, descúbralo el lector.

Vale la pena aclarar que el libro contó con una continuación, pero ésta no fue escrita por Daphne du Maurier. La segunda parte de Rebeca fue escrita por Susan Hill, se intitula LA SEÑORA DE WINTER y aunque no la he leído, las referencias que tengo de ella son desfavorables. De ser así, es una pena por partida doble; primero, por no estar a la altura de la primera parte, y segundo, porque creo que el final de REBECA hacía lógica o comprensible una continuación digna, que yo hubiese leído con mucho gusto; tentación que me asalta a veces.

Por cierto, los fans de Stephen King quizás recuerden una frase que se repetía varias veces en UN SACO DE HUESOS: "Anoche soñé que volvía a Manderley". Creo que no se indicaba la procedencia de dicha frase, pero en cualquier caso, es la que abre esta novela. Y recordemos también, para finalizar, que la misma fue llevada al cine en 1940 por el maestro Alfred Hitchcock, quien se tomó ciertas libertades respecto al texto original, pero supo mantener, no podía ser de otra manera, el suspenso del mismo.

Escrita hace 10 años · 4 puntos con 2 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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