TÉTRICO MISTERIO EN LA PENÍNSULA DEL LABRADOR por EKELEDUDU

Portada de LA TIERRA DE CAÍN
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

La ficción de LA TIERRA DE CAÍN arranca en Londres, en una fecha imprecisa de la década 1950-1960. Un radioaficionado de nombre James Finlay Ferguson, inexplicablemente obsesionado con la por entonces muy desolada Península del Labrador (Canadá) muere en su hogar, en circunstancias, en cierto modo, misteriosas. Revisando las notas de Ferguson, su hijo Ian descubre que el difunto, aquel día, había captado una señal de radio emitida, precisamente desde la Península del Labrador, por la expedición Briffe: un equipo de tres personas extraviado en esa helada región. La madre de Ian demuestra extraña, inexplicable reticencia a que su hijo investigue ese asunto; pero el joven, pensando que algún miembro de la expedición puede estar vivo todavía -sabe por otra fuente que oficialmente han sido dados por muertos y se ha renunciado a buscarlos- y que, en ese caso, es de vital importancia reportar el hecho a las autoridades para que éstas procedan a socorrerlos, informa a la policía de sus hallazgos. La policía, a su vez, lo pone en contacto con un teniente de la Fuerza Aérea canadiense, que se muestra escéptico. En primer lugar, sostiene, con un equipo elemental como el de la expedición Briffe no se habría logrado un contacto radial desde el Labrador hasta Londres, en razón de las distancias. En segundo lugar, Briffe, el hombre con quien supuestamente se comunicó el difunto, llevaba ya una semana muerto al establecerse el presunto contacto radial, según testimonio de un único sobreviviente, un tal Bert Laroche. Por otra parte, las anotaciones de Ferguson (padre) son vagas, y las páginas en que fueron registradas están llenas de dibujos, por lo que la conclusión de las autoridades, que se hace oficial al día siguiente, es que como Ferguson estaba muy enfermo, inventó aquella comunicación en un momento de desvarío.

Ian no aceptará tal veredicto. A la vez renuente y tozudo, va él mismo a investigar a la Península del Labrador, que por salvaje e inhóspita le parecerá "la tierra que Dios cedió a Caín", como la definiera su descubridor, Jacques Cartier. Sus pesquisas lo pondrán en contacto con diversos personajes, casi todos empleados de la Compañía McGovern de Exploración y Minas, por no hablar del dueño de la misma y de la hija de Briffe que, curiosamente, es la prometida de Bert Laroche, el piloto de la desafortunada expedición y único sobreviviente de la misma.

Su primer descubrimiento lo dejará atónito: en 1900 una expedición anterior había alcanzado el Lago del León (desde donde supuestamente había recibido Ferguson padre la transmisión de Briffe) , y de ella formaba parte otro James Finlay Ferguson que por lo visto es el abuelo de Ian. Este, avanzando en sus indagaciones, se topará con una estrecha y macabra relación entre aquella expedición de 1900 y esta otra que lo trajo al Labrador. Y en cuanto a esta última, se llevará el fiasco de que la mayoría de la gente no le cree o, directamente, parece saber más de lo que dice y no querer que también él sepa; de temer lo que pueda sacar a la luz. Con el muchacho se muestran autoritarios, exigiéndole que regrese por donde vino y amenazando, incluso, violentarse si no lo hace. Pero algunas astutas jugadas permiten a Ian burlar a estos individuos prepotentes y permanecer en el Labrador contra viento y marea. Cuando por fin, estos personajes vuelvan a dar con él, descubrirán que se ha montado una nueva expedición hacia el Lago del León integrada por Ian, Bert Laroche, la hija de Briffe y otro personaje apellidado Darcy; un guía indio a quien pensaban incluir en el grupo se rehúsa alegando de que malos espíritus habitan esa región. Como sea, hay que resignarse: ya no se podrá impedir que la verdad, cualquiera que sea ésta, salga a la luz, y ahora los mismos que más estaban en contra de Ian, se desviven por ayudarlo.

Hay, sin embargo, una excepción. Casi desde el principio, el razonamiento lógico indica que, si la comunicación entre James Ferguson y Briffe no fue una alucinación de enfermo, sino un hecho real, Laroche había mentido deliberadamente al decir que Briffe y Baird, el tercer expedicionario, estaban muertos cuando los dejó. Su actitud camino al Lago del León tiende a confirmar esta hipótesis... Y sin embargo, las cosas a veces no son lo que parecen. El final, a no dudarlo, consituirá una verdadera sorpresa y será un dignísimo remate para un libro que rezuma intriga y misterio.

Escrita hace 10 años · 0 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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