LEGENDARIA OBRA DE UN ESPECIALISTA EN HISTORIA MEDIEVAL por EKELEDUDU

Portada de LA CABALLERÍA

Maurice Keen, como historiador, saltó a la fama internacional en 1965, con un libro que se llamó THE LAWS OF WAR IN THE LATE MIDDLE AGES y que, hasta donde me consta, no cuenta aún con traducción al castellano. En 1984 terminó de consagrarse con CHIVALRY, en nuestro idioma LA CABALLERÍA y que viene a ser una suerte de réplica a una famosa obra del holandés Jan Huizinga cuyo título en español fue OTOÑO EN LA EDAD MEDIA (HERFSTJE DER MIDDELEUWEN, 1919) en la que consideraba a la caballería más bien decadente. Keen se resiste a esa imagen, en parte porque, como él mismo admite ya desde el inicio de su libro, "Cuando era niño, estaba siempre fascinado por historias que me contaban acerca de 'caballeros con armadura brillante''". Bienvenido al club, Mr. Keen, éramos muchos a quienes nos sucedía y nos sucede aún exactamente eso, aunque también coincido con él en que la "infantil excitación" acabó convirtiéndose en "serio interés". Pero algo de niño siempre nos queda, y ni Keen ni quien esto escribe somos excepciones, y es por eso que una vez más comparto algo más con él, su resistencia a la visión sombría que muchos hacen de esa institución. Visión sombría que, paradójicamente, algunos de sus más acérrimos defensores no hacen más que ensombrecer aún más. Es lo que sin querer hace, por ejemplo, Alfredo Sáenz en un libro que también se intitula LA CABALLERÍA, al opinar que "la conquista de América no fue sino una gran hazaña caballeresca". El genocidio y el robo pueden tener, efectivamente, algo de caballeresco si tenemos en cuenta que demasiados caballeros estuvieron muy lejos de los ideales impuestos por su mismo Código, pero absolutamente nada de hazaña.

De cualquier manera, los ideales existían, y si nos atenemos a ellos, tendremos una mejor opinión de la caballería que, como tantas otras instituciones, tiene una base noble y buena aunque luego muchos de sus mismos integrantes se ocupen de desvirtuarla. Más o menos a esa conclusión se llega luego de la lectura de este libro, interesante porque además aborda aspectos que en general no reciben atención por parte de los libros sobre el tema. Por ejemplo, la heráldica y la función de los heraldos, o la compleja relación entre la caballería y la Iglesia, que siempre intentó sin éxito tener un control total sobre aquélla. Especial interés reviste, creo yo, el hecho de que la Iglesia prohibió varias veces los torneos y los caballeros solían desobedecer aunque ello les valiera la excomunión. Mucho me temo que esto significa que podrían igualmente haber desobedecido, por ejemplo, cuando el Papa proclamó la Cruzada contra los cátaros, durante la cual se perpetraron horrores sin nombre. El hecho de que no lo hicieran significa que no se les vino en gana porque, posiblemente, los animaba la codicia.

No son estos, claro, los únicos puntos que trata Keen en su obra. Lo más glorioso y lo más frívolo de la caballería convergen en ella: la ceremonia de armar caballero, el honor, la evolución del torneo, los pasatiempos, los votos solemnes; cómo la idea de la caballería, reservada en un principio para la élite, se fue haciendo extensiva a niveles sociales más bajos, la mitología caballeresca, etc. siempre con todo lujo de detalles. Así, por ejemplo, en el caso de la mitología caballeresca se nos explica qué grado de seriedad se concedía a cada ciclo literario, cómo influenciaba la misma en los caballeros, la curiosa interpretación que esa literatura hacía del pasado, modernizando ambientes, vestimentas, armas y armaduras, etc.

El autor, antes que incluir una bibliografía al final, prefiere recurrir al extendido método de usar números que remiten al pie de página para especificar de qué obra extrajo determinada información. Como sea, el detalle de las fuentes consultadas existe, lo que contribuye a conferir seriedad a una obra a la vez amena y apasionante.

Por desgracia, Keen es otro de esos autores que insisten en volvernos políglotas: hay palabras y frases en francés y en algo que presumiblemente es alemán, pero que, encima, es o bien un dialecto o alguna forma antigua del alto alemán actual. Lo digo porque consulté a alguien cuyo primer idioma fue el alemán, y no supo traducirme ni una palabra. Si algo le puedo reprochar al autor, es sólo esto. Por lo demás, los aficionados al Medioevo no podemos dejar pasar este libro que ya se ha transformado, por derecho propio, en un clásico

Escrita hace 10 años · 4.3 puntos con 4 votos · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 10 años

Todo un clásico, Ekeledudu, efectivamente. Me lo apunto, a ver si ahora me lo leo. Cuando cursaba historia medieval en la universidad acababa de salir y mi catedrático, de lo más positivista, no estaba por esta clase de historia. Nunca es tarde...

@EKELEDUDU hace 10 años

Ah, ¿cursabas historia medieval? Interesante. Sospecho que estaré visitando próximamente tu perfil a ver qué libros sobre el tema encuentro allí.