RIORDAN, REMEDANDO A ROWLING por EKELEDUDU

Portada de EL LADRÓN DEL RAYO

La vida del joven Percy Jackson, de doce años, es un verdadero desastre. Su madre es encantadora, pero su padrastro, Gabe, difícilmente podría ser más desagradable. En el terreno escolar, las cosas no van mucho mejor: el chico padece dislexia y THDA (Transtorno Hiperactivo del Déficit de Atención), lo han expulsado ya de varios colegios, están a punto de expulsarlo también del actual, la Academia Yancy, donde tiene problemas con sus compañeros, aunque se haya hecho también de un gran amigo, Grover. Las cosas parecen empeorar cuando durante una visita al Museo Metropolitano de Arte, guiada por el señor Brunner, profesor de latín, y la señora Dodd, profesora de matemáticas, esta última se transforma en monstruo, concretamente en arpía (cosa que ya era en sentido figurado, pero que ahora dejará de tener un sentido figurado o literal para acercarse a otro a la vez más mitológico y más real) y ataca a Percy. Ahora bien, luego de tal incidente, que concluye con la muerte del monstruo, el muchacho intenta relatarlo, y queda intrigado cuando se le informa que jamás existió una profesora Dodds en la Academia Yancy y que la profesora de matemáticas que acompañó al alumnado en su visita al museo se apellida Kerr.

Si esto le ocurriera a cualquier otro que no fuera Percy, evidentemente todo indicaría que al sujeto le falta un tornillo; pero el joven descubrirá pronto que no es un mortal común, y que la realidad íntegra tampoco es lo que parece ser. En ella, los dioses de la mitología grecorromana son entidades con existencia real, y él mismo es un semidiós, aunque de momento ignore cuál de los Olímpicos lo engendró en el vientre de su madre, a la que luego abandonó. Pero el caso es que, acorde a su condición -que hasta ahora permanecía oculta- más le valdrá acostumbrarse a, cada tanto, hacer frente a alguno de los muchos monstruos que, con la misteriosa capacidad de revivir una y otra vez lluego de cierto tiempo de ser liquidados, tratarán de acabar con él. Pero como si eso fuera poco, un gran conflicto cósmico amenaza enfrentar a unos dioses con otros, estremeciendo el mundo como nunca antes. En efecto, al poderoso Zeus le han robado el Rayo original, la matriz de la que proceden todos los demás rayos. Dado que ningún dios podría haber cometido personalmente tal fechoría, tuvo que haber actuado a través de un semidiós, y pronto las principales sospechas apuntarán hacia Percy, quien con la ayuda de Grover y una hija de Atenea llamada Annabeth intentará demostrar su inocencia e impedir la guerra celeste.

Tal el argumento, a grandes rasgos, de EL LADRÓN DEL RAYO, que inicia la saga PERCY JACKSON Y LOS DIOSES DEL OLIMPO. Rick Riordan, su autor, nunca admitió -al menos que yo sepa- adeudar nada, en lo creativo, a Joan K. Rowling y los libros de Harry Potter; pese a lo cual sobrevuela cierto persistente tufillo a copia respecto a la saga del célebre aprendiz de mago. En ambos casos el protagonista es un chico con problemas familiares y sociales que, de buenas a primeras, descubre que no es inferior, sino sólo distinto de la mayoría de la gente, y que por ser tan especial se verá enfrentado a poderes terribles. En la propia construcción de los respectivos universos sobrenaturales donde transcurren las aventuras de los protagonistas se advierten las similitudes: sin ir más lejos, recordemos al señor Weasley, padre de Ron, reflexionar en HARRY POTTER Y LA CÁMARA SECRETA que los muggles (es decir, las personas sin poderes mágicos) no saben ya qué hacer para negar la existencia de los magos; mientras que aquí es un centauro quien afirma que "es increíble hasta dónde pueden llegar los humanos con tal de que las cosas encajen en su versión de la realidad".

En la comparación, por lejos, sale perdiendo Percy Jackson; y sin embargo, hay cosas que se deben tener en cuenta a la hora de evaluar esta saga, de las cuales una fundamental es que estaba pensada para un público infantil o como mucho adolescente, a diferencia de la de Harry Potter, que Rowling pensó simplemente para sí misma y conquistó a públicos de todas las edades. Ahora bien, si pensamos que un niño pasará a identificarse con el protagonista, que quizás gracias a ello asuma y hasta supere cualquier minusvalía intelectual o física, que probablemente lo ayude además a aceptar y sufrir menos sus problemas familiares gracias al ejemplo de Percy y toda una serie de puntos similares, habrá que concluir que este libro, al menos para ellos, puede ser sencillamente maravilloso y positivo, en especial si para entretenerse la otra opción es, por ejemplo, un juego de Mortal Kombat o cosa por el estilo. Los adultos no tenemos derecho a reclamos, porque no somos los destinatarios naturales de este libro, cuya traducción está además plagada de españolismos que fuera de la Península Ibérica pueden resultar incomprensibles, chistosos o pesados conforme a los conocimientos y tolerancia de cada uno. Pero si Riordan copió, al menos lo hizo con cierta gallardía, y no es el único que lo hace. Así es como estamos saturados de reiterativas sagas de vampiros carilindos o de morbosos asesinos sicópatas, comparada con las cuales, la saga de Percy Jackson siempre será bienvenida.

Escrita hace 10 años · 4 puntos con 1 voto · @EKELEDUDU le ha puesto un 8 ·

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