EL INMORTAL JULIANO por EKELEDUDU

Portada de JULIANO EL APÓSTATA
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Siglo IV después de Cristo. El cristianismo ha logrado ser aceptado como religión, pero la lucha en nombre de la fe continúa. Divididos en dos facciones principales, arrianos y atanasianos, los cristianos están abocados a querellas ruines, infames y violentas que serán uno de los tantos bochornos protagonizados por los seguidores de Aquel que vino a predicar el amor a Dios y al prójimo. El así llamado "paganismo", en tanto, amenaza caer de a poco en el olvido. Sin embargo, casi inadvertidos en medio de las luchas que se desarrollan en su entorno, dos hermanos, Galo y Juliano, crecen en Macellum bajo la precaria protección del Emperador Constancio, y el segundo, todo un precoz intelectual, despierta la admiración del clero por su conocimiento acerca de los dogmas y la doctrina cristiana en general. Claro que Juliano oculta un secreto: siente todavía una profunda devoción hacia los viejos dioses y por los misterios de Mitra, un culto que guarda algunas similitudes con la fe de Cristo. ¿Por qué, en definitiva, habría de sentirse atraído por la religión de los galileos, que condena el asesinato, pese a lo cual atanasianos y arrianos llegan incluso a matarse entre ellos? Y cuando, por imprevistos del destino, llegue a vestir la púrpura del Emperador, ¿por qué no esforzarse por devolver a los cultos antiguos su viejo brillo y prestigio? Es ni más ni menos lo que hará, y a raíz de ello pasará a la historia como "El Apóstata", el que ha renegado de su antigua fe, pese a que jamás creyó realmente en ella.

JULIANO EL APÓSTATA es una novela decididamente apasionante; y su protagonista gana el corazón del lector por muy cristiano que éste sea, como es mi caso. Es que es inevitable, cuando las páginas van quedando atrás, entender que alguien como Juliano era, por su actitud, mentalidad y filosofía, infinitamente más cristiano que la turba de hipócritas, dividida y violenta, que decía pertenecer a Jesús y no obstante, con sus obras, lo disimulaba muy bien. Es inevitable, también, admirarlo por su condición de sobreviviente que con notable habilidad logra salvar una y otra vez su pellejo, siendo quizás el trance más peliagudo que debe afrontar el momento en que debe asumir, por orden de Constancio, el cargo de César en las Galias, donde la situación en ese momento se halla más que candente. Todo indica que Constancio no ha querido más que desembarazarse de ese primo que eventualmente podría erigirse en molesto rival político, sin que nadie pueda acusarlo de tener las manos empapadas en la sangre del mismo. El que hasta ese momento había sido un simple intelectual deberá volverse un militar enérgico, para lo que demostrará dotes tan extraordinarias como inesperadas.

El relato se sigue desde la óptica de tres personajes, uno de ellos el propio Juliano y dos contemporáneos suyos, los filósofos Libanio y Prisco. El libro se inicia cuando Juliano ya ha muerto y los dos filósofos intercambian una correspondencia en la que comentan brevemente sus impresiones sobre el difunto y la realidad de Roma tras su desaparición. En ningún momento Juliano es visto a través de un prisma de endiosamiento. Libanio y Prisco ocasionalmente comentan o analizan los errores de Juliano, pero sin que por ello disminuya su convicción de que el sueño de el efímero reinado de éste había sido como un oasis en medio de un desierto, un sueño en medio de una pesadilla. Las frases de Libanio que cierran el libro, sombrías y pesimistas, dejan un sabor amargo en el lector.

Casi para concluir, no puedo menos que señalar dos grandes aciertos del autor, que se encuentran al principio y al final: la nota que abre el libro y la bibliografía. En la primera manifiesta Vidal, con gran humildad, que no ha pretendido hacer un calco minucioso de la Historia, qué libertades se tomó, los criterios empleados al citar nombres de ciudades y cosas por el estilo. Y la bibliografía servirá al lector interesado para profundizar sus conocimientos acerca del tiempo en que vivió Juliano y la personalidad misma de un Emperador que tal vez no haya incidido significativamente en la Historia pero que aun así, por su espíritu, fue sin duda un grande, un inmortal. Esto último, a no dudarlo.

Escrita hace 10 años · 4 puntos con 1 voto · @EKELEDUDU le ha puesto un 10 ·

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