LUNA DE HIEL por _567_

Portada de CHESIL BEACH

Si cada persona es un mundo, cada relación de pareja no son necesariamente dos, sino uno grande que debería ser libre. Y esta corta pero intensa novela del señor Mc.Ewan se encarga de profundizar, con corte preciso y conciso, en ese macroespacio tan plural que pasan a habitar los amantes una vez han dejado su singular, personal e intransferible carácter plantado a las puertas de la iglesia o el juzgado de guardia de turno: “Tu aquí ya no entras, que voy a casarme” – clamaría exultante el asexuado número impar, individual, a la sombra que siempre caminaba a su lado.
Florence & Edward se han hecho novietes y los astros les regalan a priori una elevada compatibilidad: son jóvenes, guapos y educados. Viven los tiempos modernos con la inocencia y timidez propias de aquellos a los que el proyecto futuro les sabe a licor de ilusión, y tienen ganas de embriagarse, muchas, tantas que aún no saben de que va la parada obligatoria por el infierno del sexo en comunión carnal que firman, entre otras cláusulas, en el contrato nupcial. Vírgenes y puros, atados a las convenciones sociales con cinturones de castidad que aprietan los miedos, los de ambos-2, hasta hacerlos estallar, metidos en cintura y sin haber aprendido a driblar los vaivenes del destino.
Muy importante aquí (además de la contraposición en los gustos musicales de cada miembro de la pareja) el espacio-tiempo en que transcurre la novela. Inglaterra 1962. Porque curiosamente, en todo momento tiene uno la sensación de que se ha sumergido en un relato Victoria-No de Jane Austen (alabar el mérito del autor en este sentido), y es que hay gente que vive en un pasado ficticio aunque sus pensamientos se adelanten a su presente; y eso solo lo entenderemos cuando ya no nos seduzca el futuro. Dos claustrofóbicos personajes que encierran mares de sensibilidad en sus personalidades, una playa yerma tan extensa que se pierda en el lejano horizonte de mansa incertidumbre y un secreto inconfesable que dejará de serlo cuando el brío renovado de una ola perdida les sorprenda mojándoles los pies en la orilla de la felicidad y se retire discretamente… sin dejar huella.-

Escrita hace 10 años · 3.5 puntos con 6 votos · @_567_ no lo ha votado ·

Comentarios

@sedacala hace 6 años

He dudado si escribir una reseña de este libro, pero al final he decidido hacer un comentario en la tuya.

Hay varios momentos en el transcurso de la novela en que uno tiene la convicción de que para su gestación el autor ha arrancado de una idea previa para a partir de ella crear los personajes que interesan a su idea, para hacerlos actuar como cree que lo hacen ese tipo de personas y para conducirlos a un final en consonancia con lo que considera consecuente y congruente con toda su argumentación. Es decir, que ha construido lo que en tiempos se denominó, “novela de tesis”, que es aquella que busca establecer una determinada situación negativa para poder así denunciar las consecuencias que arrostran los afectados por dicha situación. Ésta, en principio, es una forma de crear una novela que puede ser tan buena o tan mala como cualquier otra, pero es verdad que la opinión que tenga el lector sobre la tesis que se pretende establecer, influirá de manera determinante en su aceptación de la novela como obra literaria. Si a esto le añadimos su carácter de novela corta, el manejo descarnado de un vocabulario referente a procesos biológicos, o anatómicos relacionados con la actividad sexual, y la traslación a una época que empieza a aparecer tan lejana en el tiempo como para que una parte de los lectores no entienda bien ciertas cosas, hemos de convenir en lo fácil que es que la adhesión a esta novela no sea muy alta. Claro que cualquiera entiende que la moralidad era muy restrictiva hace un siglo, pero, da la sensación de que 1962 no esté tan lejos, sino ahí a la vuelta de la esquina. El caso es que a mí me ha parecido que el autor es bastante eficiente en el manejo de la sensualidad y de los miedos que brotan de sus cuerpos y de sus mentes, todas estas cosas son analizadas por el yo interior que cada uno lleva dentro, construyendo sus respectivos discursos íntimos, pero no de manera aislada en el mundo limitado de la suite nupcial, sino vinculando todas estas sensaciones con el mundo real en que viven, de manera que su problema trasciende del aspecto corporal y se convierte en un asunto de índole social. Son juegos de sensaciones, emociones y psicología, que a mí siempre me funcionan muy bien y que McEwan desarrolla a la perfección, tanto como para olvidarme por completo de “la tesis” (lo mala que fue aquella moral conservadora y retrograda que podía literalmente destrozar a una pareja a poco vulnerable que fuese), y centrarme en el alma de los personajes.
No tengo tan claro eso que mencionas de que el estilo del autor retrotrae a la narrativa victoriana (la verdad es que la Austen no era victoriana en absoluto), ni el porqué de que lo relaciones con los contrapuestos gustos musicales de ambos contrayentes. Lo que sí tengo claro, es que la manera de escribir de McEwan, es de una facilidad de asimilación extraordinaria; ya sabes que eso es para mí un valor nada desdeñable, aunque me consta que, a otros, os puede parecer casi una debilidad.

Esta reseña ya tiene tiempo, pero es ahora cuando yo he leído el libro. Saludos.

@_567_ hace 6 años

Esa idea previa de McEwan que comentas puede que tenga que ver mucho con ese año 62 en concreto como una especie de ruptura generacional entre la gente joven de entonces, representada en los pipiolos veinteañeros Florence & Edward, y la que llegaría inmediatamente después y que ya viviría la explosión del fenómeno musical british entre otros cambios acaecidos en muy poco tiempo en Inglaterra; una especie de punto de inflexión para la juventud británica (tan rompedora, salvando las distancias como la del 84 con la Thatcher en el poder) y la consiguiente ruptura con algunos cánones de conducta establecidos. Los personajes me parecieron bastante prototípicos de la novela folletinesca en una ambientación de tinte victoriano por lo que recuerdo: chica rica y chico pobre se enamoran, la inevitable boda de aquel tipo de ‘novelas antiguas’, la ceremonia del té a la inglesa, la servidumbre que los atiende (los camareros del hotel donde se alojan en este caso)… por eso me costó situarla en los años 60’, por eso es un punto a favor que el autor localice la acción en esa estupenda playa de Dorset cuando le hubiera sido más fácil centralizar la historia en Londres; y creo que McEwan aboga por una especie de crítica social hacia los jóvenes veinteañeros y su evidente sino discapacidad sí que falta de preparación para afrontar según que compromisos institucionales, entre ellos el matrimonio…

Entiendo que una novela de estas características tiene todos los ingredientes para que le guste a un lector de tu perfil (vi que la estabas leyendo e intuía que tu voto iba a ser muy favorable, como así ha sido, ¡que juego más divertido este de husmear el voto ajeno!, de verdad te lo digo…); efectivamente los personajes son muy potentes tanto en lo emocional como en lo psicológico, el vocabulario empleado por McEwan es exquisito y lo de la facilidad de asimilación también (más que una debilidad yo aquí añadiría que exige bastante concentración por parte del lector en una novela corta, sí, pero más densa de lo que pueda parecer en un principio… lo cual fortalece su propuesta en este sentido y su resultado final también); en fin, que McEwan siempre me ha parecido un escritor muy pulcro y ordenado, mi mayor divergencia con él tendría que ver con alguna de las tramas argumentales que plantea en las novelas que le he leído…

Lo de la contraposición musical sí que recuerdo que me llamó mucho la atención, porque me gusta mucho la música sobre todo cuando se mixta con ese otro arte que es la literatura; Florence era de formación más clásica en concordancia con su clase social y a Edward le iban más los acordes emergentes e improvisados del jazz (si no recuerdo mal, no conservo esta novela en propiedad y no puedo consultar este punto); vaya, que así ha perdurado en mi memoria este apunte en concreto en una novela que en su globalidad recuerdo bastante bien desde su lectura (reseña del 29 de octubre de 2011, ya ha llovido desde entonces, parece mentira que uno lleve tanto tiempo por estos lares… y eso que algunos de vosotros lleváis bastante más!).

Me alegro que te haya gustado este libro, resulta difícil de creer que lo escribiera en el 2007, tal es el clasicismo académico que destila, como comentaba en la breve pero muy concisa reseña de María me parece una de esas novelas para las que debería inventarse la votación de 6.5, o sea bien tirando a notable. Saludos.-

(Repasando mi escrito, me doy cuenta que parece más un comentario de texto que una reseña al uso. Hubiera estado bien una reseña tuya teniéndolo tan fresco. En todo caso, sirvan estos comentarios como complemento. Gracias.-)