LA PRINCESA ERRANTE por sedacala

Portada de DE PARTE DE LA PRINCESA MUERTA

La lectura de éste libro era una cuenta pendiente que venía arrastrando de tiempo atrás y tenía interés en solventarla y comprobar sí estaban justificados aquellos comentarios fervientes de los que entonces lo leían a mí alrededor. Además, en Sopa de Libros varias reseñas lanzan la idea de que es un libro interesante y alejado del clásico “best seller” hueco y oportunista.

De todas formas el libro no es el trabajo de un novelista que vive de la literatura, sino de una periodista francesa de ascendencia turca, cuyos antecedentes familiares sirven admirablemente como argumento de novela y dan lugar a la redacción de un libro de éxito espectacular. A partir de ese pelotazo, Kenizé Mourad (hija de la protagonista) escribió algún otro libro, explotó lo que pudo el filón de una posible saga y poco más. Es decir, hablamos de un producto literario único e irrepetible que cuenta la vida de Selma, nieta del último Sultán de Turquía, en un marco histórico extraordinario que realza más aún el relato de sus vivencias.

El interés del libro se puede dividir en dos vertientes. Una, la más predecible, es la histórica. Selma es testigo bien situado para apreciar algunos de los acontecimientos más importantes de su época. Arranca con la Primera Guerra Mundial y las repercusiones que tuvo sobre Turquía y en particular sobre Estambul que fue ocupado por la flota inglesa, francesa e italiana; así como los sucesos que desembocan en la desaparición de los últimos restos del poder de los Sultanes y la creación de la República laica de Mustafá Kemal. Consecuencia directa de esto último, fue el exilio fulminante y el inmediato desembarco junto a su madre en el país heredero de los fenicios, que era desde su independencia de Turquía, el Protectorado francés del Líbano, aquí saboreó el estilo colonialista de los franceses y vislumbró el germen de los terribles conflictos futuros en el país consecuencia de su compleja distribución de minorías. De aquí dio el salto hasta la India, entonces todavía colonia británica, donde presenció de primera mano las complicadísimas negociaciones entre hinduistas, musulmanes, y británicos, que dieron lugar a la posterior creación de los dos Estados, India y Pakistán y que se simultanearon con sangrientos disturbios violentos de todo tipo. Además conoció a la perfección, gracias a su matrimonio con un príncipe hindú, el mundo increíblemente insólito del poder medieval de los Maharajás. Por último, dio el salto al París alegre y confiado de los años de preguerra, observando perpleja como los franceses alardeaban de línea Maginot, para al poco, tener que tragarse toda la hiel de una sentada viendo desfilar los carros alemanes por los Campos Elíseos. Todo esto, es historia del siglo XX y ella la vivió intensamente, en algunos casos como espectadora privilegiada, en otros incluso como protagonista afectada en buena medida, y los lectores de la novela están en condiciones de aprovechar ese bagaje y disfrutar con esas vivencias extraordinarias.

Pero luego está, la otra vertiente del libro que yo no me esperaba. Me refiero a la personal, la que trata de la forma en que todos esos acontecimientos afectaron a esa mujer en sus sentimientos, manera de ser, educación, vida afectiva, relaciones sociales, en todo. Hay que pensar que su madre era la hija primera del Sultán y aunque del harén surgieran muchos más hijos, ella Selma, era la hija de la primogénita, y nieta por lo tanto de la máxima representación del Estado. En esa época, la educación en el palacio estaba ya bastante modernizada pero no hasta el punto de figurarse una ciudadana normal, al contrario, se sentía intensamente princesa. Por tanto, el palo que le supuso el exilio fue importante, y su posterior vida en Líbano en la que recibió enseñanza media en un colegio de monjas francesas le embarulló aún un poco más la cabeza. El irse a la India como Maharaní la debió dejar ya con una empanada mental de caballo y en París el choque del acceso a la libertad personal, volvió a poner su mundo afectivo patas arriba. El libro intenta explicar como esos vuelcos copernicanos en su entorno, sometieron a una dura prueba su equilibrio emocional y para mi gusto en ese objetivo el libro se estira un poco más de lo necesario; a ratos consigue transmitir eficazmente esa batalla afectiva que ella está librando casi todo el tiempo, pero otros ratos se explaya en demasía en una lucha que llega a resultar excesiva en algunos momentos, sobre todo en el paso por la India. Pero esto que estoy diciendo son sensaciones mías ciertamente sutiles y no descarto que a muchos lectores el desarrollo de sus problemas psicológicos les guste en su totalidad, y no sólo en parte como a mí.

De todas formas y ya a manera de resumen, he de decir lo siguiente. Las elogiosas referencias de hace años cuando estuvo de moda, se basaban mayoritariamente en la vertiente histórica del libro. Los lectores de entonces se entusiasmaban hablando de cómo describía maravillosamente los pintorescos ambientes reflejados. Bien, pues en ese sentido, el resultado de su lectura actual ha sido, aunque muy positivo, de ligera decepción, apenas un punto, pero decepción al fin y al cabo, y es así, tal vez, por ser mucho lo que prometía.

En cambio, en lo relativo a la vertiente afectiva del personaje, sí, puede ser que adolezca de ser algo largo, pero también añado que es lo más interesante del libro, por lo que tiene de excelente y original materia literaria la descripción del tránsito emocional de esa mujer al pasar nada menos que, de princesa de un harén, a mujer liberada en la ciudad donde más podía una mujer disfrutar de dicha condición, en París. En definitiva, que es un libro bastante interesante por sus vertientes histórica y psicológica, y recomendable su lectura a todos los que se lo estén pensando al terminar de leer esta reseña.

Escrita hace 10 años · 4.2 puntos con 6 votos · @sedacala le ha puesto un 7 ·

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