TUSITALA, EL NARRADOR DE HISTORIAS por Hamlet

Portada de LA ISLA DEL TESORO Y SECUESTRADO

Así era como los habitantes de la capital de Samoa, Apia, se referían a su célebre vecino, el escritor Robert Louis Stevenson, que llegó a la paradisíaca isla a bordo de la goleta “Equator”, en un día de diciembre del año 1889, buscando un ambiente donde aliviar sus tuberculosos pulmones. Ya por entonces había escrito obras inmortales de la literatura como “El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde”, “La isla del tesoro” y “Secuestrado”, que lo habían encumbrado a la fama y riqueza. Son precisamente estas dos últimas las que Hugo Pratt, con la destacada ayuda de Mino Milani, adaptó al cómic. ¿Por qué estas dos? No sé, se le debería haber preguntado a Pratt cuando aún era posible hacerlo. No obstante, son muchas las pistas que nos deja al respecto. Por un lado está su admiración por el novelista escocés que data de un lejano día, cuando un Pratt aún niño, recibió de un prisionero de guerra italiano, vestido con una sahariana, una singular edición de “La isla del tesoro” acompañada de estas palabras: “Un día tú también irás a buscar tu isla…pero no te preocupes si no la encuentras en seguida; hay muchas, y cuando llegue el momento, las encontraras”. El escenario de éste encuentro fue la cálida Etiopía y el hombre de la sahariana no era otro que el padre de Hugo Pratt quien, tras entregar el libro a su hijo, tuvo que marcharse, acompañado por su soldado de guardia kikuyo, al campo de concentración donde estaba recluido en Harrar. Fue la última vez que lo vio, como relata emotivamente el historietista en “El hombre de la sahariana”, flamante artículo introductorio de esta cuidada edición de Norma Comics.
Pero eso no es todo. Por el otro lado está que tanto “La isla del tesoro” como “Secuestrado” responden a la perfección a las historias del gusto de Pratt, a ese hálito y fuerte componente de aventura que respiran todas sus obras, como por ejemplo la gran “La balada del mar salado”, deudora de muchos de sus maestros, como no podía ser de otra forma. Esa balada que desciende con orgullo y sin acomplejados amagos de Conrad, de London, de Salgari,…y de por supuesto Robert Louis Stevenson. No es de extrañar, entonces, que el artista veneciano se decantara por introducir en su querido y particular archipiélago de historietas estas dos joyas de la literatura de aventuras. El resultado, a mí parecer, notable en el caso de “La isla del tesoro” y excelente en el de “Secuestrado”.
La primera parte del volumen, “La isla del tesoro”, ofrece una ágil y trepidante adaptación del clásico de aventuras, donde un Pratt vigoroso recrea a la perfección el dinamismo y la emoción de la aventura, poniendo su expresionista y espontáneo trazo al servicio los textos. Sin embargo, si un pero hay ponerle a este trabajo sería que no consigue apresar (lo cual era francamente difícil) la esencia de la desconcertante relación entre el joven Jim Hawkins y Long John Silver, que ha fascinado a tantos y tantos lectores. Uno tiene la sensación, de que Mino Milani, se ha centrado demasiado en la acción, en los hechos, en aquello que constituye los ropajes más espectaculares de la historia, dejando en un discreto segundo lugar el profundo retrato de la relación habida entre el valiente muchacho y el astuto cocinero de la Hispaniola. Esas prisas se notan muchísimo incluso al final, cuando despacha en una sola viñeta la huida de Silver con un saco de monedas. No es que el resultado no sea destacable, que lo es, pero claro, le falta algo de la esencia irrepetible de la novela.
Aún con todo, una historia de aventuras de lo más entretenida y disfrutable. Fantásticas sobre todo algunas ilustraciones que Pratt nos va regalando con cuentagotas, como la del encuentro de Jim con el ciego Pew, la huida con su madre entre las marismas o cruzando furtivamente el puente al anochecer, y otras, que se encuentran repartidas a lo largo y ancho del tomo.
En “Secuestrado” he encontrado, sorprendente e inesperadamente, lo mejor de este volumen recopilador de ambas historias. Supongo que por razones comerciales y de celebridad, no de calidad, la portada destaca “La isla del tesoro”, por encima y con una letra mayor, sobre “Secuestrado”. Nada que oponer, ya que así será mayor la sorpresa del lector cuando, al estar convencido de haber digerido el plato fuerte del volumen, se encuentre con “Secuestrado”, la para mí verdadera delicatessen del completo menú ofrecido por Pratt y Milani. Con anterioridad, ya había leído las dos novelas de Stevenson adaptadas aquí, de hecho “Secuestrado” es la primera parte de la obra que agrupada con “Catriona” se dio en llamar “Las aventuras de David Balfour”, en honor a su protagonista. Mi sorpresa ha sido, cuando al contrario que sus homónimos literarios, me ha gustado más “Secuestrado” que “La isla del tesoro”. Podría ser porque la leí como obra unitaria junto con “Catriona”, que para mí pierde bastante respecto a la anterior. Pero también podría ser que no y que la razón sea otra…
…Da igual. No importa. El caso es que “Secuestrado”, el Pratt y Milani, que también el de Stevenson, es una sensacional historia de aventuras que reúne en su justa medida todos los ingredientes para hacer disfrutar a lo grande a su lector. Para empezar el escenario es de por si fascinante y idóneo para la aventura: la agitada Escocia de mediados del s. XVIII, donde tumultuosos clanes de estirpe guerrera, como los Stewart y los Mac Gregor, se revelan como pueden contra el dominio que sobre sus tierras y sus gentes ejerce la corona de Inglaterra. Por si fuera poco, el personaje protagonista, David Balfour, es el paradigma de joven abandonado de la mano de Dios y que tendrá que prosperar por sus propios medios, corriendo un sinfín de aventuras, hasta lograr que sean reconocidos sus derechos como legítimo señor de Shaws. Y no sin ayuda, ya que contará con la inestimable compañía del rebelde y afamado espadachín Alan Breck. Sus aventuras lo llevaran a ser prisionero en un barco en dirección a las Carolinas, naufrago en un islote frente a las costas de Escocia, fugitivo mientras cruza las highlands, y más aún. Hasta aquí los méritos adeudados a Stevenson, pese a la brillante adaptación de Milani.
Sin embargo, uno de los puntos fuertes de este “Secuestrado” son las brillantes, briosas y embelesadoras ilustraciones de un inconmensurable Hugo Pratt. Me atrevería a decir que nunca había visto a un Pratt tan equilibrado. Combina a la perfección, y en función de la narración, sus expresivos y acostumbrados primeros planos con escenas donde el personaje se funde a la perfección con el paisaje, dando lugar a un entramado de viñetas realmente sensacional. A diferencia de “La isla del tesoro” aquí las ilustraciones memorables se suceden sin descanso. Algunas de ellas, como por ejemplo, las de David Balfour abandonado a su suerte en el islote, reflejan a la perfección la soledad de los aventureros de Pratt. Esas imágenes poseen la magia y fascinación que han hecho de él, sin duda, uno de los grandes ilustradores del cómic, no tanto por su habilidad con el lápiz, si no por su talento para transmitir sensaciones y recrear emociones.
Mención destacada también la del color de esta historia. Tanto, que no puedo imaginármela sin él más que como una obra mutilada. Excelente sería decir poco para definir aquellas páginas que están coloreadas con la técnica de acuarela, tan del gusto de Pratt, conocida como “gouache”. En fin, una delicia para los amantes de la ilustración.
Uno tampoco debe perderse, entre los múltiples hallazgos que ofrece está estupenda edición de Norma Comics, el texto de Marco Steiner titulado “Islas del Tesoro”, que viene acompañado por bellas fotografías. Steiner dice en él que “ Heman Hesse, Yeats, Stevenson, son las tres tumbas simbólicas de Pratt, sus abridores de puertas, pero Corto Maltés ha sabido beber de sus fuentes y transmitir otra señal, encontrar una llave que, partiendo de ellos, puede guiar, o mejor dicho, acompañar, delicadamente, hacia un mundo salobre y fantástico, un mundo hecho de velas y tesoros, de encuentros y sonrisas, de silencios y de baladas.” Una verdad bellamente expresada.
“Tatou moni Tusitala. Ua Tagi le fatú ma le eleele” dicen que dijo el gran jefe Túimaleali’ ifana, sentado con las piernas cruzadas ante el cuerpo exánime de Robert Louis Stevenson. Traducido significa : “Nuestro amado Tusitala (narrador de historias), incluso las piedras y la tierra derramarán lágrimas por ti”.
Lo mismo podría decirse de Hugo Pratt, Tusitala de ese arte cada vez más reconocido que es el cómic, y digno hijo, custodio y promotor de ese espíritu que le regaló su hombre de la sahariana.

Escrita hace 10 años · 3.6 puntos con 7 votos · @Hamlet le ha puesto un 8 ·

Comentarios

@_567_ hace 10 años

Recuerdo que leí "La isla del tesoro" en uno de aquellos comics o novelas gráficas de la antigua Editorial Bruguera, una delicia para las mentes de los niños ávidos de aventura como puedes imaginar, fue una más de las muchas historias de Stevenson, Verne, Salgari, Dickens, etc... que me sirvieron de aprendizaje para aficionarme a la literatura escrita para toda la vida, leyendo historias y recreándolas después en la cabeza a modo de comic, es decir "dibujándolas con mi propio trazo en la imaginación". Eso siempre se lo agradeceré a aquellos macrotomos de Bruguera (por cierto, no sabría decirte quienes eran los dibujantes o guionistas, coloristas, de entonces pero esta claro que desarrollaban un impresionante trabajo colectivo..).
El estilo en el dibujo de Pratt es inimitable, solo hace falta ver la portada para reconocer su sello.
Ah! Y mención especial para John Silver el Largo, un personaje que siempre me resultó fascinante por lo inquietante de su pasado...

@Hamlet hace 10 años

Sí Krust, yo también recuerdo esas ediciones de Bruguera que mencionas, y sus fantásticas adaptaciones de clásicos de la literatura. En un principio se vendían por fascículos, cada uno de ellos adaptando una novela, y posteriormente se editaron en tomos recopilatorios. Recuerdo que eran breves, resumiendo en pocas páginas toda una novela, como exige una adaptación que pretende mantener enganchada la volátil atención de los niños. Aún así conseguían recoger la esencia de esas grandes historias, sin desvirtuarlas ni deformarlas con objetivos comerciales.
Sin duda, era una excelente manera de conocer grosso modo las tramas argumentales de tanto y tanto clásico literario, lo que acrecentaba la “culturilla” del joven lector, y como tu muy bien dices a muchos nos sirvieron como caballo de batalla para aventurarnos en el vasto campo de la literatura. No sé si te daré una sorpresa al decirte que están reeditados. O sea que se pueden conseguir con facilidad. De hecho, en una de las tiendas de cómics que frecuento los he visto y es probable que pronto me haga con ellos. La colección se llama “Joyas Literarias Universales” y de momento llevan publicados 4 tomos, a un precio de 18 euros cada uno. Hay dos tomos que reúnen obras de Verne como 20.000 Leguas de Viaje Submarino, la Vuelta al Mundo en Ochenta días, La isla Misteriosa, etc. Los otros dos recogen obras de Salgari y de Dickens.
Sobre lo de Pratt, por si no ha quedado claro en la reseña… jajaja, muy recomendable la edición de Norma que comento. Me animé al ver las buenas críticas recibidas en alguna página de cómics de fiar que ojeo con frecuencia.
Sobre Long John Silver, ya que es un personaje que te fascina como a mí, te recomiendo encarecidamente la saga LONG JOHN SILVER de los franceses Dorison y Lauffray. Es un cómic tremendo, de enorme calidad, que ha cosechado un exitazo que no me sorprende en absoluto. En SopadeLibros podrás encontrar la ficha de los tres volúmenes publicados, dos de ellos reseñados por mí para que te hagas una idea de lo que puedes encontrar en ellos. A mí me deslumbraron, fíjate que incluso se los pase a mi mujer que no es aficionada al cómic y le gustaron mucho. El único inconveniente es que entre volumen y volumen he tenido que esperar algún añito jejejeje. Pero bueno ya sólo queda el último y me muero de ganas porque lo editen en Francia para luego traducirlo, editarlo, y traérnoslo rápido.
Un saludo!!

@Faulkneriano hace 10 años

Excelente reseña, Hamlet: tan pasional e informada (difícil maridaje) como suelen ser todas las tuyas. Emocionante anécdota la del padre de Pratt. Y, desde luego, Secuestrado es una trepidante novela de aventuras, mucho más animada que la fúnebre El señor de Ballantrae (por otro lado, también muy estimable)

Y, Krust y Hamlet, un hurra por los de Bruguera. Los tomos gordos de "Joyas Literarias Universales" recopilaban los cuadernillos que se publicaban sueltos y que, los que somos ya mayorcitos, recordamos que se publicaban a su vez por entregas en los tebeos de la editorial. En esta labor de facilitar las cosas a los jóvenes lectores había también un expediente que hoy sonaría muy raro: un libro con una edición más o menos completa de la novela que contenía en su interior, a intervalos, un comic que ponía en imágenes el texto que ibas leyendo. Estos libros, de portadas vivas a todo color, se reconocían por su lomo con las cabecitas de los tres o cuatro personajes más importantes y, en una época en la que no existía la literatura infantil, son los primeros que leyó este servidor.

@Hamlet hace 10 años

Gracias Faulkneriano, se agradecen tus halagos y me alegra que te haya gustado la reseña. La anécdota del padre de Pratt, explicada por el mismo en su artículo “El hombre de la sahariana”, me dejó impresionado. Es de aquellos autores cuya vida misma parece extraída de entre las hojas de una novela, desgraciadamente para él. Volvemos a lo de siempre. Lo que tan conmovedor y extraordinario queda en el papel, tan fascinante y cargado de significado, es horrendo cuando se da en la realidad. Me recuerda lo que Tarantino decía respecto a aquellos que criticaban la violencia en su cine. Decía algo así que la violencia mientras sea en el arte no tiene nada de negativo si no al contrario, es como un ejercicio catártico para quienes la contemplan y disfrutan. El problema está en aquellos que la ejercen en la realidad, de los cuales él claro está se desvincula, y que normalmente tan poco dados al arte y su contemplación son. Un tema, sin duda, complejo y delicado el de la relación entre arte y violencia.

Sobre los libros de Bruguera que comentas, que cada x páginas contenían una tipo cómic, con sus viñetas, diálogos y todo, ¡los recuerdo! De hecho tengo uno de ellos. Concretamente el de Oliver Twist. Otra excelente introducción de Bruguera, acertadamente muy progresiva, a la literatura con mayúsculas.