¿LIBERTAD O VIOLENCIA? por FAUSTO

Portada de LA NARANJA MECÁNICA
El autor de esta reseña ha idicado que contiene spoiler, mostrar contenido.

Esta distopía no se basa en describir el futuro amenazador, si no en la conducta de los jóvenes, que son una preocupación y problema de este “porvenir”. Aunque da pequeños detalles elocuentes de este futuro: drogas duras en bares (curiosamente no tienen permiso para vender alcohol), ultraviolencia, delincuencia, pocos policías y nulo respeto por la ley, bibliotecas poco utilizadas, ríos tan contaminados que son oscuros y viscosos, grandes diferencias sociales y la televisión que emboba a la sociedad (estas 2 últimas ocurren en la actualidad, y de las otras ya hay muchos indicios).

Uno de los mejores párrafos es el final del 3º capítulo, donde el autor con una magistral metáfora describe los sonidos de la música y el éxtasis que incita en Alex.
Es chocante que el “Júpiter” de Mozart o “Los conciertos de Brandeburgo” de Bach puedan provocar imágenes tan violentas y obscenas. Me recordó a los dirigentes nazis, que la mayoría eran cultos, melómanos y “sensibles” a las artes, y sin embargo eran capaces de las mayores atrocidades sin ningún remordimiento. Esto demuestra que la cultura y el arte nada tienen que ver con la sensibilidad y el respeto por la existencia, aunque parezca increíble.

En el capítulo 7 de la 2ª parte se define perfectamente el significado de la novela: la total anulación del individuo para el “beneficio” de la sociedad. Se sacrifica el libre albedrio (el único que lo defiende es el cura), con el propósito de hacer el bien, o mejor dicho no hacer el mal, porque se ha anulado y alienado la personalidad y parte de la identidad, para sentir repulsión de forma automática por la violencia y el mal. Alex se ha transformado en la naranja mecánica.
También han matado de Alex lo único bueno que tenía: el amor por la música.

Algunas similitudes se pueden sacar con el “Contrato social” de Rousseau, en el plano social y político. Donde para conseguir el bien social y común, y convivir en sociedad con armonía, el hombre debe sacrificar un poco de su libertad. Se pierde la libertad natural, al llevar a cabo el contrato social.
Pero en la novela se lleva al extremo, pues a Alex le privan de la libertad moral, al acabar con la posibilidad de elección, y aniquilar el libre albedrío.

La 3ª parte es la culminación de la ley del talión: el ojo por ojo. Sistema de “justicia” que defiende el director de la cárcel y al final se convierte en premonitorio. Se cumple venganza tras venganza, y tras una “resurrección” vuelve a ser como antes, pero con la madurez empieza a cambiar.

Hay una frase de Hobbes (original de Plauto) que se cumple en las tres partes de la novela: “El hombre es un lobo para el hombre”. En cada parte es por motivaciones diferentes, y el papel de agresor y víctima cambian. La destrucción del ser humano acabará por ser su propio verdugo.

A pesar de la temática es una narración que no solo me gusta si no que me encanta. El estilo de Burgess es fascinante. Es directo y claro pero sin llegar al mal gusto, describe las acciones y el interior del protagonista con gran precisión, y por supuesto con excelentes diálogos.

Sobre la polémica del último capítulo y su no inclusión en la adaptación de Kubrick, a mí me parece correctas las 2 versiones. Es verosímil que Burgess de al protagonista la posibilidad de evolucionar, de cambiar y ver la vida con otra perspectiva. La enfermedad de la juventud se cura con el tiempo.
Pero también me parece perfecto y no me puedo imaginar otro final para la película de Kubrick, es un final más cínico que no desentona.

Escrita hace 10 años · 4.1 puntos con 8 votos · @FAUSTO le ha puesto un 10 ·

Comentarios

@Faulkneriano hace 8 años

Tenía gran curiosidad por leer la novela, sobre todo para poder compararla con una de mis películas favoritas.

Mi sorpresa ha sido mayúscula. No es que Kubrick haya seguido al pie de la letra la novela de Burgess: ¡es que pareces estar leyendo el guión! Eso sí, Kubrick añade punch visual a las escenas (el Moloko Bar con que se abre el film a los sones distorsionados de la música de Purcell me sigue poniendo los pelos de punta) e incorpora pequeños detalles para dar corporeidad a los personajes. Un ejemplo: la insinuada atraccción homoerótica del agente de la correccional por el "pequeño Alex" y el plano impagable en que, un tanto confuso por su avances, se bebe el vaso de agua donde descansa la dentadura postiza. También unifica los ataques al vagabundo y al desdichado usuario de bibliotecas (un guiño al muy negro futuro) para evitar redundancias. Pero la labor de Kubrick es sobre todo de puesta en imágenes de un texto más que curioso, respetando incluso los latiguillos de Alex (sus vaya vaya vaya o fuera fuera fuera fuera) La única diferencia significativa es la no inclusión del capítulo final y el aumento en la edad de los jóvenes (está claro que MacDowell no tiene quince años)

Coincido contigo, Fausto, en que el final tampoco es tan decisivo y el capítulo 21únicamente aporta una extraña nota nostálgica, de pérdida de la juventud, que no deja de ser algo discutible porque parece que la madurez se equipara con el acatamiento a las normas, como si la ultraviolencia fuera cosa de adolescentes.

Otro día hablamos del Nadsat.

@FAUSTO hace 8 años

Algo parecido me ocurrió a mí cuando comencé con este libro: tenía bastante curiosidad y, a la vez, temor por si resultaba un fracaso al contrastarla con la película, una de mis favoritas (me niego a escoger cual es la mejor entre la filmografía de Kubrick). Y, como a ti, la sorpresa fue grande y, sobre todo, agradable, pues me encantó la novela.
Kubrick a partir de su tercer film, “Atraco perfecto”, ha recurrido a la literatura para basar sus películas, pues bien, de los cinco libros que he leído (no incluyo “2001…” de Clark, pues es posterior al film, pero sí su relato “Centinela”) y que luego Kubrick versionó, la película es la más fidedigna al texto con que ha trabajado. Aunque la fidelidad al texto no es sinónimo de éxito y calidad, ahí está el ejemplo de “Eyes wide shut”, si ha conseguido plasmar lo mejor del relato incluyendo y enriqueciendo sus personales aportes al argumento. Una de estas contribuciones (el film está lleno de anécdotas) que más recuerdo es cuando el director le pidió Malcom McDowell que cantase lo que quisiera mientras interpretaba la escena de la paliza y la violación. Y al igual que hizo Hitchcock con “Psicosis” que tomar una ducha nunca iba a ser relajante, la melodía dulce e inocente de una canción como “I’m singing in the rain” ahora está llena de imágenes violentas.
En fin, una novela excelente y, además, película la está a la misma altura, o viceversa.

Llamativo el nadsat, si.