A LA BUSQUEDA DE LA BALLENA ASESINA por sedacala

Portada de MOBY DICK

Moby Dick, la ballena blanca que dicho con propiedad, era un cachalote; ese libro que algunos leímos a los doce años en versión extractada… O más bien, mutilada, ya que su extensión era más o menos la cuarta parte de la real. Se conoce que a algún editor desorientado se le ocurrió alguna vez que este libro podría ser una adecuada lectura juvenil.

La verdad es que, en su versión integra, no es un libro sencillo, y su lectura resulta ardua por múltiples razones, que paso a argumentar.

Primero, porque Melville aquí utiliza un vocabulario intenso y preciso; una prosa brillante; solemne como el sermón que se cita en los primeros capítulos; grandiosa como el océano; parece hecha para ser declamada; en fin, un lenguaje formidable que además se absorbe por el lector con facilidad relativa. Y digo relativa por que no obstante, ese lenguaje efectista y elaborado sitúa su lectura en un escalón alto y difícil, que no todo el mundo está dispuesto a subir.

Segundo, es muy largo, lo cual acumulado a las otras razones, complica bastante su finiquito. Es cierto que otros libros de ochocientas o mil páginas, se leen bien una vez que te enganchan. Pero éste, no podría definirse exactamente como uno de esos libros que enganchan; Moby Dick cuenta una historia de fluir pausado, aquí no hay una trama que se quiera desvelar lo antes posible como pasa en otros libros, digamos que es una sucesión de anécdotas que salpican su pausado recorrido oceánico. Conclusión, con un texto solemne, con muchas páginas y leyendo pausadamente, hay que ser un lector aplicado para terminar el libro a plena satisfacción.

Tercero, conforme a esa costumbre tan extendida en los escritores del siglo XIX, no bastaba con contarles a los lectores las aventuras del Pequod y su tripulación. Había también que instruirles en la materia: todo lo relativo a la pesca de la ballena; la elaboración de sus productos derivados; su historia, que empieza nada menos que con Jonás; el ámbito marítimo; todo lo relacionado con la navegación, aparejos, velería, jarcia, arquitectura naval, vida de los cetáceos y así una letanía de muchas más cosas relacionadas con las ballenas, de lo que pueda uno imaginar.

Cuarto, la complejidad del esquema de la obra, por como se distribuyen los capítulos. Que nadie piense, como podría parecer natural, que Melville acumula los capítulos didácticos al principio del libro, como una especie de puesta en antecedentes previa al desarrollo de la propia narración del viaje. No es así, a lo largo de todo el libro alterna continuamente capítulos ilustrativos, con otros propiamente narrativos, y así, casi hasta el final. Esto produce el efecto de interrumpir continuamente la narración, que toma la forma de una sucesión de pequeños episodios situados entre paréntesis de información ballenera. Esto no es en si mismo negativo, pero transforma la continuidad que uno esperaba encontrar. Así, toma la forma de un viaje por etapas con un ritmo tranquilo muy parecido, por ejemplo, al del itinerario cervantino de Don Quijote; eso si, esos episodios y esas informaciones que los enmarcan son muy cortos, a menudo de sólo cinco o seis páginas, de forma que se salta continuamente de un tema a otro. En definitiva, este sistema narrativo es, ni más ni menos, el esquema por el que optó deliberadamente el escritor para contarnos su historia, opción lícita como otra cualquiera; pero con la consecuencia de una pérdida de dinamismo que dificulta otro poco su lectura.

Resumiendo, difícil sí, pero también leyendo MOBY DICK se aprecia que se está ante una gran novela. Se disfruta de su magnífico lenguaje a lo largo de muchas páginas dada su extensión, se toma conocimiento de materias interesantes y curiosas, y se siente el sedimento que nos va dejando su ritmo tranquilo. De tal manera que lo que hasta aquí calificábamos como dificultad, puede ser fácilmente tenido por virtud viéndolo por su lado bueno.

Narrado en primera persona por Ismael, su personaje fundamental es el capitán Ahab. Ni Starbuck el contramaestre, ni Queequeg, ni los otros arponeros, ni siquiera Moby Dick, nadie más en la novela tiene fuerza como personaje importante. Solo Ahab la tiene y aún diría, es mi opinión particular, que ni siquiera Ahab como personaje va mucho más allá de su propia obsesión enfermiza. No me parece una historia con grandes protagonistas animados. El protagonismo, en todo caso, se lo lleva el mito de una navegación absolutamente épica, con un tempo pausado y solemne a tono con la magnificencia de la leyenda de la ballena asesina.

Escrita hace 10 años · 4.9 puntos con 8 votos · @sedacala le ha puesto un 8 ·

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