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ULISES

Autor: JAMES JOYCE
ISBN: 9788426418418
Género: Literatura contemporánea
Editorial:LUMEN
Edición: 2010
Número de páginas: 960


Ficha creada por Hamlet

ULISES, RESEÑA EN 2 PARTES DE UNA PRIMERA LECTURA.
5 con 4 votos

1917: Salen a la luz los primeros capítulos de una supuesta novela a la que un varón, blanco, europeo, esposo sacramento matrimonial católico mediante, tuerto y muchas otras señas, ha decidido titular Ulysses.

Ulises, Ulysses, Odiseo. En menos de un plan quinquenal sus primeras ediciones habrán cumplido un siglo en este plano de la realidad.

¿Tiene algún sentido leer un libro tan, tan, tan viejo? Pero hay novela en lengua inglesa más famosa… Sí, bueno, ¿y qué? A mí siempre me sonó a rancio (que si adulterios y no sé qué más). ¡¿Qué puede decirnos sobre ese tema un pequeño burgués de hace un siglo?! (¡y encima en mil páginas!).

¿A quién no se le ha aparecido alguna vez su fantasma? ¿Nunca se os ha plantado delante a preguntaros cuándo lo ibais a leer? Hay algunos libros así de impertinentes. Guerra y paz, Los miserables, Cien años, los Karamazov Caraculonov… Cada uno tenemos nuestras particulares moscas detrás de la oreja. ¿Y qué hay que hacer con las moscas? Exacto. Cargárselas.

Absalom, Absalom! y El otoño del patriarca. Estos eran mis dos referentes, el patrón oro junto al que sentaba cualquier otra lectura posterior y la juzgaba implacablemente. Ahora Ulises también. Tríada. Así que sí, Ulises, un siglo más tarde sí. Cogedlo y leedlo, sin más, sin guías, sin haber leído The Portrait of a Young artist o saber quién es Parnell. Sin siquiera leer esta reseña, adelante con ello, a por esa primera lectura.

Esto es lo más que puedo hacer tras leer el libro: daros aliento para que, si dudabais, si habéis dudado, os lancéis a por él, por primera vez, por enésima vez, no importa. ¡Prohibida una única lectura! Lo que sigue ahora, la reseña en sí, me hará más bien a mí que a vosotros, aunque, si aún dudáis (herejes) y aún leéis, tal vez os llegue a animar (ni que sea un poco).

* * *

Dos cosas quiero comentar. Lo primero aquello de que Ulises son 18 capítulos como 18 novelas. Lo segundo, que Ulises es una lectura aburrida, por ardua, por larga, por espesa. Empecemos por aquí, porque no encuentro mayor defecto en un libro que el aburrimiento. Mucho hay por vivir como para andar aburriéndonos voluntariamente.

Entiendo la conclusión de que Ulises es un libro aburrido pues en un momento dado pensé que había algo en el libro que se parecía mucho a La broma infinita, libro al que en esta misma página coloqué el sambenito de Tostón. En Ulises hay dos protagonistas. Un hombre de 38 años y un joven de 22. Y no hay que agobiarse con la sucesión de detalles, con la marabunta de referencias que los rodean. Ellos son el eje, y es la información referente a ellos la que tenemos que reconocer para que, en una primera lectura, no tengamos la sensación de que el texto anda desnortado. Tal vez hayáis oído que el libro gira alrededor de la cuestión del adulterio y el sentido del arte. Los actos de generación, creación artística y procreación humana (con todas sus implicaciones, placer, convenciones sociales…). Con estas pocas nociones, buscar la info que gire alrededor de estos dos temas (ya que será la que haga referencia a los dos protagonistas), es difícil perderse en la trama. Creo que esta es una buena manera de evitar el sentirse a la deriva, el perder el hilo, o el encontrar las páginas vacías, meros gags o juegos, que es lo que termina por aburrir.

Lo segundo, y aquí ya hablaré un poco más del libro en sí y no tanto de lo que ha sido mi lectura, la cuestión de las 18 novelas. No lo he vivido en absoluto así, me parece una novela muy bien ligada, un alioli bien cuajado, fuerte de ajo y, desde luego, abundante. Recomiendo encarecidamente a cualquiera que se lance a la lectura del Ulises a que esboce un título para cada capítulo y lo apunte. Esto os lo digo porque, aunque sí es cierto que los capítulos me parecen bien engarzados (nada que ver con los saltos de la broma infinita) son riquísimos en información, en escenas y reflexiones. Ir poniendo un título a cada uno os puede ayudar, como a mí me ha ayudado, a quedaros con la tonadilla general de lo que haya podido pasar. Porque además de la cuestión de la creación cada capítulo tiene un tema (el tercer eje) y andar cavilando un bautizo puede ayudar a verlo más claro. Por mera evocación, no hace falta que lo describa. Algunos ejemplos míos:

1: Cachondeos y rencores en la torre
4: El matrimonio Bloom empieza el día
5: Compra Riñones y pisa adoquines
8: Ya no volvió a gustarle y se comió un bocata de gorgonzola en Byrne’s
12: Ni patria ni muerte, Ciudadano
15: Desmadre máximo. Las putas alzaron al emperador cósmico y Dedalus echó el cerrojo
16: Abandonados

En mayor o menor medida cada uno está escrito recurriendo a una técnica distinta y aunque en general todos se siguen bien si la lectura es cuidadosa y teniendo presente los 3 ejes ya comentados, hay alguno que otro que resulta farragoso. A mí el 10, escenas cortas simultaneas de Dublín, me maravilló. Recordaría a Tarantino (mamma mía que cosas acaba por decir uno). El 11 fue duro, el estilo es “deconstruccionista”, a lo Ferran Adrià; de los que más me costó avanzar. Aporta mucha información sobre los personajes secundarios, así que lo de los dos ejes cuesta más de ver, está en forma de referencias internas. El 17, con una estructura sorprendente, ya veréis, y un lenguaje hiperrealista y didacticoide me irritó bastante, pero también aclara un montón de aspectos del libro, que tampoco está de más. El 14 tienen unas tres páginas iniciales infernales, hipercomplejas. Parece que buscara poner por escrito los conceptos menos evidentes de la interacción individual y hacerlo además de la manera más complicada posible, pero luego se atempera y se disfruta. En el 18 me entraban ganas de coger un boli y puntuarlo. El 15 es una puta locura, sin más. Recomiendo, también, leer cada capítulo en el menor número de lecturas posible, 3 ó 4 sentadas (1 ó 2, excepto los cuatro primeros, para mí demasiado agotador).

No me lanzo a una crítica más fina (al menos no “en papel”), que abarque los defectos que también he sentido (¿ingenuidad pre-segunda guerra mundial y guerra fría?) porque ya me ha quedado una reseña lo suficientemente larga. También, en mayor medida, porque me parece obligada una Relectura, como toda obra exuberante y capaz de confundir (100 años es similar en este sentido, es difícil abarcarla y seguirla bien a la primera). Es lógico que sea así. Este hombre escribió Ulysses con deliberada complejidad a lo largo de años, no voy a pretender valorarlo en toda su magnitud tras unas cuantas horas de sillón.
Como nota a pie de reseña comentar que Ulises me ha recordado en muchos momentos al genial JR (para bien) y La broma infinita (para no tan bien).

Y ya casi acabo. La construcción narrativa fundamental del libro es el monólogo interior incrustado en distintas formas de narrador. A mí me ha deslumbrado en muchos momentos. Los personajes están haciendo cosas, pero un gran volumen de lo que se lee son evocaciones de momentos pasados y reflexiones alrededor de distintos sucesos de la vida de los personajes. Es espectacular cómo consigue que los personajes se crean a sí mismos y al mundo que los rodea. Si el escritor normalmente es el demiurgo que pone a la vista del lector todas las piezas aquí son los personajes los que crean el mundo. Como dice Stephen Dedalus/James Joyce: Irlanda es importante porque me pertenece a mí (apunte añadido a la cuestión técnica: Irlanda no fue reconocida internacionalmente hasta los años veinte).

El libro es modernísimo. Con esto quiero decir que el espíritu de la modernidad, lo que a las personas nos hace mirar a nuestra Historia, al pasado, por encima del hombro y decir “tengo la perspectiva y la experiencia de toda la humanidad tras de mí, su cultura, sus errores mayores, sus logros, todo eso lo conozco y lo entiendo, lo guardo en una simple estantería, en un pen, puedo usarlo a mi antojo”, está en todas las reflexiones del libro. Iconoclasta. Por ello existe mucha sátira, mucha crítica. Joyce escribe con la perfecta noción de que la moral y la ética no son más que inventos a los que nos doblamos por el mero hecho de no pensar en ellos. En este libro piensa en eso, desde luego, en la ética y los valores de occidente. Reflexiona sobre antisemitismo, nacionalismo, sobre vegetarianismo, sobre renta básica, sobre el amor libre y el amor institucionalizado, entre los posibles caminos por donde puede andar lo etiquetado como feminismo, la transexualidad, sobre la religión (la bandera de Irlanda -1848- el verde es catolicismo, el naranja protestantismo y el blanco la paz), paternidad, ciencia como herramienta globalizadora y homogeneizante (en el buen sentido), racismo, sexo interracial, educación y clasismo, sexualidad femenina y masculina por separado y/o en comunión, estética y cultura (intenso capítulo 9), madurez y tempus fugit, noción de fraternidad humana, soledad vs abandono, culto a la muerte, lencería, urbanismo e ingeniería hidráulica aplicada, astronomía, el marujeo… Iconoclasta.

La cantidad de cuestiones que se tocan es de una exuberancia que marea, de un modo maravillosamente natural respecto al fluir de la trama y siempre desde el punto de vista de la modernidad: cuanto más conocimiento podemos albergar más capacidad de “Des-aprender”, de deshacer los nudos de las convenciones y proponer mejorías innovadoras. Algo así como lo que decía a Aliosha Karaculov el joven estudiante que quedó desolado tras matar a un perro en una travesura: Yo odio el latín, por eso quiero ser el mejor de la clase en latín.

Lo dicho, prohibido una sola lectura (ay de mí).

Escrito por Volsung hace 8 meses, Su votacion: 10

Guille hace 8 meses

Qué envidia me das... en fin.

Volsung hace 8 meses

A veces sencillamente no es el momento... Aunque arriba anime a lanzarse a por el libro sin más dilación (por lo mucho que me ha gustado) lo cierto es que yo había leído antes todo lo breve de JJ e incluso pasé una semana en Irlanda el octubre pasado. Imagino que eso facilita las cosas.

Volsung hace 8 meses

*todo lo breve no, perdón. No he leído su poesía, tampoco las cartas.

Faulkneriano hace 8 meses

Me parece magnífico que Poverello y tú, Volsung, os hayáis atrevido a reseñar este continente. La obra, desde luego, lo merece.

Me ha gustado mucho tu reseña. Me parece una idea excelente lo que propones: titular los capítulos para saber, por ejemplo, dónde andaba aquella frase obsesionante que se repite 200 páginas después o en cuál aparecía de rondón aquel personaje X (yo lo hice con referencias mitológicas, pero a veces me perdía) Hacer la novela un poco tuya, trazar caminos en semejante inmensidad, no perderte.

Ya sé que no hay 18 novelas (aunque a veces lo parezca); es una forma algo exagerada de decir que los tratamientos narrativos de los capítulos son tan distintos que a veces no parecen de un mismo autor, sino de varios, todos, eso sí, obsesionados con el lenguaje. Hay un propósito común y una trama, aunque llena de recovecos, bien reconocible, a lo que ayuda el que, de hecho, sea un viaje puntuado por el tiempo, bien preciso.

Las tres páginas iniciales del capítulo 14 (la visita a la sala de maternidad, para entendernos) son absolutamente impecables.

No puntúes el monólogo de Molly (está feo corregirle la plana al maestro); prueba, eso sí, a leerlo en voz alta: es una experiencia cojonuda.

Lo ideal (bien que difícil) sería leerse cada capítulo de una tacada (yo lo hice así la segunda vez, aunque algunas tardes me costó la propia vida) Condición indispensable es elegir un rato en que nadie te vaya a interrumpir y mandar el móvil, la tele y a todo el mundo a hacer puñetas. Si te interrumpen a la tercera página, déjalo para otro día, y vuelve a empezar: nadie debe escuchar una sonata a trozos.

Trazas, Volsung, un buen catálogo de temas tratados en la novela: hay más, claro, y lo desconcertante es que a Joyce le parecen tan interesantes el catolicismo como la lencería. Curioso el tratamiento delirante de la condición judía de Bloom.

Tienes razón: su lectura no necesita de nada más. Pero viene bien saber quién es Parnell, cuál era el método jesuítico de enseñanza, las interminables discusiones sobre la autoría de las obras de Shakespeare (terrible capítulo 9) o las baladas irlandesas, entre mil ejemplos.

Me gusta tu santa trinidad, pero ante la angustiosa tesitura de decidir, yo me declaro politeísta convencido (al estilo hindú, por lo menos, con muchos, muchos dioses)

¿A que apetece una segunda lectura?

Poverello hace 8 meses

Yo también soy de las personas que lo leeré otra vez cuando sea, pueda y me dé permiso alguien.

Impresionante reseña, Volsung. Comparto la idea de Faulkneriano y que apuntaba en mi impresión, no reseña. Son 18 novelas porque el estilo narrativo y literario es distinto en cada uno de los capítulos.

Volsung hace 8 meses

Perdón por tardar tanto en responder. Gracias. La verdad es que esperaba mucho de este libro, lo que siempre es peligroso, pero esta vez no salió mal. Cuánto más pienso en el personaje de Bloom más me gusta. Representa tantas cosas y a la vez está construido de un modo tan poco efectista, que casi diría que no se me ocurre un personaje mejor definido e implicado en el todo de la novela.

Tharl hace 7 meses

La novela (moderna) siempre ha pretendido introducirlo todo en sus páginas: lo bello y lo feo, lo sagrado y lo profano, lo alto y lo bajo. Funciona a partir de la tensión entre unidad y heterogeneidad en la novela que el modernismo llevó al límite. Lo que me flipa de Joyce, por lo que os leo, es lo loco que se vuelve todo cuando se trata hacer presente toda esta heterogeneidad. En cierto modo es la utopía de la modernidad, ¿no? La presencia absoluta sin mediación de un narrador. Es gracioso que cuanto más se aspira a la presencia más retórico se vuelve el texto (Joyce, Hemingway…). Piglia, que era muy listo, oponía esta poética de múltiples registros a la de aquellos como Rulfo (y a mí me gusta decir Conrad) que trabajan la situación narrativa. Pero hacer presente esta situación de una voz relatando es otra forma de lo mismo, ¿verdad? El problema, y aquí Hemingway sí estuvo fino, es cómo seguir escribiendo después de ‘Ulises’. Joyce tuvo su loca respuesta en ‘Finnegans’, Hemingway la suya, Stinbek ninguna, y Borges la que a mi parecer más recorrido ha tenido hasta hoy.

‘Ulises’ tiene la mala suerte de ser un libro de culto, pero espero poder leerlo algún día en el metro.

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