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SERGIO ALGORA ES INMORTAL... en CIELO HA MUERTO
Sergio Algora fue el cantante y hacedor de las inclasificables y surrealistas letras de El Niño Gusano. Sergio Algora también escribió un par de buenos libros de relatos, bastante recomendables, editados por Xordica. Sergio Algora fue poeta. Sergio Algora fue el puto amo. Por eso estamos hablando aquí de él, por la necesidad de preservar del olvido una carrera cercenada antes de tiempo. Porque Sergio Algora murió en el 2008, el 9 de Julio, a la edad de 39 años. De tal modo, hablemos hoy de su poesía. De este libro en concreto, si queréis: Cielo ha muerto. ¿Qué queréis que os diga sobre él? ¿Os gustaría leer un buen montón de palabras ensalzando aquí sus estrofas, que si patatín y patatán? La poesía es emoción, así que cualquier cosa que comentara podría ser como intentar explicarle los colores a un ciego. Y por supuesto, me niego a hablar de métricas, encabalgamientos y rollos filológico-técnicos los cuales me aburren y, además, apenas entiendo. Así, dejémonos de añagazas, de pueriles aspiraciones a construir una crítica objetiva —entelequia donde las haya—, y digamos abiertamente lo que queremos decir: Cielo ha muerto es un libro de poesía. un libro CON POEMAS de Sergio Algora. y Sergio Algora fue un genio. Por ello, todos deberíais leer Cielo ha muerto. Hale, ya está. Si en el fondo era tan fácil. Ahora que la curiosidad intelectual de cada uno elucubre y decida. Apenas me conocéis a mí, ni mucho menos mis gustos, así que probablemente resolváis no hacer caso a mi vehemente recomendación. Allá vosotros. La mayoría de las veces yo necesito muchísimo menos para interesarme por un autor que no conozco. Porque ése es —digámoslo ya— el objetivo final de este escribir sin rumbo, de esta crítica aparente que no es tal. Apenas intuir, esbozar, pespuntear un semillero de curiosidad que os conduzca a un libro y, de camino de vuelta, que vuestras palabras (en foros, en las críticas, en el Desván…) creen también ese semillero que me conduzcan a mí hacia otros. Escudriñarnos desde arriba, divagar y que mis palabras, las reseñas, toda La Revelación… caracoleen, se plieguen sobre sí mismos y dentro de esa espiral no sepamos apreciar dónde termina el escritor y dónde comienza el lector. Y viceversa. ¿De qué estábamos hablando? ¿De quién? No importa. Lo importante es enseñar y dejarse ser enseñado. Descubriros y dejarme descubrir. Reseñar a un autor. Conocer a otro. Compartir nuestros rapsodas favoritos. Reivindicarles. Sembrar esa curiosidad. Crecer. Traer un poco de justicia poética, y nada más. P.D.: Un apunte musical. El escarabajo más grande de Europa de El Niño Gusano es el mejor disco pop español de toda la Historia, con H mayúscula. Deberían ustedes escucharlo.

3 comentarios, puntuación: 4 con 4 votos
Escrita 20 de Mayo de 2012
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¡OH, NASTENKA! en NOCHES BLANCAS. EL PEQUEÑO HÉROE. UN EPISODIO VERGONZOSO
¡Oh, Nastenka! ¡Espíritu cruel! ¿Por qué tuviste que existir? ¿Por qué tuviste que cruzarte en el camino de ese personaje sentimental y enamoradizo del Noches blancas? ¿No advertiste lo fácil que podía ser mellar ese corazón frágil e infantil? ¿Acaso no viste que todo en él era un continuo escrutar en pos de la persona amada? «¿Qué impulso ha hecho brillar con tal fuego esos ojos tris­tes y pensativos?, ¿qué ha hecho volver la sangre a esas mejillas pálidas y sumidas?, ¿qué ha regado de pasión los rasgos de ese tierno rostro?, ¿de qué palpita ese pecho?, ¿qué ha traído de súbito vida, vigor y belleza al rostro de la pobre muchacha?, ¿qué la ha hecho ilu­minarse con tal sonrisa, animarse con esa risa cegadora y chispeante?» No, no lo viste. Ah, Nastenka. Qué fácil fue para ti perderte entre las brumas de la noche petersburguesa, apoyada en la barandilla de aquel muelle, solitaria y misteriosa. Con qué desenvoltura innata llamaste la atención sobre tu presencia, con un sollozo aislado mil veces más atronador que una tormenta… «De pronto me quedé clavado en el sitio. Creí haber oído un sollozo ahogado. Sí, no me había equi­vocado, porque momentos después oí otros sollozos. ¡Dios mío! Se me encogió el corazón.» Y claro. Acaecido el encuentro, creado el relato. Íntegro, de principio a fin. Imposible para el personaje sustraerse a tu belleza. A él, cuya timidez le ahogaba, que en sus sueños componía novelas enteras, debió de parecerle el cielo hablar contigo. El culmen del soñador romántico. La arcadia. «De veras que no sé qué decir. Temo que… Hoy, sabe usted, me he sentido feliz. He estado andando y cantando. Salí a las afueras. Nunca hasta ahora he tenido momentos tan felices.» Y así, Nastenka, durante tres noches hiciste feliz a un hombre. Bien lo sabes. Tres noches cada una de ellas una postal inmóvil, cerrada y perfecta. Tres noches blancas como copos de nieve, en sus horas el humanismo existencialista dostoievskiano llevado hasta el paroxismo, en sus párrafos habitando los personajes más bondadosos —con permiso de Aliosha Karamazov—, las frases más memorables: «¿Por qué no nos tratamos unos a otros como hermanos? ¿Por qué hasta el hombre más bueno disimula y calla en presencia de otro? ¿Por qué no decir sin rodeos lo que tiene uno en el corazón, inmediatamente, cuando sabe uno que su palabra no se la llevará el viento? ¿Por qué parecer más adusto de lo que uno es en realidad? Es como si cada cual temiera violentar los propios sentimientos si los expresa libremente.» Y así hasta la cuarta noche, Nastenka. No revelaré aquí lo que pasó en la cuarta noche, la más oscura de las noches blancas, pero me consta que tú sí recuerdas ese final, que no consigues olvidar cuántas lágrimas se derramaron esa cuarta noche —y aún se derraman—, ni cuántos miles de páginas han emborronado desde entonces ríos incontenibles sobre el papel. Pero no te guardamos rencor, Nastenka. Ni el protagonista, ni ningún otro lector. «¡Que brille tu cielo, que sea clara y serena tu sonrisa, que Dios te bendiga por el minuto de bienaventuranza y fe­licidad que diste a otro corazón solitario y agradecido! ¡Dios mío! ¡Sólo un momento de bienaventuranza! Pero, ¿acaso eso es poco para toda una vida humana?» Respóndenos solo a esto: ¿Acaso es poco, Nastenka? ¿Acaso lo fue…?

5 comentarios, puntuación: 4 con 5 votos
Escrita 20 de Mayo de 2012
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ENAMORARSE EN B/N en BLANKETS
«No soy un fulano con la lágrima fácil», que reza una canción de Sabina. Y es cierto, no lo soy. No es por alardear aquí de tío duro o machito pero rara vez un libro o una película me toca esa fibra que consiga encogerme el corazón. Así, mientras la gran masa lacrimea fácilmente con Titanics, libros de Paulo Coelho y demás, a su lado yo soporto impertérrito la sensiblería en mi butaca o sillón de turno, las más de las veces con una estoica indiferencia. Es por ello motivo de alegría cuando, de vez en cuando, con cuentagotas, topo con una obra que me toca el corazón y me agita el lagrimal. Sucede en pocas ocasiones, un par de veces al año, tres a lo más (y consumo suficiente lectura y cine como para tener mayor suerte, pienso), pero qué delicia esos momentos contados. Como ir al cine y quedarte pegado con «Mi vida sin mí» de Isabel Coixet, «Los lunes al sol» de León de Aranoa o «Babel» de González Iñarritu. Como leer por primera vez «La tregua» de Mario Benedetti, «Pregúntale al polvo» de John Fante, «A este lado de la luz» de Colum McCann, «Paul va a trabajar este verano» de Michel Rabagliati o «Persépolis» de Marjane Satrapi. Como descubrir la obra que en esta crítica voy a destacar: «Blankets» de Craig Thompson… Y es que, al igual que todas las historias que en este escrito he destacado de forma somera (y son unas reseñas más que interesantes, haríais bien en tomar nota), es este «Blankets» de Craig Thompson una de esas historias mínimas pero inmensas, cercanas y sinceras, que sientes como tuya. Sin grandes ostentaciones estilísticas ni trabajadas retóricas del autor para que veamos cuán listo es y cuántas palabras conoce. No, únicamente vocabulario llano y textos naturales para contarnos sus propias vivencias de infancia y adolescencia, sin escatimar vergüenzas ni ahorrar miserias. Escritura autobiográfica para exorcizar los demonios de cualquier tiempo pasado que NO fue mejor. Literatura personal de la buena. De esta manera, lo que Craig Thompson hace con esta obra no es sino acercarnos sus cuitas más profundas, desde esa relación amor-envidia con su hermano pequeño, pasando por su estricta educación cristiana y los jamacucos mentales que la misma le produjo, su inadaptación en el colegio o la historia de su primer amor adolescente, una bellísima e intensa historia de amor plasmada con un realismo y sensibilidad como pocas o ningunas veces habréis leído. Por ello, leer «Blankets» no es que enamore, no, es que supone enamorarse de nuevo. Cándida y platónicamente, como un adolescente. Leer «Blankets» te colma el corazón y te devuelve a tus propios recuerdos, a tu propio primer amor, viendo plasmadas en sus páginas esa misma timidez que un día tú sentiste, esas mismas mariposas en el estómago, esa misma dicha plena. Gran culpa de ello lo tiene lo idealizado que está el elemento enamorante de la novela, una deliciosa chiquilla llamada Raina, pero qué gozada recordar y volver a sentir esa inocencia del primer amor a través de sus ojos. Qué gozada incluso evocar de nuevo esa gran tristeza por el primer desengaño. Mejor eso que no haberlo sentido nunca, ¿no? Como en un gran collage en blanco y negro, con su DIBUJO de trazo limpio, acompañando las palabras melancólicas que Craig Thompson ha elegido para cada ocasión, todas estas evocaciones, todo este batiburrillo de sentimientos, toda esta melancolía acumulada, vuelvo a repetir que se materializa en esta obra a la perfección. Y sí, he dicho dibujo y lo he destacado con mayúsculas, ya que tal vez había soslayado hasta ahora el hecho de que «Blankets» es una “novela gráfica”. Si lo preferís, un comic, un tebeo, una expresión artística del noveno arte, elegid vosotros el término que os guste más, aunque en este caso considero que “novela gráfica” es una definición más que correcta. Yo, que personalmente aún no sé distinguir entre literatura, narrativa o comic, la única diferenciación que de momento hago en mis recomendaciones es cualitativa, esto es, si la lectura me produce un placer inmenso haciéndome ir más allá de sus páginas, logro que «Blankets» alcanza holgadamente. Así entendida, la lectura de «Blankets» se convierte en un acercamiento íntimo hacia una persona que no conoces, el autor, que a su vez te hace revisar tus propias experiencias, tus propios jamacucos, tu Raina personal. Y es que como en la omnipresente -y mágica- nieve de «Blankets», la pulcra superficie blanca esconde bajo de sí secretos que nos reservamos para nosotros mismos y nadie más. Porque compartir unas vivencias que no son las tuyas, encontrando similitudes para lo bueno y para lo malo, consigue espolear esos rescoldos olvidados de nuestra propia infancia y adolescencia, etapas de las que sólo acostumbramos a recordar las partes más positivas, obviando los capítulos más desagradables y vergonzantes. Buen ejercicio introspectivo, pues, el que propone indirectamente «Blankets». Por todo lo dicho, por unos ratos de buena lectura, por retroceder durante unos instantes hacia días olvidados y enjugarnos los ojos de nostalgia, por rememorar tan vívidamente lo que es un primer amor, por la empatía que alcanzas para con el autor o también, por qué no, por acercarnos sin miedo a ese mundo que son los comics a descubrir la inmensa calidad y madurez que atesoran muchas de sus obras, valga esta vehemente recomendación que hago de esta obra. En definitiva, y en palabras del autor, por resucitar esa «satisfacción que produce dejar una marca en una superficie en blanco, dibujar un mapa de mis movimientos, sin importar que sea para siempre…» «Blankets», de Craig Thompson. Poesía gráfica. Una joya a descubrir…

10 comentarios, puntuación: 4.83 con 6 votos
Escrita 20 de Mayo de 2012
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WHO WATCHES THE WATCHMEN? en WATCHMEN
Hay obras que marcan una época, que cambian la manera de entender el género que tratan para siempre jamás. Hay obras con tantas tramas y subtramas en su interior que conforman un collage tan perfecto que hacen que te metas en la historia que propone como si lo vivieras en primera persona. Hay obras perfectas, en las que no sobra ni una coma, ni una frase, donde cada detalle está pensado para que tenga la relevancia que ha de tener. Hay obras como “Watchmen”, que es todo eso y mucho más. Who watches the Watchmen?, es la pregunta recurrente en esta obra. ¿Quién vigila a los vigilantes? ¿Quién les pone límites? ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Tendrían cabida en un mundo real? Todas estas cuestiones son las que la magistral imaginación de Alan Moore se plantea en la obra y a las que ofrece una respuesta sólida y cabal. ¿Pero qué es “Watchmen”, quiénes son los Watchmen? Los Watchmen, en traducción literal, serían los Vigilantes, unos justicieros superheroicos si se prefiere el término. También conforma Watchmen un juego de palabras con “Hombres del reloj”, por circunstancias gráficas y con cierta relación con el “Reloj del Fin del Mundo” (reloj que existe, podéis buscar información acerca de él) que quedan debidamente entendidas al leer el comic. Pero no es Watchmen un comic de superhéroes al uso, ni mucho menos, sino más bien un intento de ver dicho género superheroico, con sus tópicos y sus desmanes, desde un prisma real, con personajes creíbles e imperfectos que, según las circunstancias, serán debidamente humanizados y deshumanizados por la mano de Alan Moore y el trazo de Dave Gibbons según avanzan los 12 números que componen esta obra. Y es que Alan Moore es Dios y “Watchmen” una de sus Biblias(el mejor de sus trabajos si no existieran también esas obras maestras que son “Miracleman” o “V de Vendetta”, más o menos al mismo nivel). El noveno arte alcanza la categoría de arte a través de Alan Moore. Alan Moore hace literatura con los comics y en los “Watchmen” lleva a la novela gráfica al mismo nivel que otros géneros más valorados, supuestamente más serios. Tampoco nos olvidemos de que al dibujo, en este caso, otro inglés, Dave Gibbons, se muestra como un autor correcto que dota de una estética ochentera y naif al comic que le va como anillo al dedo. Así, con la inteligencia e imaginación desbordante de uno y la adecuada adaptación gráfica del otro, “Watchmen” se alzó en su día con los más grandes premios que se pueden alcanzar en el mundo del comic (Eisner, Kirby, Harvey) y en sus categorías más importantes. Incluso en el mundo de la ciencia-ficción consiguió el Premio Hugo, siendo la única novela gráfica en alcanzar tal distinción. Su último reconocimiento, no hace mucho, fue cuando la revista “Time” la eligió como una de las 100 mejores obras en lengua anglosajona del último siglo (siendo el único comic de dicho listado y en el que no aparece, por ej., “Maus”), colocando “Watchmen” al lado de obras de Steinbeck, Hemmingway, Orwell, Nabokov y tantos otros. www.time.com/time/2005/100books/the_complete_list.html De la trama, lo cierto es que casi prefiero no desvelar nada, para que quien no conozca aún esta obra pueda maravillarse con todas las sorpresas que guarda “Watchmen” en sus páginas. Solo destacar dónde se desarrolla, en un entorno de Guerra Fría con las dos superpotencias enfrentadas, un mundo diferente al que conocemos por la existencia de un ser omnisciente, todopoderoso y azul llamado Dr. Manhattan (el único con poderes de toda la serie). En ese ámbito, un loco justiciero, el más violento de los Watchmen, el hombre de la máscara cambiante, Rorschach, investigará el crimen de uno de ellos, el Comediante, otro ser amoral y violento (“Dije que la vida era una broma, no que la broma tuviera gracia”, el Comediante dixit), a través de otro bien nutrido de seres extraños y con diversas motivaciones (Búho Nocturno, Ozymandias, Silk Spectre, etc). Así empieza todo, con un Rorschach (que, por cierto, es considerado por Alan Moore como un personaje fallido ya que él intentaba transmitir un fascista declarado y sin embargo es finalmente el personaje con el que los lectores sienten más empatía) en el papel de investigador. Y hasta ahí puedo leer… Qué más puedo añadir. He expresado mi admiración, he narrado sus excelencias, he enumerado sus galardones y he escrito un sucedáneo de crítica para poneros la miel en los labios. Por 30 € que cuesta la edición española me parece un regalo. “Watchmen” bien los vale, ya lo creo. Y si mi extensa crítica os ha aburrido, lo siento. Son los gajes inherentes cuando dejo hablar a mi alter-ego más freakie y vehemente. Para bien o para mal, es lo que hay. Pero aún así, ni por un momento os equivoquéis: “Yo no estoy encerrado con vosotros, vosotros estáis encerrados conmigo.” Palabra de Rorschach. Amén.

24 comentarios, puntuación: 4.17 con 6 votos
Escrita 20 de Mayo de 2012
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BUENA MANO, BUENA FORTUNA... en LA MANO DE LA BUENA FORTUNA
Abrir un libro es siempre una sensación difusa a medio camino entre la ilusión por las expectativas creadas y la curiosidad de lo inesperado que aguarda tras ese océano de páginas por descubrir. Luego la ilusión se irá viendo corroborada o no y la curiosidad dejará paso a lo conocido, pero es cuando encuentras un buen libro que colma todas y cada una de tus expectativas y a la vez sus pasajes te llenan de ilusión cuando la lectura ofrece un placer inmenso. Imaginad ahora, entonces, unos lectores para los que el placer de la lectura es tal que saben viajar por zonas del libro no explicadas en el mismo, buceando por invisibles zonas adyacentes por los que la mayoría de los mortales pasamos sin hacer caso, de refilón, para proseguir llanamente con el argumento. Imaginad ahora, también, que esos privilegiados lectores no sólo saben explorar en los más recoletos lugares de la narración sino que también saben encontrarse mutuamente cuando convergen en la lectura, por muy lejos geográficamente que se encuentren, haciendo del libro un lugar físico de encuentro y relación. Este punto de partida, que a priori pudiera resultar demasiado fantasioso e incluso aburrido en una primera sinopsis, se convierte en “La Mano de la Buena Fortuna” de Goran Petrovic en un libro delicioso, de los que leer lentamente para fascinarte con la posibilidades que propone. Así, en sus páginas irán apareciendo diversos personajes relacionados por el extraño nexo de unión que es un libro sin trama ni personajes, únicamente descriptivo, de un tal Anastas Branica y titulado “Mi Legado”. El cómo y el por qué de ese libro, las aspiraciones e historias de cada personaje y las interrelaciones que se dan entre ellos quedan debidamente explicadas a lo largo del libro por lo que, por no destripar nada, sólo comentaré que el resultado final concluye en un caleidoscopio con las historias de amor entre los personajes a la vez que en un amor general y etéreo hacia la literatura. Respecto al estilo de su autor, Goran Petrovic, sus detractores le acusan de ser demasiado descriptivo, pero al César lo que es del César, hay que reconocer que pocas veces me he encontrado con descripciones tan bellas y trabajadas en un libro. Es más, no siendo muy amigo de las descripciones largas, muy a menudo considerándolas innecesarias, es en esta “La Mano de la Buena Fortuna” donde tal vez haya gozado más con las descripciones en sí mismas, probablemente amparado por la premisa del libro de estar compartiendo ese ficticio lugar que en ese momento estaba leyendo yo con algún otro lector en alguna remota y desconocida parte, dicho lo cual la lectura se convierte en algo casi mágico. Por todo lo explicado, quede ahí mi recomendación por esta novela de Goran Petrovic que en su país, Serbia, se alzó con el más prestigioso galardón de las letras serbias, el Premio NIN. Literatura descriptiva, ensalzadora, humana y mágica, cada capítulo o lectura iniciándose a la vez con un pequeño y críptico poema dando pistas de lo que vendrá a continuación (recordándome en parte cómo iniciaba Neil Gaiman algunos episodios de “The Sandman”). Un libro bello sobre el amor a los libros bellos. A leer.

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Escrita 20 de Mayo de 2012
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REY DE LOS SUEÑOS en THE SANDMAN. SUEÑO (SANDMAN#1)
“El rey de los sueños aprende que uno debe cambiar o morir; y luego toma su decisión”. De esta somera forma resumió Neil Gaiman, el autor de “The Sandman”, los 75 números precedentes de su obra más un buen número de especiales. Pero “The Sandman” es más que esa sucinta frase, mucho más… “The Sandman”, para empezar, es la colección de cómics más unánimemente aclamada por crítica y público en los últimos años y considerada la más importante contribución de la década de los 90 al noveno arte. En ella, su guionista Neil Gaiman nos presenta a Sueño, un ser más allá de un Dios, conocido por los griegos como Morfeo y cuyo mito de poner arena en tus ojos cuando duermes viene a dar título a la colección. Así entendido, Sueño es la representación humana de esa parte oculta de la existencia que discurre paralela a la vigilia y que no es sino el sueño propiamente dicho, la fantasía si lo preferís. Sin embargo, Sueño no es único en su especie y pertenece a una antigua familia anterior aun al Universo, los Eternos, compuesta por 7 hermanos, por orden de edad los siguientes: Destino, Muerte, Sueño, Destrucción, Deseo, Desespero y Delirio (Destiny, Death, Dream, Destruction, Desire, Despair y Delirium, en inglés). Cada uno de esos hermanos, por ende, tiene poder sobre el concepto que representa, siendo también cada personaje de esa familia muy diferentes entre sí (tan criticada como ensalzada fue la representación juvenil y desenfadada de la hermana mayor del protagonista, Muerte) y con las consiguientes discrepancias y envidias, amores y desamores, inherentes a toda familia. Pero “The Sandman” sigue siendo mucho más que eso. Si bien la colección empezó prácticamente como un cómic de terror dentro de la serie “Vértigo” editada por “DC Comics”, según fue avanzando fue ganando en profundidad decantándose más hacia la fantasía propiamente dicha y tocando un montón de temas más humanos, más emotivos, más intensos y más inteligentes, jugueteando con conceptos religiosos y mitológicos mil, desde referentes cristianos como los ángeles, el Infierno y Lucifer hasta mitología griega, por ejemplo ese hijo de Sueño llamado Orfeo, mitología egipcia, nórdica, personajes de Faerie como hadas y duendes, etecé, etecé. ¿Parece lioso, no? En absoluto… Aunque así resumido pudiera parecer una sinrazón, en “The Sandman” todo encaja con milimétrica perfección, teniendo cada personaje su momento en la colección y su relevancia al finalizar ésta. No puedo resumir aquí, ni ganas que tengo, los 75 números que componen la colección, pero os aseguro que en “The Sandman” su autor Neil Gaiman llevó al cómic a terrenos de genialidad anteriormente solo transitados por Alan Moore (un momento de recogimiento ante la mención del más grande) y acariciados por Frank Miller o Grant Morrison. Y bueno, del apartado gráfico qué decir, siendo cada portada de Dave McKean una auténtica obra maestra. Si os gusta la fantasía, la mitología, la religión, la imaginación desbordante, las historias alucinantes, los desenlaces increíbles, los diálogos inteligentes y, en definitiva, la buena lectura, no podéis dejar pasar la ocasión de conocer “The Sandman” y perderos por sus historias. Yo casi os recomendaría sin dudar que empezarais por la saga “Estación de nieblas”, en las que se conjugan y comparten lugar la mayor y más ecléctica reunión de deidades conocida hasta la fecha, pero lo mismo os iba a sorprender si la empezarais cronológicamente desde el principio. En vuestra mano está. Eso sí, no esperéis más a descubrir esta joya y corred raudos a hojear un libro prestado de la biblioteca infinita de libros imposibles de Lucién. Tomaros un café con Caín y Abel en la Casa de los Misterios y los Secretos, al lado del cuervo Matthew y la gárgola Goldie. Huid de las más aterradoras pesadillas, nunca miréis a los ojos al Corintio, o descansad un rato placenteramente bajo el cálido arrullo de El Campo del Violín. Tal vez incluso haya parajes inexplorados aún en ese mundo onírico que Sueño esbozara en su día y proteja con recelo a la espera de que soñadores perdidos las descubran en otros relatos. Leed y soñad junto al Rey de los Sueños. Dejad que “The Sandman” ponga arena en vuestros ojos y, simplemente, dejaros llevar por sus páginas, vencidos por el sueño…

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Escrita 20 de Mayo de 2012
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