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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

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Autor: MARGARET MITCHELL
ISBN/ASIN: 9788466636650
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: EDICIONES B
Fecha de edición: 2008

Sinopsis:
Scarlett O'Hara vive en Tara, una gran plantación del estado sureño de Georgia, y está enamorada de Ashley Wilkes, que en breve contraerá matrimonio con Melanie Hamilton. Estamos en 1861, en los prolegómenos de la guerra de Secesión, y todos los jóvenes sureños muestran entusiasmo por entrar en combate, excepto el atractivo aventurero Rhett Butler. A Butler le gusta Scarlett, pero ésta sigue enamorada de Ashley, que acaba de hacer público su compromiso con Melanie. Despechada, Scarlett acepta la propuesta de matrimonio de Charles, el hermano de Melanie, al que desprecia. Años más tarde, y como consecuencia del final de la guerra, ya viuda, Scarlett debe afrontar situaciones nuevas como el hambre, el dolor y la pérdida e instalarse en Atlanta, donde Melanie espera noticias de Ashley y Butler aparece de nuevo...

 
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¡SE ÑO RI TAES CAR LAAA TA..!
5 con 4 votos

Larga, sí señor. Muy larga, pero muy intensa; así es esta novela. No creo que el que la lea piense que está leyendo una obra maestra de la literatura, porque su prosa es el paradigma de la simplicidad y su carácter próximo al folletín hará impensable colocarla junto a las novelas americanas más prestigiosas del siglo XX. Pero, ¿qué importancia tiene todo eso, para el que ha estado casi tres semanas dándole vueltas y vueltas al endiablado carácter de Scarlett O´Hara? Yo creo que tiene poca importancia, y en todo caso que nos quiten lo bailado; el hecho de que «Lo que el viento se llevó», no esté junto a la mejor literatura, no impide que sea una magnífica novela; como magnífica es también la película homónima que ofrece la posibilidad de leer y ver la imagen del personaje, sin el esfuerzo adicional de tener que inventársela. Para hacer el análisis de la novela, conviene fijarse en dos bloques claramente diferenciados. El primero lo componen los cuatro personajes principales. Son imprescindibles para hacer la valoración de la novela, porque las claves de su entidad como obra literaria están en su génesis y en el manejo de sus personalidades. El otro bloque lo constituye el cúmulo de información adicional, imprescindible para la adecuada composición del trasfondo de la trama.
Empezaré primeramente por ello. El contenido del bloque es el siguiente.: El escenario político, que es el Estado de Georgia integrado dentro de la Confederación de Estados de América, nombre oficial del grupo de estados secesionistas. El escenario físico, que se reparte entre la emergente ciudad de Atlanta y la zona de los condados de Clayton y Fayetteville, a unas veinticinco millas al sur, donde están Tara y las plantaciones vecinas. El entramado social, formado por los propietarios de la vecindad del condado y por un ramillete de personas representativas de la ciudadanía de Atlanta. Y por último, el espacio temporal, que está descrito en el relato de los cuatro años que dura la guerra de Secesión, más una larga y penosa posguerra a lo largo de otros ocho años más. Todo eso aparece en la novela. Pero lo más importante, es saber lo que todo eso significa. Margaret Mitchell busca un objetivo, que es crear en el lector una imagen lo más fiel posible de lo que aquel conglomerado de cosas significaba para los georgianos; aquello era su modo de vida, pero también una aproximación a un mundo maravilloso, feliz e idealizado en el que los sureños creían vivir como en un prolongado letargo del que alguien habría de venir cruelmente a despertarles. La importancia de conocer estas cosas, es decisiva para obtener un resultado preciso de la novela, mucho más, que la que pueda lograr cualquier espectador de la película.
Mitchell cuenta con trazos admirativos cómo es el idílico ambiente anterior a la guerra. Georgia, contemplada a través de sus palabras, parece la Arcadia feliz. Pero después viene la guerra, y su ferviente exaltación de la causa confederada y su tono patriótico, van paulatinamente dando paso a la ponderación a que obliga una realidad, amarga y alejada del optimismo oficial. Y llega por fin, el largo y complicado periodo de la posguerra, en el que mezcla la frustrante sensación de derrota, con el orgullo siempre latente y con las penurias propias de una sociedad machacada por la guerra y por sus consecuencias. El planteamiento de la autora es, invariablemente adicto a la causa confederada, lo que convierte la novela en la historia de los perdedores contada por uno de ellos; pero así y todo, su condición de derrotados no les hace renunciar ni a su orgullo, ni a la esperanza de resucitar, antes o después, aquel mundo prebélico tan idealizado.
Tiene su aquel, a día de hoy, leer la historia contada desde el punto de vista de los que en el pasado, tildamos de «malos de la película», no de la película «Lo que el viento se llevó», sino de todas aquellas películas que retrataron la contienda civil americana, dando por entendido que su posición favorable a la esclavitud, relegaba a aquellos sudistas de antiestéticas guerreras grises, al poco honroso papel de «malos» y entendiendo que, además, defendían la posición de los terratenientes ricos y poderosos del sur, que desde una óptica alejada en lugar y fecha, sólo podían producir un evidente rechazo de cara al juicio de la Historia.
Pero es así como está planteada la novela, y leyéndola nos hemos de acostumbrar a cosas que, hoy, consideramos taxativamente incorrectas; véanse si no, las muestras de desprecio hacia los yanquis por antiesclavistas, o la sincera convicción de que en el sur se trataba bien a los negros, o la degradación posterior de éstos por no saber hacer uso de su reciente libertad, o la calificación del Ku Kux Klan como una causa noble y patriótica. Ahora bien, se ha de reconocer, aun no gustando el posicionamiento ideológico de la autora, que la exhaustiva plasmación a lo largo del libro de multitud de datos sobre el entorno geográfico, histórico y social y sus puntuales explicaciones y comentarios, configura el mecanismo idóneo para explicar, y en parte justificar, la actitud de los personajes y para poner los hechos novelados en relación con la realidad histórica de su época; y ello, pese al enfoque partidista, normal y explicable, en un ciudadano del sur. Paso ya pues, a hablar de sus protagonistas.
Esta es una novela de personajes; todo lo que ocurre, es consecuencia de sus singulares caracteres. Y el primero, Scarlett O´Hara. La novela se basa en ella. Su carácter es determinante para el desarrollo del argumento, que con ella empieza y con ella termina mil páginas después. A lo largo de ese recorrido, nos muestra su carácter fuerte y de marcados rasgos: el egoísmo, el orgullo, la falta de escrúpulos y un genio de mil demonios, que en conjunto dan como resultado una jovencita malcriada, pero a la vez seductora por su tenacidad, su coraje y por una vitalidad y alegría exultantes. En fin, un terremoto de señora. Su primo Ashley Wilkes, es lo contrario: culto, refinado, discreto, considerado, y también, pusilánime, vacilante y en definitiva, absolutamente falto de carácter. Pero se convierte en objeto de la devoción de Scarlett y ese hecho desencadena el conflicto. Rhett Butler aparece en la fiesta que hay al principio de la novela y ya no deja de aparecer periódicamente en la vida de ella. Enamorado, fascinado, o simplemente encaprichado, tanto da; el caso es que mantienen una relación fugaz, intensa y ardiente, porque sus caracteres, fuertes los dos, parece que, en alguna forma se complementan. Su rol de cínico y su actitud chulesca y autosuficiente, avientan siempre la duda sobre su falta de escrúpulos; pero, profundizando, vemos que predominan en él las cualidades, pues es equilibrado, inteligente, elegante, decidido, burlón y tierno cuando quiere serlo; su mayor defecto, quizá sea su escasa templanza con el alcohol. Y falta Melanie Hamilton, la bondad personificada hasta el éxtasis; parece boba, pero no; sólo, que es muy buena ella. Y ese talante bondadoso es a causa, o a pesar, que nunca se sabe, de su personalidad hogareña, comedida, pacata en todo lo referente a la moral y las costumbres, y siempre, rocosa e inamovible en sus convicciones, lo que le confiere al personaje mucha más consistencia de lo que se podría suponer viendo desatentamente la película.
En la creación de estos cuatro personajes reside la fuerza de la novela. Scarlett tiene a su primo en el punto de mira y Melanie es tan buena, que es perfectamente capaz de comprender los sentimientos escondidos del tipo duro y despreciable que aparenta ser Rhett, que, en justa reciprocidad, siente veneración por ella. Así que, el huracán de pasiones cruzadas que se teje y se desteje en la novela es denso y bien elaborado, desarrollado y explicado por Margaret Mitchell, con una locuacidad fácil y con la prodigiosa mente que se requiere para poder tramar y gestionar todo este torrente de sentimientos que fluye durante tantas páginas, sin dejar en ningún momento de tener sentido, y por tanto, arrastrando al lector sin que éste tenga que hacer ningún esfuerzo para ello.
Este libro, no sé si de manera intencionada, o fortuita, nació con vocación de ser la gran epopeya de los Estados Confederados de América, y acabó siendo la base sobre la que se cimentó la más célebre película que se haya filmado nunca, pero, que yo no había visto de un tirón, hasta ahora. Viéndola ahora, después de leerla, compruebo que la excelente adaptación de los actores a sus papeles es tan buena que parece que hubieran venido al mundo con la misión específica de participar en la película. Desde que vi a Vivien Leigh en el papel de Blanche Dubois en «Un tranvía llamado Deseo» y también en ambiente sureño, me enamoré de su camaleónica personalidad. Borda el papel de Scarlett O´Hara, y no sólo porque encaja en sus características, sino porque actúa con el oficio propio del actor curtido en el teatro. Los rasgos consecutivamente duros y blandos del personaje, exigen poder expresar de seguido, maldad, bondad, resentimiento y ternura y ella cumple con ese objetivo. Los otros tres actores, encarnan bien sus papeles, pero no tanto por sus actuaciones excepcionalmente buenas, sino por la identificación de los actores con los personajes. En particular, parece como si Margaret Mitchell hubiese adivinado que Gable iba a hacer el papel de Rhett Butler, por la coincidencia que hay entre los rasgos físicos del actor y la fisonomía que describe en sus páginas. Leslie Howard daba bien el papel por su rostro lánguido y su porte elegante y espiritualmente anémico, pero a sus 46 años aparentaba más edad que los, aproximadamente treinta, del joven descrito en la novela. Olivia de Havilland, sí fue una perfecta Melanie y su gesto bobalicón, tanto o más lánguido que el de su marido en la ficción, encajaba perfectamente en el perfil del texto, con unas maneras a mitad de camino entre una matrona romana y una dama del Ejército de Salvación.
Me resultaría incomprensible reseñar «Lo que el viento se llevó» y no dedicar el último comentario a tocar el tema racial. Margaret Mitchell, escribió su novela entre 1926 y 1936. La esclavitud, abolida tras la guerra de Secesión, ya no existía, pero el problema de la desigualdad y de la ausencia de derechos civiles de la población de origen africano en los Estados Unidos, no sólo estaba vigente, sino que no se llegó a resolver hasta la década de los años sesenta del siglo XX. Esto se aprecia perfectamente en el texto, en el que las ideas segregacionistas no sólo no se denuncian, sino que se expresan como la cosa más natural del mundo. Incluso, se trata de justificar el sistema imperante en el sur, aduciendo la cínica idea de que es, bajo la esclavitud, donde mejor pueden estar los negros. Los personajes de raza negra que aparecen, tienen un tratamiento sistemáticamente peyorativo; o son medio imbéciles como Prissy, o son unos peligrosos canallas que asaltan mujeres blancas, o son unos cascarrabias como Mammy.
Hay un detalle en el libro, que refleja bien la conciencia paternalista de los ciudadanos del sur y la segregacionista de los del norte. Cuando Scarlett, en su intento de hacer negocios con los militares yanquis, se ve obligada a tomar el té con sus esposas, éstas tienen auténtica curiosidad morbosa por ver que dice una sudista de la esclavitud; ella elude diplomáticamente definirse, pero cuando una joven madre del norte, le pide referencias para contratar alguna niñera que cuide de su hijo (pensando en una mujer blanca), Scarlett inocentemente le habla de una negra para hacer ese trabajo (era lo habitual en el sur); oyendo su respuesta, la yanqui se escandaliza diciendo que jamás permitiría que una negra tocase a su hijo. Así que sale de la reunión asombrada de que los del sur, carguen con fama de negreros, mientras que las yanquis, teóricamente antiesclavistas, no conciben que mujeres negras cuiden de sus hijos.
Es decir, el libro quiere transmitir la idea de que en la Confederación se trata bien a los negros, aunque se admita que esto ocurre, sobre todo, en el caso de sirvientes que trabajan en la casa, considerándoles en tal caso, con una condición intermedia entre criados y parientes, como es el caso de Mammy, la negra oronda que la cuida desde que nació (Hattie McDaniel fue la primera persona de color premiada con el óscar, de mejor actriz secundaria). Esto podría llegar a creerse aun con múltiples matices menos favorables, pero tal idea no se sostiene en las plantaciones, donde sólo es concebible un trato a los negros próximo a cierta humanidad, si iba envuelto en grandes dosis de paternalismo, lo que para desgracia de muchos, tampoco debía ser muy frecuente. Todo esto, trae a colación «La cabaña del tío Tom», libro que se tuvo por alegato contra la esclavitud, que se menciona expresamente en las páginas de «Lo que el viento se llevó». Publicado antes de la guerra por la escritora del norte H. B. Stowe, tuvo un éxito editorial sin precedentes en el mundo hasta aquella fecha y fue, en alguna medida, el desencadenante de la propia guerra. Lo cierto, es que Margaret Mitchell escribió esta novela en unos años (1939) en los que el tema racial estaba muy lejos de estar resuelto (léase si no El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, que es de 1940 y también en Georgia) y que los modos de vida y las costumbres, aún no habían evolucionado, siendo más parecidos a los de 1865, que a los del momento actual. Esa, creo yo, es la razón por la que los comportamientos de Scarlett, son asimilados por el lector actual, con mayor simpatía que antes. Su desprecio por las anticuadas normas de conducta vigentes entonces y su atrevimiento en saltarse las convenciones sociales, crean una corriente de simpatía hacia ella por su comportamiento moderno y feminista. Uno tiene la intuición de que Mitchell pudo haber creado ésta, su única novela, con la intención de dar publicidad a toda la herencia histórica de los estados del sur, en unos años en los que las heridas de la guerra debían estar ya cicatrizadas, apoyándose para ello en la exhaustiva documentación de que disponía y en los datos transmitidos oralmente por sus padres o abuelos. Pudiera haber en ello un deseo de reivindicar la singularidad, que dentro de los Estados Unidos tenía el sur, como sociedad predominantemente tradicional, católica y rural, en contraposición a la del norte, avanzada, protestante e industrial; y también como una manera de simbolizar, a través de la tozudez de herencia supuestamente irlandesa de Scarlett, una trayectoria desquiciada, con un cierto paralelismo entre su propio recorrido personal y el de la Confederación.
Resumiendo, diría, que para un lector que, como yo, no había visto entera la película pero que, obviamente, tenía suficiente información sobre ella, la lectura de la novela supone la sorpresa de encontrarse frente a una historia pasional, que va mucho más allá de lo simplemente pasional. De ahí lo de la sorpresa, porque, no es sólo, como yo erróneamente esperaba, una historia de pasiones, sino que en ella lo sentimental se funde con el trasfondo que refleja la situación política, militar, social y racial en el sur durante y después de la guerra, hasta el punto de adquirir una importancia vital, que hace necesaria e imprescindible su lectura para situar correctamente lo pasional en su contexto. Viendo atentamente la película se puede uno aproximar a ese trasfondo, puesto que es un film excelente y muy largo, pero que aprovecha perfectamente su gran metraje en la labor de contar cumplidamente la historia. Pero, acceder a su lectura es otra cosa; éste debe ser uno de esos casos emblemáticos que reflejan las diferencias fundamentales que hay entre el cine y la literatura. La película es extraordinaria, más aún si tenemos en cuenta que se rodó en el ya lejanísimo 1939. La novela sin embargo, siendo buena, no lo es en ese grado superlativo. Bueno, pues a pesar de la extraordinaria calidad de la película y de que la imagen y la música —excelente ésta por cierto— pueden compensar en buena medida la ventaja que la mayor extensión le concede al libro, a pesar de ello, la historia como tal, es mucho más satisfactoria, leída, que vista en la pantalla. O al menos, así lo veo yo.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 8

A DIOS PONGO POR TESTIGO QUE NO VOLVERÉ A PREJUZGAR
3 con 2 votos

Lo reconozco... me acerqué a este libro con una imagen prejuzgada, esperaba encontrarme la clásica historia pastelosa de niña rica americana y repipi tiene que enfrentarse de repente a las penurias del mundo... Moraleja: Oh, qué dura es la vida!!!!!
Nada más lejos de la realidad, la historia, aunque densa en momentos puntuales debido al contexto histórico en el que nos quiere ubicar, es devorable de principio a fin.
Escarlata O'Hara me parece uno de los personajes mejor creados que yo haya leído. Es la heroína y la villana al mismo tiempo, alguien con quien amamos, reímos, lloramos, alguien con quien nos identificamos, nos compadecemos e incluso llegamos a odiar... todo en una vorágine de sensaciones hasta el final del relato.
La versión cinematográfica de Victor Fleming es una obra de arte, cometí el error de verla en primer lugar, y por un momento me planteé la posibilidad de que esta vez la película superase al libro, pero me equivocaba también. Totalmente recomendable, aunque la historia sea más que conocida y trillada, no os defraudará.

Escrito por Mayte hace mas de un año, Su votacion: 9

LARGA
0 con 0 votos

Bueno, si la lees sin haber visto la peli (cosa poco probable en función de tu edad ;)), te gustará.Si no, notarás la diferencia y después podrás elegir con cuál te quedas... Yo creo que no lo tengo muy claro, la peli está muy bien XD.

Escrito por Coquin hace mas de un año, Su votacion: No ha votado