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SODOMA Y GOMORRA (EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO #4)

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Autor: MARCEL PROUST
Título original: Sodome et Gomorrhe
ISBN/ASIN: 9788426414588
Género: Literatura contemporánea
Editorial: LUMEN
Fecha de publicación: 1922
Fecha de edición: 2004
Número de páginas: 558
Saga: EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO (4)

Sinopsis:
«Iba yo a moverme una vez más para que no pudiera verme, pero no tuve tiempo ni lo necesité. ¿Qué vi? Frente a frente, en aquel patio en el que no se habían encontrado, seguro, nunca -pues el Sr. de Charlus sólo acudía al palacete de Guermantes por la tarde, en las horas en que Jupien estaba en su oficina-, el barón, tras haber abierto de par en par sus ojos entornados, miraba con una atención extraordinaria al antiguo chalequero en el umbral de su tienda, mientras éste, clavado de súbito al suelo delante del Sr. de Charlus, arraigado como una planta, contemplaba con expresión maravillada la opulencia del envejecido barón. Pero, al haber cambiado la actitud del Sr. de Charlus, la de Jupien cobró -cosa más asombrosa aún- armonía, como conforme a las leyes de un arte secreto, con ella. El barón, quien ahora intentaba disimular la impresión que había sentido, pero,pese a su indiferencia afectada, parecía alejarse con pesar, iba, venía, ponía la mirada perdida del modo que, a su juicio, mejor hacía resaltar la belleza de sus pupilas, adoptaba una expresión fatua, descuidada, ridícula.»

 
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REEDITAR EL TIEMPO PASADO
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He terminando el tomo 4 SODOMA Y GOMORRA, de A LA BUSCA DEL TIEMPO PÉRDIDO; me quedan por tanto tres tomos para acabar el conjunto de la obra, lo cual, me llevará tres años más (sólo leo uno cada verano). Pero no me apetece esperar tanto tiempo para escribir una reseña sobre él libro. Comienzo pues, aunque falten aún tres tomos, a escribir, al menos de la parte ya leída, sin mayor dilación.

Estamos en los primeros años del siglo XX antes de comenzar la guerra del catorce; el sistema político en Francia era republicano pero permitía la existencia de una aristocracia heredera de la antigua nobleza. Estos nobles, decadentes y soberbios; hacían de lado a los burgueses pero a la vez los necesitaban para resaltar su propio brillo, de manera que algunos de estos últimos ingresaban en ese medio social. A pesar de ser la aristocracia un anacronismo agonizante (la guerra lo liquidó), el objetivo de cualquier burgués ambicioso y con ganas de medrar, pasaba por acceder a esos ambientes, desenvolverse en ellos y crearse una reputación. Eran varios los escenarios posibles; las épocas de veraneo en balnearios o playas de moda con deportes al aire libre o carreras de caballos eran una opción; otra posibilidad eran las actividades artísticas como teatro, ópera, conciertos, exposiciones, etc., unos y otros cumplían perfectamente como focos de intensa vida social. Pero el medio más frecuente, eran las fiestas y recepciones; el mejor indicador del éxito social consistía en “recibir en el salón” regularmente, un día de la semana en “soirés” o “matinés”, a los personajes más prestigiosos, a la “creme” de la sociedad. A mayor caché de los asistentes más categoría del salón del anfitrión. Allí se hablaba de todo lo divino y lo humano, de literatura, de teatro, de música, de los temas del momento, con el caso Dreyfus como estrella, o de cualquier chisme o habladuría sobre cualquiera que se pusiese a tiro; o sea, se practicaba el cotilleo y la maledicencia, procurando, como buenos franceses, hacerlo con exquisita educación y elegancia.

Proust gracias a sus relaciones familiares y a su propio atractivo personal, penetra en ese medio social y comienza a relacionarse y a tener éxito. Fruto de ello es su trato fluido con las familias que le ayudan a situarse, nobles y burgueses adinerados con algunos personajes intercalados pertenecientes al mundo literario o artístico. El análisis de la relación con todas esas personas, como también con su abuela y su madre, con sirvientes y empleados del hotel de la playa, con algún artista y con mujeres que va conociendo; se nos presenta como una complicada urdimbre que laboriosamente se va tejiendo y se va extendiendo y extendiendo sin aparente final. Ese discurso tiene carácter de monólogo inagotable sin que a la vez coexista con un argumento formalmente establecido, Proust moviliza su memoria para recordar todo lo que ocurrió en su vida de forma retrospectiva, es decir, muchas pequeñas cosas que van formando una amalgama fluida que se desplaza sin directriz aparente, pero jugosa e interesante en sí misma. La citada anarquía argumental no desagrada, descubres que al contar cualquier cosa, Proust va introduciendo al lector en una especie de limbo, en el que el tiempo no cuenta, y habla de lo que sea, atrapando con su plática sin límite, hasta que el discurso se agote por estar todo, o casi todo ya dicho.

El que lea esto y esté tratando de formarse una idea de en que consiste el libro, pensará que para que algo así tal como lo estoy describiendo (hablar de cualquier cosa) tenga algún interés, la capacidad creativa de su autor tendría que ser inagotable, y la prosa utilizada entretenidísima o de lo contrario aburriría hasta a las piedras; y en cierta medida ambas premisas contrapuestas son ciertas. Efectivamente, sus capacidades resuelven el reto y su prosa logra expresar sus, a veces, complicados pensamientos, con lo cual el resultado es brillante; pero no para cualquiera. Una extensión de más de tres mil páginas, su compleja prosa, y su memoria, que a veces, se alarga en una determinada materia, hacen que algunos pasajes de su lectura pueden ser un poco reiterativos y tediosos, lo serán sobre todo, para aquellos que no logran conectar con su discurso.

Puestos a condensar todo lo dicho y a valorar su novela, creo que son dos, las claves que resumen y definen la importancia de la obra cumbre de Marcel Proust.

La primera clave, su calidad como observador del comportamiento humano, le permite que se puedan leer páginas y páginas seguidas de su libro manteniendo bastante bien el nivel de interés. Pero no un interés por desvelar lo próximo que nos depara el transcurso de la acción, pues no hay tal acción, da igual lo que venga después. Es una lectura que hay que valorar por lo que vale en cada momento, es el gusto por el comentario inteligente, por su recreación de tal o cual personaje, por como expone las relaciones entre las personas, por su sensibilidad continuamente a flor de piel, por mil detalles lúcidos y certeros que nos van haciendo perdernos en esa tela de araña que teje a nuestro alrededor no dejándonos ganas de desprendernos de ella. Resolver un reto de este calibre, me parece que es el paradigma del escritor perfecto, escribir maravillando al lector, sin mediar argumento alguno, simplemente exponiendo sus pasadas vivencias del día a día. Claro es, que hablamos de un material muy sutil y lleno de matices; valorar bien estas cosas requiere conectar con su sensibilidad; muchos lectores no podrán hacerlo y abandonarán el libro.

La otra clave, el magnífico lenguaje utilizado; será sin embargo la principal razón de la mayoría para no poder terminar el libro; esta es quizá la causa última, por la que la lectura de la obra de Proust no está muy extendida entre los lectores corrientes. Su prosa es aparentemente muy sencilla, todo el mundo la entendería fácilmente en sus frases más cortas; el problema radica en que con muchísima frecuencia sus frases se estiran y se hacen agotadoramente largas y como van intercaladas con párrafos entre comas, paréntesis, o guiones, tratando de abarcar más y más ideas, se hacen aún más largas. De esta manera, hay muchas posibilidades de que las frases resulten forzadísimas, difíciles de entender en su totalidad y de una estética en castellano un poco forzada. En esas condiciones su lectura puede parecer inabordable; hay que hacer un esfuerzo consciente para poder con ella. En mi caso particular, el sistema consiste en leer bastante rápido, ya que comprobé que era la mejor forma de no olvidar, a mitad de frase, de que hablaba al principio de ella; así, leyendo muy deprisa se te puede escapar algo, pero vale la pena pues aún en ese caso, nunca la perdida de un poco impide la comprensión del sentido general, cosa que en cambio a mi me suele ocurrir con otros autores. De esta manera se acaba entrando en su mundo particular y el lenguaje cumple su objetivo primigenio, que es servir al escritor para transmitir eficazmente sus ideas, por complejas que estas sean, como ocurre aquí.

En todo caso y ya como colofón, hay que decir que A LA BUSCA DEL TIEMPO PÉRDIDO, es un libro difícil, no tanto por su longitud, que también; como por el ambicioso objetivo de su autor de compendiar sus recuerdos vitales, abarcando el máximo posible de personas, situaciones, conflictos personales, paisajes, movimientos pictóricos o musicales, política, y cualquier cosa que se nos ocurra y fundiéndolo todo, ofrecernos su punto de vista a través del monólogo interior de su mente. En ese sentido, la búsqueda del tiempo perdido a que alude el título, significa el deseo del autor de reproducir en el papel lo más interesante de su vida pasada intensificando tanto la vivencia rememorada, como para conseguir que el resultado (el libro) sea una auténtica recuperación del pasado perdido. Ese era su ambicioso objetivo y lo cumplió con pleno éxito. Si alguna vez tuvo también la esperanza de que su libro llegase a una mayoría de lectores, hay que decir que en eso fracasó. Por que sus elevadas aspiraciones estéticas le llevaron a crear una obra de gran calidad pero muy minoritaria, cuya lectura requiere un apreciable esfuerzo que la mayoría no sabe o no quiere hacer. Mi recomendación es, que al menos merece la pena intentarlo, porque si se logra la conexión con su mensaje, y se entra, con un mínimo de comodidad en ese universo suyo, es una de las lecturas más gratificantes que se pueden encontrar.

Es por tanto, un autentico reto para el lector que se enfrente a su lectura.



P.D. No recomiendo a nadie que se compre los libros sin más, porque luego pudiera no leerlos. Además es muy importante escoger la traducción más adecuada. Este es uno de esos libros que son un autentico reto para el traductor que ha de hacer malabarismos para equilibrar el respeto al texto con el deseo de que el resultado sea entendible. Es decir que recomiendo irse a una biblioteca y cotejar las distintas traducciones unas con otras, o al menos las que se encuentren. Los dos primeros tomos existen en la traducción de Pedro Salinas, el poeta de la generación del veintisiete. Yo el primer tomo lo leí en esa versión y me pareció accesible. Pero a partir del tercer tomo hay que cambiar y yo no me atrevo a recomendar nada. Me fui a la biblioteca, abrí la primera página de dos versiones distintas, comparé frase a frase, y tomé una decisión.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9