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SANTUARIO

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Portada de SANTUARIO

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Autor: WILLIAM FAULKNER
Título original: Sanctuary
ISBN/ASIN: 9788420470023
Género: Literatura contemporánea
Editorial: ALFAGUARA
Fecha de publicación: 1931
Fecha de edición: 2006
Número de páginas: 320

Sinopsis:
Lee Goodwin es acusado de asesinato. El escenario del crimen es una casa oculta entre los árboles que alberga una destilería ilegal. Allí viven, entre otros, Ruby, una mujer que ha renunciado a todo por Lee, y Popeye, un sádico gánster marcado por una infancia terrible. El abogado Horace Benbow lucha para que Goodwin no sea juzgado por ser quien es, sino por los actos de los que le acusan. Una historia escalofriante en la que caben toda la fuerza y la originalidad del genial novelista estadounidense.

 
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DEVIL´S SANCTUARY
5 con 2 votos

“Santuario” es, indudablemente, una de las novelas de más éxito de William Faulkner y aunque su popularidad pueda hacer pensar en una lectura algo más accesible, la novela nos coloca enseguida ante las conocidas dificultades propias de su autor. Sabemos que Faulkner escribía siguiendo estrictamente su gusto personal, y despreciando todo lo que entendía como concesiones al público, una actitud seguramente determinante para su condición de escritor innovador.

LA TRAMA de “Santuario”, describe el episodio ocurrido en una casa utilizada como destilería clandestina, en el que se produce una muerte y del que se deriva una situación muy violenta, que dura un cierto periodo de tiempo, y que culmina con el juicio en el que se dirime la culpabilidad por dicha muerte. Su autor le concede muy poca importancia a una descripción objetiva de las circunstancias y los detalles físicos que allí concurren (no es la clásica novela de un juicio), y mucha importancia, en cambio, a que el relato airee las condiciones de cruda violencia que se viven en dicho episodio, si bien, aminorando las más explicitas, y magnificando las que afectan al mundo interior de los personajes, a su drama, a su sensibilidad, y a su interpretación de la situación. Para conseguirlo, Faulkner extrema los rasgos sórdidos, la agresividad, y el aire de pesadilla, a la vez que intenta crear un efecto sombrío, reduciendo al mínimo posible, una descripción lúcida, objetiva, y consciente de lo ocurrido.

EL ESTILO de Faulkner nos presenta a sus protagonistas como seres complicados y malhumorados, que se comunican a través de agrios intercambios de frases llenas de discusiones y reproches, y que andan metidos en un ambiente cargado de agresividad, desazón, o impotencia, que se parece demasiado a una mala pesadilla. La trama de la novela no está acotada dentro de unos límites determinados, su principio, su final y sus contornos, son borrosos y difuminados. Viene organizada en escenas de contenido dialogado que recrean la acción y de una extensión relativamente corta. Estas escenas no tienen continuidad de tiempo ni de espacio entre sí, sino que dan saltos bruscos de una a otra, cambiando de escenario y de protagonistas. Además de estas escenas narrativas, se intercalan tramos de texto con largas parrafadas, que reflejan el punto de vista del narrador y dan una visión llena de adjetivos, muy personal aunque un tanto críptica. Y aquí asoma quizá el principal problema que le plantea al lector la forma de narrar de Faulkner, que es el la dificultad de enterarse bien de cuándo, cómo, y dónde suceden las cosas, y quién es el personaje que las protagoniza. Claro que siempre existe la opción de aguzar los sentidos para entresacar esos datos de las partes dialogadas o de acción, o también, de rastrear las largas parrafadas del narrador, pero unas y otras son igualmente parcas en información y seguramente ayudarán poco a entender la trama. Faulkner utiliza también esos tramos de narrador, para implementar un aura siniestra y llena de interrogantes, probablemente en busca de la atmosfera adecuada para el intenso dramatismo de su argumento. En ellos, maneja un lenguaje vibrante (en contraposición con la sequedad de los diálogos), dándoles la forma de una impetuosa tromba verbal que matiza los pormenores de la trama y los personajes, y en la que sus lectores encontrarán en estado puro, el tipo de prosa brillante e imaginativa, poblada de adjetivos, largas frases, y figuras retóricas, correspondientes a su etiqueta de escritor modernista. Y a todo lo anterior, hay que añadir que leemos hechos que no necesariamente están en el orden en que han ocurrido, lo que contribuye más aún a confundir al lector desprevenido, aunque, no tanto, al que ya conoce su forma de escribir. La peculiaridad de estos mecanismos, se transforma en una fuerte impresión que lleva a leer con avidez (aunque también con cierto despiste), en busca de un final que arroje luz sobre las muchísimas claves que van quedando sin aclarar. De tal manera que el lector se encuentra con una novela dura, seca, exenta de rasgos amables, que cuenta mediante flashes narrativos, unos hechos, cuando menos, complicados. Desentrañar esos hechos, dejándose llevar por su magnetismo, es el reto que lleva a leer la novela de un tirón.

POSIBLE REPERCUSION en el lector de “Santuario”. El mundo cruel y violento que refleja esta novela de Faulkner podría afectar al ánimo de quien lee. Pensaba en ello, mientras me acordaba de los comentarios que había leído, en los que se resaltaba la extrema dureza de “Santuario”. Ahora, tras leerla, compruebo que esa posible afección, en mí caso, ha sido menor de lo que yo pensaba. ¿Y por qué?, podría uno preguntarse. Faulkner solo define los rasgos de sus personajes que afectan a la trama; es algo así como el dicho de “el roce hace el cariño”, pero al revés; a menor roce, (léase roce como conocimiento del personaje), menos me afectan sus penas. Esto pasa, por ejemplo, con el abogado Horace Benbow, el protagonista principal del que, cuando terminé la novela, solo recordaba leves pinceladas: Es un hombre que aparece consternado en su cometido de defensor, y también en sus relaciones personales, ese es su papel en la novela; pero poco más supe de él (quizá no sea necesario saberlo), y por ello casi no puedo tenerle apego, ni sentir que me afectan los disgustos que le provoca la trama. Es decir, lo que interesa es la trama, los sentimientos periféricos a ella sobran, y los personajes están al servicio de su manera de contarla, por lo que los tipos poliédricos no encajan y no los incluye, o no da ese carácter a los que tiene. Y su concepto es sabido, sus personajes han de cumplir con su estereotipo, que es sobrevivir en aquel ambiente cruel e introspectivo, y rodeados de una caterva de tipos muy dudosos; de tipos auténticamente perdedores. Y en consecuencia, se da la antes mencionada desafección, que en el fondo, no es más que una consecuencia de sentirse un poco fuera de ese mar de sentimientos que es la novela tradicional, y en el que tanto se disfruta sufriendo. Aquí en cambio, metido en este mar que ha concebido el autor, y a pesar de su violencia, el lector toma distancia, y sufre menos. Claro que así es como lo veo yo, otros lo verán de otra forma. Conclusión: ¿Gustará a todo el mundo?: evidentemente no, William Faulkner es un escritor muy exigente con el lector; quien lo lea debe saber que su lectura requiere esfuerzo, y no todos los lectores están dispuestos a hacerlo. Y además, aun asumiendo dicho esfuerzo, su lectura no será, seguramente, del gusto de todo el mundo, por su dura temática y por la aspereza de su estilo.

ALGUNOS DATOS sacados de sus reseñas en Internet, dicen que Faulkner fue un escritor modernista perteneciente a la “generación perdida”, que innovó con el desarrollo del monólogo interior, con una distribución no lineal del transcurso de la acción, con la multiplicidad de puntos de vista en la narración, y con un manejo del lenguaje en busca de la expresividad, el lirismo, y la peculiaridad de sus personajes. También se podrían considerar como características suyas un cúmulo de circunstancias, la época, el lugar, y la temática social, que de tanto aparecer en sus novelas, son ya un referente fijo de su obra. Como aquellos años veinte y treinta, en los que perduraban en el Sur las consecuencias de la guerra civil y especialmente las referidas a la falta de inserción de los negros en el tejido social; o la situación creada por la terrible depresión del 29, que se tradujo en un abatimiento económico brutal, con enormes dramas sociales por todo el país; o el problema generado por la prohibición del alcohol, cuestión ésta que subyace en el argumento de la novela. Y por último el estado de Missisipi, en ese Sur en el que las cuestiones señaladas presentaban rasgos aún más graves, pero que es el lugar en que Faulkner nació, vivió, y del que sabía que era el marco idóneo para sus tramas, con un absoluto predominio del componente dramático, algo lógico conociendo las trágicas proporciones que alcanzó aquella crisis, y sobre todo la complicadísima estructura social de aquel territorio.

Escrito por sedacala hace 15 días, Su votacion: 8

LA HIZO POR DINERO Y LE SALIÓ..SANTUARIO
4.8 con 5 votos

No se la quiso dar a leer a su madre....
Renegó de esta novela hasta su muerte.
La rehizo suavizándola ??!!!

Esta obra, escrita inmediatamente luego de “El ruido y la furia” le llevó tres semanas y fue realizada, según su autor, por motivos económicos..bah, necesitaba el dinero, se sentó y le salió Santuario. El editor se negó a publicarla, se sentó de nuevo y escribió “Mientras agonizo”, trabajando de fogonero. Más tarde el editor se decide, retocan la novela, suprimen temas escabrosos como el incesto y el estupro y sale.
La version original puede hallarse en Gerald Langford, Faulkner´s revition of Sanctuary, University of Texas Press, 1972.
Para una reseña calificada, de Don Mario Vargas Llosa remitirse a http://bibliotecaignoria.blogspot.com.ar/2011/07/mario-vargas-llosa-santuario-el.html
Coincido con @Poverello que no es fácil de leer, ni desde el tema ni desde la estructura narrativa.
Borges dice que los novelistas norteamericanos convierten la “brutalidad en una virtud literaria”, y no puedo estar más de acuerdo.
La historia es brutal : alcohol, violación, muerte, racismo, abandono....un rosario despiadado de eventos inevitables, que se suceden como en una cascada...que no se escucha ni se ve...pero moja!!!!!!
Faulkner tensa el hilo y no relata los hechos, corta el cuadro, y el lector (mi primer Faulkner) va para atrás, se convence de que no dejò de leer nada y sigue.
Se detiene de golpe el prudente lector porque aparecen muertos y linchados. Cierran aspectos de la trama y se deslizan datos inquietantes.
Santuario es más que un libro, más que una obra de arte. Es una experiencia literaria, que acompaña al lector muchos días después. Me pasó lo mismo con Steimbeck, conmueven y nada es lo mismo después de su lectura.
Los personajes se definen por los hechos, por lo que hacen : no leemos nada de su interioridad, si disfrutan o sufren : solo matan o mueren.
Sobrevuela la amoralidad en todos ellos menos en el abogado, que es ambiguo e indeciso. Parece no saber nunca muy bien que hacer ante la complejidad del proceso judicial que acepta. Resiste patéticamente los avances de su hermana para que abandone el caso. La relación con su hermana, su esposa y su hijastra está sólo delineada y realmente le quita mérito a la historia, se tiene la certeza de que hay mucho más de lo que se dice debajo de esos vínculos untuosos, en las evocaciones solitarias de Belle...quizás la primera versión de Santuario cerrara mejor el tema.
Me impresionó vivamente la “cualidad” bestial de los personajes : cuando están en la casa del bosque y los hechos se presagian, de esos hombres alcoholizados sabemos que actúan, literalmente, como animales : se mueven sin ruido, están en la sombra pero no se ven, sólo son audibles sus respiraciones, sus ojos brillan, no se sabe si piensan, no hablan....se los huele...
La mujer que vive en la casa, la esposa del fabricante de whisky, ex-prostituta (por supuesto!), con su niño enfermo y casi muerto siempre, protegido de las ratas en un cajón arrinconado en el fogón, poco hace para evitar los hechos, sólo le importa que su marido no se entusiame con la joven.
Temple Drake, la chica de la novela, hija de un juez, universitaria con poca dedicación al estudio, y tonta, se convierte en la recomendación moral de Faulkner : a las chicas malas, les pasan cosas.
Toda la atmósfera de Santuario está impregnada por un moralismo que no creo intencional por parte del autor y da cuenta de una época y de una cultura en los Estados Unidos de los años ´30/40 : lo que se puede hacer y lo que no (limpiar la propia casa, para un abogado blanco...imposible), si se es violada su condición social, moral y personal queda dañada al punto de estar en en una casa de prostitutas...., la condición de la mujer y de los negros, la política.
No quiero hacer una reseña larga, que aburren, pero no puedo olvidar a Popeye, el asesino, el violento, el perverso, la encarnación de todos los males, algo deforme, impotente, figura ominosa y que sobrevuela toda la novela, pero con un halo ausente.
Cuando califiqué Santuario hace ya unos días, me pareció un siete, es muy dura, difícil ...pero ahora que pasaron los días y la he podido digerir no bajaría de un nueve.
Imprescindible. Gloriosa literatura norteamericana.

Escrito por lucero hace mas de un año, Su votacion: 9

LAS PASÉ "PUTAS" (CON PERDÓN)
4.33 con 6 votos

Casi con toda certeza corría el verano del año 1997. En una de mis pajas mentales de juventud, rebuscaba en la biblioteca de mi madre algún librito de esos cómodos y sencillos de leer para pasar la tarde. En uno de los anaqueles -ni mucho menos a la altura justa de la vista cual nefasto ejercicio de marketing-, al lado de algún otro título de la misma colección, de cuyo nombre no quiero acordarme, y en una cuidada edición de tapa dura azul oscurísimo leo: Santuario, grabado con hermosas letras doradas, y justo debajo el autor: W. Faulkner. Supongo que, debido a que mi profesor de COU era algo "frikie", me llamó la atención el nombre por habérselo escuchado, probablemente más que de pasada, en alguna de sus clases y ni corto ni perezoso me dispuse a pasar mi "agradable" tarde de lectura. Sólo quien haya leído a Faulkner será capaz de comprender la ardua empresa que estaba apunto de acometer -y se estará tronchando de la risa-.
Yo no me reí, las pasé "putas", tanto por el capullo de Popeye como porque a veces ni me enteraba de que habían matado a alguien y me veía obligado a retomar mi lectura páginas atrás mientras me preguntaba por qué me sentía tan inútil. Fueron más de una tarde, como podéis comprender, pero cuando terminé mi vida ya no era igual, y no lo ha sido hasta ahora. Desde ese bendito día, Faulkner -por mucho que renegara hasta el fin de sus días de esta obra que tan sólo escribió "para ganar algo de dinero"- ha condicionado toda mi manera de entender la literatura posterior, incluso para lo malo y lo peor, pues su estilo me ha hecho apreciar como vacuas muchas obras que en realidad no lo son (mea culpa).
Habría que haber leído Santuario antes de que Faulkner decidiera modificarla para no sentirse tan mal... Lo mismo era para cortarse las venas.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 8