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LOS RESTOS DEL DÍA

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Autor: KAZUO ISHIGURO
Título original: The Remains of the Day
ISBN/ASIN: 9788433914293
Género: Literatura contemporánea
Editorial: ANAGRAMA
Fecha de publicación: 1989
Fecha de edición: 2001
Número de páginas: 256

Sinopsis:
Inglaterra, julio de 1956. Stevens, el narrador, durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años, y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo, por primera vez en su vida, hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su país, y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones. Y Stevens, en el antiguo, lento y señorial auto de sus patrones, cruzará durante días Inglaterra rumbo a Weymouth, donde vive la señora Benn, antigua ama de llaves de Darlington Hall. Y jornada a jornada, Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás.

 
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NO ME LO CREO
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A veces me pasa, debe existir algún tipo de cortocircuito en mi cabeza, la mayoría del tiempo sin trascendencia (o eso creo), que de vez en cuando se hace notar arrojándome a esa zona marginal que hay en todo grupo que admira y babea ante esa chica cuya perfección a mí me parece de una simpleza tal que aborta inmediatamente cualquier posible amago de levantamiento… del ánimo.

Esto me pasa con esta novela. Visto el enorme éxito del libro, tanto de público como de crítica (fue incluso Premio Booker), no es extraño que me sienta un bicho raro… aunque tampoco es que eso me moleste mucho, esa es la verdad.

El caso es que yo encontré en este libro las mismas virtudes y los mismos defectos que ya encontré en Nunca me abandones (nominada al Booker), de la que en cierta medida esta obra es complementaria. Si en aquella novela se trataba de la vida por delante, de las ganas de manejar tu propio destino y de la necesidad de esperanza, por muy débil que esta sea, a la que agarrarse como a un clavo ardiendo, en esta nos encontramos al final del recorrido, en esa etapa en la que uno no puede evitar mirar atrás y hacer un balance por muy desastrosos que sean los resultados contables.

Y en este sentido, no se puede decir que Isighuro no elija temas interesantes y que no los enmarque en contextos atractivos y que su estilo, el ritmo, no sea el ajustado a la obra y esté perfectamente elaborado. Nada de eso se puede negar. Como tampoco se puede soslayar su claro afán moralizante, la obviedad del juego que nos plantea en cada ocasión, y la inhumanidad que caracteriza a sus personajes, lo que en este caso es aún más grave ya que Stevens, el mayordomo protagonista, es un personaje que fagocita la novela, y que, como esos reos que eligen defenderse a sí mismos, la caga estrepitosamente como narrador dejando muy claro el error que cometió el autor al elegir esta forma de narración.

Y es que la narración en primera persona tiene sus reglas, y no siempre es fácil atenerse a ellas. Este mayordomo, que será un hacha a la hora de planificar las tareas de una casa, que será insuperable a la hora de elegir al personal adecuado para realizarlas, es de una estulticia supina a la hora de elegir las anécdotas con las que escenificar los hechos que supuestamente deben exonerar a su amado amo de las acusaciones maledicentes y, por tanto, dar un sentido a su vida en la forma en la que él la concebía. El personaje, que es el centro de la novela, la base de su moraleja, además de inverosímil por su inhumanidad, es incomprensible por la torpeza con la que elabora su discurso, por la simpleza de la traición a sí mismo, por lo transparente del truco. Todo el intento del autor, de Isighuro no de Stevens, de describirnos al personaje por debajo de lo que el autor, Stevens no Isighuro, nos cuenta es tan artificioso como artificial es el propio personaje del mayordomo-robot. No me lo creo.

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 6