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POR LA PARTE DE SWANN (EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO #1)

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Portada de POR LA PARTE DE SWANN (EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO #1)

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Autor: MARCEL PROUST
Título original: Du côté de chez Swann
ISBN/ASIN: 9788426412904
Género: Literatura contemporánea
Editorial: LUMEN
Fecha de publicación: 1913
Fecha de edición: 2000
Número de páginas: 520
Saga: EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO (1)

Sinopsis:
Novela autobiográfica, basada en la idea bergsoniana de la persistencia del pasado en el fondo de la memoria subconsciente. En busca del tiempo perdido de Marcel Proust es una de las más geniales creaciones literarias del siglo XX. Verdadera suma novelesca de la sociedad francesa anterior a la primera guerra mundial, el propósito en que se inspira es preservar de la desaparición y el olvido las experiencias y recuerdos del pasado, aniquilados por el tiempo pero conservados en el fondo de la memoria insconsciente del Narrador. Proust, en efecto, vive obsesionado por la huida irreparable del tiempo, por su implacable efecto destructor sobre las personas y las cosas. Sabe muy bien que el tiempo destruye a los seres, los transforma, degrada y aniquila y ha observado que cambia a las personas que conocimos y los lugares donde hemos vivido, como nos cambia a nosotros mismos. Por eso, ante una existencia a sus ojos sin esperanzas de futuro e irremisiblemente condenada, siente el desesperado anhelo de recuperar ese tiempo perdido, resucitar los momentos de felicidad que vivió en el pasado y revivirlos nuevamente en el presente a través del recuerdo. Para Proust no hay más felicidad que la del recuerdo, el único capaz de hacernos revivir el pasado en que fuimos dichosos, pues, como afirma en una frase famosa, los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos. En ese sentido, Proust ha sido el primero que ha visto en el recuerdo del pasado y en su salvación a través del arte el único modo verdadero de poseer la vida.

 
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¿CON QUÉ HARÁN ESAS MAGDALENAS?
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‘El estilo -dice Jean Luc Godard- es el exterior del contenido, y el contenido es el interior del estilo. Estilo y contenido no pueden ir por separado.’ Esto es aplicable, no solo al libro de Proust, sino a cualquier obra de arte, y hasta al pensamiento humano. No podemos pensar sin hablar. Para pensar, necesitamos expresar ese pensamiento con palabras, aunque sea dentro de nuestro cerebro, y no podemos separar el pensamiento de las palabras que lo expresan. Con el recuerdo ocurre algo parecido, no podemos aislarlo, no podemos separarlo de las sensaciones que nos lo evocan, y que a la vez constituyen la base de dicho recuerdo. No obstante, tampoco podemos experimentarlas de nuevo. Por eso recordar es echar de menos. Porque no podemos percibir a través de los sentidos aquello que tenemos en mente. De este modo, de manera inconsciente, otorgamos cierto poder simbólico a determinados sonidos, sabores, olores, palabras, sensaciones, que puedan acercarnos a ese recuerdo añorado, que nos permitan revivirlo, aunque sea solo en parte. Acabamos por depositar ese recuerdo en una frase musical, en el sabor de una magdalena, en el olor de unas flores de espino… y entonces el recuerdo parece correspondernos y se nos presenta de forma más real, vívida y satisfactoria, al percibirlo bajo la forma de estos símbolos, supliendo en cierto modo su inmaterialidad, porque nada que podamos percibir a través de los sentidos nos parece del todo inmaterial. Y entonces el recuerdo queda por siempre ligado en nuestra mente a dichas sensaciones que nos lo evocan y acercan. Me refiero, fundamentalmente, al episodio de la magdalena y la taza de té. Antes de esto, el narrador ya empieza a recordar, a relatarnos ciertas cosas relativas a su infancia en Combray, pero no es hasta que tropieza casualmente con ese recuerdo, materializado en magdalena y té, que le llega en forma de olores y sabores, cuando se sumerge en una especie de éxtasis de la memoria, y así como estas sensaciones llaman a un determinado recuerdo, este recuerdo llama a otro recuerdo, del mismo modo que, en los primeros tiempos del amor “un beso llama a otro beso”, en palabras del propio Proust, entrelazándose, en una cadena o sucesión inevitable de recuerdos que, contando con la complicidad de su memoria, que gusta de recrearse en los tiempos pasados, no tiene fin y le transporta a otros lugares y épocas que, incluso antes del episodio de la magdalena, estaban siempre presentes, de una forma inconsciente pero decisiva y trascendente, en el fondo de su memoria.

“Por el camino de Swann” se compone de tres partes: “Combray”, “Unos amores de Swann” y “Nombres de tierras: El nombre”. La primera parte, sin una trama definida, narra las vivencias del narrador durante las vacaciones de su infancia en Combray, desde sus angustias nocturnas en espera de que su madre subiera a darle un beso de buenas noches hasta su primer encuentro con Gilberta, la hija de Swann, que ejercería inmediatamente una gran fascinación sobre él, al igual que la duquesa de Guermantes y los libros de Bergotte.

La segunda parte, que leí por separado antes de decidirme a buscar el tiempo, y que me sirvió de introducción a la obra de Proust, narra las vivencias amorosas de Swann en París antes del nacimiento del narrador, con una “cocotte” llamada Odette de Crècy. Esta es, sin despreciar la gran calidad de las otras dos partes, mi favorita. En las tres Proust hace gala de una prosa especial y preciosa, de las mejores que yo haya leído, pero es en “Unos amores de Swann” donde desarrolla en su máxima expresión su habilidad para el análisis de las relaciones humanas, de las distintas personalidades del “cogollito” de los Verdurin, de los sentimientos del protagonista y de las distintas fases del amor, del que Swann acaba por convertirse en víctima. A mí, personalmente, me fascina el personaje de Odette. Ella juega con Swann, le miente, le es infiel, pero no de una modo en que podamos considerarla “la mala”. Me recordó al personaje de Catherine, de la película de Truffaut “Jules et Jim”. A mi entender, Catherine no tiene intención de hacer daño a nadie, a ella le gustaría poder ser ella misma en todo su esplendor, desarrollar su individualidad de un modo completo y radical, sin que esto supusiera un mal para aquellos que quiere. Pero esto es imposible, y por ello se contenta simplemente con ser ella misma, tomando de cada cual aquello que necesita para su ideal perfecto de amor, renunciando a sentirse culpable por el daño que pueda causar. Hay una frase en esa misma película que quedó grabada en mi memoria: “¡Qué hermoso es intentar descubrir de nuevo las leyes humanas, pero qué práctico tiene que ser poder conformarse con las ya existentes! Hemos jugado con los principios de la vida y hemos perdido”.

En la tercera parte, “Nombres de tierras: El nombre”, el narrador comienza por describir la fascinación que ejercen sobre él ciertas ciudades, que el imagina e idealiza de un modo determinado, sin haberlas visto, tan solo por su nombre, por las descripciones que él ha leído de ellas y por ciertas obras de arte. También narra sus juegos con Gilberta Swann en los Campos Elíseos, y como su amor por ella lo lleva a idealizarla, no solo a Gilberta sino también al propio Swann, a su esposa, a las gentes con las que se tratan, a los lugares por los que pasean y en general a todo su mundo, que él cree especial y aparte de todos los demás mundos. El libro termina con la decepción del narrador, porque esos lugares ya no son los mismos, han cambiado, y lo que percibe de ellos a través de los sentidos no se corresponde con sus recuerdos.

PD: De “Unos amores de Swann” me impresionó muchísimo la forma en que Proust describe la música, sin utilizar tecnicismos -yo soy estudiante de piano- sino utilizando comparaciones con procesos mecánicos y a través de las sensaciones que le transmite dicha melodía. Quizás la música sea lo más difícil de describir, porque aunque la vemos como algo inmaterial podemos percibirla por los sentidos. Las muchas descripciones de la frasecita de Vinteuil, símbolo de los amores entre Odette y Swann, que a la vez los advierte de su fugacidad y se convierte en cronista de su deterioro me parecieron de una genialidad tan solo comparable a ciertas descripciones de Edgar Allan Poe.

Es mi libro favorito, me sorprende que tenga tan pocos votos. Por cierto, “hacer catleyas” es la forma más elegante que yo he oído de decir…

Escrito por _926_ hace mas de un año, Su votacion: No ha votado

ME DEJÓ MARAVILLADA
3.8 con 5 votos

He de reconocer, que el principio del libro me resultó bastante denso, llevaba demasiado tiempo haciendo lecturas más ligeras, y me resultó un poco difícil digerir el análisis introspectivo que realiza el autor a sus personajes. La sensación más curiosa ha sido descubrir una especie de segundo libro, dentro del propio libro, y me refiero al capítulo dos, titulado: ?Unos amores de Swann? Me ha maravillado esta apasionante historia de amor, desamor, engaño, desengaño, celos... y sobre todo, la forma que utiliza Proust de poner a prueba los sentimientos y de analizar los estados de ánimo y las reacciones de los personajes. Más que una mera lectura, yo diría que es una invitación al análisis y de esta forma a evocar nuestra propia percepción. Es de los pocos libros, que me gustaría volver a leer, porque sé que descubriría cosas nuevas que he pasado por alto.

Escrito por Dreamy hace mas de un año, Su votacion: 10