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MENDEL EL DE LOS LIBROS

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Portada de MENDEL EL DE LOS LIBROS

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Autor: STEFAN ZWEIG
Título original: Buchmendel
ISBN/ASIN: 9788496834903
Género: Literatura contemporánea
Editorial: ACANTILADO
Fecha de publicación: 1929
Fecha de edición: 2009
Número de páginas: 64

Sinopsis:
Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX.

 
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EL INEXORABLE REVERSO DE TODA EXISTENCIA
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Deseando ser creyentes transmisores de buenas noticias podríamos admitir que Zweig fue un hombre justo, en el sentido más espiritual y metafísico del que me hago cargo y que el propio escritor, judío por 'accidente de nacimiento' que diría él, entendería con plácida cordura: un ser coherente, responsable, digno y atrevido hasta no poder más. Probablemente no pudo cuando, harto de desesperanza frente a esa oleada del nazismo que consideró imposible de extirpar, acabó quitándose la vida al lado de su esposa en plena II Guerra Mundial.

Tal vez por eso, cuanto más avanzaba en la lectura de 'Mendel, el de los libros' me sentía menos capaz de sacarme de la cabeza a su coetáneo Bertolt Brecht, otro hombre justo, también dolorido por el horrible realismo que rezumaba en cada esquina de su país. Exiliado de Alemania Brecht, autoexiliado de Austria Zweig, tan críticos y moscas cojoneras frente al autoritarismo y la intolerancia que sus obras comparten el gozoso privilegio de haber sido prohibidas por el nacionalsocialismo. Más aún a raíz de Mendel, de su inocencia interrumpida, de los nazis, del Imperio austro-húngaro o la madre que los trajo a todos, transcribo el texto atribuido a Brecht, y que cobra más sentido si cabe en boca de su verdadero autor, un pastor luterano de nombre irrecordable que lo soltó en un sermón haciéndonos ver que “el silencio de los buenos es lo peor de la gente mala”, si parafraseamos a Gandhi:
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi, no había nadie más que pudiera protestar.»

Mendel, el viejo judío de memoria que tiende a infinito, fue uno de esos a los que se llevaron y la peña no hizo nada, digamos que justamente disculpada y perdonada por esa tan cruel como realista ética de situación. Porque si bien es cierto que 'Mendel, el de los libros' es básicamente un comprometido alegato contra lo absurdo de las ideas posbélicas defendidas a ultranza so pena de campos de exterminio, no es menos verdad que golpea profusamente a quien se hace cómplice de la injusticia hacia el débil y el inocente, provenga esta del miedo a alzar la voz (la buena señora Sporschil) o de la desvergüenza de aprovechar la caída de la víctima y la victoria de sus verdugos para sacar tajada (el deshonroso señor Gurtner).

El estilo natural y directo de Zweig, su prosa austera y exenta de artificios (cuánto me recuerda también a otra desangrada literata: Irène Némirovsky, ejecutada en Auschwitz justo el mismo año en que perdíamos al austríaco) es una justa medida para una historia justa, aunque en algún párrafo le pierda descaradamente su necesidad imperiosa de exponer principios como si fuera necesario explicar el sinsentido y se acabe revertiendo lo duro en panfletario. Mas no me importa, porque a imagen del narrador afectuoso que recuerda al hombre extraordinario que fue Mendel cuyo 'hogar' y vida sencilla fueron destrozados por el despropósito, me acojo a lo que debería saber: “que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido”. Particularmente, me resisto a olvidar a Mendel, pasando por encima de esas debilidades que alejan a la obra del virtuosismo, tan sólo desde la elegante simplicidad de sus 57 páginas. Poco más.

Si hemos de sobrevivir a nuestro propio suicidio, a la vacuidad de la desesperanza, si decidimos saber a qué atenernos en la lucha que, queramos o no, estamos obligados a batir de parte de uno de los bandos, he de terminar casi como empecé, con Brecht, esta vez de verdad, sin atribuciones: "No te regocijes en su derrota, tú, hombre. Porque aunque el mundo se levante y detenga a los bastardos, la madre que les dio a luz está de nuevo en celo".

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 7

MENDEL EL DE LOS LIBROS
4.33 con 3 votos

El protagonista de esta historia es Jakob Mendel, Mendel el de los libros, un hombre respetuoso e introvertido, un excéntrico librero. Tiene por costumbre acudir al café Gluck de Viena a leer y trabajar durante prácticamente todo el día, sentado siempre en la misma mesa, tomando café y bollos, solitario, desde hace más de tres décadas.
Es un hombre tímido, experto en literatura, en el libro físico, y es respetado e idolatrado por la clientela habitual.
De hecho es uno de sus antiguos clientes el que nos narra lo sucedido.

Nos situamos en Austria, en plena Primera Guerra Mundial, sin embargo “el de los libros” no lo toma en cuenta, ya que vive ensimismado en letras. Así que cuando escribe un par de postales solicitando catálogos y las envía a Francia e Inglaterra, salta la alarma.
Las autoridades lo persiguen y cuál es su sorpresa al saber que es un inmigrante ruso, judío, sin papeles. Pero Mendel vive en la ignorancia, leyendo todo lo que cae en sus manos, inocente, devorando historias; así, todo le pilla de sopetón, llevándole a la realidad de golpe y porrazo.

Una novelita cruel, triste, pero a la vez tan cercana y tan bonita que es imposible no leerla del tirón y sentir cierta nostalgia por el protagonista. La verdad es que es uno de esos personajes literarios a los que se coge cariño de manera inmediata.

Es una historia realmente intensa, una delicia que he leído un montón de veces y recomendado otras tantas, fue el segundo libro que leí de Zweig y me enamoré en cada página, aún leyendo con un nudo en la garganta.

Para terminar, no puedo hacer más que volver a recomendarlo.

Escrito por Shorby hace mas de un año, Su votacion: 7