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MEMORIAS DE LA CASA MUERTA

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Autor: FIODOR M. DOSTOIEVSKI
Título original: Zapiski iz mertvogo doma
ISBN/ASIN: 9788499083308
Género: Biografías, Memorias
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1862
Fecha de edición: 2010
Número de páginas: 416

Sinopsis:
En 1849 Fiódor Dostoievski fue sometido a una condena de ocho años de trabajos forzados en Siberia acusado de «crímenes contra la seguridad del Estado». En 1862 aparecería en forma de libro Memorias de la casa muerta, el recuento de sus experiencias en presidio. De su sentimiento de desubicación, de la convivencia forzosa, del progresivo conocimiento de su condición y de cuanto le une o le distancia de los demás, surge este estudio «emocionado y conmovido» sobre la mentalidad carcelaria y la psicología criminal.

 
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EXPURGO
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Decía Dostoiveski aquello de que el grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a sus presos. Una vez leída la terrible crónica autobiográfica “Memorias de la casa de muerta” es obvio que para el autor de “Crimen y Castigo” la Rusia zarista de mediados del siglo XIX se asemejaba más a una selva que a un estado civilizado.

En 1849 existía en San Petersburgo el conocido grupo liberal llamado Círculo Petrashevski, de discusión filosófica y literaria, el cual -en virtud del habitual temor de los que ostentan el poder a perderlo y habida cuenta de que la mayor parte de sus militantes se oponían al régimen y a la servidumbre- clausurara a golpe de maza el zar Nicolás I encarcelando y condenando a fusilamiento a todos sus miembros. El joven Dostoievski era uno de ellos, pero momentos antes de ser ejecutado la pena le fue conmutada por cinco años de trabajos forzados en Siberia y otros cinco -de los que se librara en parte debido a su epilepsia- de servicio en el ejército ruso.

Varios años después de esta terrible experiencia y antes de convertirse en un genio ineludible Dostoievski recrea sus vivencias (o moriencias, más bien, de existir tal sustantivo) e inaugura, de paso, el género de biografías de prisión que se haría tristemente célebre a lo largo de todo el siglo XX. Tan cruda presenta la historia que, a fin de sortear la probable censura, el escritor se vio en la necesidad de recrear la obra a partir del falso hallazgo de un manuscrito del también falso conde Aleksandr Petróvich Goryánchikov en el que éste, en primera persona, refleja sin renuencias las lindezas llevadas a efecto contra su persona durante su estancia en una cárcel de Siberia.

Dostoievski, tal vez necesitado más de un inicial expurgo, muestra en un principio aquellos sentimientos de angustia que le suponen la imposibilidad de soledad y la convivencia forzosa, así como la necesidad autoimpuesta, con el único y sacro objetivo de sobrevivir, de hallar fórmulas mágicas que no anulen la esperanza -un tema recurrente en todos y cada uno de los personajes que van formando parte de la muerte en vida del tal Goryánchikov- dentro de una microsociedad de crueldad asumida, de violencia acostumbrada.

Con un estilo sobrio y directo, que irremediablemente tiene resonancia en el Primo Levi de “Si esto es un hombre”, el cual se limita a describir meramente los hechos tal y como sucedieron, Dostoievski regala al lector con la misma sequedad una colección de situaciones escalofriantes e inauditas que sirven de reflexión acerca de la progresiva degradación del ser humano llevado a efecto desde la estulta necesidad de sepultar su dignidad bajo el peso de unos grilletes inútiles en medio de una prisión en medio de un desierto de temperaturas extremas, hasta la permitida venta de condena de ricos a pobres a cambio de varios rublos. Hasta el verdugo está bien visto y acepta/pide propinas para ser más benévolo a la hora de endilgar al recluso los preceptivos latigazos o para matarlo sacándole la piel a tiras.

Y lo tragicómico, que le costó entender al noble y que de idéntica manera mostrara casi un siglo después Jean Renoir en su magnífica “La gran ilusión”: entre rejas de igual el delito que hayas cometido, seas asesino, ladrón, revolucionario o ácrata, seas turco, ruso, de derechas o izquierdas... lo que otorga realmente un carácter peculiar y crea distancia con el preso común aun sin sentirte por ello juzgado es la clase social, el que puedas comer el pan a deshoras mientras otro se muere de hambre.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 8