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LAS OLAS

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Portada de LAS OLAS

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Autor: VIRGINIA WOOLF
Título original: The Waves
ISBN/ASIN: 9788426414106
Género: Literatura contemporánea
Editorial: LUMEN
Fecha de publicación: 1931
Fecha de edición: 2010
Número de páginas: 304

Sinopsis:
Desde 1931, año de su publicación, Las olas ha sido considerada una de las obras capitales del siglo XX, tanto por la original belleza su prosa como por la perfección de su revolucionaria técnica narrativa, y con el paso de los años su influencia sobre la literatura contemporánea ha ido acrecentándose. La novela desarrolla, al compás del batir de las olas en la playa, seis monólogos interiores, a veces discrepantes, aislados, otras veces casi en coloquio concordante, en los que se formulan, desde su infancia hasta sus últimos años, seis vidas múltiples y dispares.

 
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LA BESTIA ENCADENADA EN LA PLAYA PISOTEA INCESANTE
5 con 3 votos

Hay quien defiende que el tiempo es pulsátil, un rítmico oleaje de cuántos, información, avanzando a través de todo sobre lo que se pueda avanzar, permitiéndole que cambie, obligándole a cambiar.

Como cuando actualizamos la página. Refresh.

A través de seis personajes que son seis facetes de un único narrador, el paso del tiempo, se consigue esta impresión de existencialismo mareomotriz, de información dada en bandazos, de, por momentos, duda ante la continuidad de la experiencia a favor de una percepción segmentada, escalar.

El principio del libro, la aparición de la conciencia en tres niñas y tres niños, su búsqueda de una conciencia desde los infantiles juegos en los bosques de Elvedon hasta los últimos días en sus elitistas escuelas británicas, es espectacular. La reflexión alrededor de cómo se forja la identidad individual y cómo, a la vez, aunque parezca opuesto o paradójico, también la identidad grupal, en éste caso a través de la amistad propiciada por una infancia en común.

Frases largas llenas de información, muy modernistas, muy Faulkner, ya no tan Rubén Darío, aún no tan Thomas Bernhard, románticas todavía, poéticas sin ser por ello obtusas (opina alguien que por lo general está de acuerdo con eso de que la poesía es “refugio de vagos y maleantes”, que dicen por ahí).

Lástima que el libro se hunde y se hunde porque aunque se disfrace de la historia de seis vidas no es más que una reflexión en torno al narrar, al cómo nos contamos cómo es el mundo a través de seis personajes relativamente arquetípicos. VW muestra una misma imagen, la del ser humano en búsqueda de su yo, a través de seis colores diferentes y eso es interesante y ella lo hace de forma hermosa, pero nada más.

En Las olas no pasa nada y eso hace que las últimas 80 páginas más o menos, se hagan muy cuesta arriba para el lector. Los personajes no cambian, en un momento dado la lectura no añade nada nuevo y la misma VW se ve obligada a terminar el libro que tan coralmente había iniciado (una oración por personaje las dos primeras páginas, para intimidar al lector convencional) con un monólogo simplón (por lo repetitivo) a lo Segismundo en La vida es sueño.

Agradecer por último a Guille, que con su reseña de La Sra Dalloway me animó a acercarme por primera vez a la obra de VW.

Escrito por Volsung hace mas de un año, Su votacion: 6

¿QUIEN MATÓ A VIRGINIA WOLF?
4.8 con 5 votos

Primero fue LA SEñORA DALLOWAY (1925), después vino ORLANDO (1928) y por último me llega LAS OLAS (1931), parecido, pero no igual que LAS HORAS (1999), novela del escritor norteamericano Michael Cunningham. Como se puede ver, el orden coincide con el cronológico de publicación de estas obras. Interesante novela LA SEñORA DALLOWAY, historia confusa ORLANDO y ¿qué decir de LAS OLAS?, bueno pues ese es el objeto de esta reseña, tratar de informar al lector en potencia, sobre lo que se le viene encima con ésta peculiar novela de Virginia Woolf,

Y no es labor fácil, por que son muchas las sensaciones captadas, casi todas indefinibles, imprecisas, y contradictorias. Desde luego, es de esas lecturas singulares cuya recomendación ha de ir acompañada de claros avisos a navegantes. Con ellos, ningún marino que navegue por las procelosas aguas virginianas podrá decir que con estas olas se ha mareado y no estaba advertido.

La avanzadilla literaria anglosajona de las primeras décadas del siglo XX no crea precisamente productos para masas, sino sólo para minorías exquisitas. Además en esta época, pasada ya la avalancha del realismo de fin del XIX, la poesía como género vuelve a tomar una relevancia notoria al adaptarse bien a las tendencias estilísticas del modernismo y de otros “ismos” del momento. Esto, puede apreciarse en LAS OLAS; un detenido vistazo a las páginas del libro, aún sin haberlo empezado, nos revela la ausencia total de trama. La prosa que se atisba tiene un componente poético muy importante y se basa en el análisis contemplativo o la divagación mucho más que en el relato coherente de unos hechos. A excepción de la rima, que no aparece, en algunas partes del libro estaríamos hablando de poesía en toda regla. Esto no favorece tampoco su difusión; la poesía también es un género minoritario.

Conocer cual es la esencia del narrador nos dará pistas. No hay un uno, hay seis distintos, seis personajes de los siete que contiene la novela, y aún así no funcionan como el clásico narrador que cuenta una historia en primera persona. Aquí se utiliza el presente simple inglés, con el cual se describen acciones que están ocurriendo pero sin precisar demasiado; algo así como si asistiésemos a un encuentro deportivo televisado en el que los locutores narrasen de forma muy sencilla, como si estuviesen atontados, expresándose en ese tono quedo, propio del que lee algo que tiene muy interiorizado. En cualquier caso, tampoco el papel del narrador tiene la importancia normal. Hay muy poco que narrar, al menos sí nos referimos a narración convencional. Más bien habría que decir que expresan lo que están sintiendo, las reflexiones instantáneas de sus mentes en el instante. Si acaso, trasladan al lector una retahíla de acciones simples y más bien mecánicas que se suceden en mitad de sus pensamientos.

Conviene estructurar la novela para saber de que se compone. Hay una primera fragmentación fundamental en secciones temporales, que arranca de su primera juventud y discurre por etapas hacia el final de sus vidas. En cada una de estas secciones va cambiando su discurso pasando paulatinamente de la infancia a la juventud, luego a la madurez, y por fin a la senectud, pero en todas las etapas, con el denominador común de una mirada serena y un tanto pasmada sobre las cosas. Esa mirada es compleja, y puede contener inquietud, perplejidad, pesadumbre, estupefacción, todo el tiempo con la curiosidad de preguntarse como serían las cosas sí la presencia de su propio yo perturbador, no existiese. Pero, ésta es una estructura temporal, existe otra. Hablo de una subdivisión entre fases del libro (más bien en su primera parte) dominadas por una actitud esteticista que llamaría abstracta, y otras partes del libro (más, cuanto más avanzado el libro) volcadas más en actitudes psicológicas que llamaría figurativas. Uso este lenguaje (abstracto o figurativo) habitual del análisis plástico, con la esperanza de poder explicar más claramente los conceptos a que me refiero.

Cuando digo abstracto, estoy pensando en esas fases en las que los pensamientos de los personajes se encierran en si mismos y se centran en imaginar cualquier cosa que tengan delante de su vista o de su imaginación: unas hojas caídas, una silla, las estrellas en la noche, un libro, lo que sea; analizando como son interiorizadas por sus mentes, adoptando una mirada que varía entre insólita, filosófica, intimista siempre, y saltando de una materia a otra sin solución de continuidad. Es decir, la mente se abandona a las ideas interiores, que afloran y se precipitan sin intervención consciente de la voluntad. Es obvio, que es la sensibilidad la que en esa situación está trabajando, creando frases inconexas, cortas normalmente, en las que lo poético fluye sin obstáculos, prevaleciendo lo sensorial: luces, colores, sonidos, tacto, sobre el ausente sentido de casi todo lo que se dice. Por eso, lo de abstracto, la forma distorsionada, el color desvirtuado, el sentimiento que de ello surge, es lo importante; nada cuenta el significado racional de lo que se dice. Es el triunfo de la abstracción y de la sensibilidad.

La otra subdivisión atañe a lo figurativo, aquí se abandona esa actitud de dejarse llevar por la estética y por la contemplación y se pasa a lo consciente, es decir, cuentan cosas que les suceden, opinan sobre el mundo que les rodea desde una óptica un poco más activa, menos contemplativa, analizando como el entorno les condiciona y ellos lo condicionan a su vez. Esta fase entendida como figurativa por ser más descriptiva y menos divagadora tiene formalmente otra mecánica distinta. Aquí, los personajes se van reuniendo en distintas fases de sus vidas y van expresando su forma de ver el mundo según varía su edad. Al igual que en un cuadro figurativo el espectador identifica formas y al hacerlo se las cree, aquí identifica mensajes cargados de contenido. No obstante, ha de interpretarlos, no es tan figurativo como para que el simple enunciado sea suficiente, ha de identificarlos para creérselos. Y no es fácil, a veces cuesta mucho ligar lo que se está leyendo con lo que se leyó la página anterior o lo que se leerá la siguiente, y esto en el caso de que exista tal ligazón. Por que si algo se puede decir de manera inequívoca, es que LAS OLAS no tiene trama ni argumento definido. Existe, a lo más, un levísimo hilo que va conectando unas partes con otras de manera casi imperceptible. Por esa razón decía antes que uno o seis narradores, en el fondo da igual, al no haber un desarrollo argumental. Lo que sí hay son puntos de vista, reflexiones, ensoñaciones que según avanza la novela se van haciendo quizá más claras y explícitas, aunque manteniendo siempre el mismo carácter de monologo de sus mentes. Así que la actitud, un tanto apática de los personajes lo que hace es ir empujando el relato hacia el final. Hacia esa parte del libro en que las manías permanentes de su autora, implícitas siempre, parecen conducir sus vidas hacia un final que se sospecha autodestructivo.

Algo así es el libro, descrito de manera más o menos distante y fría. No creo, que con estos antecedentes nadie se llame a engaño, es un libro que no esconde nada. El que crea que de aquí va a sacar cosas positivas es muy posible que las saque. El que lo dude, que cancele su titubeo sin más; no debería ni intentarlo. No es un libro muy largo, pero 230 páginas de “no historia”, se pueden hacer muy largas.

Lo que viene ahora es, ahora sí, el relato de mi reacción al leer el libro. Mi impresión personal es compleja, realmente dudo sí lo debería haber empezado, pero alguien me lo recomendó, empiezo a pensar que, a sabiendas de que no me gustaría. Pero, aún no he dicho que no me haya gustado. El caso es que la parte que he definido como abstracta en la reseña, me pareció fantástica, el nivel de excelencia estética de esa parte del libro es muy bueno y uno puede permitirse el lujo de leer y soñar y entrar en un cosmos particular en el que dejarse ir, al ritmo de las palabras de la autora y de la música de Eric Satie, que yo recomiendo encarecidamente para este menester. Ahora bien, paradójicamente al contrario de lo que sería lógico, cada vez que pasamos al terreno figurativo y se nos empiezan a contar los abstrusos e indescifrables pensamientos de estas personas, la cosa empeora. No me importa mucho si la puerta del restaurante se abre veinte veces y esto les incomoda por no saber quien aparecerá la vez número veintiuno, o cosas por el estilo en las cuales el aspecto formalista de su prosa cede el protagonismo al psicológico. En estas fases de predominio del mundo de las ideas, con frecuencia se me iba la cabeza a otra cosa, y me aburría. Me aburría bastante hasta que tras algunas páginas de tedio retomaba de nuevo algún posible foco de interés y vuelta a empezar. Realmente, el texto en esas fases en que se juntan en una mesa de restaurante, se convierte en una especulación sobre lo que es su vida y lo que podría haber sido; todo ello sazonado con infinidad de reflexiones sobre el mundo que les rodea. Este discurso contiene una carga psicológica constante, las frases están llenas de matices y de ideas que hacen meditar y que pueden gustar… o no. Por que es muy difícil leer páginas y páginas de un discurso tan denso y seguir captando y degustando frases brillantes, la mente se agota y en ese punto dejas de percibir nada, es algo así como cuando intentas seguir una conversación en un idioma que no dominas, estás un buen rato captando y esforzándote… pero al cabo, inevitablemente te relajas, bajas el nivel de atención y ahí se acabo todo, dejas de entender. Pues esto es igual, el nivel de esfuerzo que requiere su lectura es alto, para al cabo de un rato, mirar atrás y pensar ¿que es lo que leo, sí no lo retengo, sí no soy capaz de resumirlo? Y caes en la tentación de abandonar el esfuerzo y leer rápido sin casi prestar atención, hasta que unas páginas más allá descubres nuevos motivo de interés y vuelves a lo mismo.

El saldo final es irregular, me parece haber leído dos libros distintos, uno de poesía muy interesante y sugerente, de estética agraciada aun sin un relato reconocible y otro de prosa menos bello, de contenido espeso, enfoque psicológico y aburrido a ratos. En la cabeza de esta mujer bullían las ideas como burbujas en un puchero hirviendo y su objetivo debía ser llevarlo todo al papel sin ceñirse demasiado a corsés narrativos previos, ¿estaremos leyendo una novela o acaso, será esto otra cosa? Se convierte así su lectura en una tarea cautivadora, pero a la vez tremendamente enrevesada. Queda también un bagaje didáctico destacable por cuanto su lectura y las numerosas notas a pie de página, permiten captar bien el ambiente de las primeras décadas del siglo XX, algo que me resulta normalmente gratificante. Un último apunte para hablar de la película LAS HORAS de Stephen Daldry, ya que me sirvió para ponerle imágenes todo el tiempo a lo que leía. Esta película está basada en el análisis de la fase final de la vida de Virginia Woolf, con el añadido de dos historias más, una en los años cincuenta y otra actual, que sirven para profundizar un poco en el mundo interior de la escritora, rememorando de alguna manera ésta novela. Un diez para Merryl Streep y Ed Harris.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 6