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LAS CAMPANAS

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Portada de LAS CAMPANAS

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Autor: CHARLES DICKENS
ISBN/ASIN: 9508980281
Género: Narrativa
Editorial: EDICIONES NUEVO SIGLO
Fecha de edición: 1996
Número de páginas: 126

Sinopsis:
"Es esta un bella fábula sobre la bondad y la pobreza, sobre las miserias y las injusticias humanas, tema caro a Dickens y que lo ha tratado a lo largo de su extensa y maravillosa obra".

Ficha creada por nikkus2008

 
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LA LECTURA COYUNTURAL
4.25 con 4 votos

Estoy seguro de que además de la capacidad, la técnica, el estilo y el encanto de los escritores, para conquistar la atención de los lectores (quiénes dan a sus obras tan múltiples y disímiles interpretaciones) hace falta, para redondear el éxito de sus obras, del alma, del corazón de cada uno de estos puesto de lleno en ellas.

Un libro no es nada sin un lector, y depende exclusivamente de cada uno de ellos que esos papeles atestados de símbolos, que separados sólo son una sucesión de puntos devenidos en líneas, se conviertan mágicamente en una fuente de pensamientos y sentimientos, muchas veces tan intensos, tan conmovedores, que hasta pueden provocar dolores físicos e importantes bajones anímicos, o alegrías desmesuradas y carcajadas en plena calle, o en un transporte lleno de gente.

Y cada lector, a su vez, experimenta a los largo de su vida, un sinfín de situaciones de diversa naturaleza. Durante estos períodos, tan dispares, y que generan lógicamente pasiones, tanto desfavorables como beneficiosas, acompañamos nuestros días (esas caprichosas divisiones del tiempo, tan inasibles, tan abstractas) con la costumbre, ya enfermiza en muchos de nosotros, de leer algunos libros, de ver películas, de escuchar música. Y dependiendo del momento, de la realidad vivida en esa porción de tiempo que nos ocupa el consumo de las hojas del libro o del film en cuestión, dependerá el juicio que se emita sobre ella. Es inherente; una cohesión inapelable.
En definitiva, juzgar una obra, siempre depende invariablemente de una opinión subjetiva, la cuál estará determinada inexorablemente por nuestro humor, y hasta con nuestra salud, más que con nuestro intelecto.

Las campanas, de Dickens, no es una obra de las más conocidas, pero no por esto es una obra menor. En la época en que leí esta pequeña novela, durante un lluvioso y gris invierno, tuve que viajar por la mañana al bario de Lanús (para quiénes no conozcan dicho barrio, resulta este un lugar bastante marginal, pobre y abandonado en muchas partes) a recoger a una chica con problemas mentales y llevarla a un colegio especial. Había que madrugar. El viaje era largo, y me daba el tiempo necesario para leer algo por el camino. Quién manejaba era mi padre.
Y todo lo dicho al principio, tiene que ver con las impresiones exteriores recibidas mientras leía el libro: la temperatura, los olores, el paisaje, la meta del viaje, etc. Todo se imbuía dentro del libro, se filtraba, se aglomeraba.
Vi, por ejemplo, un hombre que vivía bajo un puente, en compañía de su perro (nadie más fiel que un animal), todo mojado y flaco y pulgoso y lastimado, como él mismo, desvencijado, arruinado, empapado y caído, y leía luego un trozo de esta novela, tan parecida a lo que veía. En el comienzo del libro, hace frío, el viento sopla sin piedad y se filtra con ruido lúgubre por los edificios y por las iglesias; afuera, en la “vida real” el viento soplaba y se filtraba por las puertas del coche. Leía sobre pobreza, sobre la puerca desigualdad, injusta desigualdad entre los hombres, y veía, al levantar la cabeza del libro, un auto genial, con un conductor escondido detrás de los vidrios polarizados de su coche, dulcemente calefaccionado (el mío no tenía o estaba rota, hacía un frío de los mil demonios) y confortable; minutos antes, ese despojo humano y su pobre perro pasado por agua, tenían destino de dormir, muy pronto, tres metros bajo tierra.

¿Y por que digo todo esto?, porque ya lo habrán entendido, más que seguro, y lo habrán experimentado además. Un libro, no es independiente de lo que nos ocurre. No puede ser independiente de lo que sentimos, de los que vivimos. Seguramente, una comedia tendrá más efecto si la leemos en una buena época, en un momento de alegría, donde hasta lo más estúpido nos puede hacer sonreír; y lo mismo ocurre con todo. No me imagino escuchando a Liszt o a Rachmaninov o a Chopin un día en que necesite a Judas Priest o a Helloween o a Maiden. Sería una tortura. En realidad, lo he hecho. No se lo que digo.

"Las campanas" es una simple historia, maravillosamente narrada por el melancólico Dickens; es una fábula moral, con un final tan movilizador, tan bello, por lo simple (y hasta ingenuo tal vez) de su ejecución y por la profundidad solapada, por la crítica risueña aunque demoledora, realizada hacia los miserables, hacia los desalmados, hacia los egoístas, hacia los que “tienen”. Es de corta extensión, es fácil y agradable, hasta en lo desagradable del tema. Y el final, el final. El final me hace llorar siempre. Lo hizo en aquellas mañanas grises. Lo hizo hace un tiempo, mientras estaba contento. Y lo hace hoy; lo hizo hace un rato, apenas.

No he hablado de la trama de la novela; primé la pasión por sobre el argumento de la obra. Espero no haberme equivocado.

¡Ah!, Trotty, ¡como te amé!

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10