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LA CELOSÍA

7.5
2 votos
Portada de LA CELOSÍA

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Autor: ALAIN ROBBE-GRILLET
Título original: La jalouisie
ISBN/ASIN: 9788421170410
Género: Literatura contemporánea
Editorial: BARRAL EDITORES
Fecha de publicación: 1957
Fecha de edición: 1970
Número de páginas: 176

Sinopsis:
Alain Robbe-Grillet (Brest 1922) es, indiscutiblemente, la figura más significativa de la escuela francesa del Nouveau Roman. La Celosía es su tercera novela. El narrador, el marido que vigila a su mujer y que ocupa prácticamente toda la novela, es, sin embargo, un personaje que el lector jamás llega a ver, a pesar de que de él parten y terminan todos los gestos y objetos de la novela. El punto extremo al marido lo constituirá su esposa y el campo extendido entre los dos será el lugar donde Robbe-Grillet construirá un universo inmediato y circunstancial en el que también quedará atrapado el lector.

Ficha creada por Faulkneriano

 
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RELIQUIAS DEL PASADO
5 con 3 votos

Me he pensado mucho escribir una reseña sobre esta novela, tan famosa en su tiempo, porque supongo que hoy tiene pocos lectores. Ha pasado mucho agua bajo los puentes, y el experimentalismo a ultranza del nouveau roman (de Robbe-Grillet, bien conocido por los aficionados al cine, pero también de Natalie Sarraute, Michel Butor y Claude Simon, por citar solo a los más recordados) ha perdido fuelle: la narratividad lo ha inundado todo, exaltando a la trama por encima de la forma significante. Y precisamente la trama es lo que menos interesa a Robbe-Grillet and friends.

Pero vamos con La celosía, título polisémico donde los haya, uniendo los mecanismos que regulan la luz (tan importante en la novela) y el sentimiento de los celos. Lo chocante no es que esté escrita en presente (una opción estilística justificada por el transcurrir monótono de la existencia, sin cambios aparentes, de una plantación en algún lugar de los trópicos, un mundo estático poblado de objetos inmutables descritos una y otra vez) sino que el personaje central, el protagonista, no existe. O, mejor dicho, se identifica tan completamente con el narrador objetivo (una especie de cámara que registra las conversaciones y acciones de los demás pero que nunca se enfoca a si mismo) que desaparece completamente: nunca sale en la foto. Hasta pasadas varias páginas, en la primera escena, el lector no advierte que se ponen tres cubiertos a la mesa porque van a comer la mujer, el vecino y el narrador mismo, que ocupa el centro de la escena sin nombrarse nunca a sí mismo ni intervenir en nada. A este respecto, los momentos en que el narrador se queda solo en el bungalow colonial son escalofriantes: lejos de entregarse a la introspección, se limite a vagabundear por las estancias vacías, registrando con minucia los restos de la presencia de su mujer, de quien sospecha que le es infiel. Los días se suceden con la misma secuencia monótona, dando la impresión de que son siempre el mismo día, a lo que ayudan lo poco una serie de leitmotifs (la huella de un ciempiés en una columna, el comentario de una novela, el proyecto de un viaje, las ceremonias del aperitivo y de la cena, el rumor de los grillos, el sol avasallador). Solo en determinado momento el narrador imagina algo que no sabemos si será real y que no desvelo por si algún degustador de rarezas se animara a leer la novela en cuestión, corta, concisa, hipnótica... y gélida como pocas, habida cuenta de la total ausencia de empatía que el lector puede sentir por un personaje que le es escamoteado hasta hacer que repensemos la noción misma de personaje. Esta novela de la luz de los trópicos incidiendo sobre unas figuras calcinadas refugiadas en gestos repetidos, desprovistos de sentido, supuso en su día toda una novedad. Hoy puede contemplarse como un camino lateral que sale de una densa autopista: un cordel lleno de maleza, porque ya no se recorre, orillado de la corriente principal por décadas de olvido.

Es curioso que tuviera que leer la novela en una edición de Barral de la década de los 60: no encontré otra.

Escrito por Faulkneriano hace mas de un año, Su votacion: 7