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LA CARTUJA DE PARMA

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Portada de LA CARTUJA DE PARMA

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Autor: STENDHAL
Título original: La Chartreuse de Parme
ISBN/ASIN: 9788439720843
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: MONDADORI
Fecha de publicación: 1839
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 544

Sinopsis:
Aclamada unánimemente como una de las grandes novelas de todos los tiempos, La cartuja de Parma narra las aventuras del joven Fabricio del Dongo durante el apogeo de las campañas napoleónicas en Italia. Celos, amoríos e intrigas políticas recorren las páginas de esta obra magna donde se perfilan algunos de los personajes femeninos más inolvidables de la literatura. Desde su publicación en 1839, la obra maestra de Stendhal ha suscitado la incondicional admiración de escritores de todos los tiempos, desde Balzac a Philip Roth.

 
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A LA NOVELA, LO QUE ROMEO Y JULIETA AL TEATRO
4.8 con 5 votos

Acabo de finalizar la lectura de LA CARTUJA DE PARMA de Stendhal y aún me encuentro arrebatado por su catártico final y por las excelencias que me ha ido ofreciendo a lo largo de sus no pocas páginas.
Ahora entiendo la fascinación que esta obra ha ido deparando a tantos lectores, desde su alumbramiento en tan sólo dos meses de 1839. Hecho que aún hace más sorprendente su aquilatada calidad literaria, sin duda, fruto de un inspirado arrebato de genialidad, tras ocho años de sequía literaria para su autor. No obstante, en ella se palpa el profundo conocimiento de Stendhal del mundo y caracteres que describe en un excelente ejercicio combinatorio de precisión cirujana y belleza poética. LA CARTUJA DE PARMA es algo así como la explosión creadora de un genio contenido, y bendita sea esa contención a la luz de su insigne fruto.
No me extraña en absoluto, que entre otros, Honore de Balzac ( que le dedicó un estudio) la considerara la novela más importante de su tiempo, André Gide la novela francesa más grande de todos los tiempos, y que el mismísimo Tolstoi se viera influido por ella (salvando la diferencias y distancias), para bien de su aclamada GUERRA Y PAZ.
La historia de Fabricio del Dongo, su amor por y con Clelia Conti, y sus relaciones con personajes tan maravillosos e imborrables como Gina Pietranera, duquesa Sanseverina, o el Conde Mosca, rebosa frescura, fuerza, dramatismo, ironía y belleza por los cuatro costados. Una historia vibrante, repleta de hallazgos literarios, frases para la posteridad, momentos insuperables de tensión dramática, amores y desvaríos varios, personajes verosímiles pero excepcionales, son sólo algunos de sus maravillosos ingredientes.
Después de leerla me vienen a la cabeza, incluso con nostalgia, tantos momentos inenarrables (salvo para la pluma de Stendhal) como las escaramuzas del joven y atolondrado Fabricio en Waterloo o su estancia y fuga de la prisión de la ciudadela, por citar sólo algunos. También sus formidables, complejos y fascinantes personajes, con el conde Mosca y sobretodo la bella, astuta y sublime duquesa San Sanseverina a la cabeza.
En LA CARTUJA DE PARMA la acción más variada, las intrigas más elaboradas y el amor más impredecible y desbocado, se suceden prodigiosamente. Ese pequeño microcosmos que es la corte de Parma da una muestra diáfana del profundo conocimiento que tenía Stendhal de la rica y compleja condición humana, de sus acciones más elevadas… y de las más abyectas. Su elaborada escritura y su fina ironía hacen el resto.
También son muchos los momentos que dan lugar a la reflexión, incluso para el lector contemporáneo, al tiempo que le dan acceso a un sentir y vivir alejado en el pasado pero cercano como todo lo humano, pese a sus infinitas variaciones. La postura de Stendhal al respecto es clara, en unos apéndices que he leído, dice a propósito de ciertos historiadores graves y amantes de lo anecdótico: “¿Qué nos importa hoy un interdicto lanzado contra los venecianos o la historia de uno de los cien tratados de Nápoles?, mientras que se ve con interés la manera que se tenía en el siglo XVI de vengarse de un rival o de agradar a una mujer”. LA CARTUJA DE PARMA es fruto de esta actitud, una respuesta a ese interés, que se centra en lo humano y espiritual, motor al fin y al cabo de la vida, por encima de lo histórico y accidental. Aunque que nadie se lleve a engaño, la riqueza de detalles históricos, geográficos y de todo aquello que ayuda a situarse en el periodo en que se enmarca esta obra, está muy elaborado.
Uno de los aspectos que también me han fascinado, sólo entendibles en su época, es la relevancia de las juramentos religiosos y su incuestionable poder para determinar los destinos de las personas, más allá de lo inconcebible, uno diría de que de lo humano si no fuera porque son mujeres y hombres sus reos. Sorprende que el juramento, hoy tan frágil y devaluado, tuviera un poder tan ilimitado, y no porque hubieran personas externas que obligaran a su cumplimiento, si no porque su sacralización latía dentro de uno mismo. Muchos pensarán que son fantasías de un novelista, pero no estoy de acuerdo, por algo LA CARTUJA DE PARMA lejos de estar considerada una ensoñación romántica pasa por ser un ejemplo de Realismo avant la lettre.
Como única pega, si es que puede mencionarse como tal, es que cuesta al principio entrar un poco en la narración precisamente por eso, por esa descripción y necesaria instalación en la época en que se suceden los hechos. Y es que los hombres como Stendhal no entendían de fáciles concesiones comerciales, por suerte. Una vez adaptados (aquellos que os decidáis a su lectura) a lo que se os ofrece, preparaos para disfrutar de una novela emocionante y emotiva como pocas.
Por último, para concretar y encauzar mi admiración por este clásico (que en el caso de no producirse podría eternizar mi reseña), decir que me parece a la novela lo que ROMERO Y JULIETA al teatro. Y aunque pueda parecer blasfemo, sobretodo viniendo de mí, rendido admirador del genio de Stratford-upon-Avon, me parece, personalmente, preferible a la inmortal obra de los amantes de Verona.

Escrito por Hamlet hace mas de un año, Su votacion: 10

MENOS CRÍTICA Y MÁS EXPERIENCIA
4 con 5 votos

La experiencia literaria, como cualquier otra experiencia, es fruto de la relación entre objeto e individuo, en este caso el lector. Toda belleza, emoción, expresividad, magnetismo y/o impacto no es fruto de la obra en sí, sino de dicha relación.
La obra es un espejo amorfo en que el lector se proyecta desnudo y su imagen, le guste o no, le es devuelta deformada. Las luces y sombras de la situación, del momento del lector modificaran también la imagen. Cuando el reflejo es significativo y brilla lo humano y la vida, entonces la experiencia literaria es experiencia estética, maravillosa experiencia… De ahí que cada libro en cada cual en cada momento produzca una lectura única y de que “para gustos los colores”. Dadme Mishima en versión original y no será arte, serán garabatos.
El problema surge cuando en lugar de proyectarse uno mismo en la obra, en lugar de desnudarse ante ella con sinceridad, humildad, como un amante, en vez de que el libro atraiga y atrape ante sí al lector, él proyecta en la obra su propia concepción de ella, sin entregarse. Entonces todo se queda en lo superficial.
Con esta pequeña reflexión fuera de lugar, más o menos interesante, pero sin duda inútil tanto por su objeto improductivo como por no informar ni comentar nada sobre la obra en sí –quien quiera información que lea la sinopsis, el genial comentario de Hamlet o la exhaustiva introducción de Cátedra, según quiera información, justa admiración o análisis-, con ella lo que quiero es animar al futuro lector a que deje de informarse sobre “La Cartuja”, que se olvide de lo que sabe de Stendhal, de literatura, de si el autor es romántico o realista, realista romántico, real romántico, o romántico real, que olvide todo y no espere nada, y se acerca a esta magnífica obra como una virgen princesa en su noche de bodas: con respeto, miedo y amor. Solo así disfrutará como se merece “La Cartuja de Parma”, como una de las mejores novelas de la Historia.

El lector ideal no es un experto crítico literario, sino una virgen prostituta que se entrega cada noche al vicio de la lectura con la inocencia de la primera vez.

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 8