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HISTORIA DE LOS INFIERNOS

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Portada de HISTORIA DE LOS INFIERNOS

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Autor: GEORGE MINOIS
Título original: HISTOIRE DES ENFERS
ISBN/ASIN: 9788449307317
Género: Ensayo
Editorial: EDICIONES PAIDÓS IBÉRICA, S.A.
Fecha de publicación: 1991
Fecha de edición: 2005
Número de páginas: 486

Sinopsis:
El infierno es tan viejo como el mundo o, mejor dicho, como la consciencia del mal. De la epopeya sumeria de Gilgamesh al Huis Clos de Jean-Paul Sartre, el hombre no ha dejado de imaginarse cómo puede ser ese lugar aterrador, y en que consisten los sufrimientos que allí se padecen.

Héroes, poetas y visionarios han multiplicado los descensos al infierno y han traído consigo horribles descripciones que reflejan todos los fantasmas de su época: lugar de desesperada superviviencia, lugar de castigo eterno o simplemente espacio abstracto, su diversidad constituye una de las cuestiones más trascendentales y enigmáticas de la historia de la humanidad. Pero el infierno, tal como se describe en este libro, es tanto una cuestión religiosa como una invención popular, y la habilidad del autor consiste en mezclar ambos conceptos con el fin de demostrar que fue la presión del pueblo la que obligó a la Iglesia a fijar una doctrina oficial respecto al tema. De este modo, y en alucinantes imágenes narrativas, el texto hace aparecer ante nuestros ojos visiones macabras e inimaginables suplicios, para después analizar el modo en que racionalizaron todo esto los teólogos con el fin de convertir el infierno en una arma de disuasión, en la prueba de la existencia de una justicia divina e inmutable.

Etiquetas: Religión, Teología, Historia de la religión, Cristianismo, Historia del cristianismo, Islamismo Psicología, Sociología, Mitología El Infierno

Ficha creada por EKELEDUDU

 
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TERRORISMO RELIGIOSO
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Los líderes de las distintas confesiones católicas, para convertir a los no creyentes e incentivar a los fieles, podrían haber hablado del amor de Dios; a veces lo hicieron. Podrían haber impulsado la idea del combate espiritual, que mentábamos hace poco al comentar otro libro; a veces lo hicieron, y por lo general los resultados fueron nefastos, porque el concepto de desvió del sentido original. Pero de todos modos, el recurso preferido fue el más detestable y horrendo que podría haberse elegido: el Infierno. Muchos autores sostienen que todas las religiones creyeron en que, post mortem, el alma del justo era premiada y la del malvado era castigada. Craso error: al comienzo de este libro se hace precisamente un repaso de distintos Infiernos mitológicos que, en el peor de los casos, y aunque eternos, eran equiparables al letargo de los animales en hibernación, o al limbo que, durante varios siglos, los católicos aceptaron como destino final de las almas de los niños no bautizados. El Sheol judío, al que se menciona constantemente en el Antiguo Testamento, entraría en esta categoría.

Más tarde llegó Jesús, quien, sin embargo, habló poco y nada del Infierno; en todo caso, no concedió al tema, ni de lejos, la importancia que luego le concedería la Iglesia. Y es que Jesucristo, yo no lo dudo, nos quería mucho. Por lo tanto, fundamentalmente vino a hablar de amar a Dios y amar al prójimo. El Nuevo Testamento mantiene esa sobriedad de Jesús, ese laconismo a la hora de tratar del Infierno. Hay quienes suponen que esas menciones son alegóricas, hay quienes piensan que pueden estar equivocadas, hay quienes presumen que fueron alteradas por error o deliberadamente. Y es que la noción de un lugar de eternos suplicios reservado a los impíos, ni con la mejor buena voluntad del mundo es compatible con la imagen de Dios como un padre que nos ama.

Ahora bien, queda claro que los que no siempre amaron a su grey, fueron los líderes cristianos. De hecho, la forma de concebir el Infierno dice más de quien la profesa, que de la verdad tras dicha creencia; y ahí está el famoso Tertuliano, revelando una crueldad monstruosa mientras se regocija por adelantado con los sufrimientos que padecerían, según él, los pecadores. Cómo alguien pudo regodearse de manera tan abiertamente sádica, y pese a ello llamarse seguidor de Cristo, es algo que no se entiende. Y es que, en realidad, muy poco hay que comprender. Una cosa es segura: ahora Tertuliano y otros como él saben por experiencia propia si hay Infierno o no.

George Minois -de quien lamentamos que sólo otra de sus obras, HISTORIA DE LA VEJEZ: DE LA ANTIGÜEDAD AL RENACIMIENTO, haya sido traducida al castellano) nos habla en este libro de los vaivenes que a lo largo de la Historia experimentó este morboso dogma católico, compartido por otra parte con muchas otras confesiones cristianas. Se distinguirán infiernos teológicos y otros populares, autores que tenían visiones más moderadas y otros que competían en sadismo al describir los tormentos infernales. Veremos que algunos autores imaginaban el Infierno como una estancia temporal, similar, en consecuencia, a lo que luego fue el Purgatorio; que otros imaginaban que en el Infierno los réprobos gozaban de al menos un día semanal de descanso; que algunas estimaciones no muy mayoritarias teorizaban acerca de que algunos paganos y niños no bautizados se salvaban de la condenación eterna. Nos enteraremos de ciertos extremistas, que imaginaban que el sólo hecho de experimentar placer, reír o leer novelas (con lo que Sopa de Libros, me imagino, pasaría a ser algo así como un abominable antro de perversión) bastaba para ganarse el dudoso honor de arder por toda la eternidad; extrema injusticia, veremos que en algunas ocasiones se predicó a la aristocracia acerca de que el Infierno, para ellos, consistiría en poco más que una reprimenda por parte del Señor, mientras que a los demás se les aseguraba que les aguardaban torturas sin fin. También veremos cómo algunos autores pensaban que el Infierno en realidad no podía ser eterno, pero que no había que decírselo a los fieles, así éstos se portaban bien. ¿Cuándo se iba al Infierno: inmediatamente después de la muerte, o luego del Juicio Final? ¿Cuántos y quiénes serían los condenados?

En suma, el caudal de información recopilado por Minois es impresionante. Mete la pata, hay que reconocerlo, al hablar del apócrifo EVANGELIO DE NICODEMO como un libro distinto de los HECHOS DE PILATO: son uno y el mismo. Sin embargo, prolijo hasta en el yerro, lo que dice de cada una de estas obras -es decir, de la misma, aunque no lo sepa- es absolutamente exacto, y de eso puedo dar fe, por haber leído el Evangelio de Nicodemo. El repaso sigue un riguroso orden cronológico, y así podemos ver cómo iban cambiando de manera progresiva los vientos que soplaban en la Cristiandad respecto a este tema, hasta la época actual, en que sólo muy pocos profesan la tradicional creencia en el Infierno. No está de más, ya que estamos, hacer saber a esos pocos que ni vale la pena que se gasten en convencernos de su postura. Adoran a un Dios tiránico y monstruoso, aunque con absurdos pretendan hacernos creer lo contrario, y para adorar a un Dios así, mejor no adorar a ninguno... Aunque debido a ello uno vaya al Infierno. En tales circunstancias, al menos incluso allí sería mejor la compañía... En especial si el simple acto de leer nos hace acreedores a las penas eternas.

Escrito por EKELEDUDU hace mas de un año, Su votacion: 10