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GROUCHO Y YO

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Autor: GROUCHO MARX
Título original: Groucho and me
ISBN/ASIN: 9788472234888
Género: Biografías, Memorias
Editorial: TUSQUETS
Fecha de edición: 1992
Número de páginas: 300

Sinopsis:
Groucho y su yo, fundidos aquí en uno solo, escribieron, como era inevitable suponer, un libro que sólo puede escribirse como, bueno, indescriptible. También será inevitable, si el lector siente la curiosidad por saber a ciencia cierta quiénes y cómo son Groucho y el yo-de-Groucho, que compre y lea estas memorias muy particulares, porque nosotros tan sólo podremos adelantarle aquí que, aunque uno y otro sean de naturaleza profundamente similar, también son, paradójicamente, muy distintos. En tanto que Groucho, ese incómodo insumiso, entrometido, criticón e insolente mujeriego, dinamita la sociedad, siembra el absurdo y el desconcierto por doquier y no comprende cómo alguien puede pertenecer a un club del que él sea socio, el yo-de-Groucho no piensa sino en medrar y enriquecerse en esa misma sociedad que dice despreciar y se arrima a cualquiera con tal de que le introduzca en el club más selecto. Pero lo cierto es que los dos gozan por igual del don privilegiado de hacernos morir de risa.

 
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GROUCHO Y YO
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Era lunes por la tarde y tenía cita con el dentista. Como ya me sabía el cuento, consistente en una espera de al menos dos horas antes de ser atendido (siendo ésta una estimación halagüeña, pues tengo llegado a las seis y salido a las once), me dispuse a elegir el habitual librito que en esta ocasión me acompañaría a tan hermoso encuentro con el matasanos. Y no es que lo sea, de hecho es un buen profesional, y bastante económico (de ahí que siempre toque ser, nunca mejor dicho, paciente), pero sigo sin aprobar su esporádica costumbre de meterme el dedo en la boca sin guante; máxime cuando, mientras realiza esta acción, yo contemplo los lamparones amarillentos presentes en una bata que sin duda debió de conocer mejores y más blancos días.

Volviendo al libro: el único requisito indispensable, a la hora de elegir dicha lectura, es que el tamaño del ejemplar sea el adecuado como para poder ser introducido en uno de los bolsillos de mi pantalón. Y creedme cuando os digo que dicha carga adicional supone un esfuerzo personal, pues soy de esos que únicamente llevan en estos lo estrictamente necesario: llaves, tabaco y mechero y, de haberlo (cosa que raramente sucede), dinero. El sobrepeso en los bolsillos, además, creo que ha superado, como primera razón para no tener móvil, a la siempre resultona y cínica “no tengo móvil por rebeldía social y bla bla”…Eso y el hecho de ser un despistado patológico: habré donado a la calle al menos cuatro de esos cacharros. A los veintidós años cejé en mi empeño de ejercer de ONG tecnológica. Una década después sigo atentando contra la supuesta necesidad de tener que vivir con uno de estos impertinentes compañeros de viaje. Y estoy bien. Únicamente me he convertido en un inaptado social que ha perdido a todos los amigos que tenía, los cuales, por no reconocer que la culpa la tiene mi huraña falta de disponibilidad permanente (lo que equivaldría a asumir que ellos tienen amigos porque están en el mapa y no por sus méritos humanos), han llegado a decirme que la razón fundamental de no vernos es que me he vuelto un imbécil con el que ya nadie quiere estar. Psstt, valiente excusa: ¡mi imbecilidad es constatable desde que me conocieron, y eso fue mucho antes de que el no tener móvil fuera motivo de asombro o de repudio social!.

Perdón, he vuelto a perderme. Decía, resumiendo, que esta vez le tocó a "Groucho y yo".

Extirparemos definitivamente a la odontología de esta reseña, pero no quisiera hacerlo sin que sepáis, porque necesito de vuestra compasión, que éste fue el día en el que la sala de espera estuvo más concurrida (¿recordáis el famoso camarote de "Una noche en la ópera"? Bien, pues dos huevos duros más aquí y habríamos salido volando).

Retomando ya el asunto he de decir que Los Hermanos Marx siempre producen en mí una nostalgia irreprimible, de ahí que no sea imparcial a la hora de juzgarlos a ellos o, en este caso, a un libro escrito por el sin par Groucho. De todos modos, ¿quién quiere ser imparcial?.

“Aunque es del dominio público, creo que puedo anunciar que nací a una edad muy temprana". Ésta es una de esas grandes frases de Groucho que uno puede encontrarse nada más comenzar el libro y que sirven para entender, no ya la forma de narrar que ofrecerá esta particular autobiografía, sino a su persona. Su profundo sentido del humor le vale, por ejemplo, para relativizar el drama que en muchas ocasiones supone vivir (mi propia experiencia me dice que el sentido del humor es uno de los grandes mecanismos de defensa a disposición del ser humano). Tiene un modo ameno de contar cualquier cosa y lo suele hacer a través de anécdotas siempre divertidas o muy divertidas. Un recorrido que nos lleva desde sus orígenes humildes, y casi que miserables, en los que es fácil empatizar cariñosamente con él, hasta los años en los que ganaba fortunas que no dudaba en despilfarrar en Wall Street, donde comenzamos ya, al menos yo, a marcar cierta distancia inconsciente respecto de su persona.

A propósito de esto último debo confesar que éste no ha sido únicamente un libro amable. También ha supuesto la amarga humanización del héroe. Groucho, o más bien su yo, era, como no podía ser de otra forma, alguien susceptible de ser criticado ideológicamente. En este caso por comportarse en la vida real de aquel modo que él (sus hermanos y él) satirizaba en sus películas. En su descargo, y no es que pretenda excusarlo, decir que sería muy pobre de mi parte sentenciar simplemente que Groucho en el fondo era un tipo sin ningún tipo de coherencia o principios. Que cada uno saque sus conclusiones, desde luego. Yo, después de leerlo en este libro, despachándose a gusto con la moral norteamericana y con otros muchos temas que lo delatan como alguien abierto y progresista, y después de llevar viendo sus películas durante toda mi vida (a veces de modo compulsivo, en especial en mi niñez), tengo claro que Groucho merece, también en este sentido, mucho antes un aplauso que un abucheo.

Resumiendo: Un sobresaliente. Y no es ésta únicamente una nota otorgada desde el sentimentalismo, sino que lo está desde el convencimiento de haber asistido a una maravillosa radiografía, personal y social, narrada con la sencillez e inteligencia que sólo un gran escritor podría poseer.

Groucho es y seguirá siendo uno de mis más estimados personajes de todos los tiempos, y hoy he intentado rendirle tributo, con esta reseña, como seguramente él lo habría hecho: a través de la distensión de la anécdota (claro que él lo habría hecho con infinitamente más gracia que yo).

*Ningún animal, me refiero a mis amigos, ha sido maltratado en esta reseña. Estos, los pocos que las diversas circunstancias de la vida permiten ir preservando, siguen aguantando, de modo incomprensible, al que suscribe. Un afectuoso saludo para todos ellos (Delaney –nombre empleado en la novela por Groucho para referirse a alguien sin nombrarlo-, me debes diez euros).

Escrito por Atticus hace mas de un año, Su votacion: 9