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FERVOR DE BUENOS AIRES

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Portada de FERVOR DE BUENOS AIRES

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Autor: JORGE LUIS BORGES
ISBN/ASIN: 9789500427067
Género: Poesía
Editorial: EMECÉ
Fecha de edición: 1923

Sinopsis:
Escrito con algún resabio ultraísta y bajo el influjo de su regreso a Argentina tras los años vividos en Europa, este libro anticipa con nitidez la obra futura de Borges. En sus páginas ya están las metáforas clásicas, la adjetivación asombrosa, el incipiente planteo metafísico, la precisión verbal, la peculiar inflexión vacilante que esconde un remate perfecto. El tema central son los suburbios de la ciudad, el linde misterioso donde el barrio se desdibuja en el campo. Esa tensión entre lo particular y lo universal funda en nuestras letras un nuevo modo de observar la realidad cotidiana, una exquisita poética de lo inestable.

 
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EL FERVOR POR BUENOS AIRES
3 con 1 votos

Hay en este libro de versos, mucho encanto, esa cualidad fundamental que supera aun a la técnica o a la innovación. El virtuosismo vacío, en poesía, es igual que en la música: impide el pleno goce, y este es un pecado imperdonable a la hora de disfrutar un libro o una melodía. De nada me sirve a mi un poema que no puedo "sentir" o "entender", aunque esto último no impide, muchas veces, el disfrute. Alguien me podría decir que en la música uno no "comprende" los símbolos que la componen, que uno se limita a escuchar y a gozar de las notas (que misteriosamente juntas y encadenadas hacen tanto daño o dan tanta fuerza o alegría al espíritu). Muy bien, pues entonces, como digo, el mero alarde de ejecutar un instrumento con mucha rapidez no asegura el éxito. He leído algo de poesía, de épocas distintas y de distintos orígenes y culturas. A toda le encuentro su "gracia", su razón de existir; pero no tolero la arrogancia de ciertos poetas que creen que porque escriben "raro" o "difícil" están colaborando con la historia de la lietratura. Pocas son los versos que puedo rescatar de Artaud, por ejemplo. No lo "entiendo", pero esta falta de comprensión, me impide, EN ESTE CASO, disfrutar de lo escrito. Hubo casos, como cuando conocí a Charles Baudelaire, que tampoco comprendía demasiado "a que apuntaban" sus poemas: pero había algo allí, algo que se movía lenta pero pesadamente, algo que quemaba, que me hacía "agua a la boca". Y yo no sabía el porqué. Unos mese más tarde me compré "Las flores del mal" y su belleza me cegó con la luz y la velocidad de un relámpago. Su magia ya había plantado dentro de mí su inexorable semilla; y ya nunca más me abandonó.
Vuelvo a Borges. Que decir de poemas como "Las calles"; "El sur", "Un patio"; "Barrio reconquistado"; "Atardeceres"; "Campos atardecidos"; "Afterglow"; "La vuelta", Final de año" (excelente); "Carnicería", etc.

Dejo un par de "muestras gratis" para quiénes no han tenido el placer de conocerlo:

Final de año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.


Afterglow

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.


El Sur

Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de
la sombra haber mirado
esas luces dispersas
que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
-esas cosas, acaso, son el poema.

Ausencia

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.


Carnicería

Más vil que un lupanar
la carnicería rubrica como una afrenta la calle.
Sobre el dintel
una ciega cabeza de vaca
preside el aquelarre
de carne charra y mármoles finales
con la remota majestad de un ídolo.

Escrito por nikkus2008 hace mas de un año, Su votacion: 10