En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

EL VINO DEL ESTÍO

Tendencia a subir 5.25
4 votos
Portada de EL VINO DEL ESTÍO

Comprar EL VINO DEL ESTÍO en Amazon.es

Autor: RAY BRADBURY
ISBN/ASIN: 9788445070574
Género: Ficción literaria
Editorial: BOOKET
Fecha de edición: 1957
Número de páginas: 240

Sinopsis:
En tres prodigiosos meses, Douglas Spaulding observa, escucha, saborea las sorpresas rituales de un verano: el descubrimiento de la vida y la muerte, el último tranvía, la limpieza de las alfombras, la aparición de las hamacas en los porches, la cosecha del vino del estío... pero también máquinas y magias extraordinarias: la Máquina de la Felicidad que casi destruye la felicidad de su inventor; la Máquina Verde, que pasea a dos viejas señoras por las calles del pueblo; la Máquina del Tiempo en el cuerpo de un viejo coronel; la Mujer Máquina, la terrible y fabulosa Madame Tarot. Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.

Ficha creada por Tharl

 
Ordenar reseñas:

QUÉ VERDE ERA... EL VERANO DE1928
5 con 5 votos

Ray Bradbury, fallecido hace escasos días, fue bautizado “el poeta de la ciencia ficción”, por mucho que él afirmara trabajar el género fantástico. Se debe a que su mayor logro -junto a su perspicaz distopía- fue (como dijo Faulkneriano en otro lado) introducir la lírica en un género donde escaseaba, la ciencia ficción.
EL VINO DEL ESTÍO, uno de los más famosos del autor que logro hasta una secuela, es un ejemplo del Bradbury más lírico alejado de la ciencia ficción para cultivar una fusión entre fantasía y realidad unidas por los ojos de un niño, el alter ego infantil de Bradbury.

EL VINO DEL ESTÍO es el recuerdo en época invernal de un verano en particular, ese verano en que el niño inicia sus primeros pasos hacia la madurez, toma conciencia de la vida y de la muerte y decide vivir. Es el recuerdo de todos los veranos, de la infancia perdida y de un modelo de vida extinto por un césped que no hay que cortar, los autobuses –máquinas rápidas sin cables ni railes, sin ronroneo ni balanceo-, la seguridad policial, cinesa (:s) y un progreso acelerado obsesionado con liberarnos de las tareas, de ofrecernos tiempo para obsesionarse en cómo rellenarlo, un progreso industrial empeñado en categorizarlo todo, en poner orden en el desorden y saber siempre en qué consiste el plato que tenemos delante. En EL VINO DEL ESTÍO se narra un paso más de aquel proceso iniciado décadas antes con la llegada ferrocarril al oeste americano; es un recuerdo nostálgico similar al de Steward -ese hombre que mató a Liberty Valance- o al del pequeño minero de los Morgan en Gales pero más contemporáneo, y yo añadiría que menos atinado.
Con esta intención Bradbury escribe una novela de episodios que paradójicamente carece de capítulos. Como es evidente unos son mejores y otros peores, pero sin duda son demasiados. Tanto lirismo, tanta nostalgia en ocasiones tan absurda como dedicar un episodio a cantar las maravillas de estrenar unos zapatos nuevos teniendo 10 pares usados en el armario y llorar porque se gastan, se me hace excesiva e incluso empalagosa. Sin duda le sobran 3 o 4 episodios y mínimo 50 páginas para no aburrir con un libro de relatos apenas camuflado en novela. Para colmo el modo de vida que construye para deconstruirnos, para que seamos consciente de lo que hubo, de lo que se perdió y hagamos balance con lo que se ganó para iniciar así una magnífica e imprescindible toma de conciencia de lo que somos, de por qué lo somos, qué fuimos y qué pudimos ser, consiste en un modelo de vida exclusivamente americano, compartido tal vez –y reflejado en obras- por gente como Scott Card o Stephen King, con un estilo similar al de Bradbury aquí (salvando las distancias…), un estilo de cuentacuentos sureño más o menos lírico, fascinado por el beisbol y por pequeñas comunidades americanas aisladas con esa mentalidad tan peculiar. A mi me cuesta mucho enganchar con esa afición por el beisbol, por cortar el césped, o salir después de cenar al porche con un sombrero de paja a sentarse en la hamaca y balancearse en ella.
No obstante destaco algunos episodios de gran lirismo y belleza, como el viejo coronel convertido en máquina del tiempo, la magnífica muerte de la bisabuela, la íntima relación intelectual entre un joven y una anciana, y por supuesto la intensidad simbólica del vino del estío, ese vino de cosechas de diente de león para tomarlo durante el invierno y calentarse con el estío. Si el libro declaradamente se divide en “ritos” y “descubrimientos” me quedo con la belleza lírica de algunos ritos, pero me sobran la moralina explícita de algunos descubrimientos (la maquina de la felicidad que hizo infeliz a su inventor, parábola de que la felicidad artificial jamás será suficiente (ejem, ejem, drogas); la necesidad de aceptarse uno mismo en el presente a pesar de todo y no vivir anclado exclusivamente en el pasado, etc. etc. y los excesivamente declarados ataques morales contra el progreso, la categorización y la eliminación de los ritos) por suerte el descubrimiento central y todos los episodios que contribuyen a él si merece la pena: el descubrimiento de Douglas de la vida y la muerte y su decisión de vivir.
Merece la pena también la fantástica unión -algo paradójica en el autor pero especialidad del poeta de la ciencia ficción- entre tecnología (cine, teléfono, tranvías…) y fantasía lírica, basta ya de ver siempre la tecnología como algo frío e impersonal sin ninguna posibilidad de ser o permitir la belleza o la emoción. Pero esto en vez de ser una unión necesaria entre la absurda división de razonamiento y emoción, se liga con el mito de la espontaneidad emocional y su inocencia, independencia y (falsa) naturalidad enfrentada al frío razonamiento siempre artificial, en este aspecto Bradbury añade un ladrillo más al ensalzamiento de este mito postindustrial tan enraizado. Un ejemplo claro de esto es el episodio de la abuela en la cocina, cuando tiene todo echo un desastre y sigue su “instinto” natural todo va bien, cuando trata de hacerlo a propósito, organiza las cosas y toma conciencia de lo que hace, se pierde la magia y el plato es insulso.

Un libro irregular con todo lo mejor y lo peor del autor pero siempre recomendable, y desde luego de lectura recomendada. 6.5

Gracias Ray por todos estos buenos momentos y por los no tan buenos.

Escrito por Tharl hace mas de un año, Su votacion: 6