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EL BARÓN RAMPANTE

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Portada de EL BARÓN RAMPANTE

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Autor: ITALO CALVINO
Título original: Il barone rampante
ISBN/ASIN: 9788478444212
Género: Ficción literaria
Editorial: SIRUELA
Fecha de publicación: 1957
Fecha de edición: 1998
Número de páginas: 273

Sinopsis:
Cuando tenía doce años, Cosimo Piovasco, barón de Rondó, en un gesto de rebelión contra la tiranía familiar, se encaramó a una encina del jardín de la casa paterna. Ese mismo día, el 15 de junio de 1767, encontró a la hija de los marqueses de Ondarivia y le anunció su propósito de no bajar nunca de los árboles. Desde entonces y hasta el final de su vida, Cosimo permanece fiel a una disciplina que él mismo se ha impuesto. La acción fantástica transcurre en las postrimerías del siglo XVIII y en los albores del XIX. Cosimo participa tanto en la revolución francesa como en las invasiones napoleónicas, pero sin abandonar nunca esa distancia necesaria que le permite estar dentro y fuera de las cosas al mismo tiempo. En esta espléndida obra, Calvino se enfrenta con el que, según él mismo declaró, es su verdadero tema narrativo: ?Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él mismo ni para sí ni para los otros?.

 
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A VARIOS METROS DE ALTITUD SOBRE EL NIVEL DEL SUELO
5 con 8 votos

Dentro de la, para mí absolutamente desconocida, obra literaria de Italo Calvino; este libro representa su denominada etapa fantástica. También se dice, que su mejor periodo fue el último, representado por obras como SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO. Lo cierto es, que el balance final de la lectura del EL BARON RAMPANTE ha sido muy positivo; hacía tiempo que no leía una novela tan satisfactoria.

Su prosa transparente, va describiendo a los actores y al papel que desempeñan en la historia. Con ese bagaje, apenas han transcurrido unas páginas, estamos en condiciones de entender puntualmente lo que ocurre en esa familia como si viviéramos en ella, sin sorprendernos demasiado por los sucesos, ciertamente peculiares, que allí tienen lugar y que arrancan con la decisión airada de un ofendido niño de doce años. El protagonista convierte, lo que inicialmente era una simple rabieta infantil (no querer bajar del árbol al que se había subido), en un modo de vida permanente: Un hombre que vive en los árboles sin pisar nunca el suelo. Así poco a poco, todo lo que viene después forma una cadena de acontecimientos que se estiran hasta la definitiva culminación del proceso en su nivel último, nivel situado entre ramas y hojas, a varios metros sobre el terreno. Lo que no es estrictamente imposible en sí mismo, aún siendo disparatado. Y esa premisa tan irreal en que se basa todo, da lugar a un texto que se lee de corrido gracias a que su autor dispone de dos eficaces mecanismos: una prosa fluida y una imaginación perfectamente dotada para crear ficción con elementos fantásticos, que por su atinada contención no aparentan serlo en demasía.

Y allí, arriba, va a parar también el lector atrapado por esta historia de personajes peculiares, sensibles y tremendamente humanos. Y en su concentración de lector atento, no baraja siquiera la posibilidad de estar leyendo algo descabellado. Estando allí, encaramado en esa privilegiada atalaya vegetal, el lector se encuentra feliz, y puede dedicarse a observar, como Cósimo utiliza su posición para controlar, criticar y analizar, en la medida que puede, la sociedad sobre la que se sitúa. Allí, se desenvuelve como un robinsón que ha de proveerse de cuanto necesita apelando al suministro de su hermano pequeño, (que también es el narrador) de manera similar a como hacía Crusoe, recurriendo al pecio semihundido. Allí crea sus utensilios, se suministra de caza, incluso de pesca, lee los libros que le facilita su hermano, toma posesión de su título, ama con insólito éxito, incluso viaja (el bosque aquel, es casi infinito), aunque, eso sí, siguen rigiendo para él las leyes de la física como el primer día. Por fin, allí arriba organiza su vida social, sigue participando en todas las actividades de su pueblo, se crea una reputación entre las gentes, extiende su fama, y su talante deviene republicano (pese a su baronía), jacobino y masón (a su manera).

Desde abajo, podríamos preguntamos por las razones profundas de esta autoexclusión tan limitadora. Para explicarla, se podrían establecer múltiples teorías, todas aceptables y todas irrelevantes, por que lo importante no son los motivos, sino el resultado, ese es el fruto que extraigo, su lectura. Y de ella, resulta una historia amena, estimulante, que te envuelve en un mundo de magia y fantasía, que a un lector como yo, tan poco proclive a esos conceptos, le ha resultado de un conmovedor realismo ¿mágico, tal vez? no lo sé. Pero, lo sea o no, me lo he creído a pies juntillas. ¿Qué más da, que la historia sea descabellada? Para mí, lo importante es, que no lo parece y que a través de su lectura, he disfrutado y me he emocionado como hacía tiempo que no lo hacía con ninguna otra.

Casi al final del libro, su autor incluye una cita que fue una gota más que hizo rebosar sobradamente las abundantes esencias que este libro me permitió degustar. Pasa por Ombrosa, el pueblo del protagonista, un jinete, un oficial ruso provinente de las campañas napoleónicas de Rusia, y después de conversar un rato con Cósimo, se despide:

Alors, je dois m`en aller. Adieu monsieur… Quel est votre nom?
Le Baron Cosme de Rondeau, le gritó Cósimo…
Et le vôtre?
Je suis le prince Andrei…..

Y el galope del caballo arrastró consigo el apellido.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

DEL SUELO A LAS RAMAS, DE LAS RAMAS AL CIELO
4.5 con 6 votos

Cosimo Rondo sube a los árboles por rebeldía y permanece por amor.

Hay un fragmento del libro que me apasiona. La historia acaba de empezar pero Cosimo lleva largo tiempo encaramado a las ramas. En estas circunstancias se reencuentra con la niña a la que inconscientemente desea. En un intento inútil de seducción se pavonea; recuerda su gesta a la misteriosa chiquilla burguesa amiga de los ladrones: “¿Sabes que nunca he bajado de los árboles desde entonces?” Qué inocencia.

Lo heroico se vuelve evanescente cuando es el héroe quien lo explica. La vergüenza se apodera de Cosimo que, arrepentido de lo dicho, desea entonces renunciar a su tenacidad y bajar inmediatamente de los árboles. La situación empeora tras la respuesta de la niña, carente de sorpresa, y las carcajadas de la parroquia de ladrones que hasta entonces le admiraban. La rama sobre la que se apoyaba se quiebra en ese momento de pudor y Cosimo cae al vacío: es el hundimiento de una idea, de una vida, y no hace nada para evitarlo, no trata de agarrarse: asume el vacío. Sin embargo, el destino todavía se guarda una carta en la manga: su traje queda enredado en una rama sosteniendo a Cosimo a escasos metros del suelo. Es lo más cerca que está en toda su vida de volver a pisar tierra firme. ¡Qué hermoso!, me recuerda sin remedio a este fragmento:

"Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos, y cuando volvemos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar de que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro."

-Maeterlinck-

“El barón rampante” es un cuento que gustará, en mayor o menor medida, a todos los que aman la literatura. Una bildungsroman llena de pasajes con los que cualquier persona consciente de la soledad de la vida se identificará. La belleza del aprendizaje inunda estas páginas. Sólo le puedo poner un par de pegas:

-- La necesidad de Italo Calvino por explicar cada uno de los símbolos de la novela, lo que no siempre permite que el lector asocie libremente su experiencia a la de Cosimo.
-- El estilo puede ser agobiante: consciente de sus dotes, el autor trata de subrayar constantemente la belleza de su prosa y de lo que ésta dice: “¡Aquí hay poesía!”, parece gritar a cada metáfora.
-- El tono de cuento aleccionador que adquiere en algunas ocasiones puede escupir a determinados lectores de la historia.

A pesar de esto, como digo, “El barón rampante” es una historia maravillosa en todos los sentidos. Todo el que lo lea se retrotraerá en algún momento a las imágenes de esta novela y éstas, seguramente, serán vívidas y cálidas.

Amigos, os recomiendo este libro. Especialmente si necesitáis reconciliaros con la literatura. Especialmente si necesitáis reconciliaros con la vida.

Escrito por SokraM hace mas de un año, Su votacion: 7