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DESGRACIA

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Portada de DESGRACIA

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Autor: J.M. COETZEE
Título original: Disgrace
ISBN/ASIN: 9788499082462
Género: Literatura contemporánea
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1999
Fecha de edición: 2009
Número de páginas: 264

Sinopsis:
A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado donde el idioma es una herramienta viciada que no sirve a este mundo naciente, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable. Una historia profunda, extraordinaria, que por momentos atenaza el corazón, y es siempre, hasta el final, subyugante: Desgracia, que obtuvo el prestigioso premio Booker, no dejará indiferente al lector. Llevada a la gran pantalla en el año 2008 de la mano de Steve Jacobs, tiene como protagonista principal a John Malkovich.

 
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UN ETERNO PURGATORIO
4.33 con 6 votos

“Demasiada vergüenza, se dirán el uno al otro: demasiada vergüenza para contarlo”

"Desgracia"...el título en sí es ya todo un preludio de lo que nos vamos a encontrar..
Si tuviera que buscarle un calificativo...le pondría varios, duro, ante todo, fácil de leer pero nada sencillo de interpretar, donde Coetzee nos cuenta el proceso "espiritual" de este profesor, los límites y márgenes de una cultura, el precio(a mi juicio, demasiado alto) de la inserción en un mundo que aparece como extranjero, los rebordes de lo femenino y lo masculino y, como no... la complejidad de los países multiculturales..

La novela es un descenso a los infiernos. Coetzee nos hace acompañar al protagonista en su caída en desgracia, en su vergüenza, en su deshonra, que comenzarán por un "error" que cometió el profesor, si bien, personalmente, no sé hasta que punto se podría llamar error, cuando en realidad, él no hizo más que actuar de acuerdo con su naturaleza..
Esa acción desencadenará en una serie de sucesos que convertirán su antes sosegada existencia en el título de esta desgraciada historia..
Una historia en la que Sudáfrica se nos presenta casi como un personaje más, omnipresente durante toda la historia, donde la agonía del Aparheid se muestra como motor de la misma. Lurie va de un sitio a otro, de Ciudad del Cabo a la rural vida de su hija Lucy, cerca de Grahamstown, donde ella posee una granja, dejando cosas por el camino, cualidades, esperanzas, sueños. Nada es lo mismo cuando llega al otro lado, es ahí donde los protagonistas se muestran como seres intermedios, imperfectos y ambivalentes que no muestran sus cartas ni desvelan del todo sus secretos.
Y, Laurie, el viejo(no tan viejo en edad) Laurie contempla lo que lo rodea como un dinosaurio del pasado que no puede o no sabe adaptarse a los cambios porque no los comprende, no los comparte.

Dejando un poco de lado la historia, las páginas están llenas de reflexiones existenciales, tan profundas y reales como las que nos asaltan a todos los seres humanos en las situaciones más inverosímiles. Esa clase de pensamientos que aparecen en nuestra mente como estrellas fugaces y que pocas personas, muy pocas, pueden retener, y menos aún, expresar de viva voz. Coetzee se convierte en un recolector de pensamientos, esos que se enlazan directamente con las cuestiones más profundas, que más nos atormentan, que sacuden nuestra alma.... y nos duelen.

Y al llegar al final, lo que interpreté quiso decirme Coetzee, no me agradó en absoluto;
“Los viejos tiempos” son sólo un recuerdo del pasado, la naturaleza sigue su curso de forma lenta e imparable, sin que nada ni nadie pueda detenerla.
Los seres humanos, sólo pueden sobrevivir si aceptan esa realidad, si se mezclan con lo nuevo. Pero ese proceso tiene un alto precio: es sumamente doloroso, indignante y crea deshonra, vergüenza.Y los viejos, los que no pueden adaptarse a esa nueva realidad, tan sólo podrán aspirar a tener una muerte digna: a que alguien les administre una inyección letal mientras se los acaricia y se los calma, para después, encerrarlos en una bolsa de plástico y quemarlos en un horno industrial.
Asegurándose de que estén bien muertos.
(Quién lo haya leído sabrá el porqué de esa alusión a la muerte)
Pero no, no estoy de acuerdo...
Menos aún en la decisión de Lucy que me pareció un sometimiento al fuerte, sin un mínimo intento por imponer su voluntad, por imponer su vida...digna..

Eso sí, el final que nos muestra Coetzee, desprovisto de moralejas, incita a una reflexión que no se saldará fácilmente..

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 7

NUESTRAS MISERIAS
3.4 con 5 votos

Si hace varios años a algún avispado lector se le hubiera ocurrido hablarme de Coetzze, mi respuesta me habría dejado absolutamente en ridículo poniendo al descubierto mi tosquedad literaria: -¿Qué es un nuevo sabor de helado?
Por fortuna para mí, otro tosco amigo, en variadas ocasiones ironizaba con sarcasmo en mi presencia sobre la tesis doctoral de su futura (y actual) esposa sobre ni Dios sabe qué escritor sudafricano. Los rebotes de ella eran manifiestos, y como soy en extremo curioso y muy dado a conocer lo desconocido le pregunté por el nombre, sus obras, su vida y me faltó exigirle sus medidas anatómicas: J. M. Coetzze. También por fortuna para mí, Marichús, que se llama la susodicha, me tiene en alta estima en lo referente a mi bagaje cultural y ni corta ni perezosa me regala "Desgracia". Tardé en leerlo algo más de lo que Usain Bolt corre los 200m.
Y lo curioso es que ni hoy por hoy podría resumir a ciencia cierta de qué trata, porque es tan intensamente profundo y devastador que nos sugiere y enmarca a cada un@ de nosotr@s; en esa mierdecilla que somos, pero que se niega a creerse merecedora de la más nimia de los desgracias o a atreverse a ver como tal aquello que, con nuestro desprecio a la vida, a la dignidad, a l@s otr@s..., nos hemos ganado a pulso.
Cada un@ de nosotr@s somos David Lurie, en su pecado y en su virtud, y eso nos ha de hacer tener esperanzas en la reconciliación, en el perdón, en el abandono de la culpa...
Y la película de Jacobs tiene pase, por qué no, pero no le llega al libro ni al betún de los zapatos (a la suela, sí).

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 8