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CORRE, CONEJO

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Portada de CORRE, CONEJO

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Autor: JOHN UPDIKE
Título original: Rabbit, run
ISBN/ASIN: 9788472231900 /
Género: Ficción literaria
Editorial: TUSQUETS (1990 Y 1996)
Fecha de publicación: 1960
Fecha de edición: 1990
Número de páginas: 366

Sinopsis:
Parece ya muy antigua la leyenda del hombre que sale un día de casa a buscar tabaco y decide no volver. Pues bien, se remonta tan sólo a 1960, año en que, gracias a John Updike, el mundo conoció al inefable Harry «Conejo» Angstrom, cuyas peripecias empiezan a contarse aquí en el momento en que, sin razón aparente, abandona mujer e hijo, su modesta condición de vendedor de MagiPeels y el recuerdo de cuando fue un as del baloncesto. A partir de entonces, Conejo Angstrom seguirá su camino sin rumbo, a la vez esquivando y buscando quién sabe qué. Ni siquiera el lector más sabio podría decirlo, porque ¿quién alguna vez, obedeciendo a un «impulso inexplicable», no ha salido (o deseado salir) huyendo como un vulgar conejo antes que enfrentarse al mundo, o a sí mismo? De ahí que este supuesto «hombre libre», como cualquiera de nosotros tal vez, caiga constante y torpemente atrapado en la enmarañada existencia con la que debe cargar inexorablemente todo ser humano.

 
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¿HUIR ES DE COBARDES?
4.43 con 7 votos

"-La única manera de llegar a alguna parte es saber adónde va uno antes de ponerse en marcha.
Conejo percibe una vaharada de whisky.
-No lo creo así - replica en tono neutro."

Uno, puede un día, así, de repente...sin previo aviso, sin haberse levantado esa misma mañana con algún sentimiento o pensamiento que pudiera aventurar ese "despertar"... darse cuenta de que no está vivo, sí, respiras, sí, sientes, sí ves y te ven... no eres un espectro... pero acabas de darte cuenta que eres una sombra de lo que un día quisiste ser...
¿Qué hacer entonces?..
¿Qué podría hacer nuestro protagonista, Harry "Conejo" Angstrom? Un chico vehemente, tímido, vacilante... tan semejante a una multitud de "nadies"..
Alguien que no hace mucho fue un prometedor jugador de baloncesto, aquello le hizo sentirse grande, sentirse "alguien".. pero que ahora, poco tiempo después, se encuentra casado con una joven carente de...casi todo, con un empleo vacío y encerrado en un apartamento al que resulta difícil catalogar de hogar..
Del todo a la nada.
Del "alguien" al..."nadie".
Y nuestro "Conejo" se siente enclaustrado en su vida, encerrado en su rutina, de la que sólo sabe salir...corriendo...
Corre, Conejo, corre..

Particularmente me ha gustado la narrativa de Updike, plagada de fascinantes descripciones, que en otras lecturas(a mí en ocasiones así me ha ocurrido) cortan la acción o el desarrollo(distraen), aquí, lejos de ello, forman parte esencial de la historia, sus descripciones, van más allá... leyendo , llegas a notar, por ejemplo, los sutiles cambios en el rostro de alguno de los protagonistas.. o como la luz va incidiendo poco a poco en el ambiente..
También creo que habría que destacar el manejo de Updike de las metáforas, algunas irracionales, insólitas, pero a su vez muy "literarias". Un ejemplo;
"Joyce le mira y, como una lámina que se ondula, el miedo tira de un ángulo de su rostro. Parece estar al borde de las lágrimas."

Con un profundo trabajo de elaboración de los perfiles psicológicos de los protagonistas y su original técnica, el autor de esta carrera nos obliga a seguir, exhaustos...a la meta, que no es palpable..
Y nos obliga a "mojarnos" hasta conseguir que, junto al protagonista, corramos, no importa a dónde, ni hasta cuando, tú sólo corre...
Corre, Conejo, corre...(que yo te sigo, que yo te entiendo)

(Habría mucho que añadir en cuanto a la historia y personajes, en cuanto a la sociedad descrita, a la religión y la moralidad que marcan las páginas, pero creo que me explayaría demasiado, puesto que también quería decir algo sobre el método y efecto de escribir de Updike...Y no querría hacer que salierais, como Harry... corriendo, hastaidos)

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 8

LA HUIDA
4.33 con 3 votos

Libro de lectura obligada, por su repercusión y por elevar a John Updike al envidiado estatus de autor de referencia. Tiene un lenguaje directo, fácil, cotidiano y a veces trivial, lo que no excluye, que por momentos, eleve el tono de manera inequívoca y alcance un tono trascendente, poético y hasta místico, manteniendo el tipo bastante bien hasta que la narración vuelve a instalarse en lo prosaico y en lo común, para retornar después a lo mismo. Estos calificativos de trivialidad o de sencillez relativos al lenguaje y a las situaciones, no los aplico a la propia novela, que no es vulgar en absoluto, sino a algunas situaciones que se retratan en ella. A pesar de las fases del libro que tienen un contenido más sensible o elevado, se lee con notable facilidad, sin resultar pesado para ningún tipo de lector por su estilo llano, directo y coloquial.

La clave de la novela, está a mi modo de ver en las características de la historia, cuyo planteamiento tiene connotaciones sociales, por el comportamiento del protagonista y la subsiguiente reacción de los que le rodean; y también psicológicas, por cómo su mente se intenta acomodar al mundo exterior. El narrador no es Harry, ni ningún otro personaje; es un narrador omnisciente que sabe como piensa el protagonista y nos trasmite sus pensamientos. El año en que se escribió la novela, 1.960, marca la frontera entre las generaciones de jóvenes que vivieron la posguerra y las que pierden ya ese referente. Hay varios fenómenos culturales urbanos de esa época, las películas de James Dean, los Teddy boys, el rock and roll norteamericano, o la generación beat. Todos estos movimientos juveniles de contestación a la cultura de los mayores, basados en el desarrollo económico, y en el cambio de costumbres sociales, tenían además una apoyatura estética en la forma de vestir, en el baile, en la música y en la creación de mitos. Esto, les confería una aureola de innovación y ruptura en todos los órdenes que era sumamente atractiva para las generaciones jóvenes.

Esos elementos y esa estética, casi no aparecen en la novela, pero Harry Conejo, está sintiendo de alguna manera su influjo. Y en consecuencia, su inquieta personalidad especial, cae victima de un ambiente ya inoculado con el virus de la contestación. El, realmente, es un don nadie, un tipo corriente, demasiado corriente para que su mente sensible e inquieta se conforme con el papel que la sociedad le ha asignado. Y toma medidas para acabar con eso sin cortarse lo más mínimo; pero no medidas eficaces, coherentes y racionales. No, no era así como reaccionaban estas generaciones. Al contrario, actúa de manera directa, visceral y despreocupada, y luego, después, se empieza a hacer preguntas. Y razona sobre múltiples temas contrapuestos, existenciales, religiosos, sexuales, afectivos, familiares; cualquier cosa la somete a su análisis. Pero lo más curioso, es que se pregunta todas esas cosas sin dejar de correr, correr en sentido figurado, quiero decir. Él huye, a veces juega al golf y charla con el pastor episcopaliano, y otras veces fornica de manera compulsiva, pero incluso esas, son también formas de escapar; en realidad está tratando de evadirse de una realidad, la suya, que no le gusta nada. La sociedad americana en que se inscribe su comportamiento, sufrió un cambio muy grande en aquella época, y las actitudes de ese estilo, a la vuelta de pocos años empezaron a diluirse en la nueva cultura y en los nuevos usos y costumbres. Pero, en aquel momento, provocaron una indudable conmoción. La novela, refleja muy bien ese choque.

Hasta aquí, la fría radiografía que saco de ¡CORRE CONEJO!; de aquí al final, mi opinión particular. Es un libro muy especial, con las características de cierta novela americana costumbrista; describe la historia de forma clara y muy detallada, contando los problemas diarios de este chico, de su familia y de un pastor protestante que se empeña en ayudarles; es tan puntilloso que cae en el naturalismo al detallar algunas cosas de una manera muy perfeccionista. Pongo dos ejemplos muy dispares: uno, se excede un poco, con la actitud sexual de él y ella en la cama, y no lo hace por recalcar el erotismo, sino por definir bien la tensión que inunda su mente; otro ejemplo: jugando al golf con el pastor, da detalles de cómo vuela la bola cuando él la golpea abriendo la cara del hierro 7; supongo que pretende con ello que nos ambientemos en el “fairway”, pero más parece una clase teórica de cómo hacer bien el swing. Luego vienen momentos en que su mente, a través de la voz “en off” del narrador, se lanza a elucubrar sobre su mujer, sobre la del cura, sobre la otra, y la otra, y desde luego sobre si mismo, sobre su hijo, sobre el porqué de que todo haya ocurrido así y tratando de adivinar que es lo que va a ocurrir a continuación. Debo reconocer, que estas meditaciones no están mal hilvanadas y tienen una carga de profundidad que no tenían la mayoría de las novelas americanas de la época. Sin embargo, el lector ya lo habrá sospechado, nada de todo eso ha llegado a tocar mi fibra sensible. Cuando ya se ha instalado en mi ánimo de lector una cierta decepción, he aquí, que el libro pega un giro brusco en su trayectoria, como a unas cincuenta páginas del final. Y he de decir, que esas páginas restantes, si que tocan mi fibra sensible. En ellas, suceden cosas menos vulgares y mucho más trascendentes y sobre todo, se vuelve mucho más naturalista aún; se diría que repentinamente, ha empezado uno a leer un libro de Zola, por los trazos tremendistas y muy minuciosos. Así, se convierte en la parte mejor del libro, incluyendo en esa afirmación el mismo final.

Pero, así y todo, el sorprendente final no llega a hacerme cambiar la valoración del libro en su conjunto. Hay que convenir, en que para que a alguien le guste realmente un libro, ha de tocar un tema que le atraiga en alguna medida. Esto, no me ocurre en absoluto con la historia de un tipo corriente, que vive en su pequeña localidad del Este de los Estados Unidos. El tema, no solamente no me atrae nada, es que además me desagrada; generalmente las historias salidas de la vida cotidiana me seducen poco, sobre todo si son próximas a las circunstancias de mi vida diaria. Se podría decir que me duelen. Ya que he mencionado a Zola, pongo un ejemplo suyo: las situaciones terribles que se exhiben en Germinal son durísimas, hasta el punto de que muchas personas, conociéndolas, serían reticentes a iniciar su lectura. A mí, en cambio me entusiasmó el libro y no me molestó en absoluto su lado más dramático, que queda ampliamente compensado con la fuerza de su narración. ¡CORRE CONEJO!; en cambio, me ha dejado un sabor amargo y una buena dosis de tristeza y de desasosiego. La explicación: aquí se cuentan cosas que les pasan a personas que cogen todos los días el coche para ir a trabajar a un trabajo rutinario y poco gratificante, que pasan después por casa de la abuela para recoger al niño, que se ponen a ver la tele por la noche, y que tienen que aguantar como el llanto del niño no les deja ver su programa favorito; es decir, que podrían ser los vecinos de al lado. Sí, ya sé que esto es EEUU, años sesenta y no mi calle ni mi barrio, pero a Harry le siento próximo. Zola, en cambio, es un producto típico del siglo XIX, y la vida de los mineros de la Francia de entonces, me queda muy lejos. En esas condiciones, claro que digiero yo con buen ánimo las desgracias que ocurren en una novela.

En resumidas cuentas, está muy bien, y le gustará mucho a bastantes personas, pero yo particularmente, me mantuve distante, o quizá poco comprometido, durante casi todo el transcurso de la historia. Sólo al final, las últimas cincuenta páginas escapan de esas sensaciones, y las leí con auténtico interés. Es más, sin haberme satisfecho el ochenta por ciento de la historia, no me arrepiento en absoluto de haber leído el libro en su conjunto, quedando compensado por el gran interés del final.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 6