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LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS... PERO SE CASAN CON LAS MORENAS

7.5
2 votos
Portada de LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS... PERO SE CASAN CON LAS MORENAS

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Autor: ANITA LOOS
ISBN/ASIN: 9788483105740
Género: Romántica
Editorial: TUSQUETS EDITORES
Fecha de edición: 1998

Sinopsis:
Anita Loos comenzó a esbozar durante un viaje en tren en el que se encontró a una rubia aspirante a actriz de Hollywood que "no dejaba de ser atendida, mimada y halagada por todos los hombres. Si por casualidad se le caía la novela que estaba leyendo, había bofetadas por recogérsela ; yo, sin embargo, bajaba y subía la maleta sin que ningún hombre pareciese reparar en mis esfuerzos ¿por qué esa chica me daba cien vueltas en atractivo femenino ? ¿Estaría su fuerza (como la de Sansón) en el pelo ?".

Esta obra irrumpió en el mercado editorial con un éxito hasta entonces desconocido. Más tarde, animada por su marido y sus amigos, Anita Loos escribió .Pero se casan con las morenas, donde Lorelei Lee (la protagonista de ambas obras) y su inefable amiga Dorothy volvías a hacer las delicias del lector con su gran sentido del humor y sus peculiares consideraciones sobre la vida.

Ficha creada por Shorby

 
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UNA RUBIA MARAVILLOSA
4.33 con 3 votos

La segunda parte no va mucho más allá de ser una comedia simpática, pero en la primera novela, Los caballeros las prefieren rubias (la que ha merecido mi voto), Anita Loos tiene el enorme mérito de haber creado un personaje fantástico.

Lorelei Lee, esa rubia que lucirá por siempre en el inconsciente literario colectivo la exuberancia de Marilyn, ocupa por derecho propio un puesto relevante en esa larga lista de personajes listos-tontos que ha dado la literatura. No muy lejos de ella está ese otro gran personaje que es Nick Corey, el "entrañable" sheriff que creó Jim Thomson en su fantástica novela 1280 almas, aunque en el caso de Lorelei los asesinaditos solo serían las cuentas corrientes de los licenciosos caballeros que caen bajo su embrujo. Tampoco quiero olvidarme del lugar que provengo y no traer aquí a ese otro gran tonto-listo que es Manolito, el hijo del tendero del barrio de Mafalda, con el que quizás comparta Lorelei, al contrario que con el personaje de Thompson, una inocencia que a ellos les impide tener remordimientos y a nosotros censurarlos por malintencionados. Ambos exhiben una desbordante candidez y simplicidad en la lógica que rige sus acciones y pensamientos; una lógica como aquella de la que hizo gala la señora que asistía a una cena y que cuando le tocó servirse de la bandeja que le presentaban cortó todas las puntas de los espárragos dejando en la bandeja únicamente los troncos. Al ser interpelada por su compañero de mesa acerca de tan singular conducta simplemente contestó que a ella le gustaban mucho más las puntas que los troncos.

Porque sí, Los caballeros… es una divertidísima novela con la que me he reído como en pocas ocasiones gracias a las peripecias en las que la lista-tonta de Lorelei consigue con suma facilidad e ingenio manejar para su propio provecho a unos hombres que estaban muy lejos de imaginar que eran ellos los manejados. Bien es cierto que esa es su única habilidad (conocida, que no me extrañaría que en las distancias cortas tuviera más), pero no lo es menos que es una habilidad de la que es una consumada maestra y con la cual alcanzó el principal objetivo que, según su propia filosofía de la vida, toda mujer en sus cabales debería perseguir y que no es otro que el de rodearse en todo momento de cosas bonitas, de esas cosas que son más bonitas cuanto más diamantes exhiban.

Con la ayuda de esta inocente y maravillosa arpía, Anita Loos construye una aguda sátira del puritanismo y la hipocresía de la sociedad americana de los años 20 en la que no faltan los comentarios mordaces, los diálogos inteligentes y divertidos gags, y que está muy por encima de la fallida película de mismo título que ni la mismísima Marilyn consiguió salvar pero que termina con un diálogo digno del libro:

- (padre de Gus, futuro marido de Lorelei) Por fin nos enfrentamos con la verdad, acepta que lo único que le interesa es su dinero.

- (Lorelei)Yo no he dicho eso. Es muy sencillo. ¿No comprende Sr. Esmond? Un hombre rico es como una chica guapa, no se casaría usted con alguien sólo por su belleza, sin embargo eso es un gran aliciente, y si tuviera usted una hija, ¿dejaría que se casara con un hombre pobre?, al contrario, querría para ella lo mejor del mundo y que fuera muy feliz, ¿qué hay de malo en que yo desee todo eso?

- De acuerdo, si, aunque....., ¡¡oiga!!, ¡me dijeron que era usted tonta!, y no me parece que lo sea.

- Puedo ser inteligente cuando conviene, pero eso no gusta a los hombres, excepto a Gus, el me quiere sólo por mi cerebro.

- No, espero que no sea tan idiota....

Escrito por Guille hace mas de un año, Su votacion: 8