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UNA OBRA MAESTRA en ROCK SPRINGS
Empecé "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?" de Carver, al mismo tiempo que terminé "Rock Springs", de Ford. No hay por qué compararlos, ¿cierto? Nadie nos obliga a ello y hasta podría ser considerado innecesario. Sin embargo, cuando se leen varias cosas al mismo tiempo, y más si éstas son del mismo género o estilo, esto pareciera ser inevitable. Bueno, Ford es un millón de veces mejor que Carver, desde mi punto de vista, claro. Carver cuenta historias simples, mediante una prosa simple, pero en él todo es simple; no tiene matices, no hay puntos fuertes (tampoco flojos), y sus personajes no tienen nervios, ni sangre, tan sólo se limitan a vivir como autómatas, sin melancolías, ni odios, ni rencores, ni contradicciones, ni grandes alegrías, ni agobios, ni sueños... Los de Ford, por el contrario, se mueven en un mundo ordinario -el nuestro-, pero sienten, están vivos, son miserables y hacen miserables a los demás, o chapucean brevemente en la felicidad o el éxito; no son meros pedazos de carne con cierta voluntad que los mueva, que van de acá para allá sin ton ni son. Son personas, con todos sus claroscuros lógicos y normales. Amé a Ford en estos diez relatos que componen a Rock Springs (1987). El contraste con Carver hizo que lo dejara -a Carver- de lado para leer el último -y eso que lo demoré lo más posible- relato del libro; lo bien que hice. Es una total belleza, y está lleno de emociones... La vida de sus personajes están llenas de dolor, pero también de alegrías, por más transitorias que éstas sean... Otro punto distintivo, es que los cuentos de Carver terminan abruptamente, dejando las historias inconclusas, y si bien sé que es adrede, que es como cortar un retazo de la vida de cualquiera y ponerla luego por escrito, me parece que no es demasiado interesante (al menos hasta ahora, aclaro, porque tal vez no di aún con "el libro" adecuado de Raymond). Richard Ford también deja, de alguna manera, sus historias sin concluir, pero en el medio, crea historias dentro de historias, si bien laterales, que terminan formando un todo, y por el cuál uno comprende mejor a los protagonistas, dando una imagen más amplia, enfocando varios aspectos no menos importantes que el de la trama principal. Ford me hace sentir todo el peso y la carga de la vida de una manera brutal, pero sin destruir mi espíritu; es decir, no abusa del golpe de efecto, no echa mano a historias tristísimas, sino que simplemente retrata un poco el vaivén que todos padecemos en ciertas etapas de nuestras vidas... Describe majestuosamente sin ser meloso, corta los momentos dolorosos a tiempo, como si no le diera tanta importancia o, al menos, como si él mismo no quisiera que tuvieran la relevancia que muchas veces sí tienen dichos pasajes o vivencias. Y todos sus personajes están solos. Aún acompañados, están o estarán solos. Y esa daga apuñala de modo más eficaz si quién lo lee siente de manera similar o barrunta un futuro idéntico. Por eso este tomo estará entre mis preferidos de siempre a la hora de elegir un libro de cuentos, ya sea para releer o para recomendar. Y seguro cambiará, mutará su significado con el paso de los años, como ocurrirá con nuestros días y nuestras noches, aciagas o felices, quién sabe? Montana, Great Falls... lagos, montañas, rutas, tan vastas y desiertas como el corazón del hombre.

15 comentarios, puntuación: 4.67 con 3 votos
Escrita 19 de Noviembre de 2018
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TIERRAS HOSTILES en EN LA FRONTERA (TRILOGÍA DE LA FRONTERA#2)
Siempre que un libro consigue hacerme llorar, no dejo de extrañarme de semejante prodigio, porque, ¿que es un libro, sino una serie de símbolos impresos en papel?. ¿No sabemos desde el inicio que se trata de una ficción, surgida de la imaginación del artista?. Y sin embargo, desde el principio, McCarthy nos sumerge mágicamente en su acostumbrado mundo salvaje, donde sus personajes tropiezan una y otra vez con el duro e ineludible destino que su ámbito, cruel y despiadado, depara para todos aquellos nacidos bajo aquellas tierras -y en aquellos tiempos- quebradas por soles idénticamente indiferentes al sufrimiento humano y animal; porque la historia es muy simple y hasta diría monótona, y esto es precisamente lo que me gusta de McCarthy. No busca historias fabulosas dentro de las historias; no acude a romances, ni a un argumento definido, sino que, muy al contrario, elude esas técnicas narrativas para centrarse en la mera descripción de la vida de dos jóvenes muchachos y su lucha por la supervivencia en un clima hostil, burdo, grosero, sembrado de personas ora indiferentes, ora viles, que se mueven como en un sueño terrible a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, entre llanuras solitarias y montañas nevadas, soportando lluvias y frío y hambre, en un periplo tan absurdo, tan innecesario como vital para el crecimiento y la formación de sus personalidades, forjadas al rojo vivo bajo el implacable martillo de sus sinos no escogidos... y es así como el lento, ineluctable discurrir de sus días se nos hace carne y absorbemos, en un acto involuntario -aunque tenaz- de empatía, y no sin estremecimientos de angustia, de sus avatares sin testigos y nada gloriosos, invisibles para todos salvo para el autor, el lector y el Dios omnipresente. No existe una historia que resumir. Sólo unas vidas miserables fluyendo en zig zag, sin rumbo, sin un propósito, sin amor ni amistad, mezcladas en su camino con la tenebrosa presencia del hombre y bajo cielos rutilantes de estrellas y "domos de lunas membranosas" y vientos secos, y gitanos y mujeres que pasan fugazmente por sus vidas para desvanecerse como una bruma y en los llanos fogatas solitarias que iluminan los ojos absortos de sus caballos y su perro "mudo" y conversaciones casuales con extraños que hablan y filosofan acerca de la vida bajo el negro dosel de la noche... hasta el final del libro, el cuál es maravilloso y me arrancó una lágrimas, irrefrenables y desde luego merecidas, como si yo hubiera sido parte real de esta historia ficticia... como si esa última escena la hubiera visto, sentido, con mis propios ojos, con mi carne, mi piel, mi sangre... como si esa final demostración de un alma resquebrajada, mutilada, pero donde, no obstante, brilla aún un signo de dulzura y de bondad en ese atisbo de remordimiento, hubiera sido percibida por mí mismo... siempre me pregunto ¿cuál es la magia de las letras... cuál su genial sortilegio?. Afortunadamente y como dije alguna vez, los libros son claves cerradas, enigmas encriptados, y como la música, su secreto inasequible es oscuro y eterno.

17 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 8 de Febrero de 2018
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BRUEGHEL, EL NACIMIENTO DE ESTA OBRA DE ARTE en LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO
Se dijo de este libro que es enciclopédico, de difícil o imposible lectura, lo cuál es cierto, y sin embargo, esa verdad no anula el efecto de la belleza precisa y extraña de su maravillosa prosa poética. Flaubert, se cuenta, quedó fascinado al contemplar un cuadro en el palacio Balbi, en Génova; ese cuadro era "La tentación de San Antonio" de Pieter Brueghel. Bosch y Bruegel fueron dos pintores únicos, adelantados a su tiempo, extraordinarios, cuya genialidad no ha envejecido, sino por el contrario, pareciera que sus trabajos irán tomando fuerza con el correr de los años. Flaubert, entonces, maravillado ante semejante cuadro, decide realizar una obra de teatro utilizando el mismo tema. Una vez acabado el libro, se lo presenta a dos amigos, quiénes rechazan la obra, aparentemente, demasiado extensa y compleja. Flaubert, acorta el número de páginas, pero no su intensidad. El resultado, es un conjunto de brillantes líneas, muchas de ellas inolvidables, por su frescura, por su calidad pictórica, por su originalidad indiscutible, porque es en definitiva, una magnífica obra de arte, un inusual, único y fabuloso ejercicio literario, cuyo fuerte es lo visual, que tiene su fuerza en el poderío de su prosa expresiva, exquisita. Hay que tener en cuenta, que las visiones que acosan a San Antonio, son sucesivas, y como en una pesadilla, las imágenes horribles, aparecen y se esfuman con la fragilidad de un sueño; la confusión es comprensible, entonces, ya que son múltiples los personajes que aparecen para confundir y atormentar al santo. Tantos son los personajes que van surgiendo ante la vista de San Antonio, que llegan a tornar por momentos demasiado complicada la lectura. De por sí, el estilo adoptado por Flaubert en esta obra, es cortante, similar a los retazos inolvidables y perfectos de Salambó, pero mucho más difíciles, cercanos al surrealismo más impenetrable. Aun así, se disfruta. Se disfruta la imaginación del autor, se disfruta la palabra, cuidadosamente escogida. Se disfruta el estar leyendo algo único, irrepetible. Si uno se deja llevar por la formidable corriente poética, pletórica de monstruosas apariciones, salidas de mismo infierno, propias de la pesadilla, el libro es una experiencia fantástica. De todos los nombres que se le aparecen a Antonio, desde los Dioses, monstruos, personajes históricos, animales fabulosos, mitológicos, ni la mitad he encontrado, ya sea en diccionarios, ya sea en la web; esa búsqueda, atrasó demasiado la lectura y la complicó aun más. Decidí, entonces, cortar con esa escrupulosa necesidad de saberlo todo, de entenderlo todo; y me dejé, finalmente, llevar por las nada amables visiones que sufre el santo a lo largo de todo el libro. Este es un libro donde sobreviven fragmentos, no, en cambio, la totalidad. La totalidad puede ser confusa, velada, abstracta. Los párrafos que la conforman, formidables, brillantes. La profundidad de los diálogos, del fondo, no es el fuerte del libro. Sí, en cambio, las formas. Aunque los personajes intentan debilitar (la ya debilitada) fe de San Antonio, tentándolo con riquezas, mostrando los horrores y las bellezas de Dioses paganos, pocas veces hay algún diálogo de contenido filosófico digno de mención, salvo, tal vez, su conversación con El Diablo. Esta reseña jamás podrá hacerle honor a semejante obra; ni un poco. Dudé mucho si escribir un simple comentario en la sección "Notas" y desestimar así una reseña que pueda a alguien quitar las ganas de emprender la lectura de esta singular y mágica, aunque difícil y hasta pesada, por momentos, obra de teatro, obra de arte. Una vez más, Flaubert lo ha logrado. El escritor para escritores, como dijo Henry James (A writer´s writer) afortunadamente puede ser leído, con paciencia, ganas y dedicación, por todos nosotros.

3 comentarios, puntuación: 5 con 3 votos
Escrita 8 de Mayo de 2015
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INFINITAS IDEAS, EN FINITAS LÍNEAS en FICCIONES
Este libro comprende dos partes: La primera, "El jardín de senderos que se bifurcan". La segunda: "Artificios". Creo notar que la primera parte, la más difícil y posiblemente por esta misma razón, la más impresionante, digamos, la que posee una cuota mayor de genialidad, contiene de alguna manera el resumen de todas las obsesiones de Borges, ya conocidas hasta por sus más furiosos detractores, a saber, el tiempo, los laberintos, los espejos, el ajedrez, la teología, la muerte, la memoria, los libros, la historia; en cada relato, repleto de nombres, de citas, de referencias históricas y literarias, borda una pequeña obra maestra y si digo pequeña es por la extensión de cada cuento, que no pasa de las seis páginas, creo, y no por la gigantesca calidad y complejidad de los temas y estilo. En Borges, todo es importante. La forma y el fondo; todo es maravilloso. A veces, al leer una sola página, creemos haber leído diez; esto se debe a la sobrenatural carga y fabulosa capacidad de resumir, en pocas- muy pocas- líneas, todo un orbe de ideas; es como una exquista esencia concentrada, que no requiere grandes cantidades para desplegar su maravilla. Recuerdo que nunca pasaba del primer relato (una manía personal, un capricho algo idiota; sabía que cada relato era independiente, por eso no entiendo como no seguí con un segundo o tercer cuento), Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Una vez leído ese cuento, en donde aparecen como dije anteriormente, muchos de sus temas predilectos, pude comprobar que mi "audacia" iba a tener su premio. Quiero detenerme en los relatos que más me gustaron, que me han parecido más perfectos - casi todos o todos lo son-, o tal vez, los que más me han impresionado o he sentido identificado. Si bien tanto "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" como "Pierre Menard, autor del Quijote" son admirables por lo genuino de su ejecución y argumento (en el primer caso, luego de una conversación de Borges con Bioy, y que surge luego de sentir ese desagrado que causan los espejos muchas veces, se da una investigación a raiz de un párrafo que Casares había leído en una enciclopedia sobre un país desconocido; lo fantástico se adentra lentamente en la realidad (?) en un relato hábilmente escrito; el segundo caso, un hombre, un escritor, Menard, quiere escribir, en el siglo veinte y escribe parcialmente, el Quijote, siendo Pierre Menard, con toda la carga del siglo, y las inevitables diferencias que los años provocan en nosotros; aun así, cada línea del Quijote de Menard, es más sutil, más perfecta que la de Cervantes) me ha gustado particularmente "Las ruinas circulares". El tema de los sueños, la identidad, la realidad son elementos con que dibuja, magistralmente, la pregunta más importante, de más peso en nuestras vidas. ¿Seremos un sueño de otro? ¿Somos una frágil imagen; todo, nuestras tristezas y alegrías, nuestra carne que goza sufre, nuestro corazón palpitante, nuestra sangre caliente, que fluye y fluye sin sonido, es una fina película, una proyección, una irrealidad?. Particularmente me gusta esta idea; me afirma más y exacerba mis pasiones: alegrías y tristezas pasan a ser relativas. Se vive el momento, entonces. Somos un sueño, seguro, el sueño de Dios, a quién no veo o no puedo ver (ningún durmiente ha podido ver jamás a quién lo sueña; otro gran consuelo), y cuando despierte, nos esfumaremos. Tal vez la muerte sea eso; Dios, poseedor de infinitos cerebros, infinitos centros nerviosos, que nos sueña a todos al mismo tiempo, deje de soñar de a uno; a mi viejo lo dejó de soñar el 23 de octubre del 2012, entonces. Dios estaría perdonado. No lo mató. Lo dejó de soñar. En el metafísico relato "La lotería en Babilonia", otro cuento absolutamente genial, cabe decir que La Compañía, con sus sugerentes y variables juegos con premios y castigos, no es otra cosa que el mismo Dios y sus incomprensibles azares (destino) otorgados misteriosamente a sus criaturas. Esa tenebrosa y mística Compañía, "que ha existido, posiblemente desde siempre", hacedora de suertes positivas y adversas, es el Creador. Quién, sino Borges, pudo escribir algo semejante. En pocos párrafos, hace que la máquina ronronée y conjeture estas divinas imaginaciones, para el deleite de la inteligencia y ese hábito hermoso de leer e intentar comprender. En "La biblioteca de Babel", ensaya, mediante imágenes fantásticas y arquitecturas imposibles (Escher y Piranesi tendrán mucho que ver en esto) un mundo infinito que es una biblioteca finita. El eterno retorno y su premisa (el tiempo una vez más) son el centro del relato. Si las combinaciones (que imaginamos, no, mejor dicho no podemos imaginar; tan tremenda es la cifra) de todos los alfabetos en todos los idiomas posibles, y aunque fueran estas increíblemente enormes, estuvieran plasmadas en libros, tendríamos entonces, esa biblioteca imaginada por Borges. Ahora bien; el tiempo es infinito, es decir, no tuvo comienzo, no tendrá final. Pero las combinaciones de esas letras, de todas esa letras, aunque siderales, tienen un "límite". Entonces, ¿como puede ser infinita la Biblioteca sin en algún punto no debería haber más libros?: La respuesta es la misma y la premisa es la misma que la de "El eterno retorno". Ese tiempo circular, que crucifica a Cristo eternamente (pensamiento intolerable) se da según este postulado: En un tiempo infinito y con un número de átomos que componen el universo (aunque desmesurados) finitos, el número de permutaciones posibles de esos átomos deberán repetirse. Es decir, de nuevo viviremos toda nuestra vida, desde el más pequeño detalle, todos nosotros, hasta el fin de las posiblidades y de nuevo otra vez... Termina el relato: "...no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden)..." Me extendí demasiado en estos relatos. Abundan policiales, locales, fantásticos y teológicos. "El Sur", es efectivamente, un relato hermoso. Y mucho más sencillo para quiénes odien a Borges. Tiene color, y pasión, y menos laberintos (que tanto nos gustan). Es redondo. Suguiendo la locura del pensamiento de Borges lo acabo de decir. Es perfecto, porque es redondo. El círculo es la forma más perfecta porque cada punto de su centro equidista con su circunferencia. Dios es o sería, además de un hipotético durmiente - como Mana-Yood-Sushai, el Dios de Pegana imaginado por Dunsany que sueña a Dioses menores- una gran esfera, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. Sueños, esferas, laberintos, bibliotecas infinitas; linda noche me espera...

4 comentarios, puntuación: 5 con 5 votos
Escrita 18 de Octubre de 2013
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BELLÍSIMO Y CONMOVEDOR en EL BARÓN BAGGE
En apenas ciento siete páginas, Lernet Holenia consigue perturbar el ánimo del lector, quién, asombrado, aunque no por la "sorpresa" del final, la cuál nunca oculta del todo el autor, sino más bien por la eficacia lograda en tan pocas páginas, se queda como entristecido, arrebujado, en busca de algo de calor, de puro meditar, casi inadvertidamente, sobre los sueños y la vigilia, sobre la vida y la muerte, que acaso serán parte de un todo incomprensible, inasible, conteniendo alguna lágrima tal vez, no reprimiendo una sonrisa que será también una hendija nueva a la esperanza, o a la desesperada fé en la fé algo raquítica ya, y otras cosas también, según cada cuál, según ese determinado e inexorable punto en el tiempo, destino, como se lo llama, prefijado pero ignorado a un tiempo. Simple es la historia. Un destacamento de soldados de reconocimento, entre quiénes se encuentra el Barón Bagge, protagonista de esta novela, quiénes avanzan por los Cárpatos en busca de los enemigos rusos (enemigos que se resisten a aparecer), atravesando llanuras heladas, soportando duras nevadas y fuertes vientos y lloviznas tenaces, al mando de un obstinado y caprichoso e inestable superior, se lazan a un tan temerario como ridículo avance sobre un punte cortinado por una niebla sólida, impenetrable, en la cuál encuentran soldados rusos, y donde de alguna manera comienza la historia, en realidad, es donde comienzan los hechos oníricos, confusos, muy posiblemente previsibles para el lector, aunque esta misma certeza no impida la emoción y el disfrute. Nada voy a adelantar ni agregar a esta magnífica novela, tan bella y poética, de tan exquisita y sencilla prosa. Y para ser sincero, escribir en este endiablado aparato me cansa demasiado. Solo espero que disfuten esta melancólica novela fantástica, donde discurren temas muy utilizados, pero trascendentales, inmortales, vigentes, como el amor, la muerte, la existencia, y el temido trance, el filo, el camino "el puente de oro", de la vigilia o la vida al sueño y la muerte.

10 comentarios, puntuación: 4.44 con 9 votos
Escrita 8 de Junio de 2013
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NORA, LA ANTI-MÁRTIR, SUPERFICIAL HEROÍNA DE LA TIBIA MODERNIDAD en CASA DE MUÑECAS
Terminé “Casa de muñecas” ayer; me gustó algo, pero esperaba mucho más: y creo que me si me gustó ha sido más por las sensaciones que me provocó que por su calidad literaria (posiblemente sea este un síntoma de calidad) y profundidad psicológicas y hasta filosóficas que contiene. Creo que la sencillez de los diálogos, que es de agradecer, es de algún modo compatible con la casi inexplicable y facilista (disculpen si no existe el término) resolución del final, el cual me pareció un poco forzado y hasta como apurado. Me explico mejor. Creo que Ibsen tenía una idea formada, bien moldeada sobre la situación innegable que las mujeres padecieron durante casi toda la historia, salvo por los últimos años, donde las cosas comenzaron a cambiar bastante, aunque no todavía lo suficiente. Sin embargo, ese pensamiento (defendible desde ya, y que comparto totalmente) lo llevó a escribir una obra no totalmente sincera, y que peca, desde mi punto de vista, de ser excesivamente sectaria, tendenciosa y tremendamente proselitista. Ibsen comete el mismo error que critica, en el fondo. Recuerdo, por ejemplo, la parte que Nora juega con los niños, y se esconde debajo de la mesa, y (y me da cierto dolor, como si esta historia hubiera sido cierta -posiblemente lo sea, lo haya sido, con otros nombres, en distintas partes del mundo) el grito de júbilo de los chicos cuando la madre sale de su escondite y la descubren, andando como un gato, para asustarlos y divertirlos; y es que me parece que la libertad, la independencia nada tiene que ver con el abandono de las únicos seres que no la traicionaron, (el egoísmo de Helmer es producto de una teórica superioridad del hombre sobre la mujer, teoría aprendida desde hace siglos), y que son los pequeños y encantadores hijos de Nora. Hasta se podría interpretar como que Nora (del mismo modo que el marido mientras su esposa obedecía a sus órdenes, expuestas y escondidas casi siempre bajo una máscara dulce y mediante palabras tiernas, siendo más reconvenciones que órdenes, se descubre como un ser enceguecido por salvar su propio prestigio, y nada más) estuvo, a su vez, utilizando una doble cara, aunque de manera inconsciente, es decir, la de la esposa sumisa, la de la muñeca dócil de su marido, como lo fue en su momento de su padre, por un lado y la de la mujer con ansias de liberarse de las cargas impuestas, milenariamente, por la sociedad, la religión, por el otro. Lo cuál me supone una suerte de excusa de Nora. Es decir, que en el fondo, y así como el marido, ciego ante los esfuerzos de Nora, ciego a causa de su estupidez, de su cobardía e ignorancia, esperaba el momento apropiado para abandonar una vida que en el fondo (como dijo al final, reconociendo que nunca había sido feliz) no la satisfizo jamás. Espero que se entienda lo que para mi ha sido un punto flojo. Ibsen madura una idea. Luego, para poder volcar esa idea al papel, crea una historia, sencilla, para justificar sus pensamientos y elaborar su defensa. Ahora bien, dicha defensa, carece de profundidad a la hora de ser expuesta. El origen de la misma, el fin, es admirable, no así la forma, no los argumentos. ¿Qué gana una mujer abandonando a su marido y fundamentalmente a sus hijos, cuando estos (sus ángeles, como los llama frecuentemente) ningún dolor le infligieron? ¿No se puede ver, contrariamente a lo que hubiera querido Ibsen, que Nora, al realizar los esfuerzos a espaldas de su marido, no era sincera y que lo hacía no por amor o por cariño siquiera, sino por adjudicarse un laurel, un triunfo, más para sentirse útil, dentro de un sistema plano, de una vida que transcurre a media temperatura, plácida y cálida, relativamente confortable, sin excesos ni lujurias, pero sin demasiados apuros, sin notables miserias y aflicciones?. Creo que entiendo la defensa que Ibsen quiso realizar. No comparto los argumentos. Creo que el final, es decir la frialdad repentina de Nora, es mentiroso y muy ficticio y poco creíble. Y es que hasta para las decepciones se necesita madurar la pasión, el sentimiento, hasta que se fortalezca, hasta que se endurezca y se solidifique, hasta que se haga carne, hasta que se templen los nervios y fluya la sangre caliente por sus venas, ahí recién se puede tomar tan dramática decisión; Ibsen hace a Nora una persona voluble. En unos pocos minutos, decide abandonar a sus pequeños hijos, con quiénes el día anterior jugaba y a quiénes amaba, en aras de su independencia. Creo, más bien, que esa fue la intención escondida en su insatisfecha, en el fondo fría, e inútil vida y que dicha determinación no fue tomada por el planteo estúpido y corto y tremendamente egoísta y trivial de Helmer, sino por un deseo oculto detrás del bonito juego de “la familia feliz” de soltarse, de quemar las cuerdas que la sujetaban a las convenciones que la ahogaban, sin darse cuenta, mientras la comedia no se trocaba en drama. Y conste que no hablo de Helmer, porque es el prototipo del idiota miserable, que se cree un ser dominante, y nada domina en realidad. Prefiero, por esto, enfocarme en Nora, que es la heroína de la obra. Vamos a invertir el asunto. Claro que alguien podría decirme que no es justo invertir la historia, porque no hubo hombres cuestionados en sus actos, abrumados por la lupa de la sociedad moralista, a lo largo de la historia. Pero quisiera saber, si alguien define a un hombre como tal, cuando abandona a sus hijos, vamos a suponer por alguna gran decepción ocasionada por su esposa (como una excusa). Todos los días, mujeres con hijos, muchas veces solteras, tienen que trabajar por ellas y por sus pequeños, cuando los padres ausentes no parecieran existir, ni afectivamente con sus hijos, ni económicamente con ambas partes. Yo los llamo idiotas, y malparidos. No son hombres. Son miserables. Y ellas SI son heroínas. Fácilmente podrían hacer “la gran Nora” y abandonarlo todo en lugar de compensar las faltas de sus maridos o parejas, para realmente ser seres sacrificados, donde priman los sentimientos hacia sus propios hijos, en lugar de sus frustraciones y sueños irrealizados. No me importa la razón; ya lo dijo Huxley: “Los métodos no justifican el fin, ya que los mismos determinan su naturaleza”. Nora emprende una secreta lucha por salvar la salud del hombre con quién hasta entonces era su adorado esposo (este tipo de acciones se hacen por amor y DESINTERESADAMENTE, y me parece que cuando uno hace algo que cree,”aunque sea en ese momento”, correcto, no debería estar al tanto de los aplausos y de las aprobaciones) pero luego pretende ser reconocida por dicha acción, cuando además de realizarla por él, debió hacerlo por los chicos, por “sus ángeles”. Y es que en realidad, Nora sigue siendo una esclava, pero esta vez de su orgullo y de su pedantería solapada: no ha sido recompensada en sus actos. Sigue siendo una muñeca, de ella misma. Sigue esperando una palmadita de aprobación, de su marido, de la sociedad, de alguien, de quien sea. Si lo vemos así, Nora no se liberó, o bien se liberó del estúpido de su marido, para seguir dependiendo de un mimo ajeno. Esto quiere decir que no hubiera habido historia si nunca se hubiera descubierto la carta, ya que al mismo tiempo el esposo no se hubiera demostrado como un ser vil, egoísta y superficial y Nora jamás se hubiese dado cuenta del tipo de hombre que tenía a su lado. Una acción justa no debería requerir una felicitación, ya que eso le quitaría toda pureza, todo lo GENUINO y diáfano de la misma. Nora no es para mi un ejemplo, ni una mártir, ni nada. Dejó a sus hijos, para comer almendras y respirar aire fresco, para sacar la cabeza fuera del agua un momento; esperando por el milagro que nunca llegaría, porque el deseo más sincero de Nora, fue siempre el de vivir livianamente, sin preocupaciones y la única vez (según la historia que nos presenta Ibsen, que nada dice del pasado de Nora, de alguna anterior muestra de madurez o de esfuerzos y sacrificios) que hizo algo por otro (su marido y sus hijos), buscó, POR MAS QUE NO LO HAYA RECONOCIDO, UNA FIESTA, UNA APROBACION. ...En cambio, se ven (si se quiere ver), calladamente, dulces heroínas confundidas entre las sombras de las ciudades, sufrientes, adorables, engañadas, solitarias, heridas, pero dispuestas a realizar SIN RECIBO a cambio, de sus hijos, todos los sacrificios que los hijos de puta de los padres no hacen. A esas madres (y a los buenos padres también, que los hay muchos, como lo fue mío y a mi madre mucho más que una Nora cómoda de fáciles y simplistas resoluciones) abnegadas, luchadoras, y verdaderamente independientes les dedico mis plegarias, mis bendiciones y les confieso mi más profunda admiración y les otorgo humildemente, la verdadera corona, de mujeres independientes, fuertes y maravillosas...

11 comentarios, puntuación: 5 con 2 votos
Escrita 29 de Marzo de 2013
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DE CUCHILLEROS, ESQUINAS CON ALMACENES Y ARRABALES en EL INFORME DE BRODIE
Una diferencia clara y a propósito distinguen los once relatos -de nivel extraordinario- de este tomo, con los a veces incómodos aunque, y tal vez por esa misma razón, atractivos de "El Aleph" o los de "Ficciones", libros que no he tenido la suerte de completarlos y los cuáles solo he leído parcialmente, de "El informe de Brodie"; la vuelta a los temas más comunes, a la identidad de Buenos Aires, dejando de lado, aunque no totalmente, el elemento fantástico. El estilo directo, mucho más sintético y eficaz que el empleado en sus anteriores libros de relatos, aborda temas criollos, volviendo de esta manera al, si cabe, realismo, dejando de lado las constantes menciones, sea en poemas o en prosa o en ensayos, del tiempo recto o del tiempo cíclico, del río de Heráclito (que vendría a ser lo mismo; ese tiempo fugaz, lineal, sin principio ni fin), de los espejos y sus juegos matemáticos de horrorosas repeticiones infinitas, de los laberintos (otra forma de espejos enfrentados, de reflejos inciertos), de la literatura, de las espadas y de las clepsidras, y del Islam. Cada relato es un perfecto ejemplo de poder narrativo, de una notable capacidad de concentrar en pocas líneas, mucha acción, muchos acontecimientos, manteniendo sin embargo, ese estilo inconfundible de Borges. La economía de palabras, la reducción de digresiones, confieren a los relatos agilidad y fluidez. Se nota mucho la influencia en los cuentos contenidos en "El informe de Brodie" del poco conocido y maravilloso escritor francés Marcel Schwob, quién en sus formidables "Vidas imaginarias" cuenta mucho en pocos párrafos, aunque con la diferencia y siempre marcando de esta manera el estilo y la esencia de cada uno, de que Schwob recurre a breves aunque deslumbrantes destellos poéticos; Borges, en cambio, apela a una narración sin descripciones o al menos las necesarias, para llevara acabo la historia. Los relatos, que he disfrutado muchísimo, tienen una fuerza emocional a pesar del estilo en que son narrados, muy marcado. "La intrusa" es un cuento brutal. Tan bestial de puro real que nos indigna y asquea. Recuerdo que me dije para mis adentros "y pensar que esto pasaba en el mundo-y sigue pasando- hace tan solo unos sesenta o setenta años. Ahora entiendo más la liberación femenina y los derechos que reclaman y la violencia de género, etc.". Pocas páginas para un resultado muy satisfactorio y muy terrible. No menos gráfico y dramático es "El otro duelo". Dos gauchos que se tienen un odio incurable y que finalmente acuden a la guerra juntos son, luego, capturados por los vencedores y sometidos a una carrera. Aunque previamente serán degollados. De esta manera competirán y saciarán su odio y afán de competencia hasta el final. Hacen su aparición, en otros relatos, los elementos tan característicos del Buenos Aires antiguo: el de los cuchilleros, de los compadritos que paran en los almacenes de las esquinas, de los guapos y delincuentes, del tango y la guitarra, de los bailes, de la "farra", del puñal, del puñal como protagonista en el excelente cuento "El encuentro", donde dos puñales que conservan un odio legado por sus antiguos dueños -quienes se odiaban a su vez y se habían batido ya- y que duermen en una vitrina, impotentes, recelosos, uno al lado del otro, buscan la manera de "enfrentarse de nuevo" en un duelo, provocando una pelea entre dos invitados a un asado, en la quinta "Los laureles". Este relato, roza, a pesar del tono verídico y realista, lo fantástico, o lo sugiere como una hipótesis, al menos. En dos relatos he adivinado, más que en los otros, y los cuáles resultan un poco más laberínticos, pero solo un poco, el influjo mencionado de Marcel Schwob. Me refiero a "El duelo" y a "Guayaquil". "El evangelio según Marcos" es un cuento inquietante y en cierto modo macabro e igualmente que los anteriores, más que interesante. Creo que si tuviera que recomendar a quién no guste de Borges un libro, sería este. Aunque podría, también, sugerir la lectura del primer libro de poemas que escribió, hacia el año 1923, creo, y que es "Fervor de Buenos Aires"; o bien los de las conferencias escritas: "Siete noches" o "Borges oral". Pero en cuanto a relatos se refiere, sin dudas que sin comparten el amor por los barrios perdidos en el tiempo, conservados solo en la memoria –que no los ha conocido pero que los intuye, los imagina, los moldea- y en los escritos, en aquel Buenos Aires de matones en las esquinas, apoyados en faroles o fumando en grupos, hacia el ocaso, bajo la penumbra, quienes idealicen y agreguen una pincelada romántica a las calles, a los patios ajedrezados, blancos y negros, con aljibes, a los zaguanes, las rejas con jazmines, las puertas cancel, a las mesas domingueras bajo las parras que filtran fragmentos de sol en los manteles mientras se chupa el mate, quién imagine una joda, una farra en algún conventillo, donde se rasca la guitarra y en donde el puñal sediento se afloja con rapidez, este libro, o tal vez la sumatoria de todos los libros de Borges, sean de su agrado.

22 comentarios, puntuación: 5 con 7 votos
Escrita 24 de Marzo de 2013
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LOS MUNDOS PERDIDOS: CLICLO DE ZOTHIQUE en ZOTHIQUE, EL ÚLTIMO CONTINENTE
La imagen decadente y ya en si misma ominosa de un sol moribundo, dentro de un orbe imaginario donde la hechicería, la nigromancia y la maldad renacen intensamente en este ciclo, recompilado y ordenado por Lin Carter (se trataba en un principio de relatos escritos en distintas épocas, sin un claro afán de seguir alguna línea temporal evidente) son el principal escenario de cada uno de los cuentos que componen el, tal vez, más compacto ciclo de C.A.S, ya que si bien mi preferido es Atlantis/Poseidonis es verdad que solo cuenta con unos cuatro o cinco relatos, más algún poema. Smith tiene muchas virtudes, como una gran imaginación, producto de lecturas e influencias notorias evidenciadas en sus relatos, de diversas fuentes y orígenes y épocas; en sus cuentos se pueden encontrar, valiéndose de un estilo barroco, profusamente cargado de gráficas adjetivaciones, seres repulsivos, que viven bajo tierra, en húmedas y pestilentes cuevas primigenias, reyes inusualmente crueles, magos, hechiceros capaces de revivir a los muertos, monstruos inconcebibles, plantas y jardines tropicales de oscura belleza, demonios y dioses, olvidados o activos, islas remotas, habitadas por extraños y singulares personajes, como pájaros monarcas, etc. Por momentos me ha parecido un poco exagerada la mezcla y hasta en ocasiones incongruentes; es posiblemente un defecto en Smith. En algunos relatos, esta mezcla, este batido tan colorido y extravagante de estilos (Las Mil y Una Noches conviven con la tradición gótica y con Cthulhu, todo en el mismo cuento) resulta un poco forzado, y en otros simplemente magistral. Son dieciséis los relatos que Carter ha, según un estudio minucioso, reunido bajo el título de Zothique, continente imaginario, ulterior y fabuloso donde Smith talla sus historias fantásticas y mágicas de manera notable. El primero de ellos, es "Xeethra", un bello cuento sobre un joven y pobre pastor que enloquece luego de probar uno de los rojos frutos prohibidos de los terribles jardines de Thasaidón, Rey, Dios o Demonio de los mundos subterráneos. La locura lo lleva a creerse, luego de que los frutos hicieran su efecto narcótico, un rey llamado Amero, y emprende la búsqueda de la ciudad de Calyz, siendo objeto de la burla e incredulidad de las personas que lo conocieron pastor. Me recuerda bastante a ese maravilloso cuento de Lovecraft, "La búsqueda de Iranon", lleno de una cierta muelle tristeza, y de una reflexión ciertamente no demasiado alentadora, del paso del tiempo, de la persecución de los sueños, de lo efímero de la belleza. Otros relatos muy destacados son "El dios de los muertos", "El abad negro de Puthuum" "El ídolo oscuro", poderosos cuentos de puro horror, más cercanos al estilo y sobre todo argumentalmente a los de Lovecraft, aunque siemnpre con la impronta mencionada anteriormente del californiano. En "El dios de los muertos", se desarrolla una macabra historia de un hombre que tratará por todos los medios posibles de rescatar del poder de los servidores terribles y abominables de Mordiggian, dios de la oscura ciudad de Zul-Bha-Sair, quién recibe de los habitantes los cuerpos de los fallecidos en su Templo, a su esposa, quién luego de sufrir un ataque de catalepsia confunde a los implacables servidores del dios, obedeciendo a las duras e inexorables leyes de la ciudad. En "El ídolo oscuro", espléndido y excesivo relato, cuenta la historia de un joven mendigo, llamado Narthos por entonces, que es pisoteado, ante el pedido de clemencia y ayuda, por los cascos del caballo del príncipe Zotulla, quién arrogante, se ríe de su desgraciada figura, al igual que la gente que pasa por al lado, sin prestarle atención a sus heridas. El joven, luego de recuperarse, se va de la ciudad hasta encontrarse en un desértico paraje al mago Ouphaloc, quién lo instruye en la artes de la hechicería. Con el correr de los años el resentimiento de Narthos se hace cada vez más fuerte junto al deseo de venganza. Posteriormente adopta el nombre de Namirrha, haciéndose cada vez más temido y conocido por todos. Resta decir, y es lo más importante e independientemente del desarrollo de la historia y de su impactante venganza, que me impresionó lo sangriento de algunas escenas. En una de ellas, unas figuras de momias y esqueletos, pisan-y ante cada pisada aumentan el peso de sus cuerpos y su tamaño- a los servidores del rey Zotulla: "aquellos sobre los que danzaban eran como uvas que se pisan en otoño durante la vendimia y el suelo se cubrió de un espeso mosto sanguíneo". Esta imagen, de unos seres pisando una y otra vez los cuerpos ya deshechos me parce terrible y muy gráfica y violenta para la época. Hacia el final, aparecen los caballos de Thamogorgos, unos siderales demonios que aplastan la ciudad y el reino del arrogante Zotulla. Es un gran relato, uno de los más destacados, para mi gusto. El mejor de la serie es "La isla de los torturadores", el cuál me parece perfecto y es el punto más alto de la serie de Zothique. Equilibrando el horror de las torturas, con un sabio pulso narrativo, donde jamás llega a decaer el ritmo, con un final apropiado y si bien y tal vez predecible, impecable. Ha sido en general una muy grata lectura; la prosa de Ashton Smith es cargada, rebosante de color, y recuerda a "Las mil y una noches" y al cuento gótico y al pulp de aquellos incomparables años, donde Lovecraft, Smith y Howard, nos regalaron una importante suma de relatos y poemas, llenos de sangre y magia, y de belleza, la belleza de imaginarios imperios fabulosos, de selvas profusas y ominosas, de reyes y de magos, mundos, tan diferentes y tan parecidos al nuestro, tan violentos aquellos como lo es el nuestro, solo que sin la presencia de la magia, de soles bermejos, cansados, de templos y palacios de mármol rosado rodeado de palmeras... Y pensar que dejó este hombre de escribir repentinamente. ¿Con que otros mundos, con que otras invenciones fantásticas nos hubiera conmovido?...

13 comentarios, puntuación: 5 con 4 votos
Escrita 23 de Marzo de 2013
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UN SUEÑO DE OPIO, SURREALISTA Y OSCURO. en LA LECHUZA CIEGA
Sadeq Hedayat, de carácter furiosamente pesimista, admirador de Kafka y de Poe, y quién, más allá de cualquier tipo de predilección literaria, llegó a concretar un final para su vida, en armonía con su triste ideología, escribió entre otras obras (siendo esta la más conocida) "La lechuza ciega". Se trata de una novela inconexa, pasional, delirante. Tiene fragmentos de excelente poesía; tiene momentos de notable calidad "plástica" o fotográfica. Es claramente surrealista, mezclando constantemente la vigilia con los sueños, y para peor, los sueños y los delirios de un consumidor de opio. Hay, por ejemplo, personajes que aparecen una y otra vez a lo largo de la novela (de muy corta extensión: unas ciento dieciocho páginas en la edición de "El ojo sin párpado" de la editorial Siruela), pero estos aparecen como podrían aparecer las imágenes producidas por nuestro cerebro bajo un lamentable estado de fiebre (que muchas veces logra un estado similar al de la locura): es decir, los elementos distorsionados (casas en medio de la niebla, de ventanas sin cristales -inconcebibles para ser habitadas por personas-, de formas geométricas extravagantes, como cónicas, por ejemplo), los jirones de niebla, una niebla espesa, que cuelgan de las montañas, de los árboles, de forma "maldita y achaparrada" y que devora todas las cosas; el carnicero, que todos los días, espera la llegada de dos pencos raquíticos, quiénes soportan la carga de dos corderos muertos, de dos cadáveres sangrientos (he averiguado el origen de estas escenas: Hedayat ha sido vegetariano, al parecer), mientras el hombre, elige los cuerpos imaginando las ganancias. La "zorra", a quién el personaje principal, el comedor de opio, el delirante, quién nos narra esta a veces incomprensible (no por lo difícil de su lectura, sino porque pareciera no haber un sentido concreto de fondo - aunque entiendo que esto es surrealismo ¿cierto?) historia, de personajes extraños, casi terroríficos, que se ríen, que se burlan constantemente del desgraciado protagonista, "la zorra" decía, es el móvil principal, el eje de este historia. Por momentos (en la segunda parte) es su esposa, quién lo repudia (no está del todo claro, no se sabe si es un delirio de él o si ciertamente es así) y lo engaña, acostándose con decenas de hombres, pero que a él, a su propio esposo, le niega siquiera un beso. Este personaje, aparece como un vampiro, o un demonio o un ángel, de ojos voluptuosos y arrobadores, rasgados e hipnóticos, que lo atrae y lo repele al mismo tiempo (él mismo no sabe como llamarla, si ángel o demonio lo mismo que no sabe si odiarla o amarla). Esta mujer, enigmática, es a veces la imagen de sus dibujos, a veces una visión a través de la claraboya de su mísero departamento, otras veces su mujer. La lectura no es difícil, pero al no haber lógica, se hace muchas veces farragosa, y otras, con sus toques de espléndida poesía surrealista, cargada de imágenes poderosas, siniestras, repletas de sangre y oscuridad y de ensueños pesados e incómodos, es, de alguna forma, agradable, aunque el tema mismo no ayude, ya que habla en exceso de la muerte y la enfermedad. No hay luz en esta novela. No hay siquiera un atisbo de vida sana, nunca, de algo positivo, o de esperanza. Ha sido una extraña experiencia. La he leído en el trabajo, mientras atendía a la gente, con constantes interrupciones, y en el transcurso de una sola mañana. Tal vez, alguien tenga más suerte que yo y pueda admirar más a fondo esta compleja (está llena de símbolos, de imágenes, funestas, como un cuadro pintado por un loco, o un afiebrado o un adicto al opio) novela, tan extraña y cargada, por momentos apasionante y por muchos otros, de incómoda lectura. PD: El puntaje, es tan delirante como la novela. Creo que me afectó la confusión del protagonista. Podría haber sido un seis, un ocho, quién diablos sabe. Que alguien la lea y opine, por favor.

12 comentarios, puntuación: 5 con 5 votos
Escrita 4 de Enero de 2013
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LA MALDICIÓN DE MARDYKES HALL en LA PROFECÍA DE CLOOSTEDD
Es este un libro extraño, difícil de calificar, ya que une méritos evidentes, con notables fallos e irregularidades narrativas. Si hay algo que destacar en Le Fanu, y en esta novela en particular, son las descripciones de Mardykes Hall -el caserón antiguo, solitario y triste- el lago - en el cuál parecen agazapados peligros intangibles y un horror inexplicable para Sir Bale Mardykes- los bosques y las noches claras, donde la fría luz de la luna acentúa y perfila las ondulaciones del lago, etc., muy vívidas y coloridas, y además, el dibujo, el perfil psicológico de los personajes, y sus cambios y transformaciones. En cuanto a la trama, resulta tan sencilla como, por momentos, inexplicable, heterogénea, donde los saltos y situaciones no parecen llegar a ninguna parte y la conexión entre dichas situaciones no parecen estar correctamente hilvanadas; es, por decirlo de alguna manera, un pastiche, una mezcolanza un tanto extraña, y no siempre eficaz. Tiene también otro defecto, y es este la introducción de un romance un poco insoportable hacia la mitad de la narración. La llegada de la bella dama y su casamiento con Sir Bale, producen algunos párrafos un tanto espesos, pegajosos, y lastran de alguna manera el perfil de horror gótico que presentan los paisajes y la historia. Pero más allá de sus defectos, tiene en compensación algunos puntos a favor. Creo que Le Fanu es un excelente narrador de paisajes espectrales, brumosos, maléficos, aterradores por su mera naturaleza: el lago, los bosques, las montañas, las tormentas, las mansiones, etc. Algo muy importante que he descubierto en este escritor, es que es un gran evocador de imágenes macabras, a diferencia de otros grandes escritores, tal vez muy superiores a él en conjunto, pero que no han llegado a plasmar "ese detalle cinematográfico" tan sabiamente como Le Fanu. Hay, por ejemplo, sonrisas macabras, iluminadas por las imprecisas y vacilantes luz de las velas; "cuadros" que bien podrían haber sido "tomas" o "planos". En una ocasión, en una serie de historias que se ven interpoladas dentro de la historia original, y que solo sirven para nutrir el conjunto, pero que nada aportan en definitiva al desarollo o desenlace de la novela, una imagen poderosa: una mujer recién llegada a una posada o una casa ve, desde la cama en donde esta acostada, en la ventana y bajo el resplandor de los incesantes relámpagos y el fragor de la tormenta, a una mujer golpeando la ventana con ojos desorbitados y el pelo mojado por la lluvia. Al día siguiente, la mujer que vió esa imagen inquietante pero a la que atribuyó una explicación racional -una pobre mujer vagabunda, empapada, en busca de un refugio para la noche- se percata de que la ventana se encuentra en un piso alto. Este simple detalle, demuestra la viva imaginación macabra y las ominosas imágenes que convoca el autor. El final es desconcertante. Faltan explicaciones, o me he perdido de algo en el camino. Da la sensación de haber sido apresurado y resulta poco convincente. Tampoco se explica la extraña resurrección de Phillip Feltram, ni mucho menos su inquietante metamorfosis, ni la presencia del viejo misterioso prestamista del bosque - salvo que se trate del mismo Satanás, que cambia su oro por el alma de Sir Bale- ni su semejanza con las aves de plumaje colorido. Repito que a pesar de todo, el conjunto es bueno y vale la pena, al menos, hacer el intento. Le Fanu es un escritor respetable; he leído de él algunos cuentos sueltos y esta novela. Carmilla tiene buena reputación y espero que resulte más redonda que esta aceptable, aunque por momentos confusa y extravagante novela de terror gótico.

2 comentarios, puntuación: 4 con 2 votos
Escrita 10 de Julio de 2012
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