En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

Reseñas de Guille Opciones de perfil

Primera Anterior ... 1 2 3 4 5 ... Siguiente Última

Portada de a5bfd6cd305f88b3d544b02a6529ce
REALISMO MÁGICO RUSO en HELADA SANGRE AZUL
Leer a Buida es un auténtico gustazo. Disfruté mucho de El tren cero, y este ha sido, como poco, igual de placentero. Los amantes del realismo mágico encontrarán aquí un maravilloso vergel florido y fermoso. “Me doy cuenta de que mi deber es contarlo. Contar todo esto. Hablar de esta ciudad y de esta gente. De los hermanos verdugos, fundadores de Chúdov, de la Bella Durmiente, del buque Hyderband, de Hanna y el capitán Jolúpiev, de Aleksandr Zmoiro, el comandante del Primer Batallón de la Guarida Roja Jesucristo Nazareno, Rey de los judíos, y de su esposa Potranca Bellapompis, de la marca negra del destino y del puente de la Gata, de Kolia Vdóvushkin y de los corceles de flamígeros cascos, de Baba Shuba, de la prodigiosa India, de la diabólica atracción por la autodestrucción y la divina pasión por el vuelo, y al fin y al cabo, de Dios, también de Dios, de un dios de color morado sobre dorado...” Salvar del olvido es lo que empuja a Viernes, apodo que le adjudicó su tía y eje conductor de esta historia, a contarnos de las gentes de Chúdov. Con la inocencia y crueldad propias de los cuentos clásicos en los que lo hechos heroicos y las acciones monstruosas conviven felizmente, Viernes nos cuenta entre fábulas, leyendas y hechos reales, la vida y el mundo en el que vivió Ida Zmoiro (en realidad, Valentina Karavaeva), actriz galardonada con el premio Stalin y relegada al ostracismo por el propio régimen tras casarse con un extranjero. Una vida que transcurre a lo largo del siglo XX en la Rusia comunista en la que “siempre abraza más futuro que pasado”. La historia se inicia con unas niñas desaparecidas, unas misteriosas llamadas en la puerta de la casa de Ida y su caída a los pies de la muerte y del policía al que quería comunicar algo importante. Pero este engañoso inicio a la manera de las novelas policiacas solo se retomará en las páginas finales del libro. Entre tanto, en el escenario de este teatro-mundo que es el pueblo de Chúdov, se representarán historias de todo tipo -tristes, burlonas, oníricas, duras, sarcásticas, tiernas, brutales, poéticas- protagonizadas por personajes que van desde lo épico a lo esperpéntico, de lo trágico a lo mitológico, de lo fantástico a lo satírico, todo suma en la representación de una sociedad y un período negrísimo de la historia de la humanidad. Pero no solamente se muestran los horrores de una época, también subirán a escena todo eso que el autor llama “los dolores del alma” y que nos carcomen el interior desde que nacemos: la maldad, la envidia, los deseos reprimidos, el miedo, el odio, los celos, el amor y, por encima de todos ellos, “la helada sangre azul”, la sangre que corre por las venas de aquellos capaces de dominar los corazones, de llevar a las personas hasta el límite de las posibilidades humanas y hacerlos traspasar la frontera, son la maestría y el cálculo, un don y una maldición. Buida nos habla del mal, su presencia inevitable en el mundo y en cada uno de nosotros, pero también de la forma de enfrentarnos a él, de como alcanzar la fortaleza suficiente para construir nuestra vida, para ser el actor principal de nuestra propia historia, con eso que algunos llaman sueño, otros amor, otros Dios, otros la idea. “La idea, es lo que te salva. Debes tener una idea, un sueño, entonces serás libre incluso dentro de la cárcel más terrible. ¡Concéntrate en la idea!” La novela va adquiriendo forma a través de la acumulación de relatos, de mantras que se repiten una y otra vez (“las señoras de bien no tienen piernas… la felicidad engorda… el agua fluye…); de imágenes poderosas y mágicas como el Moscú cubierto de una nieve roja hasta el pomo de las puertas o los ataúdes expulsados de la tierra y destrozados por la corriente de las riadas o la mujer dormida encerrada en un arcón de plata; de comentarios sobre el teatro y el actor que no es más que “un vacío capaz de contenerlo todo, pero incapaz de salvar a otra persona, incapaz de sentir amor verdadero, amor como a vece saben amar las personas”; de objetos que remiten a historias que han adquirido la categoría de leyenda, como un tálero de plata de Bohemia, un frasco con un corazón de cerdo conservado en alcohol, unas medias de color limón con un encaje chantilly, una minúscula campanilla con un anillo que antaño cosían a las camisas de los leprosos, un reloj encerrado en un entrepaño ilocalizable que recobra vida todos los días a las tres en punto de la mañana; de lugares tan carismáticos como la taberna El Perro de Pavlov o el prostíbulo El cuerpo del delito. Todo con el fin de hacer realidad el deseo de Ida Zmoiro, “desintegrar la vida ordinaria, donde todo lo que es izquierdo es simplemente izquierdo, y todo lo que es derecho, es simplemente derecho.”

0 comentarios, puntuación: 5 con 3 votos
Escrita 1 de Junio de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de cdad88954b8d853a7f314dda7be4d5
UNAS PIERNAS DE INFARTO en LA MALDICIÓN GITANA
“Encuentra un coño a tu medida y ya jamás volverás a ser el mismo. Jamás hallarás la paz. Ya verás, lo mismo dará que te humille. Lo mismo dará que te mienta, te hiera, te escupa en la cara o se folle a otros hombres. Lo único que querrás saber es: ¿Volverás conmigo? ¿Me dejarás probar otra vez ese fantástico coño? Probar de nuevo ese coño hecho a tu medida será lo único que te quitará el sueño. Arruinarás a tu familia, te arruinarás a ti mismo, nada te importará”. Esta es la maldición que persigue a Marvin Molar, un sordomudo que compensa sus piernas de renacuajo tullido con unos brazos de cincuenta centímetros de circunferencia y que es capaz de hacer equilibrios sobre un solo dedo, habilidad con la que mal que bien se gana la vida. Ya veo a más de uno con los ojos como ruedas de trailer y pensando que estas extravagancias no van con ellos. A vosotros os diré que Harry Crews es un gran escritor (iba a añadir sureño pero le viene muy pequeño el adjetivo localizativo), autor de un buen puñado de novelas (6 publicadas en España), feo como un demonio, exmarine, exboxeador, misógino y romántico, propenso a la ingesta de determinadas sustancias y gran pregonero de las muchas miserias y pocas bondades de la naturaleza humana; amante de las peleas y orgulloso de sus cicatrices, poseedor de una fascinante inclinación a “dar la vuelta a las cosas” y hacer que hasta lo más anodino se vuelva interesante; dotado de una escritura personal, directa y visceral, con una habilidad portentosa para hacernos naturales unos mundos muy particulares en los que habitan gente capaz de comerse un coche o enanos con pies gigantes y que protagonizan historias en las que no se escatima ni el humor ni las escenas de sexo y violencia pero a las que sabe dotar de “estilo y decencia”. Estos seres marginales, lisiados física y/o emocionalmente, y hasta grotescos, no se permiten lloriqueos ni sentimientos autocompasivos, son gente peligrosa que siempre “esperan que les jodan un poco” aunque no más de la cuenta, personas que afrontan con coraje su dura condición y a los que el autor trata con un enorme respeto, ternura y cariño. Al levantarse cada día, lo primero que Marvin Molar ve es la nota que le acompañaba cuando fue abandonado por sus padres y que tiene colgada en la pared en uno de esos marcos dorados de las tiendas Woolworth: “Somos de tu gente normal y no podemos suportarlo. No podemos suportarlo y punto. Seas quien seas, te estaremos muy agradecidos si cuidas de esto en bez de nosotros porque nosotros ya no podemos suportarlo más. Gracias. Los suyos. P.D. No poede hablar.” Pero Marvin tiene bien cubiertas sus necesidades familiares gracias a Al, el dueño del gimnasio que le recogió, cuya carrera como forzudo de feria se terminó el día en el que un coche le pasó por encima de la cabeza y con los dos exboxeadores sonados que conviven con ellos. Hasta que aparece Hester. Como en otras obras de Crews, la mujer representa la perdición de los hombres y Hester, una mujer con un culo y unas piernas de infarto, cruel y manipuladora, encarna el papel a la perfección: enorme poder sexual, astucia en la satisfacción de las necesidades sexuales y afectivas de Marvin, seguridad en obtener todo aquello que se propone, un miedo patológico a que las cosas se mueran y una necesidad enfermiza de dar la vuelta a las cosas, de hacer que todo vuelva a ser interesante sin importarle las consecuencias. A partir de aquí el drama, la rabia, el amor, los celos, las ansias de exprimir la vida hasta querer buscar la muerte.

2 comentarios, puntuación: 4.33 con 3 votos
Escrita 24 de Mayo de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de fb04b723de1f03b51b74
NO HAY TEMOR SIN ESPERANZA, NI ESPERANZA SIN TEMOR en EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS
Esta frase de La Rochefoucauld y muchísimas más pueden aplicarse a la obra de Buzzati. Los temas que aquí encontraréis han sido tratados, analizados y representados infinidad de veces y en infinidad de formas, no es la originalidad ni tampoco la profundidad lo que hace grande a esta novela. Lo que la hace extraordinaria es la belleza sobria del relato, su aire de leyenda atemporal, la fuerza sutil que logra mantenerte absorto y fascinado a pesar de que la anécdota se pueda explicar en una frase. Y ¿cuál es la anécdota? Drogo ha alcanzado el grado de teniente y empieza su primer servicio en una fortaleza de frontera que vivió tiempos mejores y donde los que permanecen en ella, por decisión propia o no, anhelan un ataque enemigo eternamente esperado en el que puedan demostrar sus dotes y que sirva para dar sentido a sus vidas. Y ¿cuáles son los temas? La novela es una sencilla alegoría de la soledad, el paso del tiempo, la esperanza y, en definitiva, el sentido y el propósito de la vida. La esperanza, nos viene a decir la novela, allana convenientemente la tarea de reunir las fuerzas necesarias para levantarnos cada mañana… “Era la hora de las esperanzas y él meditaba sobre las heroicas historias que probablemente no se harían realidad nunca, pero que, aun así, servían para alentar la vida”. … y, sin embargo, puede constituir una trágica trampa en la que el posible gran gozo futuro se antepone al modesto disfrute presente con un resultado que muy a menudo se queda en una vida desaprovechada. Como muy bien dice Borges acerca de la obra, muchas veces esperamos multitudes en un desierto que ha estado, está y estará siempre vacío. Una característica humana explotada profusamente y con gran éxito por los altos poderes. “¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, y se reanuda sin pensar el camino“. Toda la novela está envuelta en el halo de tristeza que caracteriza la personalidad de Drogo y que se nos revela desde sus sombríos presagios iniciales. Nos compadecemos de su soledad, de su inocencia ante el mundo y los que lo habitan, por su apatía, por su renuncia, por la fatalidad que le aguarda y puede verse en sus ojos, por la jugada final que le depara el destino, por hacer verdad la dura y pesimista verdad que le comunica su superior: “Después de todo, a uno le toca siempre lo que se merece.” Al concluir la novela, sentimos algo de consuelo con la, sí, también, triste victoria que consigue Drogo con una sonrisa en los labios.

0 comentarios, puntuación: 5 con 2 votos
Escrita 11 de Mayo de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de 9e983eed0cc1ce1e0ea3
QUÉ RARO ES TODO en EL VIAJE VERTICAL
Qué rara es la lectura, y qué raro es todo, pero la lectura más. Y digo esto porque, siendo este un viaje al sur en lo físico (Barcelona-Oporto-Lisboa-Madeira-…) y al hundimiento total en lo anímico, mi viaje fue justamente el contrario, un continuo y empinado ascenso desde una posición sorprendentemente deprimida. No soy novato con el autor y, sin embargo, los primeros tramos del viaje me dejaron bastante desorientado. Me confundió el convencionalismo de la propuesta, el que la ligereza irónica a la que me tiene acostumbrado el autor se me antojara simplemente ligereza, el que la metaliteratura brillara por su ausencia, el que Mayol, su protagonista, al igual que a su propio hijo, me pareciera un auténtico merluzo, el que el golpe desencadenante de la novela no se debiera a un descubrimiento interior, lo habitual, sino a uno propinado por su mujer y para más inri en una escena totalmente almodovariana (Julia, también de una edad provecta, le pide a bocajarro, en la cocina, que se marche, que le estorba para saber quién es ella realmente, tras lo cual prosigue tranquilamente su pela de guisantes), y, por último, me incomodaba la sensación de que lo estaba entendiendo todo: Vila-Matas me estaba privando de uno de los grandes placeres que me proporciona y que es ese que tan bien describe el propio autor en esta misma novela al relatar una conferencia a la que acude Mayol sin entender apenas nada pero que… “lo suplía dejando que las palabras y frases sueltas que captaba le permitieran viajar por ellas inventándose la conferencia a su antojo.... era como si la cultura estuviera entrando en él a través de la música de unas palabras y frases sueltas que se le aproximaban viajando desde paraísos remotos para marcar el compás de una poesía extraña." En resumen, con una claridad meridiana, me las estaba viendo con un nacionalista jubilado olvidado de su carrera profesional y política, abandonado por su mujer, decepcionado por sus hijos, convencido de que había desperdiciado su vida y que había hechos desgraciados a todos. No es de extrañar que el hombre quisiera convertirse en otro… yo rezaba para que así fuera. Pero una vez acabado el planteamiento de la novela, una vez terminado el largo deambular gris y lluvioso por la Barcelona natal y tomada la decisión del viaje que le convertirá en otro, por fin, aparece el objeto de mi admiración en todo su esplendor. Por fin encontraba al escritor irónico y libertario; por fin aparecía la risa que oculta la desesperación por una vida insoportable, aunque ello no mitigue la angustia de la muerte; por fin aparecía la tristeza melancólica por unos hombres con la “detestable costumbre de ser infelices”, por unos hombres cuya auténtica vida es la que no llevan, que aborrecen el hogar confortable sin saber si en el exterior también les espera “el mismo silencio trágico de las noches interminables en sus domicilios” con su perfecto, gris y miserable orden, unos hombres que se encuentran, en el más profundo de los sentidos, solos. Por fin aparecía el Vila-Matas que convierte lo absurdo en revelador, lo azaroso en norma; el Vila-Matas que se recrea en los encuentros extraordinarios, en los personajes imposibles, en las conversaciones extravagantes, en los sueños visionarios, en los malentendidos esclarecedores, y es capaz de convertir todo ello en presagio, en oráculo, en mensajero de claves existenciales. Tampoco se olvidó el autor de sus grandes obsesiones -la soledad, la vejez y la muerte, el suicidio, la identidad, la cultura y el arte- ni tampoco faltó a su cita el Vila-Matas sentimental… “En ocasiones no es más que una cuestión de un instante, a veces el amor sólo exige el tiempo necesario para que una persona desconocida se cruce en nuestro camino y nos mire y nosotros al devolverle la mirada descubramos el sentido más profundo de la pasión.” … ni el Vila-Matas que divaga y deambula sin perder el rumbo, ni el Vila-Matas que gusta de la unión de los opuestos, de encontrar, como en este caso, un hundimiento atractivo, una depresión entretenida, y, sobre todo, una victoria en la derrota y un pesimismo esperanzado. “Todos los hombres están fuera de lugar.” ¿Se puede ser más pesimista? Y aun así todavía cree posible ir más allá de esa risa que “oculta con ironía la desesperación de quien ya nada espera”, todavía se encuentra en pos de la quimera que es encontrar “un nuevo camino a las Indias”. Y, por último, tampoco se extravió el Vila-Matas que obliga al lector agradecido a encontrar su recorrido y su final, el Vila-Matas que se interna en la bruma de las posibilidades, el que concluye el viaje en el “país donde las cosas no tienen nombre y donde no hay dioses, no hay hombres, no hay mundo, sólo el abismo del fondo”. Un país que cada uno situará en su atlas particular y que, por cierto, también aparece en un viaje de LSD que se relata en su espléndida “París no se acaba nunca”. En fin, que me gusta Vila-Matas. Pero, ahora que lo pienso, qué raro es que me guste Vila-Matas.

2 comentarios, puntuación: 4 con 2 votos
Escrita 8 de Mayo de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de 2aa264f04c1c11133b57
LA MAGA DE BOLAÑO en AMULETO
Es posible que no alcance la altura de Estrella distante, novela que leí recientemente, y sin embargo el atractivo y el encanto con el que Bolaño dota a su personaje, Auxilio Lacouture, convierte la lectura en puro gozo. Auxilio es el precioso homenaje que Bolaño hace a Alcira Soust Scaffo, poeta uruguaya que sobrevivió a la ocupación por el ejército mejicano de la Ciudad Universitaria gracias a que pudo esconderse en los baños de la UAM y permanecer en ellos durante doce días con sus doce noches hasta ser rescatada medio muerta. Este suceso ignominioso de la historia mexicana es el centro sobre el que gravita todo el “delirio aterrorizado” que es la novela, tal y como tan acertadamente la califica Rodrigo Fresán, aunque lo que la hace inolvidable es la voz de Auxilio, la libertad que de ella emana, su delicioso juego con las palabras que es una verdadera fiesta del lenguaje que me trajo a la mente no pocas veces la genial y exuberante novela de Fernando del Paso, Palinuro de México, la cual también tiene como eje central la masacre de la Plaza de Tlatelolco, pero sobre todo me la recordó por párrafos como este: “El tiempo o no se detiene nunca o está detenido desde siempre, digamos entonces que el contínuum del tiempo sufre un escalofrío, o digamos que el tiempo abre las patotas y se agacha y mete la cabeza entre las ingles y me mira al revés, unos centímetros tan sólo más abajo del culo, y me guiña un ojo loco, o digamos que la luna llena o creciente o la oscura luna menguante del DF vuelve a deslizarse por las baldosas del lavabo de mujeres de la cuarta planta de la Facultad de Filosofía y Letras, o digamos que se levanta un silencio de velatorio en el café Quito y que sólo escucho los murmullos de los fantasmas de la corte de Lilian Serpas y que no sé, una vez más, si estoy en el 68 o en el 74 o en el 80 o si de una vez por todas me estoy aproximando como la sombra de un barco naufragado al dichoso año 2000 que no veré.” Desde esos lavabos, Auxilio anda pendiente de cado sonido, de cada sombra, intentando exorcizar el horror con esa luna que se refleja en las baldosas y le permite leer poemas de Pedro Garfias, con esa luna que salta de baldosa en baldosa y las derrite “hasta abrir un boquete por donde pasan imágenes, películas que hablan de nosotros y de nuestras lecturas y del futuro rápido como la luz y que no veremos”. Auxilio recuerda, reinventa y recrea un pasado, un presente y un futuro, sin atenerse a ningún orden, sin trama a la que ceñirse, sin tema que no pueda tocarse, sin poeta, real o ficticio, que no pueda imaginar, sin encuentro en bares, calles y salones que no pueda producirse. Auxilio siente y expresa un amor profundo por la poesía y por los poetas y ella misma se convierte en poeta en el recuerdo de personas y episodios, de esas personas y episodios que no deben caer en el olvido, porque hay una responsabilidad del recuerdo, una obligación contra el olvido que entierra a personas y episodios, que, como los libros, son presas fáciles del polvo. Lo exige toda una generación de poetas y no poetas que asistieron al final del sueño revolucionario. “Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta.” Y hay que agradecerle y mucho a Bolaño la creación de esta voz encantadora que cuenta, esta Auxilio tan cercana a la Maga de Cortázar que siente pero no sabe, que ignora el porqué de la tristeza que desprende un simple florero pero es capaz de sentir el infierno que se encierra en su boca y llorar y casi desmayarse. Asidua a las mil tertulias de poetas es incapaz de entender el glílico que allí se habla, abierta a todos para los que siempre tiene cien palabras o mil, vagabunda por el DF convertida en murciélago o duende. Auxilio la testigo, Auxilio la memoria, Auxilio visionaria del futuro y visionaria también del pasado, Auxilio madre de la poesía mexicana, Auxilio la que se nutre de literatura hasta quedar desdentada y triste, la poseedora de la poesía, del canto que protege, del canto que es nuestro amuleto.

0 comentarios, puntuación: 5 con 1 votos
Escrita 3 de Mayo de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de 7a7dca5e6c81679b1cd146e564c026
LA LÓGICA DE LA LOCURA en LA GRAVEDAD DE LAS CIRCUNSTANCIAS
"La gravedad de las circunstancias" es una novela diferente, incómoda, turbadora y brutal. Berta, el gran personaje de la novela, es una mujer cuya respuesta más común a cualquier situación o pregunta que se le haga es "Bueno, bueno", aunque "las palabras que no pronunciaba solían proliferar en su cabeza con una intensidad tremenda." Rudolf, que en una sola ocasión, días antes de marchar a la guerra, la sedujo, define a Berta como una mujer cándida, más que un niño pequeño. ¡Me lo hice con un bebé! le explica a su compañero de armas Wilhelm al que hace prometer que cuidará de ella si a él le pasara algo. Rudolf no vuelve vivo. De esa única relación nace un hijo. Wilhelm, dotado de una asombrosa capacidad para amoldar la sonrisa a lo que su interlocutor precisa, que “se lo creía todo y no se creía nada”, que era “el soñador por naturaleza que no soñaba”, que, “en pocas palabras: era un digno representante de su nación”, cumplió su promesa y se casó con la cándida Berta, se hizo cargo del hijo y juntos tuvieron otra hija. La gran amiga de Berta, curiosamente llamada Wilhelmine, mezquina, egoísta, rencorosa, vengativa y protagonista de los no pocos toques de humor corrosivo que tiene la novela, estaba convencida de que debería haber sido ella la elegida y no Berta. Con estos mimbres se teje el drama terrible que se va construyendo en la vida de Berta, esposa complaciente y madre preocupada hasta la locura por el futuro de sus hijos. "Tú crees que la locura no tiene su lógica. Y te equivocas de medio a medio. Todo tiene su lógica. Todo." Fritz, en esta su primera novela, ganadora del Premio Robert Walser en 1978, penetra en esa lógica a cuchillo de forma algo desconcertante; el discurso es no lineal, exigente con el lector, en el que los continuos cambios temporales y de voces aparecen sin previo aviso, pero ¿cuándo la lógica de una locura ha sido algo sencillo de explicar? Su tono es enérgico, su ritmo ágil, su lenguaje austero y sutil, su desarrollo fragmentario y esquemático. El resultado es una novela desoladora, donde se alternan escenas conmovedoras con otras humorísticas, aunque no por ello menos estremecedoras, que reflejan de una forma despiadada las enfermizas relaciones que se establecen entre los personajes. Y es que la vida real, la gravedad de las circunstancias, puede ser un peso insoportable. “Las zarpas de la vida que modelan y dejan marcas; la garra que aplasta, aprieta y presiona; la gravedad de las circunstancias, la vida real, nada de eso puede afectarla cuando duerme. Así de simple. El sueño lo ahuyenta todo. Todas las personas y todas las cosas“.

2 comentarios, puntuación: 5 con 3 votos
Escrita 27 de Abril de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de d39119533c43584306d72f9356a714
“SOBRE TODO NO ACABAR DEMENTE” en HOY HUBIERA PREFERIDO NO ENCONTRARME A MI MISMA
Una mujer en un viejo tranvía se dirige a su cita con un agente de seguridad. Allí se someterá a un nuevo interrogatorio por el grave delito que cometió cuando trabajaba en una fábrica de ropa: introducir papelitos en los bolsillos traseros de unos pantalones destinados a la exportación con un mensaje altamente subversivo, “Cásate conmigo”, que iba acompañado de su firma y dirección. Una mujer sin compromiso político explícito ni una elevada educación, una mujer hasta vulgar, incluso antipática, pero con un monólogo interior lírico y evocador, intenso y lleno de imágenes turbadoras, con inusuales frases de una particular y original belleza, con un discurso caótico y fragmentado pero realmente atractivo. “Humillación es sentirse descalza en todo el cuerpo.” En este viaje hacia el destino se mezclan dos planos, el presente, con las pequeñas incidencias de la ruta, las relaciones entre los pasajeros, las imágenes vistas a través de la ventanilla del tranvía, y el pasado, que vuelve en una serie de flashbacks desordenados para contarnos su vida hasta ese preciso momento, un momento crucial en el que ella parece haber alcanzado un límite en algún sentido, uno de esos momentos en los que el pasado se impone y obliga a la revisión de lo vivido. “Desde que estoy citada, separo la vida de la felicidad. Cuando voy al interrogatorio, de entrada tengo que dejar en casa la felicidad. La dejo en la cara de Paul, en torno a sus ojos, a su boca, en los cañones de su barba.” En la novela, de carácter testimonial, Herta Müller nos muestra con dureza y talento el espanto de un régimen político, el de Ceausescu en Rumanía, en el que los ciudadanos viven vigilantes y vigilados, una inseguridad horrorosa que lo tiñe todo y de la que es imposible escapar ni física ni mentalmente. Esta frase lo resume a la perfección: “No quisiera pensar en nada, porque no soy nada, excepto alguien citado.” El miedo, un miedo cotidiano y banal, que todo lo trastoca, que todo lo determina, es capaz de modificar hasta hacerlas irreconocibles e irrespirables cualquier relación -amistad, pareja, familia, vecinos o compañeros de trabajo- siendo un tremendo catalizador de las parcelas de nuestra personalidad más oscuras y vergonzosas. (sobre la luna) “Me resultaba sospechoso que arriba, en el cielo, hubiera algo hermoso y en la tierra, abajo, no hubiera ninguna ley que prohibiese mirar a lo alto.” Mientras leía las últimas páginas de la novela iba pensando sobre cómo la autora cerraría la historia, las distintas posibilidades del final del viaje en tranvía, del desenlace de la tan temida cita, y aun así terminé la novela medio nockeado por una resolución que me pareció abierta y en cierta manera enigmática, aunque quizás solo fue porque en realidad no quería saber cuál había sido el final, porque en realidad no quería ese final. “El buen juicio me bastaba siempre para no herir a otros, pero nunca cuando se trataba de mi propia desdicha.”

0 comentarios, puntuación: 5 con 1 votos
Escrita 24 de Abril de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de 01dc22b4159d241af1b9
VALE LA PENA en ESTRELLA DISTANTE
Permitidme empezar el comentario dando las gracias (muchas gracias) a mi cabezonería sin cuyo empuje y determinación no hubiera sido posible la lectura de esta novela. Gracias por animarme a volver a Bolañó tras el mediano éxito que tuvieron conmigo sus detectives salvajes (prometo solemnemente una atenta relectura). Gracias porque no paró de incitarme a continuar a pesar de que el recelo con el que empecé no disminuyó tras las primeras páginas, todo lo contrario, no era capaz de encontrar sustancia ni objetivo alguno. No podía ser que tanta gente pudiera estar tan equivocada con el genio del autor, el problema tenía que ser mío. Continué y mi recompensa no tardó en llegar, es más, no paró de crecer hasta alcanzar el final de la novela. Gracias (muchas gracias). Bien es verdad, que esta feliz obstinación se vio pronto favorecida por el atractivo de los campos literarios por los que la novela iba transitando, lugares reconocibles y en los que me encontraba muy cómodo, un territorio que me iba recordando cada vez más a la escritura de mi admirado Vila-Matas. Un terreno literario que va más allá del mero entretenimiento, en el que la forma es clara, sin barroquismos innecesarios, donde no hay solemnidades ni tremendismos, pese a lo doloroso o lo profundo de lo relatado, donde la desesperanza se tiñe de ironía; un reino literario donde la trama no es el monarca absoluto, donde no es extraño que la corriente se desborde en afluentes tan atractivos como el cauce central del que parten; un mundo creado en primera persona en el que personaje y autor confluyen, se mezclan, entrelazan sus vidas, la real, la imaginada, la soñada, consiguiendo una impresión de realidad que envuelve y disuelve la ficción, y que casa muy bien con el estrecho vínculo que ambos autores establecen entre la vida y la literatura que “es básicamente un oficio peligroso”. Y por último, aunque no menos importante, en pocas páginas volví a experimentar la fascinante sensación de ser invitado por el autor a completar el libro, a hacerlo mío, a involucrarme en la narración, a convertirme en su cómplice, una sensación acrecentada por lo abiertas que quedan las muchas cuestiones que el libro plantea a pesar de su brevedad y que se articulan en torno a dos binomios fundamentales, agresor y víctima, por un lado, y acción y pasividad, por el otro. Toda la novela está recorrida por el símbolo del doble, de lo doble, del perseguido y potencialmente perseguidor (el siamés martirizado que se convierte en martirizador y viceversa) que se complementa con la formulación de un Yo no ajeno a lo siniestro, a lo oscuro, a la maldad. Todos somos parte del juego, todos sentimos en mayor o menor grado la fascinación del mal y del malvado, todos estamos hechos del mismo barro. Un planteamiento que acojona y que puede ser muy peligroso si resbala por la pendiente del relativismo, pero que capta muy bien el alma de sociedades como la española tan bien retratada por Goya en su pintura negra “Duelo a garrotazos” (e imagino que el propósito de Bolaño es aludir a la chilena cuya bandera ostenta una estrella, una estrella distante en el nacimiento de la novela). “No parecía un poeta. No parecía un ex oficial de la Fuerza aérea Chilena. No parecía un asesino de leyenda. No parecía el tipo que había volado a la Antártida para escribir un poema en el aire. Ni de lejos." Y junto a ello, e íntimamente relacionado, el cuestionamiento del papel a jugar, la alternativa entre acción y pasividad. En este sentido, es muy significativo el sueño sobre el barco que naufraga en el que el narrador, al final, se ve a sí mismo en el agua agarrado a un palo de madera podrida comprendiendo que Wieder (la encarnación del mal en la novela) y él habían estado en el mismo barco que se hundía, el barco que uno había contribuido a hundir y el otro no había hecho nada por evitar. Y no menos significativo es el principio: “Yo estaba en una fiesta en la cubierta de la popa y escribía un poema o tal vez la página de un diario mientras miraba el mar.” En este caso el hundimiento se produce mientras se mira el mar y se escribe un poema, en otros casos el horror se extiende a nuestro alrededor mientras se piensa en “cuestiones sin importancia. El tiempo, por ejemplo. El calentamiento de la tierra. Las estrellas cada vez más distantes.” Pero no hay solución fácil. Romero, el investigador tras la pista de Wieder y poseedor de esos “Ojos que creen en todas las posibilidades pero que al mismo tiempo saben que nada tiene remedio”, en un momento importante de la novela dice lo siguiente: “en cuanto a que no puede hacer daño a nadie (el Wieder desaparecido), qué le voy a decir, la verdad es que no lo sabemos, [...] ni usted ni yo somos Dios, solo hacemos lo que podemos.” Y en esta disyuntiva entre acción y pasividad se da una especial relevancia a la función del arte, a su compromiso con lo social y lo político, a su relación o no con la moral, a sus límites, a su utilidad como indagación de lo humano, como indagación o catarsis personal, a su utilidad en general o su fracaso absoluto: “En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré para no morirme de hambre y no intentaré publicar.” Quizás tengo razón Romero, solo hacemos lo que podemos y quizás la literatura, esta literatura, solo tenga sentido como barrera a un mundo en el que “la Poesía la hagan los no-poetas y la lean los no-lectores.” Solo por ello valdría la pena… ¿o no? P.D. El martes 17, en una de esas casualidades que tiene esto de la lectura, El País publicó un artículo de Enrique Vila-Matas (“¿Qué Faulkner cae sin que nadie lo mire?”) en el que se confirma que la cita que antecede al texto de la novela (“¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?”) es real, es de Faulkner y pertenece a un libro de poemas que el autor americano tituló “The Marble Faun and A Green Bough”.

2 comentarios, puntuación: 4.5 con 4 votos
Escrita 20 de Abril de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de 02affba429588a188cfc
LA BELLEZA Y OTRAS LINDEZAS en SOBRE LA BELLEZA
Llama la atención el tono desenfadado de la novela, el aire de comedia que tienen las grandes y pequeñas tragedias que sacuden a sus personajes, y, aunque uno es consciente de la lucidez que la autora demuestra en cada escena, en cada diálogo, en cada comentario, quizás sea esta la razón de que uno termine preguntándose si la novela es en verdad tan brillante como le ha parecido, si no hubiera sido mejor concentrar las balas sobre muchos menos objetivos. De cualquier forma, lo que es innegable es que la literatura de Zadie es un río que fluye rápido, caudaloso y sonoro que te engancha desde el principio y ya no te suelta hasta el final. La autora retrata aquí la situación que viven dos familias conectadas por la enemistad y rivalidad entre los dos maridos, profesores universitarios ideológicamente enfrentados y muy vulnerables a las crisis que se suelen producir a cierta edad, esa edad en la que los bríos sexuales de la juventud aún resisten el paso de ese tiempo que empieza ya a celebrar sus victorias sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. Un estado que se ve complicado con un mal que suele afectar de modo especial al sector masculino con el agravante de pertenencia al mundo académico: la vanidad, la necesidad constante de admiración, de nuevas admiraciones, que les lleva a distorsionar la perspectiva que tienen de lo que poseen en sus vidas y de lo que realmente importa. Junto, delante y detrás de estas batallas docentes, con las que la autora se muestra implacable, de los lances matrimoniales y de la siempre problemática relación con los hijos, que sobrellevan como pueden sus etapas de maduración, en la novela se dispara con mejor o peor puntería sobre una amplia lista de conflictos - raciales, culturales, económicos, de género…- abundando los comentarios más o menos ácidos sobre lo que los miembros de cada estamento piensan sobre los miembros de cualquier otro, y, aunque no caben dudas sobre cuáles son sus preferencias, la autora reparte golpes para todos lados. Por supuesto, es además una novela sobre la belleza, sobre las distintas formas de verla, de encontrarla en objetos y personas, también sobre la esclavitud que siempre supone rendirle culto que casi siempre es una esclavitud al deseo ajeno. “Seguirían siendo objetos de deseo en vez de sujetos que deseaban... Aun se mataban de hambre, aún leían revistas femeninas que explícitamente odiaban a las mujeres, aún se hacían cortes con pequeñas cuchillas en sitios que no se veían, o eso creían ellas, aun fingían orgasmos con hombres que les desagradaban, aún mentían a todo el mundo acerca de todo.”

0 comentarios, puntuación: 5 con 1 votos
Escrita 13 de Abril de 2018
Añadir a mis favoritas

Portada de b4ee9366bcaf093cbd7d
INJUSTO OLVIDO en EL HALCÓN PEREGRINO
Es verdaderamente sorprendente lo desconocidos que son novela y autor. “El halcón peregrino” es una magnífica novela, una novela que, como Sontag en su ensayo “Cuestión de énfasis” o Michael Cunningham en el prólogo que acompaña a la obra en la edición que he tenido la suerte de leer, relacionan o equiparan con obras tales como “El buen soldado”, “Los papeles de Aspern” o “El gran Gatsby”. A mí me recordó muchísimo a la obra de Fitzgerald, por su estilo, por el tipo y la complejidad de los personajes, porque en ambas se elige la primera persona y el punto de vista de un espectador más o menos neutral a los hechos escandalosos que comparte con sus lectores. Entonces, ¿cuál es la razón de tan injusto olvido? Cunningham apunta varias razones: la escasa obra del autor, el carácter más europeo que americano de la novela y un título realmente poco atractivo (quizás el “El gran Gatsby” hubiera corrido la misma suerte caso de llegar a titularse como tenía previsto el autor: “El enamorado ambicioso”). La novela es elegante y sutil, corta en páginas pero densa en contenido, llena de reflexiones fascinantes y provocadoras, una mirada melancólica y reflexiva de un ya maduro Alwyn Tower (protagonista de una novela anterior del autor, “Las abuelas”) a un significativo hecho de su pasado que se convierte en un lamento sobrio y contenido por una vida malgastada. Como toda narración en primera persona, lo dicho es una visión subjetiva, quizás reconstruida, quizás reinterpretada, del suceso en verdad acaecido del que además solo se tiene, claro está, una perspectiva parcial. Tan importante es lo que se dice como lo que se calla y tan o más interesantes que las acciones de los personajes protagonistas del suceso son las reflexiones y conclusiones del que las cuenta y lo que de él nos dicen ambas. Llegados a este punto, más de uno podrá preguntarse que dónde queda el halcón. Este animal es la extravagante mascota de uno de los personajes, uno de los desencadenantes del drama, la columna vertebral de las reflexiones del autor sobre el amor, el matrimonio, el compromiso y la libertad,... “¿Cuánta libertad constituye un estímulo para el hombre, y cuánta empieza a ser un desperdicio, una locura?” ... y, sobre todo, un gran símbolo. “Solo un halcón como individuo es esclavo; la especie es libre… Entonces sucede al revés que en la especie humana… solo el individuo puede aspirar a liberarse a sí mismo.”

2 comentarios, puntuación: 4.67 con 3 votos
Escrita 10 de Abril de 2018
Añadir a mis favoritas

Primera Anterior ... 1 2 3 4 5 ... Siguiente Última