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LA CONCIENCIA DE ZENO

Autor: ITALO SVEVO
ISBN: 9788493603311
Género: Literatura contemporánea
Editorial:GADIR
Edición: 2007

UNA CONCIENCIA PECULIAR
5 con 6 votos

Como bastante casual; así podría calificarse el camino que me llevó a este libro. Iba yo buscando por las estanterías de la biblioteca algo que leer, cuando di con uno de esos nombres sonoros que rápidamente llaman la atención: Italo, Svevo. La verdad es que el autor me sonaba mucho, pero el título del libro que tenía en la mano no; “Senectud”, no me decía nada. Leí el comentario de la tapa de atrás; aseguraba, que su calidad era equiparable a la de su libro más conocido: “La conciencia de Zeno” (éste sí que me sonaba). Así pues, devolví “Senectud” al estante, busqué un poco, y ¡Eureka! “La conciencia de Zeno” estaba allí, ya tenía algo que leer. Ese fue el camino, indudablemente incierto, que me llevó a conocer esta novela; lo demás, lo de siempre, saber bien por Internet quien fue y cuales fueron sus circunstancias, y lo más importante de todo: leerlo. Como me pilló en pleno trancazo, no le dediqué todo el tiempo que en condiciones de óptima salud le hubiera dedicado; pero, así y todo, según leía iba encontrando en cada página una muestra de indefinible atractivo, que, enseguida, renovaba las ganas de continuar leyendo entre toses y congestión nasal.
Daré algunos datos de su autor. Su educación fue bilingüe, por ser hijo de un austriaco y una italiana, y por nacer y vivir en la ciudad adriática de Trieste, por entonces perteneciente a aquel Imperio antiguo y periclitado llamado Austria-Hungría, y uno de los pocos lugares por donde éste tenía comunicación con el mar. Su apellido real era Schmitz, pero para reafirmar su carácter culturalmente ambivalente se adjudicó el nombre de Italo Svevo con el que hoy es conocido. Es importante también, saber de su conexión con James Joyce en Trieste, por la amistad que mantuvieron y por que fue el irlandés quien dio a conocer la auténtica valía de su novela en Italia, después de que su publicación hubiera pasado completamente inadvertida. Todo esto ocurrió entre 1.919 y 1.923, año de su publicación, aunque la acción se sitúa en los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial.
El argumento de la novela, cuenta las circunstancias personales, familiares, y sociales de la vida del acomodado comerciante Zeno Cosini, y de su círculo familiar inmediato, abarcando a algunos médicos, algunos amigos, compañeros de trabajo y poco más; y todo ello, sin concurrir circunstancias añadidas como guerras u otros conflictos que influyan en sus vidas; sólo su actividad cotidiana y los avatares habituales del transcurso del tiempo: trabajo, finanzas, enfermedades, fallecimientos, matrimonios, y algunos amoríos. Cuenta la historia el propio Zeno, que en primera persona relata el acontecer de un periodo de treinta años de su existencia. La mencionada amistad con James Joyce que, a la sazón, trabajaba en la academia Berlitz de Trieste, tuvo, en alguna medida, que influir en la aproximación del autor a las modernas tendencias literarias, si bien en su caso, sin las dificultades que convierten las novelas de sus colegas británicos en experiencias, cuando menos, complicadas. El lector de “La conciencia de Zeno”, nunca se desorienta por una dificultad de ubicación en el espacio o tiempo derivada de la abstracción hacia el interior de su mente; sí que es cierto que se duda a veces sobre su identidad, cuando no sabemos si es el Zeno joven del momento de los hechos narrados el que arguye, o es el Zeno maduro quien lo hace desde la perspectiva de sus cincuenta y tantos años. Conviene aquí hacer una referencia, a las características bastante particulares del lenguaje que utilizaba; aunque recibió educación en alemán, su lengua materna era el italiano, con la peculiaridad de tratarse del dialecto de Trieste, de apreciables diferencias con el idioma italiano, unificado por aquellas fechas. Esto, no es apreciable por un lector de su obra traducida al castellano, pero sí por los lectores en su idioma, que detectan enseguida su italiano, imperfecto y plagado de germanismos como su seña de identidad personal. El relato de sus vivencias, va de manera constante poniendo en relación su comportamiento con el de los demás a la luz de su propia conciencia; esto lo hace de manera profusamente elaborada, compulsiva y vehemente, sin por ello, dejar de ser razonada, sincera en apariencia, y desprovista de tapujos. Su texto no revela un estilo rabiosamente personal, pero aun sin tenerlo, sí que está dotado de una increíble facilidad para la transmisión de ideas y sentimientos, para expresar estados de ánimo, y en general, para recrearse en todas aquellas sensaciones sutiles e inefables que se dan con frecuencia en el trato entre las personas, que él traslada al lector de una manera especialmente precisa y sentida.
La conciencia de Zeno, se convierte en uno de los referentes de la novela europea de la época, debido a la confluencia de varias circunstancias. Influye en ello la posición estratégica del escritor, que se encuentra situado en la frontera entre dos mundos muy marcados; de un lado, la cultura mediterránea, de otro la cultura centroeuropea; la estética del mundo latino, representada por el idioma italiano contra la máquina del avance alemán en lo técnico y en lo literario, empujándose mutuamente en su frontera común en el Noreste de Italia. En los años que nos ocupan, la efervescencia de la cultura alemana era especialmente intensa. La herencia de un influyente Nietzsche, o los nombres de Kafka, Mann, Musil, Roth, o Rilke tenían un peso específico comparable o incluso superior al siempre prestigioso referente anglosajón. En Italia en cambio, la atmósfera era proclive a la llegada del fascismo, y su estética venía condicionada por los gustos y la retórica nacionalista de Gabriele D´Annunzio, que como un residuo de la lucha por la unificación de Italia, había puesto de moda la admiración por cierta altanería marcial y patriótica, colindante con el fascismo. En ese contexto, “La conciencia de Zeno” dibuja un personaje de características contrarias a la arrogancia y la fatuidad propias de ese ambiente nacionalista atizado por D´Annunzio, muy fácil de apreciar leyendo el clásico infantil “Corazón” de Edmundo D´Amicis, en donde los niños crecen rodeados de retórica patriotera. Los rasgos de la personalidad de Zeno nos conducen a un tipo hipocondríaco, egocéntrico, calculador, diletante, sibarita, y cínico, a lo que hay que añadir sus escasas dotes para los negocios. Quiere, en su disposición vital y en su psicología, parecerse a Ulrich, el hombre sin atributos que dibujaba Robert Musil; sus características, son más cercanas al hombre del siglo XX que al sacado del realismo final del XIX. En esto, también ocupa una posición de frontera, pero aquí, no entre culturas sino entre épocas; su personaje, tiene rasgos propios de un hombre del siglo XX; es en definitiva, un acercamiento al hombre moderno.
Hay otra cuestión que también determina su importancia en aquel momento. Italo Svevo había traducido por entonces “La interpretación de los sueños” de Sigmun Freud al italiano. Esta poderosa influencia, le debió llevar a conceder a estas nuevas teorías una buena parte del contenido de su novela. Con el psicoanálisis comienza la obra, describiendo sus tentativas por dejar de fumar; y también con él cierra las últimas páginas del libro en un intento por utilizarlo como explicación para algunas de las dudas de interpretación que plantea su argumento. El razonado discurso de Zeno a lo largo de todo el libro, está dirigido a explicar su actitud y a argumentar detalladamente las motivaciones que tiene para actuar como lo hace; se podría pensar incluso, que una de las razones del autor para escribir el libro es justificarse a si mismo. Leyendo los comentarios que incluye la edición previos al texto, veo que se le atribuye a ese comportamiento una intencionalidad espuria e insincera, cuyo objeto sería lavar la imagen del protagonista dando una apariencia de sinceridad que no sería real; es algo así, como si el libro fuese una hagiografía de la vida de Zeno escrita por él mismo, que a su vez estaría controlada por los resortes del psicoanálisis. Yo personalmente, creo que no es necesario ir tan lejos, por que, sencillamente, no advierto esas intenciones en el texto; el enfoque de la historia a través del psicoanálisis, es algo que está en el libro y forma parte de él de manera innegable, pero es un aspecto que se lee, se asume, y, al que no se le debe conceder una mayor importancia. Entrar a desarrollarlo, supone entrar en un terreno que no me agrada, y como creo que se puede disfrutar perfectamente la novela quedándose exclusivamente dentro de lo literario, acabo por dejar de lado su faceta psicoanalítica. Pero eso sí, reconozco que es uno de esos libros que están permanentemente abiertos a diferentes interpretaciones, incluso diría, que muchas y muy variadas, y concretamente, aquellas personas que valoren esa componente freudiana tienen en ello un aliciente añadido para animarse a su lectura.
Para mí, leer “La conciencia de Zeno” ha sido un ejercicio fácil y sugerente, que me ha interesado como pocos libros lo han hecho antes. En primer lugar, su texto consiguió resultarme atractivo ya desde el transcurso de las primeras páginas y una de las razones de ello es el ingrediente humorístico que el autor incorpora a los elaborados y tortuosos razonamientos del protagonista, tiñéndolos de ironía, de agudeza y consecuentemente de amenidad. Esa sensación ligera, poco a poco, se va diluyendo a partir de la mitad del libro; se diría que según se le van añadiendo años, responsabilidades, y canas al protagonista, éste va perdiendo las ganas de bromear; pero paradójicamente, sin que, a partir de ahí, ello suponga disminución de atractivo, por que lo que se pierde en hilaridad, se gana, diría que con creces, en la hondura de los sentimientos que van afectando a los personajes. El desarrollo de la personalidad de Zeno, y las conexiones con las otros personas que le rodean, nos muestran como contempla este hombre el mundo exterior; él, se considera a si mismo un individuo peculiar, raro y excéntrico; pero al detallar sus rarezas, vamos apreciando imperceptiblemente que Zeno, en realidad, no es más raro de lo que pueda ser cualquiera; un lector auténticamente sincero consigo mismo, apreciará que algunas actitudes de este hombre, podrían también ser suyas, y me refiero a conductas en las que intervienen los defectos propios del ser humano, de las que nadie habría de sentirse orgulloso, como tampoco se siente nuestro protagonista. Esto quiere decir que el personaje destila humanidad, peculiar desde luego, pero no más que lo sería la de muchas personas con las que todos los días convivimos sí conociésemos mejor su interior; yo, desde luego, debo reconocer que me he dejado llevar por una corriente de simpatía hacia el personaje, independientemente de sus peculiaridades y de sus debilidades. Queda por confirmar al fin, aunque casi era innecesario, que Zeno es, obviamente, el álter ego del propio Ettore Schmitz en la fase principal de su vida de adulto, de la misma forma que en sus dos novelas anteriores se representaba a si mismo con personajes de nombres también diferentes al suyo, en periodos más jóvenes de su vida.
No sé cual es el perfil, del potencial admirador de este libro; tengo la sospecha, o casi la convicción, de que, pese a mis alabanzas, no todo el mundo va a encontrar atractivas sus páginas. Por su extensión, no es un libro cómodo (470 páginas); tampoco es fácil por su temática un tanto banal, y por su formato autocomplaciente, y estoy convencido de que algunos de los que se acerquen a él quedarán desconcertados: ¿dónde está la maravilla? se preguntarán. Yo creo, que hay libros difíciles por su lenguaje complicado, o por los recursos innovadores sobre la situación de los personajes, problemas estos que pueden hacer trabajosa su simple lectura. Este, no es de esos; y sin embargo, tampoco es fácil, por que si el lector se queda en la simple comprensión de la historia sin más, el balance puede revelarse simplón o escaso de contenido; para disfrutarlo, creo que hay que trascender del nivel consciente de los hechos narrados y entrar a valorar aspectos en el terreno de lo subconsciente; aventuro, que tal vez fue por este tipo de vericuetos, por los que pude yo entrar en esta historia y ver en su protagonista, valores que van mucho más allá de una percepción superficial de los sucesos que acontecen en la novela. La propia realidad bibliográfica (4 votos en SdL), demuestra que es un libro escasamente conocido. Habrá que convenir por tanto, en que, seguramente, sólo podrá ser aceptado y valorado por un público minoritario. Al escribir esta reseña, mi objetivo principal ha sido darlo a conocer tal como es, o mejor, tal como yo lo he visto (es muy difícil dar una opinión impersonal de un libro) procurando no disfrazar sus características, de tal manera que los que sigan interesados después de leer estas líneas, sean, sólo, aquellos con probabilidades reales de disfrutar del libro. Quizá, ésta pueda ser también la reseña más larga que he escrito, pero, es que, no solamente me ha gustado su lectura, es que además, me ha parecido dotado de unos valores de modernidad y originalidad que me han llevado a analizarlo más en profundidad de lo habitual y a trasladar esa información a esta reseña a pesar de ser consciente de que la leerán contadas personas debido a la escasa popularidad del autor y de la obra.

Escrito por sedacala hace mas de un año, Su votacion: 9

Faulkneriano hace mas de un año

Magnífica reseña, sedacala, larga, bien informada y jugosa de una de mis novelas favoritas.

Señalas muchas cosas de interés: cómo Svevo concilia la complejidad con la sencillez narrativa, el acercamiento a Freud (muy novedoso en estos años en la literatura), el carácter fronterizo de la lengua de Svevo, el carácter autobiográfico y una cosa esencial: el punto de vista. Esta es una novela terapéutica, escrita por mandato del médico (es un decir) en primera persona para que el sujeto que narra se aclare y deje de fumar y, de paso, se aclare un poco y entienda mejor su vida. Claro que Zeno Cosini resulta ser un sujeto de cuidado, si no abiertamente mentiroso sí mistificador, que maquilla sus actos y contempla con indulgencia sus pecados. Y, sin embargo, es sincero, tan sincero como puede serlo un personaje de novela, y aún más, porque en ningún momento lo parece; es uno de los personajes más vivos de la literatura del siglo XX, contradictorio, cariñoso, débil (recae en todos los vicios, y no sólo en el tabaco), bienhumorado y sobre todo, humano. Es un artilugio narrativo desencadenado, que ordena (y esto creo que es importante) su material narrativo por temas (su adicción al tabaco, sus relaciones familiares, sus amores, sus negocios...) y no por un estricto orden lineal, pero sin confundir al lector, guardando, como dije, un milagroso equilibrio entre la complejidad y la sencillez. De ahí, como dices, sedacala, que el lector apresurado no encuentre en esta obra los ringorrangos formales ni las alharacas de estilo que pueden hallarse en otros renovadores de la novela.

Párrafo aparte merece su maravilloso sentido del humor, que surge, como supieron ver los grandes autores, de la comprensión y no de la burla. Los que hayan leído la novela recordarán cierta sesión de espiritismo...

Lo dicho, sedacala, buen trabajo. Hay que leer a Svevo.

sedacala hace mas de un año

Me alegro que te haya parecido bien la reseña, por que a veces no sabes, sobre todo cuando un libro te gusta mucho, si no te estás pasando un poco en las alabanzas o estás aturullando al personal con una profusión de datos, evidentemente extraídos de Internet, que puedan ser excesivos o incluso erróneamente interpretados.

Pones el acento en tu comentario , en algunos detalles que yo he tocado sólo de refilón y que son efectivamente importantes, me refiero sobre todo a la conciliación entre sencillez y complejidad. Zeno cuenta lo que cuenta de manera aparentemente sencilla, todo su discurso y su comportamiento es moderado y discreto, pero como también es sumamente elaborado podría acabar formando una buena empanada en la cabeza del lector y no es así; por eso digo, que ese equilibrio entre lío y mesura, que tú señalas, es otra característica destacable. Hay también un adjetivo que le plantas atinadamente encima al protagonista, que es: cariñoso. Tiene defectos y virtudes, pero además es un hombre cariñoso y bienhumorado. Su actitud entre las mujeres de su familia política es todo un hallazgo, véase ahí lo de la sesión de espiritismo.

Hay otro tema que es el de la posible incomprensión de algunos lectores que no consigan ver estas cosas que a nosotros nos han gustado. De hecho, los dieciocho últimos renglones de la reseña, los redacté teniendo muy presentes en la cabeza los comentarios privados intercambiados con FAUSTO, al que no le gustó este libro, o por decirlo mejor, no le vio nada de particular y la verdad es que en el fondo le entendí, por que a mi me ha ocurrido lo mismo, concretamente con una novela a la que, sencillamente, no le vi nada de particular; no digo cual por no introducir un elemento externo a esta línea de comentarios, pero sí diré que ocupa un importante puesto en el Top. Cuando esto ocurre, no hay más remedio que pensar que La conciencia de Zeno es un extraordinario libro para Falkneriano, para mí, y para algunos otros, pero no para FAUSTO.

Poverello hace mas de un año

Espectacular reseña, sedacala. Ídem a los comentarios.

Esta en la biblioteca pública en tres ediciones diferentes, así que ciertamente, no debiera pasar desapercibido. En pendinte queda (uno más)

Poverello hace mas de un año

'Está' en la biblioteca, quería decir, ejem.

Faulkneriano hace mas de un año

Ya sé que la historia literaria convence por aquí a poca gente, pero me limito a aportar algunos datos. Svevo es un hombre formado en el siglo XIX, en el que transcurrieron sus primeros cuarenta años, su etapa de formación. Era una generación posterior a Thomas Hardy o Henry James, pero bastante más joven que su amigo Joyce, que Musil, Virginia Woolf, Kafka o el mismo Proust (al que sacaba diez años), por citar algunos grandes renovadores de la novela del siglo XX. Comenzó a escribir la conciencia de Zeno cuando Faulkner era un joven veinteañero que no publicaría nada hasta casi una década después. Es, en cierto modo, un eslabón perdido. En italia, en ese momento, los autores más famosos eran, entre otros, Giovanni Verga, D'Annunzio y Federico de Roberto, excelentes escritores anclados en el naturalismo, y sólo Pirandello, seis años más joven que Svevo, ejercía de francotirador intelectual en un terreno absolutamente novedoso.

Svevo, un hombre formado en el siglo XIX, nada amante de las estridencias formales de Joyce, no formaliza el discurso de su héroe en la "corriente de conciencia" que luego Joyce, Woolf, Faulkner, Malcolm Lowry y otros popularizarían, convirtiéndola en uno de los recursos más reconocibles del modernismo literario. Pero, repárese, la obra se titula "La conciencia de Zeno", y eso es significativo. Recurre, en cambio, a la más clásica primera persona, a la que adorna de una penetración poco común, porque la materia de su discurso (como si se tratara de un moderno Montaigne) es uno mismo: ¿y quién conoce mejor el tema? Es, además, una narración, como dije, con un propósito, curarse de su adicción al tabaco, que luego el yo conducirá a donde quiera. Es, si se quiere, un "caso", como el del Lazarillo, pero en vez de contarlo a un desconocido Vuesa Merced, se dirige, en principio, a un sicoanalista que luego olvidará, complacido en oir su propia voz. El yo narrador no oculta sus cartas nunca: es sincero cuando quiere (y puede serlo mucho) pero a veces se distancia, contempla los sucesos menudos de su vida con ironía e introduce no poca ocultación, opacando el discurso narrativo. El lector, con todo, se siente un intruso que se asoma a una intimidad de una intensidad desconocida, como si ojeara el diario de su marido o de su hija. El artilugio que monta Svevo es, con todo, nada formalista, bien reconocible en su humanidad (insisto en esa idea), lubricado por esa bonhomía que se desprende, hasta en sus facetas más reprobables (la amante, las pequeñas claudicaciones, el engaño), del discurrir perezoso (la novela aborrece el orden cronológico) de una conciencia nítida y perfectamente dibujada. Todo ello, insisto, sin el ruido y la furia del modernismo literario, en un registro calmo y muy hermoso, pocas veces logrado.

Svevo vivió, como Zeno, del comercio, no cosechó éxito alguno y murió de una forma tonta, atropellado por un automóvil. Posiblemente no escribiera nunca nada tan perfecto, pero esta vez lo hizo bien. Además, Zeno es el santo patrón laico de los fumadores (o de los no fumadores, según se vea)

hace mas de un año

Excelente reseña, sedacala. Sólo he leído de Svevo un librito de cuentos, de los que destaco la calidad literaria : una construcción atrayente, una lectura atractiva. Pero me aburrieron los temas , el largo que le dió a los cuentos. Como si le faltara contundencia. Quizá se deba a que es escritor de novelas de largo aliento...en cualquier caso lo leeré en cuanto lo encuentre, porque me encanta como escribe y por tu magnífica guía y la de Faulk.
Saludos soperos

lucero hace mas de un año

Soy yo, el sistema me sacó..perdón

sedacala hace mas de un año

Creo que te has expresado mal hablando de edades; efectivamente Hardy y James son de 1.840 y 1.843, pero Proust es de 1.871, Musil de 1.880, Joyce y Woolf son de 1.882, y Kafka de 1.883 . Como Svevo nació en 1.861, era más joven que Hardy y James, pero mayor que todos los demás. Es decir que tenía casi cuarenta años en el fin de siglo, cuando los otros eran aun muy jóvenes.
O sea, que no era más joven que su amigo Joyce sino que tenía veintiún años más que él.

Veo que también tú, insistes en el tema ese de su ocultación, justificación de su perspectiva, insinceridad o como queramos llamarle, que en los comentarios previos al libro ya advertí. Yo no termino de verlo así. El transmite su forma de ver las cosas, pero, como tantos otros narradores de libros. No veo, qué es lo que él quiere justificar. Su valoración de las cosas la asocio a su propia personalidad, que es muy particular, simplemente. Como ya decía en la reseña, lo psicoanalítico, lo doy como una parte más del libro pero sin querer ir más allá. De todas formas, a mí, me gusta mucho analizar comportamientos y sobre todo sentimientos y quizá por eso me gustó mucho la novela, pero si se pasa al tema del análisis psicológico, ahí ya soy bastante obtuso.

Faulkneriano hace mas de un año

Efectivamente, me he equivocado: basta sustituir "más joven" por "mayor" en el siguiente párrafo:

"Era una generación posterior a Thomas Hardy o Henry James, pero bastante más joven que su amigo Joyce, que Musil, Virginia Woolf, Kafka o el mismo Proust (al que sacaba diez años)"

Lo que quería decir es que operaba un poco por libre, anticipándose a los grandes renovadores y en medio de una literatura todavía decimonónica en lo esencial, siendo, por edad, menos dado al experimentalismo.

FAUSTO hace mas de un año

Apreciable, detallada y extensa reseña, sedacala. Voy a ampliar un poco lo que te comenté, hace escasos días, sobre esta novela; aunque sólo serán impresiones personales, pues temas literarios y argumentales recuerdo poco. Este libro, como tantos otros, tiene una intrahistoria particular. Conocí su existencia gracias a un programa de televisión que un escritor (o quizá fueron varios) lo recomendaba intensamente y, cosas de la memoria, no consigo acordarme ni del programa ni quien lo aconsejó. La cuestión es que me interesó vivamente y terminé por comprarme el libro. Fue bastante decepcionante ante las expectativas que había puesto ya que, como te dije y como bien lo has reflejado, tiene una apariencia “trivial e insulsa”. Posteriormente leí el excelente prologo que acompaña a la edición de Cátedra y me di cuenta de mi parca lectura, mi poca atención al texto y mi escasa agudeza para interpretar las claves de la novela. La sensación final es que aunque hubiese leído antes este prólogo, y el aprovechamiento de la lectura hubiera sido superior, no hubiera variado mi valoración al texto: el argumento y el estilo no habrían “conectado” mejor. Quién sabe si hubiera sido diferente la experiencia leído el libro varios años después o en la actualidad.
Y tampoco me ha apetecido nunca una relectura (aunque ya se sabe: “nunca digas nunca”) para dar otra oportunidad a la obra, como ha sucedido con otros textos que me han dejado una espinita clavada.

Saludos para todos.

Tharl hace mas de un año

Interesante reseña y comentarios y curiosísimo libro. No conocía ni la obra ni el autor, pero van directos a mi whistlist. Un estilo logrado y un personaje humano que se presenta sinceramente, abriendose al lector, sin mentiras pero habiendo "manipulaciones" (conscientes o no) del discurso que alteran así su imagen, su idéntidad... parece un libro escrito para mi. Gracias por darlo a conocer.

sedacala hace mas de un año

Caramba, es verdad que pensé que este libro podría interesarte, pero no pensé que tanto como para imaginarlo un trasunto de tu propio "yo" como escritor.
Así que ánimo; y te aseguro, que me produciría una enorme curiosidad leer una hipotética reseña tuya sobre este libro.

Tharl hace mas de un año

Un trasunto de mi propio "yo" como escritor? no se muy bien a que te refieres. Pero desde luego la identidad entendida como una entidad narrativa que adopta un discurso concreto, con lo que esto significa, y sin que haya uno más correcto o "verdadero" que otro, es uno de mis temas predilectos. Y encontrar en un libro que pueda poner y explorar esto de manifiesto con éxito es para mi todo un hallazgo.

Guille hace 16 días

Aunque me hizo saber lo que, a modo de magdalena, puede dar de sí una cajetilla de tabaco, al menos una de esas que ya no se fabrican y que llevaban gravada el sello del águila imperial, yo no acabé la novela tan entusiasmado como vosotros. Es buena lectura, interesante, nada aburrida, pero yo no he sabido conectar con ella como seguramente se merece.

Y tras leer vuestros interesantes comentarios acerca de este peculiar, o no tanto, Zeno, creo que me sitúo más cerca de Faulkneriano aunque con algún matiz.

Zeno no dice la verdad sobre sí mismo, no directamente, claro, pero no siempre miente. Al igual que a su mujer, Zeno no nos lo cuenta todo, algunas cosas las maquilla hasta rozar la mentira, no siempre de forma consciente, y otras, directamente, se le escapan muy a pesar suyo. Creo que esto es en lo que radica una de las mejores bazas del libro, en los varios planos que se dicen las cosas diciendo otras muy distintas y en las formas en las que el protagonista se oculta a los demás y se engaña a sí mismo, sin mucho éxito en ambos casos (padeciendo esos dolores psicosomáticos crónicos que sufre el probrecito). De ahí la ironía del título que hace referencia tanto a la doble conciencia de Zeno, como facultad para emitir un juicio moral sobre lo actos propios, como a la defectuosa conciencia de sí mismo, en el sentido de autoconocimiento.

“No había ni rastro de remordimiento en mí. Por eso, creo que el remordimiento no nace del pesar por una mala acción ya cometida, sino de ver la disposición culpable propia.”

Con todo ello, yo hago un retrato del protagonista mucho más duro del que a vosotros os he leído. Zeno es un personaje ridículo, hasta charlotiano en ocasiones, un enorme egoísta, caprichoso, incapaz de reprimir sus impulsos (no siempre en su beneficio) y de asumir responsabilidades, falto de voluntad para cualquier propósito y hasta cruel (no hay más que recordar la brutalidad con la que se relaciona sexualmente con Carla).

Faulkneriano hace 15 días

Que el personaje no sea precisamente un dechado de virtudes no resta interés a la novela. No hay nada más difícil de encontrar en la nueva novela del siglo pasado que un personaje positivo. El cónsul Firmin es un borracho patético. Y anda que Leopold Bloom está hecho un dechado de virtudes.

Muy cierto lo de que Zeno no siempre miente, de que se le escapa la verdad. Hay que tener talento para escribir algo así.

Guille hace 15 días

Ah, no, no me refiero al retrato de Zeno como un punto negativo de la obra, para nada. Mi intención era dar mi impresión, más negra que la vuestra, acerca de este personaje. De acuerdo en el innegable talento del autor. Mi desconexión con él responde simplemente a una cuestión de gusto personal. Misterios del estilo.

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