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EDIPO REY

Autor: SÓFOCLES
ISBN: 9788479010881
Género: Teatro
Editorial:RBA LIBROS
Edición: 2007

RESUENA LA TRAGEDIA
3.78 con 9 votos

Acabo de releer lo ya leído (cómo ruge este pleonasmo) y ya sé lo que me espera hasta la noche: estar ausente; ser espectro. Porque sí amigos, los clásicos griegos profanan mi ser: entran por los ojos disfrazados de palabras y salen por la boca con mi alma agarrada por el cuello; después, me la enseñan, pobre ser agonizante, y me gritan: ¡esto eres tú!, no hay solución ni escapatoria. Al terminar de leer me la devuelven agitada, pero también más lúcida. El trato es justo.

Hoy, tras la experiencia Edipo Rey, mientras cada rincón de mi cuerpo se reanimaba (es decir, recuperaba el ánima y la apuntalaba con fuerza en un vano intento por evitar futuros asaltos helénicos), una frase resonaba en mi cabeza: “FINIS TRAGOEDIAE”. Y es que hay algo cierto en esta característica sentencia, parte de la tragedia humana termina en la literatura clásica. Y digo parte, no sin antes tener que controlarme para evitar una sentencia total, porque la tragedia, el drama humano, ha continuado hasta nuestros días. Eso sí, el drama de hoy no es sino el drama griego transmutado.

Hay que asumirlo aunque es difícil: hace más de dos milenios se exploraron todos los claroscuros del ser humano, todas las tragedias. ¿Después de la Grecia clásica, qué nos queda por decir? Cada vez estoy más seguro de que la respuesta es poco o tal vez nada. Pero no os preocupéis, en esa nada, en ese repetir lo dicho, en ese palimsepsto que es la historia del arte, queda belleza. Al fin y al cabo la literatura continúa su eterna lucha ahí fuera, sé que podéis verla cuando miráis las bibliotecas.

Es imposible reseñar a los griegos en un medio como éste sin caer en la vacuidad más absoluta, lo sabemos. ¿Qué nos queda entonces?, grito al aire ; “invitar a la lectura” responde alguien desde fuera. Pues bien, yo os invito. Pasad, acomodaos y abrid el libro. Sí, por allí, ¿cómo dices?, sí, es aquel, aquel que está sobre el atril, encima de la mesa de ébano. Edipo Rey se llama y Sófocles lo firma. No temáis, no os avergoncéis, disponed de él como queráis. Al fin y al cabo, esta es vuestra casa, habéis estado aquí antes, ya habéis leído el libro: la tragedia sois vosotros.

Escrito por SokraM hace mas de un año, Su votacion: 9

Faulkneriano hace mas de un año

Poco hay que decir con los clásicos absolutos: no los libros por los que ha pasado mucho tiempo y se han convertido en clásicos sino los clásicos de pata negra, no los que forman parte de la literatura sino los que crean la literatura, los que construyen la casa de las ideas donde habitarán muchas generaciones de lectores.

Soy Edipo, soy Antígona (pero también Creonte), soy Aquiles (y Héctor), soy Ulises. Y muchas veces, como tú, pienso que los griegos inventaron nuestro mundo y hasta nos inventaron a nosotros mismos. Así que ¿qué decir? ¿Que no me convence del todo el personaje de Yocasta? ¿Que no entiendo siempre bien las intervenciones del coro?

SokraM hace mas de un año

Cuando envié la reseña a SdL, me dio la sensación de que no iba a ser valorada por todos de igual manera. No lo sentía así tanto por el continente de la misma sino por el contenido, es decir, por el mensaje que transmito. Me alegra, por tanto, que alguien vea a los clásicos como yo lo hago.

Cuanto más aprendo sobre los griegos, más me asombro de su condición de creación total del hombre occidental y sus ideas (por supuesto equivalentes a las ideas del hombre oriental que, a pesar de fluir por un río distinto al nuestro, desembocan en el mismo océano de dudas). Me he dado cuenta no pocas veces de que, aspectos que se entienden como transgresores y modernos para el siglo XXI, han sido ya tratados, o analizados por lo menos, por los grandes pensadores que hubo en Grecia. Este tipo de descubrimientos suelen conmoverme pues los entiendo como una muestra más del sino del ser humano: podemos avanzar en técnica, cambiar el contexto histórico, descubrir nuevas maneras de encarar la vida pero, las grandes preguntas, las que tienen que ver con nuestro interior, con nuestra condición de seres inteligentes enfrentados en soledad ante la sociedad, ante la naturaleza, ante el universo, seguirán siendo las mismas. El componente existencial de la literatura, que es uno de los que más me atrae, si no el que más, no ha variado. Por supuesto, la historia ha permitido manifestaciones diversas en estilo y forma pero, generalmente, no de contenido. La búsqueda es la misma que entonces.

Por otro lado, cambiando de tercio por completo, lo que dices de Yocasta es comprensible. Es un personaje muy desdibujado. Sus intervenciones son excasas y tal vez puedan convencer poco a cierto público; no es mi caso, aunque lo asumo. Pero, ¿qué sentido tiene Edipo sin Yocasta? Ninguno.
Te explicare de forma simbólica cómo entiendo yo su desarrollo. Es una mujer noble, reina de Tebas, refinada y sabia, pero con un cuerpo de cristal. Desde que llegó Edipo a Tebas, hay un grito agudo pero lejano que desoye. Sin embargo, como todo cristal, se ve afectada por el grito. A medida que se desarrollan los acontecimientos de la obra, el grito cada vez es más cercano y más agudo, cada vez más comprensible y más difícil de acallar. El grito dice cosas que ya sabe pues lo lleva escuchando, aunque lejos, desde hace mucho tiempo. Finalmente, con la resolución de la trama, la realidad es tan fuerte que el grito es en sí mismo la realidad: el grito viene desde dentro, es su propio grito (su destino) y es tan agudo que su cuerpo de cristal estalla. Lo entiendo por completo: ante la imposibilidad de la negación que le ha permitido vivir durante tanto tiempo, llega la locura. Su ser, que se ha cimentado en una falsa realidad, no puede aceptar la verdadera, la silenciada. Yocasta tiene fuerza, pero, parafraseando a Pedro Sáenz Almeida, traductor de mi edición de Edipo Rey: no la suficiente para detener una maquinaria trágica que se mueve por la acción de la divinidad. El suicidio suele ser el camino en que desembocan este tipo de rupturas trágicas: descompón su realidad y destruirás a la persona.

Respecto a los coros, creo que la dificultad de entenderlos radica en su dualidad. ¿Están a favor de Edipo o no lo están? Parece claro que sí, casi todos los estudiosos están de acuerdo. Pero leerlos suele suscitar la duda. Su apoyo no parece tan firme en ciertas partes de la obra. El mismo coro está desorientado por los acontecimientos, por lo que desorienta al lector.

Un saludo, Faulkneriano. Espero no abrumarte con un texto tan largo

Faulkneriano hace mas de un año

SokraM, has tomado al pie de la letra lo que era una ironía mal explicada. Lo que quería decir en mi comentario es que Edipo es una tragedia perfecta, a la que, en mi opinión (que en este sentido no es nada original) no cabe poner ningún pero. Lo de Yocasta o lo del coro eran reparos "imaginarios" que desentonarían en cualquier reseña sobre esta inconmovible reflexión sobre la trágica condición humana, sobre este Edipo juguete del destino, hijo de la fortuna.

Este verano, en el festival de teatro clásico de Mérida, tuvimos tres Antígonas (una decisión de Blanca Portillo que me pareció algo extrema, sobre todo para los sufridos habitantes de Mérida, que estamos, además, hartos de verla). En uno de sus actos complementarios, una conferencia, se abordó la pervivencia de la tragedia y se volvió de nuevo a discutir cuál era la tragedia perfecta: Antígona, decían unos; Edipo, decían otros. Yo me quedo con Edipo, y, desde luego, no seré quien le ponga ningún reparo. El diez, en el caso de los clásicos absolutos, es una redundancia, y hasta sabe a poco.

SokraM hace mas de un año

Entendí mal la ironía no por estar mal explicada, sino por no haberme fijado antes en la nota que le dabas a la obra.

Me encantaría ver representada una tragedia de Sófocles. Supongo que algún día podré hacerlo.

Respecto a la controversia entre Edipo Rey y Antígona, recuerdo que me gustaron de forma casi idéntica la primera vez que las leí. Ahora ya sólo me queda por leer Antígona en esta revisión que estoy haciendo del "ciclo" de Edipo. En cuanto termine podré posicionarme de forma más clara a favor de una u otra, si es que algo así es posible.

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