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ESTACIÓN DE TRÁNSITO

Autor: CLIFFORD D. SIMAK
ISBN: 8445073486
Género: Ciencia Ficción
Editorial:MINOTAURO
Edición: 1963
Número de páginas: 206


Ficha creada por GoodyAlien

UN CLÁSICO A VISITAR... AUNQUE SOLO SEA UNA VEZ EN LA VIDA
5 con 2 votos

Nos encontramos aquí ante uno de los clásicos indiscutibles de la ciencia ficción más prestigiosa.

Yo lo había leído mucho tiempo atrás, sin conocer lo bien valorado que estaba, y ya lo consideraba uno de los libros a recomendar a cualquiera.
Esta segunda lectura, mucho tiempo después y tras leer muchos más libros de todo tipo en el interin, me deja un sabor agridulce. La novela me sigue pareciendo más que buena, pero ha perdido para mí (y quiero recalcar ese 'para mí') mucho de la capacidad de enganche y sentido de la maravilla que tuvo en aquella primera vez, en que todo era nuevo y sorprendente. El problema, por tanto, debe de ser mio.

La historia, escrita en 1963 es hija de su tiempo. Se sitúa por un lado en plena Edad de Plata de la ciencia ficción americana, y por otro, en plena guerra fría mundial, cuando estaban esperando que en cualquier momento la tensión se escapara un poquito de más por un lado u otro y se desatara una guerra que destruiría la tierra y la civilización humana con ello.

Enoch Wallace, un tipo tranquilo nacido y criado en un apartado territorio americano, soldado superviviente de varias batallas entre americanos, acaba volviendo a su terruño, y allí es seleccionado para llevar a cabo una misión única que le deja a mitad entre la Tierra y el resto del Universo.

Chico para todo en una especie de estación de tránsito en la galaxia, es el único de la Tierra en conocer que existe todo un Universo de planetas, gente y conocimientos por descubrir. La fidelidad a esta Galaxia le impide comunicar nada a ningun terrestre, debido a que todavia no se considera a la Tierra suficientemente civilizada para integrarse en esta comunidad galáctica.

Han pasado más de 100 años, y varias lineas de tensión empiezan a llegar a su punto de explosión: la posibilidad de que la Tierra sea considerada un miembro de pleno derecho por un lado, la certidumbre de que esta misma Tierra se autodestruya, la cada vez más insoportable soledad de Enoch, que no se siente ni terrestre ni perteneciente a la comunidad interestelar, el inevitable fin del equilibrio de pueblo que permitía pasar desapercibido la extrañeza de la casa y el aspecto treintañero de ese tipo raro que sigue viviendo después de más de 100 años...

Está todo narrado desde la perspectiva de Enoch Wallace, que en realidad entiende muy poco de cómo funcionan las cosas en esa galaxia poblada de maravillas. Así pues, como lectores, nos quedamos a medias: Simak nos muestra solo unos pocos trazos de lo que puede ser, con algunos ejemplos, y nosotros debemos imaginarnos todo lo inaudito, grande y variado que pueden ser las razas y el cosmos que Enoch Wallace no puede ver.

Quizá no lo haya disfrutado tanto como la otra vez porque he leído varias novelas recientemente que van más allá en los puntos fuertes de Estacion de Tránsito. En cuanto a sentido de la maravilla y de sorpresa, China Mieville llega mucho mas lejos en su exhuberancia y barroquismo. Del mismo modo, el 'Hacedor de estrellas' de Olaf Stapledon, aunque tiene una lectura más difícil, es mucho más ambicioso en su temática común de aspirar a una galaxia unida en la diversidad. Estación de Tránsito toca muchos temas muy interesantes (cuando podemos considerar algo humano, o incluso su misma vida o existencia, qué diferencias son importantes, a qué debemos ser fieles cuando hay que elegir, la razón de nuestra existencia, el sentido de la carrera armamentística), pero no llega a desarrollarlos debido a la escasa longitud del escrito.

En cualquier caso, recomendación absoluta para cualquiera que todavía no la haya leído, y también para quien quiera iniciarse en la literatura de ciencia ficción y no se atreva con un tocho.

Escrito por GoodyAlien hace mas de un año, Su votacion: 9

Faulkneriano hace mas de un año

Siempre es un gusto ver aparecer por Sopadelibros los clásicos de la ciencia ficción, como éste de Simak, que hace mucho que deseo leer. Tu entusiasta reseña me ha avivado las ganas.

Ah, y tomo nota de China Mieville, a quien no conozco de nada... Para eso está esta página.

arspr hace 7 meses

Pues otro que a través de tu comentario en primera plana de SdL se va a apuntar esta novela para ya mismo.

Al menos, supongo que resultará "tan de su época" como la lisérgica Dune, con lo cual puede que la novela acabe siendo más interesante por contexto y evocaciones que por ella misma. Ya veremos...

arspr hace 7 meses

Uff, pues a mí la verdad es que no me ha gustado demasiado. Porque en mi opinión peca de un montón de defectos típicos en muchas novelas de ciencia ficción y para mí pasa sin mayor pena ni gloria.

El primero de los defectos es tan generalizado en la ci-fi que casi casi deja de ser "bug" para convertirse en "característica de diseño". Y no es otro que la flojita prosa en sí misma. Como yo creo que he dicho en alguna otra reseña, a mi entender. en general, los autores de ciencia ficción en muchos casos son gente con gran imaginación pero la verdad que no muy literatos. Y Simak no me ha parecido la excepción a la regla. Y esto conlleva que los libros son absolutamente planos en cuanto al estilo. Ningún placer especial en la lectura por la lectura. Pero insisto esto no es lo "peor" pues ya cuento con ello cuando leo ciencia ficción (y además yo no soy muy ducho a arrobarme por el continente sino más bien por el contenido, aunque sus excepciones hay).

El segundo de los defectos, y es totalmente insalvable como te empeñes en caer en él, y tú mismo lo insinuas en tu reseña, es el futil esfuerzo por salir de la mente humana del autor. (Me recuerda mucho una reflexión que H.G. Hogfather hace en el brutal "Godel, Escher, Bach..." empleando como ejemplo la lámina "Dragón" de Escher). Simak pretende narrar una galaxia unificada con infinitas y variadas formas de inteligencia absolutamente DIFERENTES de la humana, pero claro se olvida de que él es humano... Y por tanto no es que Enoch no pueda describir lo que ve, es que al propio autor le resulta imposible plantear dichas cuestiones sobre-humanas... (Es el absurdo intento del dragón bidimensional de intentar parecer tridimensional, cuando por mucho que lo intente no dejará jamás de ser bidimensional).

Y esto envenena la novela en dos puntos fundamentales. Primero en esas típicas descripciones (a porrillo) de "hay un no-sé-qué azúl que escapa la comprensión de la mente humana", que acaban por ser reiterativas no, lo siguiente. Y segundo y esto es lo más grave, porque la propia trama se envenena de una tramilla "humana" en último término. Es decir, mucho criticar o emplear como trasfondo que los humanos discutimos por gilipolleces, pero que esas gilipolleces al final nos ponen al abismo de una guerra nuclear, (por cierto justo como estamos ahora a poco de que algún gilipollas de más desbarre un poco), y resulta que la super-confraternidad galáctica tan superior a los humanos tiene cuarto y mitad de lo mismo... Es decir, los marcianos a la postre no son más que humanos con disfraz de tentáculos.

Y para rematar, además la novela se cierra, como no podía ser de otra forma, con un salvador mesiánico, que además, ¡oh sorpresa!, es humano y aparece en el momento justo. Otro de los frecuentes errores de estas novelas: el pecado de soberbia. Primero me intentas hacer ver que somos lo que somos, es decir, una mierda de mono sin pelo con serias tendencias autodestructivas perdido en la inmensidad del espacio, para luego describirme como el elemento clave en la resolución de todo. Hombre, vaya casualidad, ¿no? Ya puestos también podría haber jugado al Euromillón Galáctico, que las probabilidades de ganar probablemente sean monstruosamente más grandes...

Además, esta salvación tampoco viene por mérito propio de quien sea, sino con un Deux-Ex-Machina (literal como pocas veces). Porque al final los problemas no los podemos resolver nosotros solos ("nosotros" haciendo referencia a hombres y marcianitos por igual), sino que claro necesitamos de la Fuerza y los Jedis de StarWars, o de Jesusito de mi Corazón, que viene a ser lo mismo. (A ver si maduramos un poco, digo yo. Y aprendemos que, para bien o para mal, lo más probable es que nadie, pero NADIE, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, nos vaya a sacar jamás las castañas del fuego. Que si no queremos que se quemen, más vale que las vigilemos nosotros mismos).

Total que un poco castaña pilonga. Como ya he dicho otras veces, en mi humilde opinión, la ciencia ficción "seria", (más allá del respetable entretenimiento de encefalograma plano que también es perfectamente válido), solo funciona de verdad cuando adopta el rol "modernizado" que tenían fábulas clásicas con animalitos parlantes. Es decir, estirar nuestro mundo de formas que en formato "realista" sería mucho más difícil de plantear, para a la postre escenificar mil y dos problemas morales del día a día de la realidad contante y sonante. Y por supuesto humana, pues no conocemos ni podemos conocer otra por mucho que nos empeñemos...

arspr hace 7 meses

Err... Douglas Richard Hofstadter, que ya me parezco a Pablo Iglesias y su http://www.housewaterwatchcooper.com/

Faulkneriano hace 7 meses

arspr, el día que coincidamos habrá que trazar una raya en algún sitio La ciencia ficción suele envejecer mal, pero, a menudo, los clásicos de los 40 a los 60 tienen más imaginación y sentido de lo maraviloso en un volumen de menos de 200 páginas que tetralogías modernas al completo.

Vamos por partes. Primero, el estilo no es el fuerte de Simak. Sí lo es la evocación de un mundo rural como el que conoció en su niñez en Wisconsin (aunque, a la larga, eso sea lo que menos pueda interesar a un lector moderno: Bradbury, por ejemplo, lo hace mejor) y, sobre todo, el reflejo del miedo al holocausto nuclear que planea sobre toda la novela y la fecha, con precisión, en los peores años de la guerra fría. La angustia del protagonista es genuina y del todo compartible con el lector.

El personaje del soldado unionista metido a controlador de viajeros interestelares es un puntazo. Y la descripción de los viajeros (y sus mundos, apenas entrevistos) es sobresaliente, aunque a tí te parezcan humanos disfrazados a los que les gusta mucho el café. Precisamente uno de los puntos fuertes de la ciencia ficción que me gusta es la creación de mundos del todo ajenos a nuestra realidad, en última instancia impenetrables. El antiguo soldado maneja las palancas, pero no entiende nada de la maquinaria que la sustenta. Recibe a sus pasajeros, interactuando raras veces con ellos: por cada uno con el que puede comunicarse, se adivinan muchos más con los que todo contacto es literalmente imposible, y no solo por el lenguaje. Recibe regalos que no sabe en qué consisten. Anota diligentemente comentarios en sus libros que nadie leerá nunca. Enoch Wallace está condenado a una soledad sin remedio, entre dos mundos, con ninguno de los cuales puede contactar del todo: ni la Tierra, en la que ha pasado un siglo entre cuatro paredes, refugiado de la sospecha creciente de sus vecinos, ni la Galaxia que apenas puede entrever. No es raro que se interese por una sordomuda. Es sin duda uno de los personajes más solitarios que pueden concebirse, ayudado por presencias artificiales por él creadas (las visitas de la joven y del caballero son, cuando menos, extrañas y perturbadoras) Otra imagen para el recuerdo: Enoch enterrando a un alienígena junto a la tumba de sus padres y escribiendo con dificultad una lápida en un idioma extraño.

El final, que no es de los más afortunados, quiere reivindicar lo que el hombre puede aportar al universo y sacar al planeta de su miedo al apocalipsis, pero no parece rescatar a Enoch de su radical soledad.

La novela tiene sus elementos de interés aunque, supongo, no es apta para escépticos (a los que, por cierto, no suele gustarles mucho la ciencia ficción, que requiere, como el terror, una suspensión de la incredulidad, necesaria de todo punto para disfrutar) Yo, que en el fondo soy muy simple, me lo paso más que bien, aunque no dejo de considerar las limitaciones de este y otros empeños imaginativos.

arspr hace 7 meses

Je, je, te respondo también por partes. Porque me da que coincidimos en más de lo que parece si se miran bien ambos comentarios.

Me baso en el orden tu reseña.

+ No coincidencia. Lo de cualquier tiempo pasado fue mejor, no va conmigo. La ci-fi clásica (como cualquier cosa), puede o no ser mejor que lo actual. O que lo futuro, o que lo de hace siete mil años.

+ Coincidencia. La calidad "literaria" de la prosa del señor Simak es justita y punto. (Y tampoco se le pide más, por otra parte).

+ Coincidencia (oculta con mi referencia a las fábulas). Lo mejor del libro se centra en el desarrollo de la soledad de Enoch. Sí, porque es claramente lo que cumple mi "axioma" de cómo, cuándo y porqué funciona bien la ci-fi. Cuando se utiliza como herramienta o decorado para inventar una situación extrema, anómala, diferente, pero aunque parezca paradójico, más natural que lo que se podría pretender con una novela "realista", para a la postre explorar al ser humano de hoy (y de siempre). En este caso concreto, el estrés que dicha soledad ascética, inmortal, por muy bienintencionada y por mucha parte maravillosa que tenga, le impone al propio Enoch.
Pero el problema es que claramente esta descripción de Enoch y sus circunstancias no es el tema central de la novela. Ni de lejos. No, es una mera cuestión secundaria frente a lo importante de esa supuesta bucólica super-comunidad galáctica como contraposición a nuestro humano barbarismo...

+ Coincidencia. La imaginación de Simak. (Ya lo decía yo en la introducción a qué y cómo suelen ser los escritores de ci-fi).

+ No coincidencia. El tema de los "humanos disfrazados de alienígenas". Vamos a ver, el problema no está en la descripción de tal o cual marcianito, artefacto o situación sea o no sea convincente. No, el problema está en que la novela se basa en intentar hacerme ver que hay una comunidad galáctica que se rige por unos parámetros absolutamente a-humanos (palabro inventado a posta). Pero entonces va y resulta que toda la maldita trama central sobre esa marciana comunidad no deja de ser totalmente humana. Que si los archiconocidos lobbies de presión; que si el robo del cacharrito para mi propio interés y al resto que le zurzan; que si discusiones de patio de colegio que todos sabemos que son dañinas pero en ellas nos empeñamos aunque sepamos que van a hacer saltar por los aires a la maravillosa comunidad galáctica; que si es o deja de ser mega-super-importante el cuidado a los muertos y la profanación de las tumbas (¿alguien puede señalar algo MÁS humano a la vez que absurdo desde un punto de vista estrictamente lógico?); que si ese hecho es usado como excusa arrojadiza, más que por su valor intrínseco; etc., etc. (Por seguir diciendo se podría incluso mencionar como ejemplo chorra el tema de los generalizados regalitos a Enoch: es una cuestión totalmente de cortesía "humana" llevar regalitos cuando vas a casa de alguien, pero a lo mejor desde un punto de vista "marciano", y por inventarme algo, podría ser hasta una bochornosa falta de respeto porque pareciera que quieres pagarle por sus libremente ofrecida disponibilidad. O realmente incluso cualquier otra cosa por abstrusa que nos parezca).
Es todo esto lo que fundamentalmente me chirría en el núcleo que me quieres vender de comunidad preter-humana (y otro palabro más). Porque al final, por mucho que te empeñes, me estás narrando exactamente la misma comunidad humana que me insistes que NO es. E insisto que esto ocurre porque, como decía por si el propio Simak no se había dado cuenta, Simak es humano y por tanto no puede escapar de pensar, plantear y describir meros conflictos humanos... Total que al final todos sus supuestos marcianos acaban siendo humanos con tentáculos, a los que se les ve las costuras del disfraz a kilómetros, por muy bonita, elaborada y original que sea la confección de dichos tentáculos.

+ Coincidencia. El final es una castaña pilonga se mire como se mire. Solamente es tragable en el marco de psicosis nuclear de guerra fría, donde me imagino un castillo de rosas en el aire porque viva el happy flower...

Faulkneriano hace 7 meses

Bueno, después de leer tu correo parece que estamos a punto de irnos a tomar unas birras por ahí. Más coincidencias que desacuerdos, aunque las coincidencias sean a veces algo parciales.

Lo que quería decir de las novelas de ciencia ficción clásica es que, como las películas de esa época, eran cortitas y sustanciosas. Estación de tránsito no llega a las 200 páginas. Las novelas actuales del género no solo tienen el doble de páginas sino que suelen ser varios tomos, con lo que aprovechan hasta la extenuación las ideas.

Y sí, creo que la soledad de Enoch es el meollo de la novela.

Anoche terminé una novelita de Sturgeon (150 páginas) y me acordé de este hilo. Por cierto, Sturgeon es un escritor de sf que escribe bien. Hay más: Bradbury, Silverberg, Ursula K. LeGuin, Stanislaw Lem, Cordwainer Smith, Gene Wolfe...

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