En sopadelibros.com utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu navegación.
Si continúas navegado por la web, consideramos que aceptas su uso.
Para cambiar la configuración del navegador y/o obtener más información del uso de cookies en sopadelibros haz click aquí.
loading Enviando datos...

VIDA Y ÉPOCA DE MICHAEL K.

Tendencia a subir 7.17
6 votos
Portada de VIDA Y ÉPOCA DE MICHAEL K.

Comprar VIDA Y ÉPOCA DE MICHAEL K. en Amazon.es

Autor: J.M. COETZEE
Título original: The Life and Times of Michael K
ISBN/ASIN: 9788483463130
Género: Literatura contemporánea
Editorial: DEBOLSILLO
Fecha de publicación: 1983
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 256

Sinopsis:
Publicada en 1983, ganadora del Premio Broker, como en toda la obra de este gran escritor sudafricano esta novela habla de la gran tragedia que envuelve a unos personajes obligados a encontrarse a sí mismos. El jardinero Michael K., en medio de una ciudad aterrorizada por la Guerra Civil, decide irse con su madre al campo. Pero los avatares de este viaje llevan a Michael a la soledad, al desamparo y a la necesidad de reinventarse en un mundo que no deja lugar a la esperanza.

 
Ordenar reseñas:

NO CEDER
5 con 7 votos

Dicen algunos cual leyenda urbana sobre Murakami que en realidad siempre escribe el mismo libro, algo que no puedo corroborar porque ni he leído nada del japonés ni tengo próximas ganas. A lo mejor, más allá del repelús que pueda o no ocasionar determinado estilo, es un tema cultural, pues idéntico runrún rodea la obra del director coreano Hong-Sang-Soo, del que sí he podido gozar -al principio con determinado esfuerzo- varios de sus filmes. El caso es que acusar a los escritores y artesanos de repetirse quizá sea ser desconsiderados con la propia naturaleza humana; nosotros mismos cada vez que abrimos la boca para compartir con flema nuestras ansias y preocupaciones pudiera parecerle al resto que nos hemos comido una cabeza de ajos.

No puedo referirme al respecto al susodicho Murakami, pero sí a Dostoievski, Faulkner, K. Dick, Chandler, Thompson, McCarthy... cuyas fobias, neuras y obsesiones aparecen de manera harto recurrente en todas sus obras sin que por ello vayamos a lapidarlos o considerarlos faltos de originalidad.

Coetzee no ha de librarse de tal aseveración, pero si bien sus desvelos son comunes en cada libro de los que he tenido el placer de leer, su planteamiento y estilo son curiosa y extraordinariamente asimétricos: desde la narración habitual de ficción en “Desgracia”, pasando por el modelo epistolar en “La edad de hierro”, hasta la propuesta de la novela que nos ocupa con un empleo pulcro y nada indiscriminado de la tercera o la primera persona del singular y una incorporación muy habitual al texto, pero tremendamente ágil, del fluir del pensamiento.

En “Vida y época de Michael K”, publicada cuando el escritor sudafricano pasaba de los 40 años y que le supuso la notoriedad y el reconocimiento internacional, ya están presentes la mayor parte de las características esenciales del autor y que de alguna manera dificultan en buena medida su lectura -por muy sencillo que pueda parecer su estilo- así como la honda comprensión de su pensamiento: la retención de información acerca de los personajes, de los que de manera recurrente jamás hace referencia al color de su piel, y el lenguaje simbólico y metaliterario, como puede suceder en la imagen del perro en “Desgracia” o la figura de la madre de K en “Vida y época de Michael K”.

En este último aspecto, la influencia de Kafka es obvia haciéndola patente Coetzee desde el propio título, y de igual modo puede verse en los dos últimos capítulos un modelo de argumentación y análisis muy similar al empleado por Dostoievski en el asentamiento de las fundamentos vitales de sus protagonistas, Dos estilos bien distintos para una forma similar de entender la naturaleza humana y que, habría que asumir, no son nada dúctiles de manejar y acoplar en una misma obra. El enfoque Kafkiano del personaje que da nombre a la novela, y que llega a compararse y asumir su transformación con un gusano en semejanza con el Gregorio de “La metamorfosis”, lo salva con nota altísima, algo muy de valorar, dando vida a un ser encerrado en cierta medida en sí mismo, en alto grado de transformación y que en un momento se niega a adaptarse, desde la calma y la asunción de su ser, a la inhumana sociedad que lo rodea y es incapaz de entender su opción. En un mundo en guerra, a quien decide no estar en guerra sólo le queda la coherencia, aunque resulte insensata al resto. En lo más común a Dostoievski, aunque sin desmerecer la tal vez necesidad del autor de mostrar con rotundidad la dispar interpretación que de los actos y decisiones de K hacen los actores secundarios que rodean la extraña personalidad del protagonista, Coetzee pisa ya arenas movedizas y nos entrega unos pensamientos quizá excesiva e innecesariamente directos, tanto por boca del farmacéutico, en el único capítulo narrado en primera persona, como por la del propio K, donde el uso de la tercera persona nunca ha de entenderse como la presencia de un narrador omnisciente, sino una forma de estilo indirecto con el que mostrarnos el planteamiento vital de K, su trasgresión casi inconsciente que lo lleva a comportarse casi ausente de voluntad, en nueva similitud al K de “El proceso”, mas como un ser que tiende irremediablemente a la libertad, a no dejarse encorsetar por un mundo que ha dejado de entender y de seguir.

Coetzee ama Sudáfrica, y detesta todo lo que de negativo pueda hallarse en sus raíces: el racismo, el Apartheid, la incivilizada civilización, tal vez por eso de vida a personajes aislados por la desesperanza, como el vagabundo alcohólico Vercueil, como la granjera Lucy... Tal vez por ello existe Michael K, quien desde su pacífica rebelión y sus simples renuncias se opone con firmeza silenciosa a ser masa, número... porque en el fondo no ha renunciado a la esperanza.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 7