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VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

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Autor: LOUIS-FERDINAND CÉLINE
Título original: Voyage au bout de la nuit
ISBN/ASIN: 9788435034982
Género: Clásicos de la literatura
Editorial: EDHASA
Fecha de publicación: 1932
Fecha de edición: 2007
Número de páginas: 576

Sinopsis:
Con Viaje al fin de la noche, Céline se situó en una posición de privilegio en las letras francesas, de la que ninguna consideración extraliteraria lograría desbancarlo. La prosa amarga y quebradiza de Céline, su característico ritmo acelerado, el lirismos descarnado con que construyó a sus personajes o la altiva mueca con que contempló la existencia son claves indispensables para comprender la literatura europea y latinoamericana actual.

 
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RECINTOS DE TRIPAS A MEDIO PUDRIR
4.88 con 8 votos

Existen libros que comienzan a leerse desde el mismo diseño de cubierta. Unas tijeras. Abiertas, cuasi oxidadas. No lo comprendo, pero empiezo, con deseo, a batir las páginas como en un vuelo. Tal vez al final...
Me sorprende la prosa directa, atropellada, telegráfica, sin respiro de Ferdinand. De los dos: autor y personaje, que son lo mismo. Sin empaques ni dulzuras me atrapa, me presiona... me duele. En ocasiones, cuando estoy convencido de que me estoy aburriendo con sus tropelías americanas, de repente, sin quererlo como que me despisto y me instala de nuevo dentro, en tan solo un par de párrafos. Tan raudos, tan cicatrizantes, tan doloridos. Con unas descripciones tan cortas, tan poco perezosas, tan admirables: "Las tejas musgosas caen rodando sobre los salientes adoquines, como sólo existen ya en Versalles y en las prisiones venerables".

Lo más curioso es que Ferdinand no me cae especialmente bien, ni siquiera siento compasión por él. No comparto el nihilismo sin límites ni en su idea de verdad ("la verdad del mundo es la muerte"), ni en el sentido que le otorga a la existencia ("somos más desgraciados que la mierda", aunque me partí de la risa al leerlo), ni en su desencantada concepción de la condición humana ("confiar en los hombres, es ya, dejarse matar un poco"). Me daña ese estilo tan de Plauto ("Lupus est homo homini") a pesar de la acidez de su discurso, de su descarnada y lacerante ironía. Su discurrir díscolo por las colonias francesas en África me hacen rememorar a Corad, El corazón de las tinieblas. Tal vez de lo poco que me recuerda a algo literario anterior a Céline.

Pero Ferdinand comparte dos cualidades con el embaucador Lord Henry de Wilde que lo han hecho absolutamente perdonable. Su enconado pragmatismo que me ganó, me dominó, me tronchó en muchos momentos: "(pensé) si no iríamos a canearnos, pero en primer lugar no teníamos sitio, siendo cuatro en el taxi". Y dos, su reconocido hedonismo: "la felicidad en la tierra sería morir con placer, en pleno placer... el resto no es nada". La generación beat, el underground... los trópicos sexuales a los que nos condujo Miller existen, dependen, fueron pensados en virtud de la abrupta claridad literaria y sin censuras de Céline. Incluso el inefable Ignatius de Toole bebe de las fuentes de El viaje... como toda la literatura posterior, como todo el siglo XX. Quizá.

"El viaje es la búsqueda de esa nulidad", "y a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabará descubriendo lo que da tanto miedo a todos, y que debe encontrarse al fin de la noche" se dice a sí mismo Ferdinand en mitad de la obra mientras avanza y retrocede en su indeseado camino sin retorno. Mientras, odia el empacho de los ricos y la tontería de los pobres ("existen dos humanidades muy diferentes"), desprecia la generosidad ("la miseria persigue implacable al altruismo"), la ética en cualquiera de sus formas ("la moral de la humanidad me la trae floja, como a todo el mundo")... Va a su rollo, una y otra vez. Sin esperar, sin confiar, tan solo como la única forma que entiende para lograr sobrevivir. Entonces, en medio de esa nulidad, cuando estás a punto de odiar a Ferdinand, a los dos, sucede. Todo cobra un sentido perfecto, inaudito, salpicado de propio fracaso: "no encontraba nada de lo que se necesita para diñarla, sólo malicias".

Los dos Ferdinand, me la traen floja sus panfletos, lo que digan de él/de ellos sus paisanos... Una tijeras. Cuasi oxidadas. Lo entiendo. Céline lo ha hecho todo trizas. Incluido a mí.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 10

MARAVILLAS DE LA CONDICIÓN HUMANA
4.67 con 6 votos

Tratado filosófico ilustrado con pasajes de una historia de supervivencia llevada al límite. El nihilismo empujado a extremos imposibles, el absolutismo de la negación. Incontestable, sórdido, ni un resquicio de luz, ni un respiro de humanidad, increíble, poco creíble, de dudosa certeza, fantástico, agónico.

Mi único “pero” es que la vida es contradicción y Céline desarrolla un teorema en una única dirección. Todo es negativo, hasta la lluvia. Lo hace de forma magistral con un lenguaje brillante y aforismos despiadados. Ni un pequeño hueco por el que se cuele la esperanza, ni un sólo lugar habitable y a mi modesto padecer, el ser humano también es capaz de desarrollar el placer de las cosas y la fascinación por la vida y de esto no encuentro nada. Tan sólo un párrafo, el de la excepción. Un pasaje verdaderamente hermoso, al que yo egoístamente me agarro pero que en una historia tan extensa me parece insuficiente.

“A la orilla del río, los pescadores no se estrenaban. Ni siquiera parecía importarles demasiado pescar o no. Los peces debían de conocerlos. Se quedaban allí, todos, haciendo como que pescaban. Los últimos rayos de sol, deliciosos, mantenían aún un poco de calorcito a nuestro alrededor y hacían saltar sobre el agua pequeños reflejos entreverados de azul y oro. Viento llegaba muy fresco de enfrente por entre los altos árboles, muy sonriente, el viento, asomándose por entre mil hojas, en ráfagas suaves. Se estaba bien. Dos buenas horas permanecimos así, sin pescar nada, sin hacer nada. Y después el Sena se obscureció y la esquina del puente se puso roja con el crepúsculo. El mundo, al pasar por el muelle, nos había olvidado allí, entre la orilla y el agua.”

Estamos, ni más ni menos que ante el mito de Sísifo. En una canción que se llama “Cerca del cielo” su autor, Nacho Vegas, lo explica muy bien: “Si consigo avanzar, tal vez logre ahogar algo dentro de mí, inextirpable, algo que se retuerce y que no se detiene”

En definitiva, el absurdo de vivir:
“El viaje es la búsqueda de esa nulidad, de ese modesto vértigo para gilipollas”
L. F. Céline.

Escrito por Kaldero hace mas de un año, Su votacion: 9

SUBYUGANTE
3.38 con 8 votos

Sublime, espléndido, ácido. Una obra demoledora sobre la condición humana, sin héroes, sólo supervivientes condenados a perder, a sufrir... Un espejo en el que alguna vez todos deberíamos mirarnos. Si no lo has leído...no sabes que lo que estás perdiendo.

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 10