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EL TAMBOR DE HOJALATA

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Portada de EL TAMBOR DE HOJALATA

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Autor: GÜNTER GRASS
Título original: Die Blechtrommel
ISBN/ASIN: 9788466309189
Género: Literatura contemporánea
Editorial: PUNTO DE LECTURA
Fecha de publicación: 1959
Fecha de edición: 2006
Número de páginas: 488

Sinopsis:
El día de su tercer cumpleaños es un fecha determinante en la vida de Oscar, el pequeño que no quería crecer. No sólo es el día en que toma la decisión de dejar crecer, sino que recibe su primer tambor de hojalata, objeto que habrá de convertirse en compañero inseparable para el resto de sus días. La crítica mordaz, la ironía despiadada, el espectacular sentido del humor y la libertad creadora con que Günter Grass construye esta obra maestra convierten a El tambor de hojalata en uno de los títulos más destacados de la historia de la literatura.

 
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DESENCANTO PROGRESIVO Y DEFINITIVO
5 con 5 votos

Ufff, terminé el Tambor de Hojalata haciendo un notable esfuerzo y eso es malo, malo, malo.

Y es que no acabo de comprender el libro en sí, ni su supuesta grandiosidad como uno de los principales hitos de la literatura del S.XX. De nuevo vuelve a ser mi cerrilidad genética, pero ¿alguien me puede explicar qué tiene de especial? Porque a mí me parece una inmensa oportunidad fallida, aburrida por momentos, críptica en tramos y absurdamente redundante una y otra vez.

Intentaré explicarme.

Comencé a leer el libro con muy pocas referencias sobre él (de nuevo mi cerrilidad asoma la cabeza). Niño que no quiere crecer en contexto de Alemania, (bueno después resultó Polonia, pero es irrelevante), pre-, durante y post- Segunda Guerra Mundial y poco más. Evidentemente tampoco había visto la película.

Y con esta poca información, y como creo que resulta evidente, mi composición mental previa fue enfrentarme a un durísimo libro de crítica social (o al menos de descripción costumbrista) de una época extremadamente interesante, (sobre todo el pre- con el auge del nacismo), sirviéndose de una figura alegórica, artificial, fabulosa (el niño que no crece) que cual Quijote permita narrar y servir de hilo conductor a la historia, a la vez que por su naturaleza "ajena" permita juego narrativos, saltos externos, licencias literarias etc. Es decir, estar a la vez dentro y fuera del contexto realmente importante del libro.

Y efectivamente así comienza el libro con una más que aparente sátira y humor negro destilada por Óscar desde la cama de su sanatorio mientras que comienza a narrarnos la historia de sus abuelos y el caciquismo que ocasiona la muerte final del abuelo. Y todo con un toque entre realidad y ficción, entre realidad y sueño, entre realidad y "magia" que tan bien le sienta a la narración si se le encuentra el punto justo. (Haciendo analogía, la grandeza y a su vez debilidad del "Realismo Mágico" que tan pronto le sienta maravillosamente bien a las historias, como las hunde irremediablemente cuando el autor se "pasa" con ella). Perfecto, he acertado con el libro que buscaba. Lo voy a disfrutar como un enano, fijo.

Pero poco a poco comienza el desencuentro. En primer lugar porque poco a poco me doy cuenta que la narración del decorado, del contexto, de la sociedad que acoge a Óscar y su tambor, es realmente anodina. Lo que yo esperaba como el actor secundario "tapado", como el diamante en bruto de la historia, se va revelando poco a poco como casi irrelevante, como bisutería de la barata. Yo que pensaba que me iban a narrar una época y poco a poco el libro se va convirtiendo en egocéntrico sobre Óscar, no en Óscar como excusa para la época.

Pues eso, narración casi forzada sobre familia, barrio y aledaños de Óscar que nunca levanta el vuelo. Y lo malo es que además, por todo lo que la Historia nos trajo después, yo al menos esperaba un relato si no "ensayístico" sobre la génesis de lo que ocurrió, al menos si costumbrista o medianamente descriptivo del caldo de cultivo que lo permitió.

Pero nada de esto despega y todos los personajes me resultan un poco de cartón piedra. Y sobre todo irrelevantes. Ni el triángulo amoroso marcado por el Skat, ni la homosexualidad del verdulero, ni nada de nada me resultan impactantes o sutiles. Y en esta segunda palabra está otro de los problemas. Para poco interesante (para mí) que tiene el libro, y en vez de narrarlo suavemente, sugerirlo sutilmente, Óscar/Günter se empeña en remacharlo una y otra y otra y otra y otra y después otra y otra y otra vez. Aún recuerdo el momento en que me dije "¡Coño! A ver si Jan va a ser lo que parece!" para que tres páginas después ya me lo explicasen sin lugar a dudas por primera de las 10.000.000 de veces. (A veces Óscar se me parece demasiado a la pesada de Carmen en Cinco horas con Mario).

Y luego está la negligencia (o simplemente no era su objetivo) en aprovechar lo jugoso de la época. Salvo las tarimas de Bebra, la tienda de juguetes y algo de la poesía del episodio del Correo polaco, nada de nada. Otro desencanto más.

Y para finalizar, si el libro no trata sobre la época, ¿sobre qué rellena sus páginas? Pues simple y llanamente sobre Óscar. Pero el problema (para mí) es que Óscar es un personaje irreal, absurdo, una excusa narrativa para contar algo, no un personaje de carne y hueso. Por tanto, sus depresiones, neuras y comecomes de cabeza me importan bastante poco. (Y no digamos ya sus conflictos religiosos). Es como si en un libro de zoología se empeñasen en narrarme el ciclo reproductor de los unicornios o de los dragones...

Y si he finalizado el libro ha sido porque de repente al final del segundo libro y principio del tercero, la narración da un ligero giro de dirección cuando de repente Óscar deja de ser ese Peter Pan quijotesco con necesidades de psicoanalista para (aparentemente) convertirse en un pobre enano (de nuevo aparentemente) real de carne y hueso. De nuevo, me volví a decir, "¡Coño! A ver si es que el libro era realmente esto, la navegación por los traumas de un pobre paria, y de lo que se trataba era del viaje iniciático por los trucos de su mente para huir del rechazo". Y con esta nueva esperanza, me forcé a continuar, en un intento de descubrir al nuevo Óscar real.

Pero nada de esto acaba cuajando. Y el Óscar real es tan irrelevante, absurdo y surrealista sin sentido (para mí) como el onírico "peterpanesco" inicial. Y para más inri, (y volviendo a caer en la sobreexplicación), ni siquiera el potencial asesinato de Dorotea (y sus potenciales implicaciones respecto a la salud mental global de Óscar) se deja en el aire, sino que de nuevo se nos vuelve a explicar para matar cualquier vía de escape al texto.

Por tanto, ¡vaya decepción de libro! Y no le voto con menos por los ligeros ramalazos de poesía que contiene (las casamatas como arte, los indicados de la tienda de juguetes o el Correo polaco o de la muerte de Agnés/Agneta). Pero menos mal que por fin se le ha gastado a Óscar el maldito tambor de hojalata.

Escrito por arspr hace mas de un año, Su votacion: 5

SÍSIFO
5 con 2 votos

Se lo llevó de nuestras vidas una pulmonía en 2015, cuando aún gozaba de unas ganas intactas para seguir escribiendo novela, ensayo y poesía… Se llevó la muerte a Günter Grass, pero ya no pudo impedir su eterno crecimiento -al contrario que Oscar, el protagonista de El tambor de hojalata- y que se haya convertido en un gigante de las letras, uno de los autores que más lúcidamente ha sabido plasmar las inclemencias del siglo XX, de manera particular Alemania, cuyo ejemplo es la obra que nos ocupa.

Grass, Premio Nobel y Príncipe de Asturias, puede ser sin duda paradigma del hazte famoso y comenzarán a lloverte piedras. El escritor, un hombre que, quizá por haber nacido de entrada en una ciudad ‘libre’, Dánzig, sometida tan sólo a la Sociedad de Naciones hasta la ocupación nazi, demostró su compromiso socio-político con la clase obrera y ante todas las circunstancias que cercaron Alemania y a los países del Pacto de Varsovia, no pudo evitar las críticas de determinados sectores por su participación, imberbe y medio obligada, durante la II Guerra Mundial bajo las órdenes del III Reich.

Es muy probable que quien critique ciertas locuras e insensateces de adolescencia no haya leído El tambor de hojalata, una novela no ya crítica a nivel social y cultural, sino verdaderamente despiadada por momentos, y hasta cruel en su sátira.

En una entrevista, decía Grass que a nivel filosófico, más allá de su evolución personal, “no estaba bajo la influencia de Heidegger sino de Camus. Es decir, que vivimos ahora y tenemos la posibilidad de hacer algo ahora con nuestra vida. Es El mito de Sísifo, que conocí después de la guerra. Con el transcurso de los años me di cuenta de que tenemos la posibilidad de la autodestrucción, algo que antes no existía: se decía que la Naturaleza era la que la producía las hambrunas, las sequías, algo cuya responsabilidad estaba en otra parte. Por primera vez somos responsables, tenemos la posibilidad y la capacidad de autodestruirnos y no se hace nada para eliminar del mundo ese peligro”.

Y buena parte de ese mito, de esa capacidad terrible que puede conducir a la raza humana a la desaparición, ya se hace presente en la vida de Oscar, el niño que se negó a crecer apenas cumplidos tres años, como una tremenda alegoría sobre una sociedad enferma que descompone al individuo, lo deforma, y después de cargárselo tiene la desvergüenza de convertirlo en Mesías, porque conviene, porque es lo que toca, porque mejor un mesías medio freak que ya poco tiene de inocente, que uno que intenta ser libre, aunque sea a consta de renunciar a determinadas responsabilidades. El propio Grass lo expone con una claridad manifiesta en las últimas páginas de la novela: “esto podría ser el punto de partida para un tratado acerca dela inocencia perdida; podría colocarse aquí al Oscar con tambor, en sus tres años permanentes, al lado del Oscar jorobado, sin voz, sin lágrimas y sin tambor”.

No voy a caer en el optimismo de decir que El tambor de hojalata es una lectura fácil, pero es peculiar el estilo de Grass a lo largo de la obra, y ese curioso símbolo de referirse el propio narrador a sí mismo en tercera persona, más habitualmente según avanza su vida, como si fuera de otro, como si necesitara olvidarla… Porque Oscar, tanto el divertido y jocoso como el sufriente y sometido, es, igual que la mayoría de los seres mortales, un tipo que necesita darle sentido a su historia y sobrevivir al caos, aunque en parte deba para ello idearse un padre mejor o creerse padre de quien seguramente no lo es.

¿Puede haber algo tan tristemente sardónico como poder resumir la propia existencia en un párrafo de 8 líneas? Oscar-Grass lo hace, con un miedo no superado, aunque ausente de rencor: “nací bajo bombillas, interrumpí deliberadamente el crecimiento a los tres años, recibí un tambor, rompí vidrio con la voz, olfateé vainilla, tosí en iglesias, nutrí a Lucía, observé hormigas, decidí crecer, enterré el tambor, huí a Occidente, perdí el Oriente, aprendí el oficio de marmolista, posé como modelo, volví al tambor e inspeccioné cemento, gané dinero y guardé un dedo, regalé el dedo y huí riendo, ascendí, fui detenido, condenado, internado, saldré absuelto; y hoy celebro mi trigésimo cumpleaños y me sigue asustando la Bruja Negra. – Amén”.

Escrito por Poverello hace 3 meses, Su votacion: 9

EL TAMBORILEO DE LA CONCIENCIA
4.71 con 7 votos

"-Cuando el pequeño Óscar cumpla tres años, le compraremos un tambor."

Seré sincera, no ha sido ésta una lectura sencilla, más de una vez tuve que pararme y releer algún fragmento para entender el "tamborileo" de Óscar. Tres meses justos me ha llevado la tarea...
Y es que no es (o no me resultó) fácil seguir el compás de Óscar, que decide que a los tres años no crecerá más, justo el día que recibe su primer tambor de hojalata, que no es sólo un instrumento sino que se convertirá en un apéndice del pequeño Óscar...
Esa firme convicción de estancarse en noventa y cuatro centímetros y de no separarse de su tambor, son, durante todo el libro, una combinación antagónica entre la inocencia infaltil y lo macabro, porque la historia de Óscar (ni el por qué de su rechazo a crecer) no tiene nada que ver con aquel Peter Pan de cuento que tampoco quería crecer. No. Nada que ver.

Óscar y su apéndice son los protagonistas absolutos de la novela, pero hay más, no debemos quedarnos ahí, además de unos cuantos secundarios de lujo (algunos esperpénticos, otros menos "raros"), es la historia también de un país antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial..
Y es que la deformidad de Óscar parece seguir el ritmo de la deformidad de un país. El pequeño se "detiene" (por voluntad propia) en sus tres años, un país en guerra se estanca, deja de "crecer" como país para convertirse en algo esperpéntico, deforme... en una joroba (como la de Óscar) que aunque pueda para algunos tener "algo" de bueno, no deja de ser una alteración anómala, una pesada carga...

Seguí "escuchando" a Óscar y su tambor, contando su historia, alternando la primera y la tercera persona, fuí partícipe de sus deformidades (físicas y psíquicas), de su animalidad, de sus desgracias y maldades impúdicas... y el propio Óscar acabó convirtiéndose (para mí) en una alegoría a un país deforme, mutilado, plagado de maldades impúdicas... a una guerra que, antes incluso que Óscar (a sus tres años) debiera haber dejado de "crecer"...

Y quizá este libro sea (o debiera ser) -para muchos- como ese club de jazz que aparece en el libro "El bodegón de las cebollas" donde la gente, en lugar de ir a emborracharse al ritmo de la música, pela cebollas para poder llorar... porque se viven (y vivieron) tiempos en los que parece que muchos olvidaron el sabor de las lágrimas..

Yo nunca tuve un tambor, como Óscar, pero si tuve (y tengo) como él, un armario donde guardo mis demonios..

No juzguéis a Óscar, puesto que nunca fue un niño..

Escrito por Nastenka hace mas de un año, Su votacion: 8

¿PRECEDENTE?
3.67 con 3 votos

Esta reseña contiene spoiler
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Escrito por Aliomo hace mas de un año, Su votacion: 8