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EL SUNSET LIMITED

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Portada de EL SUNSET LIMITED

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Autor: Cormac McCarthy
Título original: The Sunset Limited
ISBN/ASIN: 9788439725022
Género: Teatro
Editorial: MONDADORI
Fecha de publicación: 2012
Fecha de edición: 2012
Número de páginas: 112

Sinopsis:
En una habitación cerrada, un hombre negro y otro blanco mantienen una dura batalla dialéctica. El hombre blanco, un profesor de humanidades de vida acomodada, atenazado por sus propias dudas acerca de la condición humana, considera que la única salida a la miserable situación en la que se halla el ser humano es arrojarse a las vías del Sunset Limited. Ha llegado a creer que la experiencia de la felicidad es perniciosa para la condición humana. El hombre negro, sin embargo, se encuentra en el polo opuesto y ha llevado una vida marcada por la violencia, la adicción a las drogas y la cárcel. Pero a pesar de todo no ha perdido su fe. Encerrados en un debate filosófico, los dos contrincantes defienden de manera apasionada sus credos personales y tratan de convertir al otro. Ambas visiones, fundamentalmente contrarias, confluyen en esta conversación que ahonda en el vacío que se abre entre el silencio de Dios y lo inevitable de la muerte.

Ficha creada por Poverello

 
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SARCÁSTICAMENTE LÚGUBRE
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Decir que “The Sunset Limited” no es ni de lejos la mejor obra de McCarthy es tan de Perogrullo como que el norteamericano es uno de los mejores y más lúcidos escritores contemporáneos. Un Nobel en potencia que no está en la flor de la vida como para esperarlo in aeternum.

Ambas perogrulladas conllevan ineludiblemente dos realidades intrínsecas. La primera que, por muy mal que parezca hacerlo, McCarthy es incapaz de cagarla de manera irreparable; y la segunda, por ende, que la obra de teatro que nos ocupa -género poco transitado por el autor- no puede ser mala. A decir verdad, podría incluso asegurar que el mayor handicap con el que siempre me encuentro al enfrentarme a una de las novelas de mi estimado Cormac soy yo mismo pues, por defecto, me espero lo mejor y si no lo encuentro me cuesta aceptarlo.

Opinaba McCarthy en una entrevista radiofónica en la que lo acompañaba algún que otro genio de la cultura actual como Walter Herzog que “el hecho de que mi punto de vista sobre el futuro sea tan lúgubre es en realidad reconfortante, porque así lo más probable es que me equivoque”. Este pesimismo vital persigue toda su obra, de cabo a rabo, como si un rayo caído del cielo la atravesara de parte a parte. No podía ser menos pues en este drama que nace de una decisión extrema de uno de los dos protagonistas y que es punto de partida hacia un debate filosófico, existencial y ontológico entre un agnóstico convencido y un firme teísta en el que subsiste de nuevo un aspecto común en la narrativa de McCarthy: el irrebatible encuentro de todo ser humano con la verdad de la muerte y del sufrimiento, que en sus escritos suelen ir acompañados además de una violencia extrema. No obstante, y de manera extrañamente inusual en el estilo de McCarthy -y que también está presente en el fondo de la tesis mostrada en su lapidaria frase al inicio de este párrafo- surgen en medio de la tragedia con una fuerza inusitada dos facetas absolutamente ocultas -o aun desconocidas- dentro de la obra del autor estadounidense: el sarcasmo y la fina ironía, que en parte otorgan peculiaridad a este único acto confiriéndole un sorprendente sentido del humor en algunas de sus escenas. Cierto que el mejor McCarthy vuelve a aparecer en algunas descripciones violentas y de desagradable composición, pero el resto, si bien excesivamente pragmático y podría decirse que hasta poco original en muchos de sus fragmentos, no es paja y como suele ser signo en el novelista, sabe conducir de manera precisa a los personajes hacia un preciso punto de inflexión.

El telefilme de la HBO basado en la obra no desmerece. A ello colabora sin duda que el blanco sea Tommy Lee Jones y el negro Samuel L. Jackson, que al igual que McCarthy son capaces de convertir en oro hasta el barro.

“Si analizas los clásicos de la literatura, están construidos en torno a la idea de la tragedia. Uno no aprende demasiado de las cosas buenas que le van sucediendo”, decía McCarthy en la misma conversación radiofónica. “Pero la tragedia está en el centro de la experiencia humana y es a lo que tenemos que enfrentarnos”. Tal vez por eso no congeniaba su carácter con autores que consideraba condescendientes con el alma humana, tal vez por eso no podemos esperar de él ni finales felices ni historias cómicas. Tal vez por eso los académicos puedan odiarlo, o porque escriba demasiado bien como para ser entendido en su totalidad.

Escrito por Poverello hace mas de un año, Su votacion: 6